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Full text of "De por vida : historia de una búsqueda : las Abuelas de Plaza de Mayo y los niños desaparecidos"

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Rita Ardítti 



UMASS/BOSTON LIBRARIES 




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STORIA DE UNA BÚSQUEDA 




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HOJAS NUEVAS 



grijalbo 



Este no es un libro más de testimonios acerca de las vio- 
laciones de los derechos humanos en la Argentina du- 
rante la última dictadura militar, sino la exposición de 
una historia de búsqueda y transformación. La historia de có- 
mo un pequeño grupo de mujeres argentinas de orígenes so- 
ciales diferentes y distinta experiencia de la vida se unieron 
para buscar a sus nietos desaparecidos. Es la historia de su 
temprano desconcierto y desolación, de su esfuerzo para so- 
breponerse y de la lucha que emprendieron, llevaron a cabo 
durante más de veinte años y continúan todavía. De cómo tu- 
vieron que convertirse en detectives y embajadoras, de los 
éxitos obtenidos al lograr la restitución de niños a sus fami- 
lias, de la generosidad y flexibilidad que mostraron en aque- 
llos casos en que esa restitución no ha sido posible y de su 
constancia en la búsqueda de aquellos de sus nietos de los 
que no se tiene aún ninguna pista y de su persistencia en la 
lucha contra la impunidad. 

En esa búsqueda de dos generaciones, las Abuelas de Plaza de 
Mayo no transformaron solamente sus propias vidas y las 
de los niños que recuperaron su identidad. Aquí se muestra 
cómo, al pasar del dolor personal a la acción institucional, 
determinaron avances científicos relevantes en el campo de 
la genética, el derecho, la filosofía y la psicología, constitu- 
yéndose en verdaderas benefactoras de la humanidad y 
ejemplo de la resistencia exitosa de la gente común. Al man- 
tener viva la memoria histórica, retornaron a ejercer un papel 
que las abuelas a menudo desempeñan en la vida de sus pue- 
blos: contar las historias que generan sentimientos de identi- 
dad y objetivos comunes entre los miembros de la familia y 
la comunidad. Leer este libro es escuchar esa voz. 



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DE POR VIDA 



Rita Ardíttí 



DE POR VIDA 

HISTORIA DE UNA BÚSQUEDA 

Las Abuelas de Plaza de Mayo 
y los niños desaparecidos 

Traducción de Horacio Pons 



grijalbo mondadori 



Queda ri¿^urosamente prohibida, sin la 
autorización escrita de los titulares del 
copyright, bajo las sanciones establecidas 
por las leyes, la reproducción total o 
parcial de esta obra por cualquier medio o 
procedimiento, comprendidos la fotocopia 
y el tratamiento informático. 

Diseño de cubierta: Estudio MB 
Foto de cubierta: Alejandra López 
Foto de la autora: Estelle Disch 



Título original: Searching for Life: The Grandtnothers 

of Plaze de Mayo and the Disappeared Ch'tldren of Argentina 



© 1999, Rita Arditti 

Published by arrangement with the University of California Press 

© 2000, de la edición española Grijalbo S.A. (Grupo editorial Grijalbo-Mondadori) 

Av. Belgrano 1256/64 - (1093) Buenos Aires 

infoC«grijalbo.com.ar 

Las fotografías fueron tomadas por la autora, salvo aquellas expresamente acreditadas 
a otras fuentes. 

Primera edición 

ISBN: 950-28-0267-5 

Hecho el depósito que marca la ley 1 1 .723 

Impreso en Verlap s.a.. Comandante Spur 653, Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, 

en el mes de septiembre de 2000. 



Para las Abuelas 

y en afectuosa memoria de mi madre, 
Rosa Cor do ver o de Arditti, 

y de Renée Epelbaum, 
Madre de Plaza de Mayo, Línea Fundadora 



Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/deporvidahistoriOOardi 



índice 



Dedicatoria 7 

Agradecimientos 11 

Prefacio a la edición española 15 

Prefacio a la edición inglesa 21 

1. No sólo un golpe más 29 

2. Las Abuelas se organizan 75 

3 . Del terror a la resistencia 113 

4. La localización de los niños 159 

5. Mentes cautivas, vidas cautivas 187 

6. Una nueva estrategia: el derecho a la identidad 211 

7. La política de la memoria 231 

Epílogo 2000 243 

Apéndice 1: Esbozos biográficos de las Abuelas 

entrevistadas 255 

9 



Apéndice 2: Declaración de principios y testimonio 

de las Abuelas de Plaza de Mayo 271 

Apéndice 3: Carta de Estela Barnes de Carlotto 

a su nieto desaparecido 273 

Siglas 275 

Notas 277 

Bibliografía 309 

Lista de ilustraciones 327 

índice analítico y de nombres 329 



lO 



Agradecimientos 



Muchas personas de la Argentina y de los Estados Unidos 
me dieron ayuda práctica y alimentaron mi ánimo. Durante 
mi estadía en Buenos Aires tuve la dicha de alojarme en la 
casa de mi hermana y mi cuñado, Edith y Jaime Benveniste, 
y en la de mi prima Renée Chonchol, quienes me apoyaron 
de todas las maneras imaginables. Sin su ayuda, este libro no 
habría existido. Muchas gracias, también, a mi hermana 
Alicia Arditti, a mi prima Laura Chonchol, y a Julia y Jan 
Lichtig. 

Mi amiga Alicia D'Amico me mantuvo informada sobre los 
últimos acontecimientos políticos en la Argentina y me envió 
recortes muy importantes de los diarios de Buenos Aires. Sus 
comentarios siempre fueron iluminadores. Magui Bellotti y 
Marta Fontenla, de atem (Asociación de Trabajo y Estudios de 
la Mujer), me ayudaron a ponerme al tanto de los actuales 
debates feministas en la Argentina y me conectaron con Lita 
Boitano, de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por 
Razones Políticas, quien, a su vez, me vinculó con hijos (Hi- 
jos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silen- 
cio). Juan Jorge Fariña compartió conmigo sus ideas y 
materiales y Esteban Costa me proporcionó aliento y un oído 
atento. Graciela Mabel Wolfenson, Ariel Pereyra y María 
Adela Antokoletz (hija) transcribieron con destreza varias 
entrevistas. Renée Epelbaum, ya fallecida, y María Adela 
Antokoletz (madre), de las Madres de Plaza de Mayo, Línea 
Fundadora, fueron (y son) una constante inspiración. Alejan- 



n 



dro Inchaurrcgui, del Equipo Argentino de Antropología 
Forense, me brindó información detallada sobre algunas de las 
mujeres embarazadas asesinadas tras dar a luz. Cristina 
Camusso me ayudó a tener acceso a publicaciones agotadas. 
Agradezco también a Daniel Bustamante, Marcelo Pablo Cas- 
tillo, Abel Madariaga, y María Santa Cruz su constante apoyo 
e interés. 

En los Estados Unidos estoy en deuda con Christine 
Dinsmore por sugerirme que me pusiera en contacto con la 
University of California Press, y con Becky Thompson, 
Cynthia Enloe y Gilda Bruckman por sus sólidos consejos 
editoriales. Shelley Minden, Tatiana Schreiber, George A. 
Stewart, Janine Baer y EUy Bulkin hicieron muchas y ex- 
celentes sugerencias. Brinton Lykes me introdujo en la obra 
de Ignacio Martín-Baró y Jean Hardisty, Blue Lunden y 
Jeanmarie Marshall, ya fallecida, me alentaron constantemen- 
te. Elliot G. Mishler me dio un ejemplar de su libro sobre 
entrevistas de investigación, que contribuyó a hacer más sóli- 
do mi enfoque. Mientras terminaba su libro sobre la Argenti- 
na, Marguerite Feitlowitz compartió generosamente conmigo 
sus materiales. Estoy muy agradecida a Markéta Freund y 
Enriqueta Horenovsky, quienes a través de su trabajo en 
Amnistía Internacional dieron apoyo a las Abuelas y organi- 
zaron sus viajes a los Estados Unidos. 

Me siento especialmente en deuda con Víctor B. Penchas- 
zadeh e Inés Musacchio, quienes me hicieron conocer el trabajo 
de las Abuelas, y con César Chelala por sus informaciones, co- 
mentarios y respaldo. Muchas gracias a Lawrence Weschler, 
quien me dio la dirección del reverendo Jaime Wright en Bra- 
sil, y a Bert B. Lockwood Jr., que hizo lo mismo con la de 
Theo van Boven en Holanda. Eva Fleischner y Susan Zuccotti 
en los Estados Unidos y Sabine Zeitoun, del Centre d'Histoire 
de la Résistance et de la Déportation de Lyon, Francia, me 
ayudaron con el caso Finaly, y mi amigo Dick D'Ari, de Pa- 
rís, me envió el libro de Jacob Kaplan. Mi sobrino Martín 
Benveniste me remitió, también desde París, el libro de Irene 
Barki. El personal de la Cambridge Public Library y su sección 
de referencias fueron siempre pacientes y amistosos. Además, 



12 



mientras escribía este libro, disfruté de la amistad y el apoyo 
de muchos de mis colegas del Union Institute. 

Mi hijo, Federico, su esposa, Naima Benali, y la hija de 
ambos, Layla Muchnik, me recordaron con su presencia las 
múltiples bendiciones que me acompañan y me ayudaron con 
las fuentes en francés y las correcciones. Mi querida amiga 
Estelle Disch pensó conmigo la organización del material, me 
alentó desde el comienzo mismo y leyó pacientemente todos 
mis borradores. Su conocimiento de primera mano y su amor 
por las Abuelas fueron de la mayor importancia. 

Mi editora de la University of California Press, Naomi 
Schneider, expresó su entusiasmo desde el principio y me res- 
paldó sin desmayos mientras el trabajo avanzaba. En la Argen- 
tina, Julia Saltzmann, de Grijalbo, cumplió un rol similar y 
me dio sugerencias invaluables. 

Mi agradecimiento de todo corazón a todas las Abuelas que 
aceptaron ser entrevistadas para este libro y que me instruye- 
ron con paciencia acerca de los diversos aspectos del trabajo de 
la asociación. 

La Thanks Be to Grandmother Winifred Foundation fue la 
única fuente de apoyo económico para este proyecto hasta dar 
por terminado el original. Su subsidio contribuyó a pagar los 
gastos de viaje y las transcripciones. La dirección de la funda- 
ción, que otorga subsidios a mujeres de más de 54 años, es P. 
O. Box 1449, Wainscott, ny 11975-1449, USA. Le estoy 
eternamente agradecida por su apoyo. 



13 



Prefacio a la edición española 

Ya han pasado más de dos años desde que De por vida se 
publicó en los Estados Unidos, y desde entonces han sucedido 
muchas cosas que son de importancia para este libro. Tras una 
estadía de dos meses en Buenos Aires a principios de 2000, 
volví a los Estados Unidos convencida de que los derechos 
humanos están nuevamente en el centro de la vida pública de 
la Argentina. Apenas pasa un día sin que aparezca en los dia- 
rios un artículo sobre algún tema concerniente a los detenidos 
desaparecidos. Se han producido muchos acontecimientos ju- 
rídicos y políticos —sintetizados a continuación— que abren 
nuevas posibilidades y escenarios en relación con las violacio- 
nes de los derechos humanos cometidas por el régimen que 
gobernó el país entre 1976 y 1983. En estos dos últimos años, 
el trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo ha despertado 
mucho interés. Agrego a esta edición un "Epílogo 2000" en el 
que abordo específicamente algunos de los desafíos y éxitos de 
la Asociación de Abuelas durante este período. 

Uno de los acontecimientos mencionados es la renovada 
atención que se presta al tema de la impunidad. Esta, y sus 
consecuencias para la creación de una sociedad verdaderamente 
democrática, están en el centro de muchas de las discusiones 
sostenidas en las comunidades jurídica y de derechos humanos 
de la Argentina. No es una sorpresa que vuelva a debatirse la 
idea de anular las leyes de punto final y obediencia debida. Los 
argumentos favorables a la anulación son de largo alcance y 
tienen fundamentos sólidos, que van desde la inconstitu- 
cionalidad de esas leyes, por estar en conflicto con el artículo 



15 



29 de la Constitución, hasta la ruptura de los tratados inter- 
nacionales firmados por la Argentina, que obligan a los países 
signatarios a "juzgar o extraditar" en los casos de crímenes 
contra la humanidad, como el genocidio, la tortura y la des- 
aparición forzada. Algunos expertos jurídicos también han 
señalado que hay un precedente para la anulación de las leyes 
aprobadas durante la represión, dado que la ley de pacificación 
nacional (autoamnistía) sancionada por los militares en sep- 
tiembre de 1983 fue declarada nula pocos meses después, 
cuando el presidente Alfonsín llegó al poder.' 

A principios de 1998, seis miembros de la Cámara de Di- 
putados presentaron un proyecto de anulación del punto fi- 
nal y la obediencia debida. Tras muchos debates y planteos 
de posiciones políticas, las leyes fueron derogadas pero no 
anuladas. (Una derogación impide que la ley se aplique en el 
futuro, en tanto que la anulación se aplica de manera retros- 
pectiva.) Aunque las organizaciones de derechos humanos se 
sintieron decepcionadas, varias de ellas expresaron su firme 
compromiso de seguir impulsando la anulación de estas leyes 
como un paso necesario para poner fin a la impunidad en la 
Argentina. 

Otro suceso digno de destacarse es el importante apoyo 
legislativo y judicial a la búsqueda de la verdad emprendida 
por los familiares que quieren conocer la suerte corrida por sus 
seres queridos. En la ciudad de La Plata, en 1998, la Cámara 
Federal, a instancias de la Asamblea Permanente por los De- 

1. El artículo 29 declara lo siguiente: "El Congreso no puede conce- 
der al Poder Ejecutivo Nacional, ni las legislaturas provinciales a los go- 
bernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder 
público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el 
honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o 
persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad in- 
sanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la res- 
ponsabilidad y pena de los infames traidores a la Patria". En Asociación 
de Ex Detenidos Desaparecidos y Liga Argentina por los Derechos del 
Hombre, "Algunos fundamentos de la nulidad de las leyes de punto fi- 
nal y obediencia debida", Buenos Aires, febrero de 1998, se encontrará un 
muy útil análisis con respecto a la anulación de las leyes. 

i6 



rechos Humanos, inició el Juicio por la Verdad para averiguar 
qué sucedió con las más de dos mil personas que desaparecie- 
ron en esa ciudad durante la represión. El juicio ya ha entrado 
en su tercer año. El derecho a la verdad, vigorosamente apo- 
yado por la legislación internacional, ha sido hoy efectivamen- 
te reconocido por el Estado, aunque el procesamiento y el 
castigo de los delitos no pueden concretarse debido a las leyes 
de amnistía y los indultos presidenciales. Sin embargo, es 
posible que acontecimientos recientes modifiquen esta situa- 
ción. Magistrados de dos cámaras federales —las de La Plata y 
Buenos Aires— invocaron el principio de la "justicia universal" 
y declararon que los crímenes contra la humanidad no prescri- 
ben; también cuestionaron la aplicación automática de las le- 
yes de amnistía. Juicios similares se están sustanciando en 
Bahía Blanca, Rosario y Córdoba. 

Las detenciones y procesamientos de integrantes de la re- 
presión fueron otro de los acontecimientos de nota. En mayo 
de 1998, Alfredo Astiz fue encausado por "apología del deli- 
to". En una entrevista con la periodista Gabriela Cerrutti para 
la revista Tres puntos, se había definido como "el hombre me- 
jor preparado técnicamente en este país para matar a un polí- 
tico o a un periodista". Poco después fue dado de baja de la 
Armada por el presidente Menem y perdió la pensión de que 
gozaba como oficial retirado de esa fuerza. Su juicio, que se 
desarrolló en marzo de 2000, resultó en su primera condena 
en la Argentina: una sentencia en suspenso de tres meses de 
cárcel. 

Pero el hecho que coronó toda esta situación fue con segu- 
ridad la detención de los ex comandantes Jorge Rafael Videla 
y Emilio Eduardo Massera, también en 1998, por su partici- 
pación en el secuestro de los hijos de los "subversivos". (Esto 
se analizará con más profundidad en el "Epílogo 2000", que se 
refiere específicamente al trabajo de las Abuelas.) Poco después 
se produjo una serie de arrestos de prominentes integrantes de 
la represión: Reynaldo Bignone, Cristino Nicolaides, Eduardo 
Acosta y Rubén Franco en 1998; Antonio Vañek, Héctor 
Antonio Pebres y José Suppicich en 1999; y Juan Bautista 
Sasiaiñ a principios de 2000. 



17 



En la escena internacional, las investigaciones que se lleva- 
ban a cabo en otros países contra los represores cobraron nue- 
vo impulso en 1999- En Alemania se inició un juicio contra 41 
militares argentinos acusados de violaciones de los derechos 
humanos; entre los acusados están los ex comandantes Videla 
y Galtieri. En Italia, tras una prolongada investigación de más 
de 16 años, finalmente se reactivó un juicio por la desaparición 
y el asesinato de ocho italoargentinos. Entre las víctimas de 
este caso se cuentan Laura Estela Carlotto y Guido Carlotto, la 
hija y el nieto de Estela Carlotto, actual presidenta de las 
Abuelas. Entre los siete hombres acusados están los ex gene- 
rales Guillermo Suárez Masón y Omar Riveros. En marzo de 
2000, el Primer Tribunal Penal de Roma rechazó las solicitu- 
des de anulación que habían presentado los abogados de los 
acusados, que argumentaban que sus casos eran "cosa juzgada" 
en la Argentina. El fiscal anunció que pedirá prisión perpetua 
para los procesados. Y Francia, donde Astiz ya fue condenado 
a prisión de por vida por la desaparición de dos monjas fran- 
cesas (véase el capítulo 1), ha reabierto el juicio por el asesinato 
de un sacerdote de la misma nacionalidad, Gabriel Longue- 
ville, estrecho colaborador del obispo Angelelli en La Rioja. 

Baltasar Garzón, cuyo trabajo condujo al arresto del dicta- 
dor chileno Augusto Pinochet en Gran Bretaña, procesó a 98 
oficiales de las fuerzas armadas y la policía en 1999, incluyen- 
do a una docena de integrantes de las juntas, acusados de ge- 
nocidio, tortura y terrorismo, y ordenó la captura de 48 de 
ellos. El procesamiento es el resultado de sus tres años de in- 
vestigación de la "guerra sucia". En la actualidad, el Estado de 
Israel estudia la posibilidad de colaborar con el juez Garzón en 
el tema de la persecución de judíos durante el régimen mili- 
tar. Y el co.so.FAM (Comité de Solidaridad con Familiares) de 
Barcelona entregó a Garzón un informe de doscientas páginas 
sobre La violación de los derechos humanos de argentinos 
judíos bajo el régimen militar (1976-1983). El informe pre- 
senta pruebas del crimen de genocidio contra la población 
judía. 

El juez Garzón también investiga la Operación Cóndor, la 
red clandestina de fuerzas de seguridad forjada entre Argenti- 



i8 



na, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay y Brasil que permitió 
el traslado entre países y la ejecución de opositores de los dis- 
tintos regímenes. Es bien sabido que en varios de los casos de 
robo de niños esta red intervino para facilitar el traslado de las 
víctimas de uno a otro país. 

Finalmente, en una decisión histórica, 183 de los 190 
miembros de la Cámara de Diputados votaron en mayo de 
2000 una resolución que declaraba la falta de idoneidad de 
Antonio Domingo Bussi para ocupar su banca en el parlamen- 
to de la nación, debido a su participación en el secuestro, la 
tortura y el asesinato de casi setecientas personas en Tucumán. 
Este rechazo priva a Bussi de la inmunidad parlamentaria y 
abre la posibilidad de que el poder judicial investigue los 
muchos crímenes que cometió mientras fue gobernador de esa 
provincia. 

A través de todos estos años, los escraches, denuncias públi- 
cas de los represores frente a sus casas organizadas por hijos y 
otros grupos, recordaron eficazmente a la ciudadanía que 
muchos criminales aún "viven entre nosotros". Los escraches 
son un nuevo y alentador método para hacer que los ciudada- 
nos vuelvan a tomar conciencia de los hechos no resueltos del 
pasado reciente de la Argentina. En el juicio a Astiz en 2000, 
la agrupación hijos organizó un escrache dentro de Tribunales. 

Mi esperanza es que el resurgimiento del interés de la 
sociedad argentina en los derechos humanos y la memoria 
prospere, y que el trabajo contra la impunidad pronto dé fru- 
tos. Los acontecimientos antes mencionados y el activismo de 
los jóvenes dan pábulo a esa esperanza. Diecisiete años después 
de la caída de la dictadura, parece existir la impresión de que 
muchas "cuentas" que aparentemente estaban cerradas para 
siempre serán reabiertas. Espero con impaciencia el día en que 
la verdad y la justicia, antes impensables en la Argentina, sean 
una realidad. 



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Prefacio a la edición inglesa 

Este es un libro acerca de las Abuelas de Plaza de Mayo, un 
valeroso grupo de mujeres de la Argentina que ha trabajado 
sin descanso durante más de veinte años para encontrar a sus 
nietos desaparecidos y alcanzar en su país cierto grado de jus- 
ticia. También es un libro sobre las incontables violaciones a 
los derechos humanos que los militares infligieron al pueblo 
argentino entre 1976 y 1983 y la forma en que este grupo de 
mujeres opuso resistencia a la peor dictadura en la historia del 
país. 

Bajo el reino de terror del régimen militar, hasta el disen- 
so moderado se equiparaba con la subversión. Todos los "sub- 
versivos" eran vistos como enemigos del Estado, a los que era 
necesario eliminar. Además, los militares creían que no debía 
permitirse que los hijos de esos subversivos crecieran en las 
familias que habían sido la cuna de sus padres. Era preciso 
entregarlos a familias "decentes" y "patrióticas" que los salva- 
ran de convertirse en la siguiente generación de subversivos. 
Esos son los niños que las Abuelas están buscando: los niños 
que nacieron en cautiverio en los más de 340 campos de con- 
centración en que sus madres embarazadas estaban detenidas 
y donde fueron asesinadas tras darlos a luz, así como los que 
fueron secuestrados y desaparecieron junto con sus padres. 

Me enteré por primera vez de la existencia de las Abuelas 
de Plaza de Mayo en 1986, cuando, tras responder a una carta 
de solicitud de fondos del Argentine Information Service 
Center (aisc) de Nueva York, recibí un libro sobre ellas. Bo- 
tín de guerra^ de Eduardo Nosiglia. Recuerdo haber mirado 



21 



con estupor la tapa gris y negra, que mostraba un carrito de 
bebé quemado y lo que parecían los restos de un edificio des- 
truido por una explosión. Me preguntaba de qué se trataba el 
libro. Lo que leí me sacudió. 

Desde hacía años conocía la represión en la Argentina y 
sabía que si hubiera vivido allí durante el régimen militar yo 
misma podría haber desaparecido. En los años de la dictadu- 
ra, cada vez que iba a la Argentina tenía que tramitar la reno- 
vación de mi pasaporte en la policía federal (cuando los 
ciudadanos argentinos residentes en el exterior entraban al 
país, sus pasaportes vencían automáticamente). Esas visitas a 
la policía siempre me pusieron nerviosa, y por buenas razones. 
En situaciones similares, algunos de mis amigos argentinos 
habían sido detenidos e interrogados, a veces durante horas; y 
un científico a quien yo había conocido mientras trabajaba en 
el MiT, Antonio Missetich, desapareció tras regresar a la Argen- 
tina. 

Sabía que las Madres de Plaza de Mayo hacían su marcha 
todos los jueves a las tres y media de la tarde y conocía el 
liderazgo moral que habían ejercido durante muchos años, 
tanto en épocas de la dictadura como después de ella, pero 
ignoraba la existencia de las Abuelas. Era difícil creer que 
durante la "guerra sucia" (como los militares mismos denomi- 
naban la represión) los niños se habían convertido en blancos, 
que los recién nacidos se entregaban a familias que formaban 
parte del régimen represivo y que cientos de ellos crecían con 
historias e identidades falsas. 

Cuando la gente del Aisc me llamó para preguntarme si 
podía acompañar a dos Abuelas durante su visita a la zona de 
Boston, contesté encantada que sí. María Isabel Chorobik de 
Mariani, "Chicha" para sus amigos, y Nélida Gómez de Nava- 
jas, presidenta y tesorera de la asociación, estaban en los Esta- 
dos Unidos para realizar una gira auspiciada por Amnistía 
Internacional, que incluía visitas a facultades, universidades, 
iglesias y organizaciones de derechos humanos. Mientras tra- 
ducía sus relatos para las audiencias angloparlantes, empecé a 
comprender la naturaleza múltiple de su trabajo y las comple- 
jidades de su tarea. Me conmovió mucho enterarme de que 



22 



algunos de los niños encontrados habían tenido durante mu- 
cho tiempo sospechas sobre sus orígenes, y que tras la conmo- 
ción inicial al conocer la verdad, se integraban rápidamente a 
sus familias legítimas. Comencé a conocer los argumentos 
referidos a la restitución de los niños: ¿constituiría ésta un 
segundo trauma? ¿No sería mejor dejar a los niños con las 
personas que ellos conocían como sus padres, independiente- 
mente del papel que esos "padres" hubieran desempeñado 
durante la represión? También me enteré de las demoras del 
poder judicial que permitían que los niños fueran llevados al 
extranjero, a fin de que. sus secuestradores pudieran escapar a 
la justicia. Comprendí la urgencia del trabajo de las Abuelas. 
Cada día que pasaba era un día más en que los niños crecían 
con mentiras y privados de sus historias, mientras se profun- 
dizaba la socialización fraudulenta a la que estaban sometidos. 

Al conocer las muchas facetas de la actividad de las Abue- 
las, me intrigó la riqueza de sus historias y decidí que tenía 
que aprender más sobre ellas. Luego de esa visita, cada vez que 
volvía a Buenos Aires a ver a mi familia y mis amigos, iba a 
la sede de su organización. De regreso en los Estados Unidos, 
me mantenía en contacto leyendo su boletín de informaciones 
y actualizaciones ocasionales de las noticias. Mi trabajo sobre 
las tecnologías reproductivas me había llevado a considerar 
cuestiones de identidad e historia personal y a participar en 
discusiones más amplias en la comunidad feminista acerca de 
los derechos de los niños, la identidad y las diversas definicio- 
nes de lo que constituye una familia; veía muchos puntos de 
conexión con el trabajo de las Abuelas. 

Decidí contar su historia porque quería transmitir a otros 
lo que yo había conocido de ellas. Pese al dolor y el terror que 
habían sido parte de sus vidas, estas mujeres irradiaban una 
irresistible y contagiosa energía positiva. Su coraje inspirador 
frente al peligro era un reto para mis estereotipos sobre las 
mujeres y el envejecimiento. En 1993, durante un año 
sabático de mis responsabilidades docentes y con el espíritu de 
"prestar testimonio", envié una carta a las Abuelas en que les 
planteaba la posibilidad de hacer un libro sobre ellas. Les ex- 
plicaba que quería tener la oportunidad de presentar su trabajo 



23 



ante el público angloparlante. La respuesta fue rápida y posi- 
tiva. Sí, me darían los nombres y las direcciones de abuelas que 
se identificaban como miembros del grupo y cualquier otra 
información que fuera útil para el proyecto. Envié una detalla- 
da descripción de éste a veinte mujeres: tres declinaron ser 
entrevistadas, pero pronto se incorporaron otras tres. Cada una 
de las veinte Abuelas que entrevisté expresó su deseo de que 
sus comentarios se registraran oficialmente, y no que fueran 
anónimos. 

La mayoría de las entrevistas se realizaron en la sede de las 
Abuelas en Buenos Aires, en un barrio cercano al sector comer- 
cial judío de la ciudad. El barrio también es conocido por 
haber sido en su momento el hogar del legendario Carlos 
Gardel. Subir hasta el cuarto piso en el ascensor — una traba- 
jada jaula de hierro forjado de aspecto siniestro, construida a 
principios de siglo — era una experiencia inquietante. A me- 
nudo sentía un nudo en el estómago cuando evocaba el pasi- 
llo oscuro que llevaba a la oficina y luego, una vez abierta la 
puerta de ésta, la gran cartelera con fotos de cientos de niños 
desaparecidos y de sus padres. Afiches, premios internaciona- 
les, pinturas y fotografías sobre los temas de los niños y los de- 
rechos humanos hacían que la misión del grupo resultara 
inmediatamente evidente. La oficina de las Abuelas es un lu- 
gar vibrante: el teléfono suena constantemente, las conversa- 
ciones son animadas y los visitantes de otros lugares del país 
son habituales. Los parientes de los niños desaparecidos hacen 
un alto en ella para averiguar la situación de las búsquedas. Yo 
tuve el privilegio de asistir a seis de las reuniones semanales de 
planificación de la asociación, en las que los miembros activos 
discuten las últimas noticias sobre cada caso y estudian los 
acontecimientos políticos de la escena nacional que pueden 
afectar su trabajo. 

La duración de las entrevistas varió entre una hora y me- 
dia y tres horas. Recolecté información demográfica de cada 
Abuela en referencia a su edad, situación familiar, anteceden- 
tes de clase y los sucesos que la habían llevado a participar en 
el grupo. Una guía de pautas ayudaba a iniciar la conversa- 
ción. En la mayoría de los casos, tras una o dos preguntas 



24 



exploratorias, decidí dejar la guía a un lado y escuchar simple- 
mente lo que querían contarme. Las entrevistas fueron graba- 
das y transcriptas por mí, por personas sugeridas por las 
Abuelas o por amigos de confianza y partidarios del movi- 
miento de derechos humanos. Aunque por lo común cité lite- 
ralmente las conversaciones, en algunos casos condensé 
ligeramente los relatos. También entrevisté a otras personas 
relacionadas con el trabajo de las Abuelas: parientes, psicólo- 
gos, abogados, la directora del Banco Nacional de Datos 
Genéticos, antropólogos forenses, activistas de los derechos 
humanos y a tres de los niños recuperados. 

En diciembre de 1993 y 1994 asistí a la fiesta de fin de año 
realizada en la sede de las Abuelas. Me conmovió ver a algu- 
nos de los niños recuperados (hoy adolescentes o jóvenes adul- 
tos) con sus familias legítimas, en animada charla con sus 
amigos y absolutamente a sus anchas con todos los presentes. 
El orgullo y el placer que las Abuelas sentían al estar con ellos 
eran notorios. Como la mayoría de las Abuelas todavía no 
pudieron identificar a sus nietos, los que han sido hallados son 
muy especiales para ellas. La presencia de estos chicos les re- 
cuerda sus éxitos, las reafirma en la idea de que su trabajo no 
es un sueño sin esperanzas y las hace confiar en que también 
otros niños serán localizados. Los jóvenes parecían muy 
conscientes de ese papel mientras se movían entre las Abuelas, 
les hacían preguntas sobre su trabajo y sus familias y mostra- 
ban el conocimiento y los lazos íntimos que existen entre ellos. 

Durante una visita a la Argentina en octubre y noviembre 
de 1996, la última antes de terminar este libro, ocurrió lo 
inesperado. A las 48 horas de llegar, mi hermana me informó 
que una pariente. Reina Waisberg, quería hablar conmigo. 
Había conocido a Reina brevemente en mi juventud (una de 
sus hermanas está casada con el único de mis tíos que aún 
vive). En nuestra conversación telefónica, Reina me dijo que 
se había enterado de que yo estaba escribiendo el libro debido 
a su trabajo con la asociación de Abuelas. Cuando nos encon- 
tramos, me contó la desaparición, en 1976, de su hijo Ricar- 
do y su compañera Valeria Beláustegui Herrera, en ese 
momento con un embarazo de dos meses. Mi familia quedó 



25 



atónita al enterarse del activismo de Reina; conocían la desapa- 
rición de su hijo pero no sabían que su compañera estaba 
embarazada y que nuestra pariente buscaba a su nieto. Sin 
embargo, cuando le mencioné mi vinculación con Reina a 
una de las Abuelas, no se sorprendió y su comentario fue: 
"Por eso decimos que no hay familia que no haya sido toca- 
da, de una u otra manera, por lo que pasó aquí". Era una frase 
que yo había escuchado varias veces desde que empecé a tra- 
bajar en el libro, pero esta vez tocó un punto vulnerable. La 
visita a Reina y su nieta Tania (que tenía 15 meses cuando 
sus padres desaparecieron) fue uno de los momentos culmi- 
nantes de mi viaje, y me sentí particularmente contenta cuan- 
do aceptaron ser entrevistadas. La conversación dejó ver con 
claridad cuan profundamente arraigada está en la Argentina la 
conspiración de silencio a la que las Abuelas aluden con tanta 
frecuencia, e hizo que me sintiera más decidida que nunca a 
contribuir a difundir los crímenes de la dictadura y la resisten- 
cia de aquéllas. 

Al comenzar a trabajar en el libro se reavivaron recuerdos de 
mi propia infancia. Durante la década del cuarenta desapare- 
ció una de las hermanas de mi madre, Matilde Cordovero, que 
vivía en Francia. Gracias a la escucha fragmentaria de conver- 
saciones telefónicas entre mi madre y sus hermanos, deduje 
que la habían enviado a un campo de concentración. Nunca 
supimos nada más de ella. Decidí iniciar mi propia búsqueda 
de información sobre su destino. Gracias al trabajo de Serge 
Klarsfeld acerca de la deportación de judíos en Francia, me 
enteré de que Matilde había sido llevada a Auschwitz el 7 de 
marzo de 1944, en un convoy con otras 1.501 personas, y que 
murió allí. Cuando se lo conté a mi tía Daisy, su única herma- 
na sobreviviente, me agradeció por darle la "buena noticia", 
como la calificó. Si bien yo nunca conocí personalmente a mi 
tía, su presencia había persistido en la familia, y cuando por 
fin nos enteramos de lo que le había sucedido, hubo una inex- 
plicable sensación de alivio. Esta experiencia fortaleció mi 
creencia en el potencial sanador del trabajo de las Abuelas y la 
necesidad de establecer la verdad con respecto al destino de sus 
hijos y nietos. 



26 



Como el secuestro de niños y el cambio de sus identidades 
no son delitos amparados por las leyes de amnistía y los indul- 
tos otorgados por los gobiernos constitucionales que siguieron 
a la dictadura, el trabajo de las Abuelas tiene una significación 
singular. Ellas quieren que el pasado se recuerde y con frecuen- 
cia se refieren a la importancia de la memoria colectiva. Sin 
embargo, su punto de mira es el futuro. Creen que para que 
haya una verdadera reconciliación nacional, los culpables de 
atrocidades deben admitir sus crímenes y aceptar el castigo. 
Sólo entonces la sociedad argentina tendrá la posibilidad de 
convertirse en terreno fértil en el que pueda florecer una ver- 
dadera democracia. Me uno a su creencia y espero que este 
libro contribuya, aunque sea en pequeña medida, a su éxito, y 
aumente el apoyo y la comprensión del público hacia su tra- 
bajo. 



27 



Capítulo 1 
No sólo un golpe más 



Yo soy el señor de la vida y la muerte. 

Coronel Roberto Roualdes, 
jefe de operaciones Del Primer Cuerpo de Ejército en 1977 

El 23 de octubre de 1975, en la Undécima Conferencia de 
Ejércitos Latinoamericanos que se realizaba en Montevideo, 
Uruguay, los periodistas interrogaron al teniente general Jor- 
ge Rafael Videla, comandante en jefe de las fuerzas armadas 
argentinas, sobre la lucha contra la subversión. "Deberán 
morir todas las personas necesarias — contestó el general 
Videla — , para lograr la seguridad del país." Y cuando se le 
pidió que definiera a un subversivo, respondió: "Cualquiera 
que se oponga al modo de vida argentino".^* 

Cinco meses después, el 24 de marzo de 1976, los milita- 
res tomaron el poder por sexta vez desde 1930. El teniente 
general Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el 
brigadier general Orlando Ramón Agosti derrocaron al go- 
bierno constitucional de María Estela (Isabel) Martínez de 
Perón y se proclamaron como nuevos gobernantes del país, 
con el general Videla en la presidencia. Este no fue simple- 
mente un golpe más; estaba por comenzar el período más 
sangriento y vergonzoso de la historia argentina, durante el 



*Las notas correspondientes a cada capítulo figuran tras los apéndices, 
a partir de la p. 277. (N. de la E.) 



29 



cual el país se cubriría de infamia por las atrocidades de su 
gobierno y sus sorprendentes semejanzas con el régimen 
nazi. Una de sus consecuencias sería la introducción de la 
palabra desaparecidos en el lenguaje corriente en todas las 
lenguas, asociada para siempre a la mera mención de la Ar- 
gentina. Como una estremecedora anticipación de lo que iba 
a suceder, Bernardo Alberte, un destacado dirigente pero- 
nista, fue visitado en las primeras horas del día del golpe por 
una unidad conjunta del ejército y la policía federal. Ante la 
mirada aterrorizada de su familia, lo arrojaron por la venta- 
na de su departamento en un sexto piso. Con éste, el prime- 
ro de muchos actos de terror, el nuevo gobierno comenzó a 
consolidarse.^ 

El caos general y la inestabilidad política reinantes en el 
gobierno de Isabel Perón habían preparado el terreno para la 
toma del poder. Los asesinatos, la inflación y las profundas 
divisiones dentro de los partidos políticos hicieron que el 
golpe pareciera inevitable a grandes sectores de la sociedad.^ 
Una campaña cuidadosamente orquestada por los sectores 
conservadores de los medios de comunicación, el apoyo de los 
terratenientes e industriales argentinos y las presiones de 
los círculos financieros internacionales crearon una imagen de los 
generales como hombres razonables y honestos dispuestos a 
tomar sobre sus hombros la pesada carga de "salvar" a la Ar- 
gentina. Los niveles más altos de las fuerzas armadas habían 
aprobado el golpe en septiembre de 1975, poco después de que 
Isabel Perón designara al general Videla como comandante en 
jefe del ejército; se prepararía dentro de los siguientes seis 
meses. Casi inmediatamente después del golpe, las fuerzas 
armadas reemplazaron la Constitución por el Estatuto del 
Proceso de Reorganización Nacional, que les daba la facultad 
de ejercer los tres poderes: el judicial, el legislativo y el ejecu- 
tivo. Se debilitó el babeas corpus, la censura se extendió a 
todas las esferas de la vida y los sindicatos, los partidos polí- 
ticos y las universidades quedaron bajo el control de los mili- 
tares. El estado de sitio que había impuesto el gobierno de 
Isabel Perón se prorrogó indefinidamente y se suspendieron 
todas las garantías constitucionales; el ochenta por ciento de 



30 



los jueces fueron reemplazados. Las fuerzas armadas, que se 
presentaban como defensoras de "la tradición, la familia y la 
propiedad", consideraban cualquier crítica a su régimen 
como signo de un comportamiento antiargentino y subver- 
sivo que había que aplastar para proteger a la nación. Una 
vez más, el general Videla lo expresó con claridad: "La repre- 
sión es contra una minoría a la que no consideramos argen- 



tma . 



El "derecho de opción", que había permitido a los deteni- 
dos a disposición del poder ejecutivo elegir entre la cárcel y el 
exilio, quedó inmediatamente abolido. Una multitud de de- 
cretos y leyes recién promulgados aumentaron las facultades 
de la policía y los militares y establecieron la pena de muerte 
para crímenes políticos. Tras hacer suyos los tres poderes del 
Estado, la junta lanzó una de las más brutales campañas de re- 
presión del hemisferio occidental. Cuatro juntas gobernaron el 
país durante casi ocho años. La democracia sólo volvió a 
instaurarse tras el desastre de la guerra de las Malvinas, con la 
elección de Raúl Alfonsín en 1983.^ 



Antecedentes del golpe 

Luego de que los militares derrocaran el gobierno de Juan 
Domingo Perón en 1955, los problemas económicos, sociales 
y políticos de la Argentina siguieron aumentando sin que nada 
los detuviera. Tras su caída Perón siguió gozando de mucha 
popularidad entre los trabajadores que se habían beneficiado 
con sus programas, quienes no aceptarían fácilmente la domi- 
nación de sus adversarios. Aunque se sucedieron una tras otra 
distintas administraciones militares y civiles, ninguna fue 
capaz de detener el crecimiento de la desocupación, la infla- 
ción, las divisiones sociopolíticas y la decadencia institucional 
del país. 

Cuando el general Juan Carlos Onganía tomó el poder en 
junio de 1966, el golpe se anunció como un "nuevo comien- 
zo". Tras presentarse como un amigo de la clase obrera, 
Onganía lanzó al ruedo la idea de un "peronismo sin Perón" 



31 



para obtener el apoyo de los trabajadores. Sin embargo, pron- 
to resultó evidente que su objetivo era manipular los sindica- 
tos y sofocar su resistencia. Instaló un régimen militar y creó 
una autocracia: los cambios sociales se producirían desde arri- 
ba. Proscribió todos los partidos y las actividades políticas, 
intervino las universidades nacionales, envió a las fuerzas ar- 
madas a reprimir las protestas de los trabajadores y anunció su 
intención de permanecer indefinidamente en el poder. ^' 

En mayo de 1969, la ciudad de Córdoba estalló en lo que 
llegaría a conocerse como el Cordobazo, una de las protestas 
populares más grandes de ese período. Conducido por los es- 
tudiantes universitarios y los obreros de la industria automo- 
triz, el alzamiento presagió el derrumbe del régimen de 
Onganía. Hacia 1970 aparecieron en escena dos grupos 
guerrilleros: los Montoneros, que se identificaban con el 
peronismo de izquierda, y el Ejército Revolucionario del 
Pueblo (erp), brazo armado del Partido Revolucionario de los 
Trabajadores (prt). Los Montoneros secuestraron y ulte- 
riormente dieron muerte al ex presidente Pedro Eugenio 
Aramburu, uno de los líderes del golpe contra Perón en 1955.^ 
Al mismo tiempo surgieron organizaciones derechistas clan- 
destinas, que se dedicaron a secuestrar militantes estudianti- 
les y sindicales, quienes desaparecían sin dejar rastros. A 
principios de 1971, se producía una de esas "desapariciones" 
cada 18 días.' 

En 1970, tras cuatro años en el poder, Onganía fue derro- 
cado. Su sucesor, el general Roberto M. Levingston, sólo per- 
maneció nueve meses en su cargo antes de ser reemplazado por 
un tercer general, Alejandro Lanusse. Este prometió elecciones 
y trató de aislar a los extremistas, permitiendo que los sindi- 
catos tuvieran un papel dirigente en las negociaciones salaria- 
les. Su gesto conciliatorio más importante — el levantamiento 
de la proscripción que desde hacía 18 años pesaba sobre el 
peronismo — condujo en definitiva al retorno de Perón a la 
Argentina en 1973.'^ Tras disociarse de los grupos de izquier- 
da del peronismo. Perón estableció alianzas con los sectores 
más reaccionarios, y en octubre de 1973 comenzó su tercer 
mandato como presidente. De 78 años de edad y lleno de 



32« 



achaques, murió antes de cumplir un año en el cargo; lo 
sucedió su esposa, Isabel Perón, que había sido su compañe- 
ra de fórmula. 

Durante el gobierno de Isabel Perón los escuadrones dere- 
chistas de la muerte lanzaron una campaña de terror contra 
trabajadores, estudiantes y cualquiera que estuviera vagamente 
sospechado de tendencias izquierdistas. Con la declaración del 
estado de sitio en noviembre de 1974, la presidenta dio carta 
blanca a las fuerzas armadas, y con ello autorizó un sangrien- 
to operativo para aplastar las actividades guerrilleras en la 
provincia de Tucumán. Organizada por José López Rega, que 
era la mano derecha de Isabel Perón y ministro de bienestar 
social, la siniestra Alianza Anticomunista Argentina (o Triple 
A, como se la llamaba corrientemente) asesinó a alrededor de 
setenta de sus adversarios en la segunda mitad de 1974; hacia 
principios de 1975 el grupo eliminaba un promedio de cin- 
cuenta izquierdistas por semana. ^^^ Entre las víctimas se con- 
taban figuras destacadas como el exiliado general Carlos Prats, 
comandante en jefe del ejército chileno durante la presidencia 
de Salvador Allende, y su esposa, muertos al explotar una 
bomba en su auto; el abogado y académico Silvio Frondizi, 
hermano del ex presidente Arturo Frondizi, fue secuestrado un 
mediodía en el centro de Buenos Aires y eliminado a tiros en 
las afueras de la capital.'^ 

Cuando la primera junta militar llegó al poder en 1976, 
los grupos guerrilleros de la Argentina habían sido práctica- 
mente barridos de la escena. El propio general Videla había 
declarado en enero de ese año que la guerrilla ya no era un 
peligro. Según Daniel Frontalini y María Cristina Caiati, in- 
vestigadores del Centro de Estudios Legales y Sociales, las 
fuerzas insurgentes probablemente no superaban las dos mil 
personas, de las cuales tal vez sólo el veinte por ciento tenía 
armas, en tanto las modernas y poderosas fuerzas armadas 
contaban con alrededor de doscientos mil efectivos en sus fi- 
las.^" La amenaza del terrorismo izquierdista fue una excusa 
para asumir un completo control e imponer el tipo de terro- 
rismo estatal que la propia junta alentaba. Los líderes milita- 
res tenían la intención de modificar, por el medio que fuera 



33 



necesario, la estructura social, política, económica y cultural del 
país e instalarse como la autoridad definitiva e indiscutible.^' 



La doctrina de la seguridad nacional 

La doctrina de la seguridad nacional, piedra angular de la 
política del régimen, no era una idea novedosa. Durante el 
gobierno derechista del general Onganía, el ejército ya ense- 
ñaba a sus soldados que la verdadera amenaza para la Argen- 
tina provenía de adentro, de los "subversivos" que procuraban 
destruir los valores tradicionales de la sociedad nacional. 
¿Quiénes eran esos subversivos? Quienquiera que no adhirie- 
se a las virtudes cristianas y militares que presuntamente sal- 
varían al mundo del comunismo. 

Como muchos otros militares argentinos, Onganía estaba 
muy influenciado por los cursos de contrainsurgencia de los 
Estados Unidos, que habían contribuido a difijndir esta doc- 
trina por toda América Latina; en rigor de verdad, la llamaba 
"doctrina West Point", en honor a la institución en que se 
habían originado sus postulados centrales. De acuerdo con los 
términos del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca 
[tiar] de 1947, el Departamento de Defensa de los Estados 
Unidos creó en 1951 su Programa de Asistencia Militar para 
armar y entrenar a los ejércitos latinoamericanos. Los oficiales 
de América Latina recibían instrucción en centros norteame- 
ricanos como el Inter-American Defense College, en Fort 
McNair, Washington. El secretario de defensa de los Estados 
Unidos, Robert S. McNamara, elogiaba los programas: "Sus 
países seleccionan cuidadosamente a estos oficiales para que se 
conviertan en instructores cuando regresen a ellos. Son los 
futuros líderes, los hombres que poseerán el conocimiento y lo 
impartirán a sus fuerzas". En 1969, tras una gira por América 
Latina en representación del presidente Nixon, Nelson 
Rockefeller anunció que los militares eran "la fuerza esencial 
del cambio social constructivo".'^ 

En la Argentina, oficiales franceses que habían intervenido 
en Indochina y Argelia participaban en el entrenamiento del 



34 



ejército. El general Ramón Juan Camps, jefe de policía de la 
provincia de Buenos Aires desde 1976 hasta 1979, admiraba 
el enfoque francés de la represión; lo consideraba más eficaz y 
completo que el norteamericano, que se apoyaba casi exclusi- 
vamente en la fuerza pura y tenía una perspectiva militarista. 
Camps se enorgullecía de sintetizar ambos métodos y, al ha- 
cerlo, de crear un tipo único de represión en la Argentina. ^^ 

La doctrina de la seguridad nacional era un conjunto poco 
claro de conceptos, algunos contradictorios y escasamente 
delineados; su poder de cohesión descansaba en su definición 
del comunismo como "el enemigo". Vestigio de la guerra fría, 
su objetivo era proteger la hegemonía económica de los Esta- 
dos Unidos en América Latina. El temor a "otra Cuba" empu- 
jaba a aquel país a financiar y entrenar a los ejércitos 
latinoamericanos para suprimir la "amenaza" del marxismo. ^^ 
La doctrina sostenía que se estaba librando una "tercera gue- 
rra mundial" entre el "mundo libre" y el comunismo, una 
guerra en la que la Argentina era un campo de batalla clave. 
Como lo explicó el general Luciano Benjamín Menéndez, co- 
mandante del Tercer Cuerpo de Ejército en Córdoba: "De un 
lado estaban los subversivos que querían destruir el estado 
nacional para convertirlo en un estado comunista, un satélite 
en la órbita roja, y del otro nosotros, las fuerzas legales, que, 
por [la autoridad de} dos decretos del entonces poder consti- 
tucional, participábamos en esa lucha". ^^ 

Por este motivo, el enemigo interno era más peligroso que 
los enemigos externos, ya que amenazaba los valores occiden- 
tales y cristianos fundamentales de la sociedad argentina. Las 
fronteras nacionales pasaban a quedar subordinadas a las "fron- 
teras ideológicas": las fuerzas armadas protegerían la pureza 
ideológica del país, no sólo sus límites geográficos. El Estado 
comenzó a intervenir en los asuntos internos de otros países y 
se unió a los regímenes militares del cono sur en el combate 
contra la "subversión". Al mismo tiempo, el modelo represi- 
vo se exportó a otros lugares, en particular a América Central, 
donde los militares argentinos tuvieron un activo papel en el 
entrenamiento de las fuerzas gubernamentales en Nicaragua, 
Guatemala, El Salvador y Honduras. ^'"^ 



35 



Según el punto de vista de los militares, la estrategia glo- 
bal del comunismo exigía que el Estado respondiera con un 
enfoque también global. De ello se deducía la necesidad de 
militarizar la sociedad argentina para luchar contra la "amena- 
za" marxista. La junta justificó de ese modo el lanzamiento de 
una guerra no declarada — una "guerra sucia", como la llama- 
ban — contra su propio pueblo. En las mentes de los hombres 
que realizaban las operaciones cotidianas necesarias para man- 
tener al régimen represivo en el poder se inculcó cuidadosa- 
mente la idea de la inevitabilidad de una tercera guerra 
mundial. Al escribir sobre sus experiencias en el campo de 
detención clandestina donde lo mantuvieron prisionero, 
Jacobo Timerman, director del diario La Opinión, recuerda 
los cursos semanales que el ejército impartía sobre dicha 
guerra. Timerman se refiere a la "asistencia obligatoria de 
todo el personal de torturadores, interrogadores y secuestra- 
dores".''^ El mensaje transmitido por esta "academia" era 
simple: había que parar el comunismo, y las tácticas y los 
métodos nazis eran las únicas herramientas eficaces en la 
lucha contra la subversión. Luego de las clases, los guardia- 
nes de Timerman solían discutir las lecciones con él, que 
aprovechaba la oportunidad para corregir sus erróneas concep- 
ciones acerca del sionismo. 

Los trabajadores sindicalizados se contaban entre los blan- 
cos principales de la represión. El movimiento sindical ar- 
gentino era el meollo del partido peronista, y las exigencias 
de reforma social y justicia económica planteadas por la cla- 
se obrera se consideraban parte de un "complot comunista". 
El ministro de economía Martínez de Hoz, quien también 
era presidente del directorio de Acíndar (una de las tres com- 
pañías siderúrgicas de la Argentina y subsidiaria de U. S. 
Steel), integrante del directorio de Pan American Airways e 
ITT y amigo personal de David Rockefeller,-" impuso políticas 
económicas que despojaron de sus derechos políticos a los 
trabajadores. Su accionar favoreció aquellos intereses empre- 
sarios, ya que congeló los salarios obreros a la vez que au- 
mentaba los de los militares, anulaba las leyes laborales 
progresistas y beneficiaba vigorosamente a los inversores ex- 

36 



tranjcros a expensas de la industria local. El resultado fue la 
"desindustrialización", mientras enormes créditos otorgados 
por la banca extranjera apuntalaban la economía."' Martínez 
de Hoz hizo que las huelgas fueran punibles con diez años de 
cárcel y tomó préstamos por más de mil millones de dólares en 
menos de un año. 

A corto plazo, el dinero llegó en torrentes y los argentinos 
que podían darse el lujo viajaban por todo el mundo con sus 
bolsillos llenos de plata dulce, pero pronto la inflación y la 
desocupación galopantes redujeron los ingresos. El periodista 
lain Guest describió con idoneidad el resultado de las políti- 
cas económicas derechistas de Martínez de Hoz: "Abajo las 
barreras, arriba el peso y adentro los préstamos"."^ 



La guerra sucia y la metodología de la represión: 
secuestro, tortura y muerte 

Los militares pusieron en práctica una nueva metodología 
de represión para imponer la doctrina de la seguridad nacio- 
nal: el secuestro, la tortura y el asesinato de decenas de miles 
de personas. La junta no inventó este tipo específico de terror. 
En 1941, Hitler en persona había pergeñado el Nacht und 
Nebel Erlass (decreto de la noche y la niebla), apuntado a las 
personas que "pusieran en peligro la seguridad alemana": 
como su ejecución pública podía erigirlas en mártires, el de- 
creto establecía que tenían que "desvanecerse sin rastros en 
medio de la noche y la niebla de lo desconocido en Alema- 
nía .-^ 

Aunque ya las había habido antes del golpe, las desaparicio- 
nes se incrementaron dramáticamente después de marzo de 
1976. Por cada dos cadáveres de personas asesinadas que se 
encontraban, había nueve desapariciones.-^ Nadie estaba in- 
mune. Hombres y mujeres; jóvenes y viejos, criaturas y ado- 
lescentes; mujeres embarazadas, estudiantes, trabajadores, 
abogados, periodistas, científicos, artistas y docentes; ciudada- 
nos argentinos y de otros países; monjas y sacerdotes, miem- 
bros progresistas de las órdenes religiosas: todos engrosaron las 



37 



filas de los desaparecidos. La expresión detenidos desapareci- 
dos describe la metodología de la represión con más precisión 
que desaparecidos. La gente no se desvanecía simplemente en 
el aire o se iba del país sin avisar a sus parientes, como daban 
a entender las autoridades. Tampoco eran secuestrados por 
grupos marginales sin conexión directa con el gobierno. El uso 
de la primera expresión incriminaría directamente al Estado, 
ya que le atribuye responsabilidad por las desapariciones y 
refleja lo que realmente estaba pasando: personas detenidas por 
grupos armados que actuaban con órdenes de las autoridades, 
y desaparecidas en medio de la noche y la niebla del régimen.-^ 

Los militares proclamaban su inocencia y afirmaban no 
tener conocimiento de esos hechos. Emilio Mignone, uno de 
los fundadores del Centro de Estudios Legales y Sociales, que 
se reunió con muchos integrantes de las fuerzas armadas para 
procurar conocer la suerte corrida por su hija desaparecida, 
escuchó repetidas veces lo siguiente: "No vamos a hacer como 
Franco y Pinochet, que fusilaban, porque entonces hasta el 
Papa nos va a pedir que no lo hagamos"."^' Era un plan diabó- 
lico, y durante casi ocho años logró crear un reino de terror sin 
paralelos en la historia argentina. 

Para que la represión se afianzara plenamente, era necesario 
el consentimiento judicial. Aunque no estaba oficialmente 
suspendido, el recurso de babeas corpus perdió eficacia gracias 
a la complicidad de muchos jueces. Cuando una persona es 
detenida, se puede presentar ese recurso ante un juez para 
conocer su paradero. Se supone que el juez solicita entonces 
información a las autoridades. Temerosos de desafiar el silen- 
cio impuesto por las fuerzas armadas y de seguridad, los ma- 
gistrados rechazaban casi todas las solicitudes de babeas corpus 
que se les presentaban. Como dijo Mignone: "Se formó una 
inmensa e inútil montaña de papel escrito que cubría los des- 
pachos de los jueces para ser inexorablemente archivada." 
Mignone calcula que se plantearon unos ochenta mil recursos, 
porque algunas familias hicieron en vano muchos intentos por 
obtener información acerca de sus parientes."^ El general de 
división Tomás Sánchez de Bustamante comentó candidamen- 
te: "En este tipo de lucha, el secreto que debe envolver las 

38 



operaciones hace que no deba divulgarse a quién se ha captu- 
rado y a quién se debe capturar: debe existir una nube de si- 
lencio que rodee todo...".~^ Los mismos abogados que 
presentaban recursos de babeas corpus en representación de los 
parientes de las víctimas corrían un alto riesgo de desaparecer. 
No menos de 109 de ellos sufrieron esa suerte, el noventa por 
ciento entre marzo y diciembre de 1976. Veintitrés fueron 
asesinados por razones políticas, más de un centenar fue a dar 
a la cárcel y una cantidad incontable se exilió para salvar la 
vida."^ 

La represión fue el resultado de un plan sistemático y de- 
liberado, centralmente organizado y dirigido por los altos 
mandos. No se trató de una violencia accidental y azarosa o 
de simples "excesos" de una guerra, como pretendió después 
la junta. Se había desarrollado una metodología terrorista 
que se siguió al pie de la letra. Las violaciones de los derechos 
humanos, aun en regiones del país distantes entre sí, respe- 
taban un patrón establecido: las mismas formas de tortura, 
secuestros similares y hasta los mismos grilletes usados para 
encadenar a los prisioneros. En palabras del general Santiago 
Omar Riveros, jefe de la delegación argentina a la Junta 
Interamericana de Defensa: "Hicimos la guerra con la doctri- 
na en la mano, con las órdenes escritas de los comandos supe- 
riores; nunca necesitamos, como se nos acusa, de organismos 
paramilitares... Esta guerra la condujeron los generales, los 
almirantes y los brigadieres... La guerra fue conducida por la 
junta militar de mi país a través de sus estados mayores".'" 

El instrumento fundamental de la represión fueron los gru- 
pos de tareas constituidos por las diferentes ramas de las fuer- 
zas armadas y de seguridad. Los grupos de tareas 1 y 2 estaban 
integrados por personal del ejército, el 3 correspondía a la 
armada, el 4 a la aeronáutica y el 5 a la Secretaría de Informa- 
ciones del Estado (side). Sus miembros tomaron parte, en di- 
ferentes momentos y diferentes combinaciones, en una 
diversidad de "misiones especiales". A menudo, los participan- 
tes no se conocían entre sí cuando se encontraban en lugares 
predeterminados para recibir las instrucciones correspondien- 
tes a una misión terrorista específica. Una vez cumplida la 



39 



tarea, cada uno de ellos regresaba a su grupo de origen/'^ Un 
''pacto de sangre" mantenía a los integrantes de los grupos de 
tareas unidos y recíprocamente fieles. Todos participaban en 
los diferentes aspectos de los operativos represivos — secuestro, 
interrogatorio, tortura y asesinato — y rotaban en las activida- 
des a fin de que el silencio y la complicidad estuvieran garan- 
tizados. '~ 

La mayoría de los secuestros se producían a la noche o al 
amanecer — principalmente en las casas, pero a veces en las 
calles o los lugares de trabajo — , por lo común en los últimos 
días de la semana. El momento elegido contribuía a demorar 
cualquier medida que los parientes quisieran tomar. Hombres 
vestidos de civil y fuertemente armados solían aparecer y 
amenazar a las víctimas y sus familiares, y con frecuencia a los 
vecinos. Mediante acuerdos previos, la policía dejaba expedi- 
to el acceso de los secuestradores al área donde se encontraba 
la casa. A menudo la "sellaban" con varios autos que bloquea- 
ban las calles circundantes. La cantidad de hombres que inter- 
venían variaba entre seis y cincuenta. Autos particulares sin 
patentes (con frecuencia Falcon verdes o azules) o camiones o 
camionetas militares solían llevar a las víctimas, vendadas y 
esposadas, a un centro secreto de detención. En ocasiones, 
antes de la llegada de la banda, se cortaba la electricidad en el 
barrio en que iba a producirse la incursión. De vez en cuando, 
un helicóptero sobrevolaba el área. Por lo común, las bandas 
intervinientes saqueaban las casas de sus víctimas.'' 

Los secuestradores tiraban a sus presas en el piso de un auto 
o las introducían en un camión y las llevaban a uno de los 340 
centros clandestinos de detención ubicados en todo el país. 
Estos centros eran pequeñas casas, sótanos de grandes edificios, 
talleres mecánicos o bases militares adaptadas para la misión 
y provistas de cercas dobles de alambres de púas, guardias con 
perros, helipuertos y torres de vigilancia.'* Financiados por el 
Estado, eran la base de los operativos militares. A su llegada 
a un centro, cada prisionero era cuidadosamente identificado 
y registrado. Los guardias llenaban formularios en cua- 
druplicado y enviaban copias al Ministerio del Interior y los 
servicios de seguridad. Los formularios también establecían 



40 



qué guardias eran responsables de cada prisionero.'^ En estos 
centros, los represores aplicaban torturas físicas y psíquicas e 
intentaban deliberadamente despojar a las víctimas de su iden- 
tidad y su historia, suprimir su humanidad y aniquilar su 
sentido de sí mismos como seres humanos. Como identifica- 
ción, los prisioneros recibían una letra y un número correlati- 
vo (por ejemplo, MI, M2), y se los castigaba brutalmente si 
usaban sus nombres. Este sistema cumplía dos finalidades: 
aumentaba su sensación de alienación y pérdida de identidad 
y les impedía conocer la identidad de los demás prisioneros. Al 
hacer todos los esfuerzos posibles para inducirlos a sentir que 
sus desapariciones los habían barrido del mundo de los vivos, 
los represores lograban que los prisioneros perdieran toda es- 
peranza. 

Otras execrables técnicas orientadas a producir el colapso 
psíquico de la víctima consistían en inducir a los prisioneros 
a colaborar con sus represores. Una vez en los campos, los 
"subversivos" que cooperaban disfrutaban de mejores condi- 
ciones de vida, la posibilidad de ponerse en contacto con sus 
familias y, en algunos casos, la promesa de que finalmente los 
liberarían. Convertir a una persona en informante era otra 
forma de destruirla. En ciertos y contados casos, hasta se les 
permitía dejar el campo y visitar a sus familias. Los guardias 
les aclaraban que cualquier intento de escapar provocaría la 
muerte de sus familiares y otros prisioneros. Algunos, tras ser 
liberados de los campos, se vieron obligados a trabajar como 
mano de obra esclava. Sin embargo, la colaboración no garan- 
tizaba necesariamente su supervivencia. 

Las torturas físicas y psíquicas pretendían humillar y de- 
gradar a sus víctimas. Los testimonios de sobrevivientes de las 
sesiones de tormentos proporcionan información detallada so- 
bre los métodos usados. Dos prisioneros que pasaron 15 
meses en los campos y pudieron escapar describieron 
vividamente sus experiencias: 

En lo que se refiere a la tortura física, nos trataban a todos 
igual; las únicas diferencias eran la intensidad y la duración. 
Desnudos, nos ataban de pies y manos con cadenas o correas 



41 



gruesas a una mesa de metal. Después nos ataban a un dedo 
del pie un cable con descarga a tierra y empezaba la tortura. 

Durante la primera hora nos aplicaban [3. picana sin hacer- 
nos ninguna pregunta. Según decían, la finalidad de esto era 
"ablandarte, para que podamos entendernos". Seguían así 
durante horas. Nos picaneaban en la cabeza, las axilas, los 
genitales, el ano, la ingle, la boca y todas las partes sensibles 
del cuerpo. De vez en cuando nos tiraban agua o nos lavaban, 
"para enfriarte el cuerpo y que vuelvas a tener sensibilidad". . . 

No había límites para la tortura. Podía durar uno, dos, 
cinco o diez días. Todo se hacía bajo la supervisión de un mé- 
dico, que nos controlaba la presión sanguínea y los reflejos: 
"No vamos a dejarte que te mueras antes de tiempo. Tenemos 
todo el tiempo del mundo y vamos a seguir con esto indefi- 
nidamente". Era exactamente así, porque cuando estábamos 
al borde de la muerte, solían parar y hacernos revivir. El 
médico nos inyectaba suero y vitaminas, y cuando nos había- 
mos recuperado más o menos, empezaban a torturarnos de 



nuevo... '^ 



También familias enteras se convirtieron en el blanco de la 
represión. Las bandas secuestraban a todos sus miembros, ni- 
ños pequeños, jóvenes y adultos, y a menudo utilizaban a los 
parientes como rehenes para atraer a las personas que estaban 
buscando. Los familiares de los "subversivos" eran castigados 
a causa de sus lazos de sangre. Torturarlos era una forma de 
obligar a los prisioneros a "hablar".'" Jacobo Timerman, que 
fue secuestrado en abril de 1977 y mantenido como prisio- 
nero durante treinta meses, comenta sobre la tortura de las 
familias: 

De todas las situaciones dramáticas que he visto en las cár- 
celes clandestinas, nada puede compararse a esos grupos fami- 
liares, torturados muchas veces juntos, otras por separado, a 
la vista de todos, o en diferentes celdas sabiendo unos que tor- 
turaban a los otros. Todo ese mundo de afectos construidos 
con tantas dificultades a través de los años, se derrumba por 
una patada en los genitales del padre, o una bofetada en la 



42 



cara de la madre, o un insulto obsceno a la hermana, o la 
violación sexual a la hija. De pronto se derrumba toda una 
cultura basada en los amores familiares, en la devoción, en la 
capacidad de sacrificarse el uno por el otro. Nada es posible 
en este universo, y es precisamente eso lo que saben los 
torturadores.'^ 

"Traslado" era un eufemismo para referirse a los asesinatos. 
El exterminio físico de los prisioneros adoptaba diversas for- 
mas. Algunos morían luego de las sesiones de tortura o los 
fusilaban; algunos se suicidaban. Otros eran drogados, trans- 
portados en aviones y arrojados al mar.''^ A lo largo de las 
costas del río de la Plata empezaron a aparecer cuerpos. En los 
cementerios proliferaban las tumbas únicamente identificadas 
como NN (Ningún Nombre, del latín non nominatus tam- 
bién llamadas "Noche y Niebla" del alemán Nacht und 
Nebel). Cuando luego de la caída de la dictadura se abrieron 
algunas de ellas, se reveló otro aspecto obsceno de la crueldad 
de los torturadores: contenían sólo pedazos de los cadáveres, 
decapitados y descuartizados antes de su entierro. Estaban 
fragmentados, atomizados y diseminados en diferentes partes 
del cementerio para garantizar no sólo la desaparición de una 
persona sino, tras su muerte, la de su cadáver.^" 

Las ejecuciones masivas de los escuadrones fusiladores tam- 
bién suscitaban un problema: era preciso hacer algo con los 
cuerpos. Otro testigo cuenta que éstos eran arrojados a pozos, 
donde los rociaban con gas oil y los quemaban hasta conver- 
tirlos en cenizas. ^^ En el caso de algunos detenidos, los guar- 
dias inventaban "motivos" para asesinarlos, incluidos los 
"enfrentamientos armados" y los "intentos de fuga".^~ 

Las mujeres no escapaban a la metodología de la represión. 
Eran secuestradas solas o junto con amigos o familiares, se las 
mantenía prisioneras y se las torturaba en los centros clandes- 
tinos de detención, y finalmente eran asesinadas. Ciertas for- 
mas de tortura, como colgar al prisionero desnudo mientras los 
guardias incitaban a sus perros a que lo atacaran, parecen ha- 
berse utilizado principalmente con mujeres.^' Sumada a las ya 
intolerables condiciones que enfrentaban todos los detenidos, 



43 



las mujeres sufrían una dimensión adicional de violencia y 
violación sexuales/^ Su integridad sexual y su dignidad física 
y psíquica eran sometidas a un ataque directo. Los represores 
dirigían las torturas a las partes más vulnerables e íntimas del 
cuerpo femenino, las fuentes mismas de la vida: "A las muje- 
res se les introducía el cable en la vagina y luego se lo pasaban 
por los pechos, lo que provocaba un gran sufrimiento y en 
ocasiones muchas de ellas menstruaban en plena tortura". ^^ 

Martha García Candeloro recuerda que después de que la 
secuestraran, le dijeron: "Ah, ¿así que sos psicóloga? Una puta, 
como todas las psiquiatras. Aquí vas a aprender lo que es 
bueno". Y empezaron a torturarla delante de su marido, para 
obligarlo a hablar. La brutalización de un niño delante de su 
madre y la tortura de un hombre frente a su esposa eran uno 
de los modos predilectos de tratar de hacer que la mujer ha- 
blara. ^^' Las prisioneras también se utilizaban como esclavas 
sexuales. En El Vesubio, uno de los centros clandestinos de 
detención, el jefe del campo usaba a las mujeres — incluso a las 
que estaban embarazadas — para su gratificación sexual. Lo 
cual no impedía que finalmente ordenara matarlas. Los fines 
de semana, cuando el mayor Pedro Duran Sáenz dejaba el 
campo, este "hombre de familia" solía ir a su casa, donde lo 
esperaban su esposa y cinco hijos. "'^ 



Mujeres embarazadas en cautiverio 

El tratamiento y la tortura de las mujeres embarazadas re- 
velan un nivel casi inimaginable de odio y crueldad. Una vez 
terminada la represión, un ex oficial de uno de los grupos de 
tareas, que había estado a cargo del campo de concentración 
más grande de Buenos Aires, la Escuela de Mecánica de la 
Armada (esma), recordó que ''uno de los encantadores sistemas 
que Mengele [apodo dado al médico del campo] inventó para 
torturar a las embarazadas era con una cuchara. Les metían una 
cuchara o un instrumento metálico en la vagina hasta que 
tocaban al feto. Entonces le daban 220 voltios. Le pasaban 
electricidad al feto".^^ 



44 



Ana María Careaga tenía 16 años y estaba embarazada de 
dos meses cuando la secuestraron un mediodía en una calle de 
Buenos Aires. Su historia es particularmente sobrecogedora 
debido a su juventud, la magnitud de las torturas padecidas y 
el destino de su madre, que la había buscado activamente: 

Me secuestraron en Corrientes y Juan B. Justo, en pleno 
día, la gente se quedó dura. Yo alcancé a gritar, iba caminan- 
do. Me agarraron dos tipos, me metieron en un auto, rapidí- 
simo todo. [. . .] Al principio no dije que estaba embarazada, 
después sí, cuando se empezó a ver. Entonces me torturaron 
durante muchas horas, me reanimaban y me volvían a tortu- 
rar. [. . .] No se podía hablar, no se podía uno mover, estába- 
mos tabicados y con cadenas. [...] No te llevaban al baño 
todas las veces que querías y si te hacías pis en la celda te 
sacaban para torturarte. [. . .] Era permanente la tortura. [. . .] 
Me metieron la picana en la vagina, me tiraban kerosene, 
nafta en la vagina, en los ojos, en los oídos. [. . .] Me colgaron 
de un caballete con las muñecas atadas a los tobillos, boca 
abajo, me hamacaban, por eso se me hizo este absceso, toda- 
vía tengo las marcas en un brazo. [...} 

Cuando me estaban torturando tenían un médico que me 
tomaba la presión y me controlaba. Ellos me decían "nosotros 
no te vamos a dejar morir", porque sabían que en esas cir- 
cunstancias uno prefiere la muerte. Me daban pastillas que 
decían que eran para el corazón, estaba atada en una tarima, 
en una mesa de metal, con los brazos hacia atrás y las piernas 
abiertas. 

En los campos de concentración a lo que se tendía era al 
aislamiento total. [. . .] Es terrible tener un hijo en un campo 
de concentración, pero de alguna manera fue un privilegio 
porque no estaba sola. Yo aprendí a hablar con la nena, le 
ponía las manos encima, la acariciaba todo el tiempo. El mo- 
mento en que se movió por primera vez fue para mí muy 
importante, porque realmente, de alguna manera, sentí que 
juntas habíamos triunfado sobre el horror. Cuando se empe- 
zó a mover yo estaba acostada en la tarima, fue una dicha, se 
me caían las lágrimas de la emoción. ¿Qué mejor acompaña- 



45 



do puede estar uno que con una vida dentro de su vida? Y tal 
es así que después que salgo le escribo una poesía donde digo: 
"Mi sangre fue tu vida. Tu sangre fue mi fuerza". Ella pudo 
sobrevivir porque yo la nutrí y ella me nutrió de otra ma- 
nera. 

Cuando me dejaron en libertad me fui a Europa. Los eu- 
ropeos me preguntaban por qué no dije que estaba embara- 
zada, si no pensaba que eso me podría haber ayudado. Tuve 
que explicarles que en los campos de concentración en Argen- 
tina el hecho de estar embarazada hubiera sido una herra- 
mienta más para presionar. El gobierno sueco les dio asilo a 
mis padres y mi mamá dijo que no. C- • •] Cuando yo aparecí, 
ella quiso seguir trabajando con las madres de otros jóvenes 
desaparecidos. Ella dijo: "voy a seguir con ustedes hasta que 
aparezcan todos". A mi madre la secuestraron en diciembre 
de 1977, cuando yo estaba en Suecia. Cuando llamamos para 
decirle que había nacido la nena, nos enteramos de la mala 
noticia. [. . .] Nunco supo que la nena y yo estábamos bien."^^* 

En la mayoría de los casos, las embarazadas no eran "tras- 
ladadas". Las que no abortaban debido a las torturas, daban 
a luz en cautiverio y posteriormente eran asesinadas.^" Se 
sabe que al menos tres centros clandestinos — la esma, Cam- 
po de Mayo y el Pozo de Bánfield — tenían "instalaciones" 
para ellas. En algunos casos, las atendían médicos y enferme- 
ras. A menudo, los médicos realizaban cesáreas para acelerar 
el nacimiento, en violación de los principios más elementa- 
les del juramento hipocrático. En medio de los dolores del 
trabajo de parto, las embarazadas permanecían atadas de pies 
y manos a sus camas y se les daba suero para apurar el naci- 
miento.^' 



*E1 texto de las entrevistas es el correspondiente a las transcripcio- 
nes de las conversaciones, gentilmente cedidas por la autora. Hemos op- 
tado por presentarlas sin modificaciones, con sus errores e imperfecciones 
gramaticales, para conservar el tono personal de las distintas voces 

(N. del T.). 

46 



Dos sobrevivientes de la esma contaron cómo se engañaba a 
las mujeres embarazadas para que creyeran que sus hijos iban 
a ser entregados a sus familias: 

A nuestra llegada a la esiMA, vimos a muchas mujeres tira- 
das en el suelo, en colchonetas, que esperaban el nacimiento 
de sus hijos. [. . .] Una vez nacida la criatura, la madre era "in- 
vitada" a escribir una carta a sus familiares a los que supues- 
tamente les llevarían el niño. El entonces Director de la esma, 
capitán de navio Rubén Jacinto Chamorro, acompañaba per- 
sonalmente a los visitantes, generalmente altos mandos de la 
Marina, para mostrar el lugar donde estaban alojadas las pri- 
sioneras embarazadas, jactándose de la "Sarda" (que es la ma- 
ternidad más conocida de Buenos Aires) que tenían instalada 
en ese campo de prisioneros. [...} Por comentarios supimos 
que en el Hospital Naval existía una lista de matrimonios de 
marinos que no podían tener hijos y que estarían dispuestos 
a adoptar hijos de desaparecidos. A cargo de esta lista estaba 
una ginecóloga de dicho nosocomio. ^- 

Más adelante, personal médico del Hospital Militar de 
Campo de Mayo reveló que había detenidos cuya admisión no 
se había registrado; que se trataba de mujeres en avanzado 
estado de gravidez, con los ojos vendados u ocultos detrás de 
anteojos negros; que tenían una abundante custodia; que, en 
la mayoría de los casos, se las sometía a operaciones cesáreas; 
y que tras la intervención, la madre era separada de su criatu- 
ra. El destino de los niños se desconocía.^' Se sabe que al 
menos un médico militar — el doctor Norberto Atilio Bianco, 
que trabajaba en ese hospital — se llevó a dos de los hijos de 
detenidas y los inscribió como propios. Tras vivir muchos años 
como fugitivo en Paraguay, finalmente fue extraditado a la 
Argentina a principios de 1997.^^ 

En ocasiones, las embarazadas eran llevadas a hospitales 
civiles comunes en los que, fuertemente custodiadas por la 
policía, no se les permitía comunicarse con el personal. En los 
certificados de nacimiento, los nombres de las mujeres solían 
asentarse simplemente como NN. Silvia Isabella Valenzi, con 



47 



un embarazo de siete meses y medio, fue llevada a un hospital 
municipal. Se las ingenió para decir en voz alta su nombre y 
el de sus familiares, con la esperanza de que alguien les advir- 
tiera de las circunstancias que atravesaba. Pero los militares no 
querían correr riesgo alguno: una partera, María Luisa Martí- 
nez de González, y una enfermera. Generosa Frattasi, que in- 
formaron a la familia sobre la situación de la joven, fueron 
secuestradas y desaparecieron poco después. Según constan- 
cias, se las vio por última vez en uno de los centros clandesti- 
nos de detención. Había que mantener a cualquier precio el 
secreto de las mujeres embarazadas y sus hijos. ^^ 

Adriana Calvo de Laborde fue una de las escasas excepcio- 
nes, una embarazada que dio a luz en cautiverio, sobrevivió y 
conservó a su hija. La secuestraron cuando su embarazo era de 
seis meses y medio: 

El 15 de abril comenzó mi trabajo de parto. Después de tres 
o cuatro horas de estar en el piso con contracciones cada vez 
más seguidas y gracias a los gritos de las demás, me subieron 
a un patrullero con dos hombres adelante y una mujer atrás (a 
la que llamaban Lucrecia y que participaba en las torturas). 
Partimos rumbo a Buenos Aires, pero mi bebita no supo espe- 
rar y a la altura del cruce de Alpargatas, frente al Laboratorio 
Abbott, la mujer gritó que pararan el auto en la banquina y allí 
nació Teresa. Gracias a esas cosas de la naturaleza, el parto fue 
normal. La única atención que tuve fue con un trapo sucio, 
"Lucrecia" ató el cordón que todavía la unía a mí porque no 
tenían con qué cortarlo. No más de cinco minutos después 
seguíamos camino rumbo a un teórico "hospital". Yo todavía 
seguía con los ojos vendados y mi beba lloraba en el asiento. 
Después de muchas vueltas llegamos a lo que después supe era 
la Brigada de Investigaciones de Bánfield (pozo de Bánfield). 
Allí estaba el mismo médico que había atendido a Inés Ortega 
de Fossatti. En el auto cortó el cordón y me subieron uno o dos 
pisos hasta un lugar donde me sacaron la placenta. Me hicie- 
ron desnudar y frente al oficial de guardia tuve que lavar la 
camilla, el piso, mi vestido, recoger la placenta y, por fin, me 
dejaron lavar a mi beba, todo en medio de insultos y amenazas. 

48 



Diez días después del nacimiento, sus torturadores la solta- 
ron en medio de la noche cerca de la casa de sus padres. En 
camisón y ojotas, llena de piojos igual que su criatura, Laborde 
fue una mujer "afortunada", que sobrevivió y conservó a su 
hija.56 

Mucho más común es el caso de Graciela Alicia Romero de 
Metz, descripto por Alicia Partnoy en The Little School (La 
Escuelita); Graciela, de 24 años, fue secuestrada cuando esta- 
ba embarazada de cinco meses, y la obligaron a permanecer 

acostada, con los ojos vendados y maniatada como el resto de 
los prisioneros. Durante el último mes de su embarazo se le 
permitía "caminar". Esas caminatas consistían en vueltas al- 
rededor de una mesa, con los ojos vendados. Unos días antes 
del parto la llevaron a una casilla rodante en el patio. El día 
17 de abril de 1977 dio a luz un varón. El 23 de abril fue 
sacada de "La Escuelita" y no supe más de ella. Según los 
guardias, su hijo fue entregado a uno de los interrogadores. 
El caso Metz ha sido adoptado por Amnistía Internacional.^ 



La Iglesia Católica: 

¿Iglesia del César o Iglesia del pueblo? 

En la Argentina, con más de noventa por ciento de católi- 
cos, la Iglesia tiene un enorme poder para influir en la políti- 
ca y en todos los aspectos de la vida. Por otra parte, y como el 
régimen militar se presentaba como un defensor de los valo- 
res cristianos, las críticas de dirigentes religiosos habrían crea- 
do serios problemas para la junta. Lamentablemente, la 
jerarquía católica se convirtió en cómplice de ésta. 

La noche anterior al golpe del 24 de marzo, dos de los co- 
mandantes en jefe, el general Videla y el almirante Massera, 
se reunieron con la dirigencia de la Conferencia Episcopal 
Argentina (cea), el principal organismo de la Iglesia Católica 
argentina. El mismo día del golpe, la junta mantuvo una pro- 
longada reunión con el arzobispo Adolfo Servando Tórtolo, 
presidente de la cea y jefe del vicariato militar; al retirarse del 



49 



encuentro, éste alentó a la población a "cooperar de una ma- 
nera positiva" con el nuevo gobierno. De los más de ochenta 
sacerdotes pertenecientes a la cea, sólo cuatro se levantaron en 
apoyo de las organizaciones de derechos humanos: el Comité 
Ejecutivo de la Conferencia los calificó de "comunistas y sub- 



" 58 

versivos . 



Las declaraciones y comentarios de algunos miembros de la 
jerarquía eclesiástica con respecto al gobierno bordearon lo 
surrealista. Tras el golpe, el obispo Victorio Bonamín, 
provicario castrense, afirmó "que cuando un militar cumple 
con su deber represivo, 'Cristo ha entrado con verdad y con 
bondad' ", y previo un tiempo en que "los miembros de la 
junta militar serán glorificados por las generaciones futuras". 
El padre Felipe Perlanda López, capellán penitenciario, le dijo 
a un detenido que se quejaba por las torturas que había sufri- 
do: "M'hijito, ¿qué querés si vos no cooperas con las autorida- 
des que te interrogan?" Durante un viaje a Italia en 1982, uno 
de los principales integrantes de la cea, el cardenal Juan Car- 
los Aramburu, arzobispo de Buenos Aires, respondió a una 
pregunta sobre las desapariciones diciendo: "Yo no me expli- 
co por qué se sacó ahora este asunto de la guerrilla y del terro- 
rismo que ya ha terminado hace tiempo". ^'^ 

Dos de los más fuertes partidarios del régimen eran 
monseñor Antonio José Plaza, el poderoso arzobispo de La 
Plata, y el padre Christian von Wernich. Monseñor Plaza se 
identificaba con la dictadura cada vez que le era posible, pre- 
sentaba acusaciones contra estudiantes (incluido su propio 
sobrino) y aceptó el puesto de capellán en jefe de la policía de 
la provincia de Buenos Aires. A la vez que recibía, gracias a ese 
cargo, un segundo salario y un segundo automóvil, visitaba los 
centros clandestinos de detención donde se torturaba y asesi- 
naba a los prisioneros. El padre Von Wernich, identificado con 
las fuerzas armadas y colaborador de la represión ilegal, era 
"una suerte de paradigma de clérigo fascista". ^'^^ Era capellán de 
la policía de la provincia de Buenos Aires y amigo personal del 
general Camps. Testimonios de sobrevivientes de los campos 
y de un ex agente policial de la provincia describieron su par- 
ticipación en varios secuestros y sesiones de torturas. 



50 



61 



Una figura polémica dentro de la jerarquía eclesiástica fue 
el arzobispo Pió Laghi, nuncio papal en la Argentina. En 1976 
recibió una invitación del gobernador de Tucumán, el general 
Antonio Domingo Bussi, cuyas actividades represivas eran 
notorias; habló con jefes y oficiales militares y les dio la ben- 
dición papal. Consideraba que la Iglesia era parte del "proce- 
so de reorganización nacional" y que colaboraba con las fuerzas 
armadas "no sólo con palabras sino con actos". Cuando su 
nombre apareció en 1984 en una lista de 1.351 personas invo- 
lucradas en actividades represivas, se desató un ardoroso deba- 
te. ^'^ Aunque un sobreviviente de los campos afirmó haberse 
encontrado con el arzobispo en un helipuerto cuando era un 
detenido ilegal del ejército, su testimonio no pudo confirmar- 
se. Prominentes integrantes del nuevo gobierno democrático, 
desde el presidente Alfonsín hasta el ministro del interior, 
Antonio Tróccoli, miembros progresistas de la Iglesia y cono- 
cidos intelectuales defendieron a Pió Laghi. ^'' 

En tanto la jerarquía eclesiástica justificaba y aprobaba las 
acciones de la junta, ésta perseguía a los miembros de la Igle- 
sia que se identificaban con las ideas progresistas del Concilio 
Vaticano ii y la Conferencia de Medellín de 1968: quienes 
imaginaban la Iglesia como una comunidad de iguales. Sacer- 
dotes, monjas y seminaristas unieron su destino al de los opri- 
midos, con su trabajo en los barrios desheredados, la creación 
de organizaciones campesinas y cooperativas agrícolas, la rea- 
lización de campañas de alfabetización y la impugnación de la 
alianza tradicional entre la oligarquía y la Iglesia. Llevaron 
esperanza y cierta sensación de poder a los más pobres de los 
pobres. Por consiguiente, la junta los trató como subversivos. 
El oficial que lo interrogaba le dijo a uno de ellos, detenido en 
la esma: "Vos no sos un guerrillero, no estás en la violencia, 
pero vos no te das cuenta que al irte a vivir allí [una villa 
miseria} unís a la gente, unís a los pobres, y unir a los pobres 
es subversión". ^'^ 

Muchos de estos clérigos pagaron con la vida su compromi- 
so con la justicia social. Entre 1974 y 1983, fueron asesinados 
o desaparecieron 19 sacerdotes católicos ordenados (incluidos 
dos obispos), y alrededor de un centenar de miembros de ór- 



51 



denes religiosas sufrieron torturas, se exiliaron o fueron dete- 
nidos. El más destacado fue Enrique Ángel Angelelli, obispo 
de La Rioja, quien se alió incondicionalmente con los pobres 
y desafió a los terratenientes ricos y el gobierno local. Figura 
carismática e inspiradora, murió en agosto de 1976 en un 
"accidente de auto". En 1986, cuando la investigación del caso 
finalmente avanzó, el juez designado declaró formalmente que 
su muerte "no obedeció a un accidente de tránsito, sino a un 
homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima": 
la carátula del expediente pasó de "accidente" a "homicidio 
calificado". ^'^ 



Los JUDÍOS Y EL TERRORISMO ESTATAL 

En la Argentina, el antisemitismo tiene raíces profundas 
en las entretelas de la conciencia nacional. Desde la época co- 
lonial, cuando conversos y judíos eran un blanco favorito de 
la Inquisición, hasta el pogromo de la Semana Trágica en 
1919, la cultura dominante vio a los judíos como "foráneos 
inasimilables", extranjeros cuya lealtad a la sociedad siempre 
se ponía en duda.^'^' La extrema derecha argentina es notoria- 
mente antisemita y promovió de manera consecuente la ima- 
gen de una "infiltración hebrea y comunista" en el país.''^ La 
xenofobia, el racismo y los furiosos ataques de algunos miem- 
bros de la Iglesia Católica contribuyeron a mantener viva esa 
imagen. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Argentina mantu- 
vo una posición neutral y recién en 1944, y a último momen- 
to, declaró con reticencias la guerra a Alemania. Terminado el 
conflicto, el país pronto se convirtió en un muy conocido asi- 
lo para criminales nazis, quienes se insertaban con facilidad en 
la amplia y próspera comunidad alemana. Joseph Mengele, 
Adolf Eichmann y muchos otros encontraron refugio en la 
Argentina. ^""^ 

Durante el régimen de Onganía, la comunidad judía había 
sufrido, sobre todo, los ataques de un antisemita notorio, 
Enrique Horacio Green, jefe de policía y cuñado del presiden- 



52 



te.*^'^ Durante los años setenta, la campaña antijudía siguió 
creciendo sin encontrar obstáculos. Los ataques a los barrios 
predominantemente judíos de Buenos Aires y las bombas con- 
tra sinagogas, centros culturales, escuelas y bancos se convir- 
tieron en cosa corriente. A lo largo de toda esta época la 
literatura antisemita circuló libremente y podía encontrársela 
prácticamente en todos los kioscos y librerías. Una editorial. 
Milicia, anunció con orgullo que había publicado diez libros 
nazis, todos los cuales se vendían en "cantidades impresionan- 



" 70 

tes .^ 



El hecho de tener antecedentes religiosos y culturales dife- 
rentes de los de la mayoría de la población hacía que los judíos 
constituyeran una categoría de "alto riesgo"; se convertían en 
probables chivos expiatorios. Las acusaciones contra ellos eran 
variadas y contradictorias: formaban parte de una conjura ju- 
dío-bolchevique, eran capitalistas que explotaban a los obre- 
ros o miembros de un complot sionista. El hilo conductor de 
estos diferentes argumentos era la visión de los judíos como 
foráneos, una amenaza para la vida económica, social y políti- 
ca del país. 

Durante el gobierno de la junta el antisemitismo alcanzó 
nuevas cimas. Cuando los judíos eran secuestrados, a menudo 
se los interrogaba sobre el "Plan Andinia", que supuestamen- 
te guiaba un intento de apoderarse de parte de la Patagonia a 
fin de colonizarla con inmigrantes de esa fe. ' Los detenidos 
judíos recibían tratamientos especiales: los guardias pintaban 
esvásticas en sus cuerpos, los obligaban a levantar la mano y 
gritar "¡yo amo a Hitler!" y los amenazaban diciéndoles que 
iban a "hacerlos jabón". Les estaba especialmente dedicada una 
forma de tortura: el "rectoscopio", consistente en un tubo con 
una rata en su interior que se introducía en el ano de la vícti- 
ma o la vagina de la mujer. En su búsqueda de una salida, el 
animal comenzaba a roer los órganos internos de las víctimas. ^^ 
El clima de los campos es vividamente transmitido por un 
sobreviviente que describe el caso de un judío apodado "Chan- 
go", a quien el guardia solía sacar de su calabozo y lo obliga- 
ba a salir al patio: "Le hacían mover la cola, que ladrara como 
un perro, que le chupara las botas. Era impresionante lo bien 



53 



que lo hacía, imitaba al perro igual que si lo fuera, porque si 
no satisfacía al guardia, éste le seguía pegando. [...] Después 
cambió y le hacía hacer de gato".'^ 

En 1985, sobrevivientes judíos de los campos describieron 
sus experiencias ante la Comisión Nacional sobre la Desapari- 
ción de Personas (conadep). Una sobreviviente judía, Miriam 
Lewin de García, recuerda: 

La actitud general era un profundo antisemitismo. En una 
oportunidad me preguntaron si entendía idisch, contesté que 
no, que sólo sabía pocas palabras. No obstante me hicieron 
escuchar un cásete obtenido en la intervención de un teléfo- 
no. Los interlocutores eran aparentemente empresarios argen- 
tinos de origen judío, que hablaban idisch. Mis captores 
estaban sumamente interesados en conocer el significado de 
la conversación. [...] El único judío bueno es el judío muer- 
to, decían los guardianes.'''^ 

Aunque es difícil conseguir datos cuantitativos confiables, 
hay acuerdo general en cuanto a que el porcentaje de judíos 
desaparecidos durante la represión — de cinco a diez por cien- 
to — excede con mucho su representación en la población 
general, que ronda el uno por ciento. El Comité de Parientes 
de las Víctimas de la Represión, instalado en Israel, estima en 
mil quinientos el número de judíos desaparecidos.^ 

El escritor y filósofo Marcos Aguinis señala: "Cuando las 
fuerzas de seguridad arrestan un judío, sea culpable o inocen- 
te, le hacen sufrir mayor ofensa y tortura no sólo porque los 
excita el antisemitismo, sino porque este antisemitismo tiene 
la noble justificación de estar al servicio de la victoria occiden- 
tal y cristiana". ^^' Para la mentalidad del régimen, los judíos 
eran "foráneos", extranjeros, que no se identificarían plena- 
mente con la sociedad argentina: como tales, se los veía como 
sospechosos, peligrosamente cercanos a los "subversivos" a 
quienes la junta también consideraba como no argentinos y a 
los que estaba decidida a aniquilar. 



54 



Intentos de resistencia 

Durante la dictadura, entre 1976 y 1983, la sociedad estu- 
vo en gran parte paralizada por el miedo. Los dirigentes de los 
partidos políticos y las organizaciones cívicas, culturales, sin- 
dicales y religiosas guardaron silencio, a pesar de las masivas 
violaciones de los derechos humanos dirigidas contra muchos 
de sus miembros. Pero en el nivel popular hubo intentos de 
resistencia. Los activistas gremiales, en particular, se opusie- 
ron a la supresión sistemática de los derechos que habían con- 
quistado a través de largos años de luchas. 

La represión a los trabajadores fue crucial para imponer las 
políticas económicas de las juntas. Como los salarios reales de 
aquéllos habían caído un cincuenta por ciento, el debilita- 
miento del poder de los sindicatos era una prioridad guberna- 
mental. El Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional 
suspendió todas las actividades sindicales. Prohibió las huel- 
gas, anuló las negociaciones colectivas, autorizó el despido de 
trabajadores sin causa justificada y derogó las leyes referidas a 
la salud laboral. En las fábricas, la producción se colocó bajo 
el control de los militares. ^^ 

Los trabajadores pronto entraron en conflicto con el régi- 
men militar y llevaron su protesta a las organizaciones obre- 
ras internacionales. En Ginebra, el órgano rector de la 
Organización Internacional del Trabajo (oit), que vela por el 
derecho a constituir sindicatos independientes, trató el caso 
de la Argentina. Seis meses después del golpe publicó una 
lista de sindicalistas desaparecidos y acusó a la junta de vio- 
lar el derecho a la libertad de asociación. En mayo de 1978, 
pidió a la junta que explicara las causas de la gran cantidad de 
gremialistas desaparecidos y detenidos. '"^ 

De máxima importancia para consolidar el reino del terror 
era el control de los medios de comunicación; la población 
debía permanecer ignorante del verdadero curso de los acon- 
tecimientos, a fin de que no pudieran producirse protestas 
públicas. Aun antes del golpe, los sectores más importantes 
de la prensa habían sido puestos en vereda: los diarios y las 
revistas presentaban sólo una imagen positiva de la junta y 



55 



exageraban la amenaza guerrillera. Pero Videla y sus aliados 
no querían correr ningún riesgo. Tan pronto como tomaron 
el poder, anunciaron penas de hasta diez años de cárcel para 
quien usara la prensa a fin de "publicar, divulgar o propagar 
noticias, comunicados o imágenes con el propósito de pertur- 
bar, perjudicar o dañar la reputación del accionar de las fuer- 
zas armadas, las fuerzas de seguridad o la policía". La 
represalia contra los periodistas que se atrevieron a expresar 
puntos de vista opuestos al gobierno fue feroz. Los periodis- 
tas extranjeros críticos de la versión oficial de los aconteci- 
mientos eran amenazados y se veían obligados a dejar el 
pais.^ 

Sólo los diarios The Buenos Aires Herald, y de vez en cuan- 
do La Opinión, mencionaban las presentaciones de babeas 
Corpus y otros recursos hechas por parientes de los desapareci- 
dos. En medio de esta lúgubre situación, Rodolfo Walsh, un 
periodista muy respetado, puso en marcha una red de comu- 
nicaciones clandestinas para informar al pueblo de los abusos 
que se producían diariamente. Integrante de los Montoneros, 
Walsh se valió de sus destrezas periodísticas para organizar la 
Agencia de Noticias Clandestinas (ancla) y distribuir sus in- 
formes entre los diarios locales e internacionales y otros me- 
dios. En octubre de 1976 escribió y difundió un documento 
que daba información detallada sobre la Escuela de Mecánica 
de la Armada (esma) y analizaba los sucesos que habían culmi- 
nado en el golpe y las medidas represivas de la junta. '"^^^ Walsh 
también creó un boletín clandestino. Cadena Informativa, 
cuyo primer número terminaba con un vigoroso llamado a la 
acción: 

CADENA INFORMATIVA (ci) cs uno dc los instrumentos que 
está creando el pueblo argentino para romper el bloqueo de 
la información, ci puede ser usted mismo, un instrumento 
para que usted se libere del terror y libere a otros del terror. 
Reproduzca esta información por los medios a su alcance: a 
mano, a máquina, a mimeógrafo. Mande copias a sus ami- 
gos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones 
quieren ser informados. El terror se basa en la incomunica- 

56 



ción. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción 
moral de un acto de libertad, derrote al terror, haga cir- 
cular ESTA INFORMACIÓN.^^ 

Un año después del golpe y un día después de haber en- 
viado una carta abierta a la junta denunciando sus múltiples 
abusos, un grupo de tareas de la esma ametralló a Walsh en 
las calles de Buenos Aires. Lo llevaron a la Escuela de Mecá- 
nica, donde un prisionero vio su cadáver, acribillado a bala- 
zos. ^^ 

Los parientes de los desaparecidos se convirtieron en los 
críticos más abiertos y visibles del régimen. En las búsquedas 
incesantes de sus seres queridos — cuando recorrían comisa- 
rías, hospitales, ministerios, cuarteles militares, morgues e 
iglesias — comenzaron a reconocerse unos a otros. Las mismas 
caras aparecían en las interminables filas ante el Ministerio del 
Interior donde, increíblemente, el gobierno había abierto una 
oficina para registrar las denuncias de desapariciones. En las 
contadas ocasiones en que las autoridades los recibían, los 
familiares eran despedidos perentoriamente o reprendidos por 
haber criado a "subversivos". Uno de los pocos lugares en que 
obtenían algún apoyo era la Liga Argentina por los Derechos 
del Hombre. Fundada en 1937, la liga era la organización de 
derechos humanos más antigua del país y estaba tradicional- 
mente vinculada con el Partido Comunista; familiarizaba a los 
parientes con el recurso de babeas corpus y sugería fuentes de 
información y ayuda. 

Hacia agosto de 1977 los parientes ya tenían su propia 
organización, la Comisión de Familiares de Desaparecidos y 
Detenidos por Razones Políticas. En octubre el grupo redactó 
un petitorio en que enumeraba los nombres de cientos de in- 
dividuos desaparecidos y detenidos y organizó su primera 
manifestación, en la que centenares de personas fueron apalea- 
das y arres tadas.^^ 



57 



Las Madres de Plaza de Mayo 

Entre los familiares de los desaparecidos surgió un grupo de 
madres animadas por una mujer de más de cincuenta años, 
Azucena Villaflor de DeVincenti, que había sufrido el secues- 
tro de su hijo y su nuera. ^^ Su energía y carisma se convirtie- 
ron en fuentes de inspiración para las otras madres. Éstas 
empezaron a reunirse en su casa para redactar petitorios, re- 
coger informaciones y plantar las semillas de su futura orga- 
nización. 

El 30 de abril de 1977, 14 madres se reunieron en la Plaza 
de Mayo. Al elegir ese lugar, las Madres se ponían a la vista de 
todos en un intento desesperado para llamar la atención sobre 
la situación de sus familias. Calificadas como Las locas de Plaza 
de Mayo, rompieron la conspiración de silencio que se había 
extendido por el país y encontraron una forma de canalizar su 
desesperación y frustración en la acción. Luego de ese día, la 
Argentina ya no sería la misma. ^^ 

Las marchas de las Madres se convirtieron en un acto sema- 
nal, que se realizaba todos los jueves a las tres y media de la 
tarde. Obligadas a "circular" porque las disposiciones del ré- 
gimen prohibían las reuniones públicas, solían caminar lenta- 
mente durante media hora. Cuando la policía trataba de 
intimidarlas y forzarlas a marcharse, se resistían y afirmaban su 
derecho a manifestar en nombre de sus hijos desaparecidos. 
Poco a poco su número empezó a aumentar y comenzaron a 
usar pañuelos blancos y mostrar fotos de sus hijos. Las muje- 
res pidieron a sus esposos que no se unieran a ellas en sus re- 
uniones semanales, temerosas de que la presencia de los 
hombres empeorara la situación. María Adela Antokoletz re- 
cuerda: "Aguantábamos empujones, insultos, la embestida del 
ejército, los desgarrones de ropa y las detenciones. Pero los 
hombres no hubieran soportado una cosa así sin reaccionar, se 
hubieran producido incidentes; hubieran sido apresados por 
alteración del orden público y posiblemente no los volvería- 
mos a ver más".^^' 

La publicación de solicitadas en los diarios para dar a co- 
nocer los nombres de los desaparecidos fue una de las princi- 

58 



pales actividades de difusión de las Madres. Los diarios cobra- 
ban tarifas bastante elevadas por estas solicitadas y pedían los 
domicilios certificados de diez de las firmantes, direcciones 
que posteriormente se entregaban a la policía.'"^ El 8 de di- 
ciembre de 1977, en una reunión realizada en la iglesia de la 
Santa Cruz a fin de recaudar fondos para publicar una solici- 
tada, se produjo la irrupción de un grupo de tareas de la esma, 
que secuestró a nueve personas. Entre ellas estaba la hermana 
Alice Domon, una monja francesa que había trabajado con 
campesinos en algunas de las regiones más pobres de la Argen- 
tina y apoyaba la tarea de las Madres. En Buenos Aires, la 
hermana Domon había enseñado catecismo a niños con síndro- 
me de Down, entre ellos uno de los hijos del general Videla.^^ 
Otro partidario del grupo fue secuestrado en su casa. Y dos 
días después — el 10 de diciembre. Día de los Derechos Hu- 
manos — corrieron la misma suerte Azucena Villaflor de De 
Vincenti y Léonie Duquet (otra monja francesa), que engrosa- 
ron las filas de los desaparecidos. Sobrevivientes de la esma 
testimoniaron haber visto a estas 12 personas en ese campo, 
donde fueron brutalmente torturadas. ^'^ 

El secuestro de las dos monjas francesas se convertiría final- 
mente en un punto de unificación de la protesta internacional, 
que prosigue hasta hoy. El gobierno, que trató de achacar la 
desaparición a los Montoneros, mostró fotos de las monjas 
debajo de un falso cartel de esa organización. La hermana 
Domon fue obligada a escribir una carta en la que declaraba 
que estaba en "manos de un grupo armado" opuesto al gobier- 
no. ^^ En realidad, el teniente Alfredo Astiz, un marino de 26 
años, se había infiltrado en el grupo de las Madres con el pre- 
texto de que era hermano de un desaparecido. Joven, de ojos 
azules y con apariencia inocente, se había ganado la confianza 
de Azucena y la hermana Domon. Tras acudir al encuentro en 
la iglesia de la Santa Cruz, Astiz alertó al grupo de tareas de 
la ESMA cuando la reunión estaba a punto de finalizar. La des- 
aparición de Azucena no logró disuadir al grupo. "Fue una 
época difícil para nosotras, pero no nos quebramos. Ellos 
creían que había una sola Azucena, pero ella no era la única. 
Eramos centenares", dijo Aída de Suárez, una de las Madres. 



59 



La misma Azucena, de manera premonitoria, había dicho unos 
días antes de su secuestro: "Si me pasa algo, sigan adelante. No 
lo olviden"/^' 

Gracias a su decisión, valor e inteligencia, las Madres em- 
pezaron a granjearse el reconocimiento internacional y a reci- 
bir apoyo de gobiernos y organizaciones preocupados por los 
derechos humanos. Periodistas extranjeros cubrían a menudo 
sus marchas semanales; y en oportunidad del Campeonato 
Mundial de fútbol realizado en Buenos Aires en 1978, hicie- 
ron especial hincapié en ellas, lo que les brindó una exposición 
internacional instantánea. Las Madres se convirtieron en la 
conciencia moral del país y ganaron un espacio en la arena 
política, impugnando la idea de la impotencia de las mujeres 
y su subordinación a la familia y el Estado. 



Apoyo internacional a los activistas de los derechos 

HUMANOS 

A medida que las noticias de las desapariciones se difundían 
en el exterior, los gobiernos extranjeros y las organizaciones 
internacionales comenzaron a prestar más atención a la situa- 
ción en la Argentina. En 1978, la Organización de los Estados 
Americanos (cea), a través de su Comisión Interamericana de 
Derechos Humanos (cidh), solicitó visitar el país para inves- 
tigar las denuncias de desapariciones que llegaban a torrentes 
a su oficina de Washington. El gobierno argentino rechazó el 
pedido. En un encuentro en Roma durante la coronación papal 
de Juan Pablo ii, el vicepresidente norteamericano Walter 
Móndale presionó al general Videla para que aceptara la mi- 
sión investigadora de la cidh. Como compensación. Móndale 
le ofreció la aprobación de unos préstamos que los Estados 
Unidos habían bloqueado a causa de las violaciones de los 
derechos humanos en la Argentina. Videla aceptó el trato y 
decidió tolerar la visita a cambio de los préstamos.'^" 

En septiembre de 1979, la cidh fue a la Argentina. La gen- 
te hizo cinco cuadras de cola para presentar sus testimonios.'^^ 
En total, recibió 5.580 denuncias.'^* Durante su visita, la jun- 

6o 



ta trató de "sanear" su imagen. Los detenidos de la esma fue- 
ron escondidos en otros centros o asesinados. Los generales 
lanzaron una campaña con el eslógan Los argentinos somos 
derechos y humanos, de ubicua aparición en negocios, calco- 
manías para autos y anuncios callejeros. A pesar de estos es- 
fuerzos, la comisión elaboró un documento devastador, que 
confirmaba las denunciadas violaciones de los derechos huma- 
nos y afirmaba inequívocamente que se habían pisoteado los 
derechos a la vida, la libertad, la seguridad, la integridad per- 
sonal, la justicia, el debido proceso y la libertad de expresión. 
Declaraba además que las fuerzas de "seguridad" habían mata- 
do a millares de personas, indicaba que había una elevada 
cantidad de tumbas nn en los cementerios argentinos y esti- 
maba urgente investigar, juzgar y castigar a los responsables.^^ 

Sin embargo, la cidh tenía que someter su redacción final 
a la consideración del gobierno argentino. Como resultado de 
ello, la versión publicada no contenía todos los testimonios 
recogidos ni la lista de nombres de los agentes de seguridad 
involucrados en la represión. ^^ Pese a estos cambios, la junta 
prohibió la difusión del informe en la Argentina. Emilio 
Mignone, quien se encontraba en los Estados Unidos cuando 
fue publicado, se las arregló para entrar quinientos ejemplares 
al país.^ El informe de la oea, que fue un severo golpe a la 
credibilidad de la junta, contribuyó a fortalecer la moral de las 
familias de los desaparecidos. 

También las Naciones Unidas recibieron miles de denun- 
cias de los familiares de las víctimas. Cuando Theo van Boven, 
director del Centro de Derechos Humanos de la organización 
mundial, trató de averiguar reiteradas veces el destino de los 
desaparecidos, el gobierno argentino simplemente ignoró sus 
pedidos. '^^ Los gobiernos extranjeros también empezaban a 
preguntar qué había pasado con sus ciudadanos desaparecidos 
en la Argentina. Francia quería conocer la suerte corrida por 
Alice Domon y Léonie Duquet, las dos monjas francesas se- 
cuestradas en diciembre de 1977. En una reunión entre el 
almirante Massera y el presidente Valéry Giscard d'Estaing, en 
1978, el primero admitió que ambas estaban muertas, y afir- 
mó que las habían asesinado miembros del Primer Cuerpo de 

6i 



Ejército/^^ El gobierno sueco siguió haciendo averiguaciones 
sobre Dagmar Hagelin, una joven sueco argentina de 17 años 
que había sido secuestrada y muerta a tiros por Alfredo Astiz 
y sus secuaces, en lo que parecía ser un caso de confusión de 
identidades.'"^^ 

En 1977, Patricia Derian, subsecretaria de Estado de dere- 
chos humanos del presidente Cárter, hizo varias visitas oficia- 
les a la Argentina para inquirir sobre los desaparecidos. Los 
argentinos exiliados, algunos de los cuales eran sobrevivientes 
de los campos, proporcionaban a las organizaciones internacio- 
nales y los gobiernos extranjeros información de primera mano 
acerca de las atrocidades del régimen. En 1979, un artículo 
publicado en el New York Times Magazine, escrito en colabo- 
ración por un científico argentino residente en los Estados 
Unidos y un periodista norteamericano, rompió por primera 
vez el silencio sobre la Argentina en la prensa internacional. 
Luego, en octubre del mismo año, tres mujeres que habían 
estado en la esma durante dos años realizaron una conferencia 
de prensa en la sede del Senado francés, en París, donde des- 
cribieron las torturas que habían sufrido y los brutales actos 
que habían presenciado.'"' El informe de 1980 de Amnistía 
Internacional acerca de los campos clandestinos de detención 
alertó a la comunidad de derechos humanos sobre la existen- 
cia de los campos de concentración. Como la presión interna- 
cional seguía creciendo, y consciente de la magnitud del 
perjuicio a la reputación de la Argentina en el mundo, la jun- 
ta contrató a una empresa de relaciones públicas de Madison 
Avenue, Burston Marsteller, para limpiar su imagen. '"- 

El apoyo internacional a las organizaciones de derechos 
humanos seguía en aumento. En 1980, miembros socialistas 
del Parlamento Europeo postularon a las Madres de Plaza de 
Mayo para el Premio Nobel de la Paz. Finalmente, éste fue 
otorgado a Adolfo Pérez Esquivel, un arquitecto que era el 
coordinador latinoamericano del serpaj, una de las organiza- 
ciones de derechos humanos con actividad en la Argentina. 
Este fue otro golpe a la imagen internacional de la junta. Pérez 
Esquivel había estado encarcelado durante 14 meses, y tras su 
liberación estuvo otros 18 bajo vigilancia policial. Cuando la 



6i 



junta lo acusó de participar en actividades terroristas, como los 
secuestros y asesinatos de dirigentes empresarios y militares, 
hubo una protesta internacional. El canciller noruego Knut 
Frydenlund proclamó que el premio era "una inspiración para 
todos los que luchan por la protección de los derechos huma- 
nos"; la vicepresidenta del Partido Laborista noruego, Gro 
Harlem Brundtland, afirmó que Pérez Esquivel cumplía un 
papel clave en el movimiento no violento contemporáneo; y 
Patricia Derian calificó la concesión del premio como una 
"advertencia para todos los países que aún apelan a la repre- 
sión"/^^ Pérez Esquivel, amigo de las Madres, anunció que les 
donaría el diez por ciento de los 212 mil dólares del Premio 
Nobel, con lo que ponía de relieve a la vez la importancia de 
su trabajo y el respeto con que las consideraban otros destaca- 
dos activistas de los derechos humanos/^"* 



El régimen empieza a desmoronarse 

En el otoño de 1979, en un intento por borrar los resulta- 
dos de sus actividades terroristas, la junta promulgó la ley n° 
22.068, de "presunción de muerte". Su intención era redefinir 
a los desaparecidos como oficialmente muertos pese a la ausen- 
cia de toda explicación sobre las circunstancias que habían 
rodeado su fallecimiento. También se promulgó otra ley que 
brindaba reparaciones económicas a las familias de los "muer- 
tos". La pretensión de estas leyes era poner punto final a la 
discusión sobre las desapariciones y silenciar a los familiares de 
las víctimas, pero éstos y los grupos de derechos humanos las 
rechazaron rápidamente. ^^^^ 

Al régimen le resultaba cada vez más difícil ignorar las 
demandas de los varios organismos defensores de los derechos 
humanos y las presiones del exterior. Un signo del cambio de 
los tiempos fue una solicitada aparecida en Clarín, en agosto 
de 1980. En ella se exigía información sobre los desaparecidos 
y estaba firmada por 175 destacadas personalidades; entre ellas 
se contaban Jorge Luis Borges, que antes había expresado su 
apoyo al golpe, y César Luis Menotti, director técnico del 

63 



seleccionado nacional de fútbol y un héroe a los ojos de millo- 
nes de argentinos. Apenas unos meses antes, esta actitud ha- 
bría sido impensable. '^^^' 

Pero fueron la crisis económica y la derrota en la guerra de 
las Malvinas las que finalmente decretaron la condena del ré- 
gimen de las juntas. El gasto fiscal había hecho que la deuda 
externa trepara de 7,8 mil millones de dólares en 1975 a 45 
mil millones en 1983. La desocupación era pronunciada y los 
salarios reales caían drásticamente. ^^'^ Las empresas estatales 
tomaban préstamos de bancos extranjeros y la especulación en 
los mercados internacionales provocaba la fuga de enormes 
sumas de dinero. Las mismas fuerzas armadas, a través de 
Fabricaciones Militares, eran el mayor empleador del país y 
producían bienes por un valor de dos mil doscientos millones 
de dólares (alrededor del dos y medio por ciento del producto 
bruto interno). A la vez, participaban directa y plenamente en 
las maniobras financieras que estaban arruinando el país.'"^ 

Las antiguas divisiones y rivalidades entre las distintas fuer- 
zas se intensificaron. En 1979, el general Luciano Benjamín 
Menéndez, comandante del poderoso Tercer Cuerpo de Ejér- 
cito, había montado una revuelta en Córdoba para protestar 
contra la decisión del gobierno de liberar a Jacobo Timerman, 
según lo ordenado por la Corte Suprema.'"'^ Aunque el alza- 
miento fue sofocado, se trataba de una señal de que las diferen- 
tes facciones de las fuerzas armadas volvían a pelear por el 
control. Se había ahondado una desavenencia entre el almiran- 
te Massera y el general Videla y el gobierno perdía su domi- 
nio del país. Massera tramaba secretamente lanzar su propio 
partido político y convertirse en un "segundo Perón", para lo 
cual había elaborado un plan por el que algunos montoneros 
detenidos en la esma trabajaban en su beneficio mientras él 
establecía contactos con dirigentes guerrilleros en el exilio. ^'^^ 
La segunda junta, que asumió el poder en marzo de 1981, sólo 
duró ocho meses; su presidente, el general Roberto Viola, 
sufrió el continuo trabajo de zapa del general Leopoldo 
Galtieri, quien sería el siguiente jefe del ejecutivo. 

El 30 de marzo de 1982, la cgt Brasil, encabezada por Saúl 
Ubaldini, organizó una huelga y una manifestación a la que 

64 



concurrieron millares de personas. Durante varias horas, los 
manifestantes combatieron con la policía para protestar por la 
dura situación económica y exigir que las autoridades revela- 
ran el destino de los desaparecidos.^ ^^ Anteriormente, la cgt 
había mantenido un notorio silencio, aun cuando los trabaja- 
dores habían sido uno de los principales blancos de la repre- 
sión. Sólo un año antes, Ubaldini se había negado a firmar un 
documento que las Madres hacían circular. Nora de Cortinas 
recuerda: 

Yo le fui a pedir a Saúl Ubaldini, en 1981, la firma para 
un reclamo. Estaba reunido con toda la cúpula de la enton- 
ces CGT Brasil y él me dijo: "Sí, señora, comprendo todo, pero 
yo no puedo firmar como cgt". Entonces le pregunté: "Señor 
Ubaldini, ¿por qué no firma a título personal?" "Y. . . no, se- 
ñora, a título personal no voy a poder...". Entonces, a cada 
uno de los dirigentes sindicales que estaban reunidos les pedí 
el apoyo para la petición, pero ninguno firmó. ^^" 

El golpe final al régimen fue el fiasco de la guerra de las 
Malvinas. El 2 de abril de 1982, en una jugada concebida para 
ganar el apoyo popular y desviar la atención de la crisis econó- 
mica, la Argentina invadió las islas. Al creer que los británi- 
cos no se molestarían en despachar tropas desde el otro lado 
del mundo y que su íntima relación con la administración 
Reagan garantizaría el respaldo estadounidense, el general 
Galtieri cometió un grave error de cálculo. Aunque Galtieri 
había sido de utilidad al disponer que los militares argentinos 
brindaran instrucción a los "contras" nicaragüenses en Hondu- 
ras, el presidente Reagan se puso del lado de su amiga 
Margaret Thatcher, impuso sanciones económicas a la Argen- 
tina y suministró a los británicos la tecnología necesaria para 
detectar el movimiento de tropas argentinas en las islas y ase- 
gurar la victoria de Thatcher.^'' 

El 14 de junio, dos meses y medio después de la invasión 
— la primera guerra "real" que los militares argentinos habían 
librado en un siglo — , la Argentina se rindió. Esta última 
aventura de los generales costó la vida a un millar de argenti- 

65 



nos y doscientos cincuenta británicos. Poco después, el gene- 
ral Galtieri renunció, una cuarta junta asumió el poder y el 
general Reynaldo Benito Bignone se convirtió en presidente 
provisional. Las presiones favorables al retorno a un gobierno 
civil comenzaban a rendir sus frutos. En julio se levantó la 
proscripción de la actividad política y se permitió que los par- 
tidos realizaran concentraciones públicas. En octubre de 1982, 
los grupos de derechos humanos organizaron una marcha nacio- 
nal con fuerte participación de dirigentes políticos, sindicales y 
religiosos. Pese a la prohibición oficial, la "Marcha por la Vida" 
atrajo a más de diez mil personas; el gobierno pronto anunció 
que las elecciones se realizarían en octubre de 1983.'^'' 

En abril de 1983, las fuerzas armadas, al comprender que 
el fin estaba cerca, publicaron el "Documento final de la 
Junta Militar sobre la guerra contra la subversión y el terro- 
rismo", que defendía su accionar genocida y distorsionaba la 
historia de los siete años pasados. El documento causó indig- 
nación tanto en el país como en el extranjero. En junio, las 
organizaciones de derechos humanos convocaron a una mar- 
cha de protesta contra el "Documento final", en la que par- 
ticiparon cincuenta mil personas. En septiembre, el gobierno 
promulgó el decreto ley 22.924, popularmente llamado "ley 
de autoamnistía", que extinguía las acciones penales para los 
crímenes cometidos por las fuerzas armadas en los nueve años 
pasados.''^ 

Al acercarse las elecciones, los partidos políticos incluyeron 
en sus plataformas un rechazo explícito de la doctrina de la 
seguridad nacional. Raúl Alfonsín, el candidato de la Unión 
Cívica Radical, declaró que, en caso de ser elegido, no transi- 
giría en el tema de los derechos humanos y anularía la ley de 



autoamnistía."^' 



La Comisión Nacional sobre la Desaparición de 
Personas y el juicio a las juntas 

Con una plataforma fuertemente basada en los derechos 
humanos, Alfonsín ganó cómodamente las elecciones, con el 

66 



52 por ciento de los votos. Asumió el gobierno el 10 de di- 
ciembre de 1983, aniversario de la firma de la Declaración 
Universal de Derechos Humanos. Poco después, envió al con- 
greso un proyecto de ley que declaraba nula la ley de 
autoamnistía; al mismo tiempo, creó la Comisión Nacional 
sobre la Desaparición de Personas (conadep). Su misión era 
investigar las desapariciones y proporcionar la información 
necesaria para procesar a los responsables. Los grupos de dere- 
chos humanos habían impulsado la formación de una comisión 
parlamentaria que tuviera la facultad de decretar la compare- 
cencia de testigos pero la conadep carecía de la facultad de 
obligar a testificar. Las fuerzas armadas, e incluso algunos 
jueces, se negaron a cooperar con ella. 

Tras nueve meses de investigaciones y entrevistas con mi- 
llares de testigos, la conadep entregó al presidente Alfonsín 
cincuenta mil páginas de testimonios. Un libro de quinientas 
páginas. Nunca mas, documentó los métodos utilizados para 
aterrorizar a la población; tanto esta obra como el volumen que 
la acompañaba, que enumeraba los nombres de 8.961 desapa- 
recidos, se publicaron en 1984. De acuerdo con el informe, el 
setenta por ciento de los desaparecidos eran hombres y 
el treinta por ciento mujeres; tres por ciento eran embaraza- 
das. La gran mayoría (81 por ciento) eran jóvenes, de entre 16 
y 35 años; los estudiantes y los trabajadores manuales y admi- 
nistrativos constituían el setenta por ciento de las víctimas. La 
CONADEP reconocía que la cantidad de desaparecidos superaba 
con mucho el número de casos investigados. Graciela Fer- 
nández Meijide, secretaria de la comisión, informó que ésta 
procesó sólo el treinta por ciento del material recibido duran- 
te sus nueve meses de actividad. ^^ 

La cifra total fue sumamente discutida. Emilio Mignone, 
del CEES, investigó casos en los que era posible conocer la 
identidad del desaparecido y comprobó que sólo se había 
denunciado la mitad, a causa del miedo, la ignorancia, el aisla- 
miento, la carencia de recursos o la falta de esperanzas."'"^ 
Varios organismos de derechos humanos estimaban que el 
número de desaparecidos era 30.000. En las primeras semanas 
de su publicación, se vendieron más de doscientos mil ejem- 

67 



piares de Nunca mas. Lamentablemente, éste no contenía los 
nombres de los represores, pero el presidente Alfonsín recibió 
una lista con 1.351 de ellos, que luego publicó la revista El 
Periodista de Buenos Aires ^ en noviembre de 1984."'^ A pesar 
de sus limitaciones. Nunca mas fue una poderosa acusación 
pública contra los militares y la doctrina de la seguridad na- 
cional. Pocos días después de asumir la presidencia, Alfonsín 
anunció que los nueve miembros de las primeras tres juntas, a 
quienes consideraba los mayores responsables de la represión, 
serían juzgados por tribunales militares. Pero los organismos de 
derechos humanos no confiaban en que los militares juzgaran a 
sus pares; más importante aún, querían que fueran juzgados por 
la justicia civil a fin de afirmar el principio de igualdad ante la 
ley. Al mismo tiempo, el presidente Alfonsín envió a juicio a 
siete miembros de dos grupos guerrilleros, el erp y los 
Montoneros, que fueron acusados de "actividades terroristas". 

Alfonsín presentaba así un tema en el que seguiría insis- 
tiendo durante algunos años: la teoría de los "dos demonios". 
Según esta concepción, los guerrilleros y los militares eran 
igualmente responsables de actos criminales, y unos y otros 
merecían un castigo. Los activistas de los derechos humanos 
señalaban que la teoría de los dos demonios abría la puerta a 
la justificación de toda clase de abusos por parte del Estado. 
Sostenían que éste sólo debía actuar dentro del marco de la ley 
y los principios morales; por otra parte, destacaban que cuan- 
do el Estado comete delitos, las víctimas se encuentran total- 
mente indefensas, sin recurso alguno. '~^^ 

Tal como lo habían previsto los grupos de derechos huma- 
nos, el juicio a los militares por parte de sus pares se convirtió 
rápidamente en una farsa. Tras meses de dilaciones, el Conse- 
jo Supremo de las Fuerzas Armadas se negó a juzgar a las jun- 
tas e incluso trató de justificar su accionar. Alfonsín y sus 
asesores admitieron haber cometido un "error histórico" al 
esperar que los cuadros militares estuvieran dispuestos a cas- 
tigar a sus propios colegas. El juicio se trasladó entonces a la 
justicia civil. '"^ 

El juicio civil a los miembros de las tres juntas se inició 
oficialmente en abril de 1985. Durante cinco meses, las sesio- 



68 



nes de lo que en la Argentina dio en llamarse "el juicio del 
siglo" electrizaron al país. A lo largo de este tiempo, bombas, 
amenazas y declaraciones hostiles de parte de los militares 
crearon un clima de tensión e incertidumbre política. El fis- 
cal, doctor Julio César Strassera, y su asistente, el doctor Luis 
Moreno Ocampo, presentaron 711 cargos contra los generales 
por asesinato, detención ilegal, tortura, violación y robo. El 
tribunal escuchó los testimonios de más de ochocientas perso- 
nas, incluyendo a sobrevivientes de los campos de detención, 
familiares de los desaparecidos, ex miembros del gobierno 
peronista, dirigentes sindicales, oficiales militares, activistas 
de los derechos humanos, miembros de organizaciones inter- 
nacionales, peritos científicos y representantes de gobiernos 
extranjeros.^"^ 

Strassera caracterizó las acciones contra las organizaciones 
guerrilleras como "feroces, clandestinas y cobardes". Señaló 
que, al renunciar a los principios éticos, el Estado había crea- 
do su propia clase de terrorismo y reproducido en sí mismo los 
males que intentaba combatir: " ¿Y qué hizo el Estado para 
combatirlos [a los guerrilleros}? Secuestrar, torturar y matar 
en una escala infinitamente mayor". Y se preguntó: "¿Cuántas 
víctimas de la represión eran culpables de actividades ilegales? 
¿Cuántas, inocentes? Jamás lo sabremos, y no es culpa de las 
víctimas".^"' En uno de los momentos más dramáticos del 
juicio, el abogado de uno de los generales le preguntó a Mag- 
dalena Ruiz Guiñazú, la conocida periodista radial e integran- 
te de la CONADEP, si conocía a alguna persona inocente que 
hubiera sido perseguida. En su declaración de dos horas y 
media en el estrado de los testigos, ella dirigió la atención de 
la corte hacia las desapariciones de niños; su testimonio se 
siguió en un profundo silencio. ^-^ 

Strassera cerró su alegato con una frase, hoy famosa en la 
Argentina: "Señores jueces, quiero renunciar expresamente a 
toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. 
Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque perte- 
nece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: nunca 
más". Sus palabras suscitaron una salva de aplausos y vítores 
tan grande que hubo que desalojar la sala y se vedó el acceso 

69 



público a las audiencias. Cinco generales fueron condenados a 
penas que iban desde cuatro años y medio de cárcel hasta pri- 
sión perpetua, y otros cuatro fueron declarados inocentes. Los 
nueve fueron absueltos de los cargos de robo de menores y 
sustitución de identidad.'"^ 

El resultado del juicio no satisfizo a las organizaciones de 
derechos humanos, que consideraron insuficiente y hasta pe- 
ligroso el castigo, porque podía contribuir a sentar las bases de 
una cultura de la impunidad. Las fuerzas armadas, en contras- 
te, exigieron la exoneración de todos los acusados, a quienes 
describían como mártires y participantes en una "guerra san- 
ta". Sin embargo, el juicio estableció con claridad la responsa- 
bilidad de los militares en las incontables violaciones de los 
derechos humanos que se habían producido, y fue la señal de 
un nuevo clima político: por primera vez en la Argentina, 
miembros de las fuerzas armadas habían sido llevados a juicio 
y condenados. 



Las leyes de amnistía 

Tras el juicio a los integrantes de las juntas, estaba previs- 
to que también fueran juzgados cientos de miembros de las 
fuerzas armadas acusados de "cumplir órdenes". Las amenazas 
al gobierno proseguían. En un esfuerzo por pacificar a los 
militares, el presidente Alfonsín envió al congreso un proyec- 
to de ley que establecía un plazo máximo de sesenta días para 
iniciar nuevos procesos. La ley, aprobada el 24 de diciembre de 
1986, se conoció como de Punto Final. Los únicos casos ex- 
cluidos eran los delitos de sustitución de estado civil y de 
sustracción y ocultación de menores. 

La ley de Punto Final suscitó un vendaval de actividad entre 
las víctimas y los grupos de derechos humanos, que trataron de 
presentar nuevas acusaciones dentro del plazo de sesenta días 
establecido. Al final de éste, todo parecía indicar que más de 
cien oficiales serían llevados a juicio.'"^' Uno de los oficiales 
acusados de delitos en la provincia de Córdoba, el mayor Er- 



70 



nesto Barreiro, se negó a presentarse ante la corte y su regi- 
miento lo respaldó. Esto prendió la mecha de la rebelión mi- 
litar en Buenos Aires y un grupo, conducido por el teniente 
coronel Aldo Rico, se levantó en armas contra el gobierno con 
la exigencia de una ley de amnistía. Los rebeldes, a quienes se 
conocía como carapintadas, se convirtieron rápidamente en 
una fuente de implacable hostilidad al presidente Alfonsín. El 
gobierno convocó a la ciudadanía en su apoyo. Cientos de 
miles de personas manifestaron en las calles su respaldo al 
gobierno democráticamente elegido y cerca de cincuenta mil 
se apostaron ante las instalaciones militares donde los rebeldes 
habían establecido su cuartel general. El Domingo de Pascua, 
19 de abril de 1987, el presidente Alfonsín anunció que se 
había reunido con los insurrectos y que éstos aceptaban depo- 
ner las armas. ^"^ 

Poco después, Alfonsín envió al congreso otra ley, que 
otorgaba inmunidad a un mayor número de acusados poten- 
ciales y abarcaba casi todos los delitos cometidos durante la 
guerra sucia. La nueva ley, de Obediencia Debida, sólo excep- 
tuaba de la amnistía "los delitos de violación, sustracción y 
ocultación de menores o sustitución de su estado civil y 
apropiación extorsiva de inmuebles". Pero ni siquiera las dos 
leyes de amnistía de Alfonsín eran suficientes para los mili- 
tares. En 1988 se produjeron otros dos levantamientos de los 
carapintadas, que resultaron en más negociaciones y compro- 
misos. En enero, Aldo Rico volvió a rebelarse, pero la mayo- 
ría de los militares se mantuvieron leales al gobierno y la 
insurgencia se desinfló. En diciembre. Rico y otro oficial, el 
coronel Mohamed Alí Seineldín, desafiaron una vez más al 
gobierno. Exigían mejores salarios para las fuerzas armadas y 
el reconocimiento de la legitimidad de los actos de las juntas 
en la "lucha contra la subversión". Este último levantamiento 
fue sofocado mediante el esfuerzo conjunto de los civiles, la 
policía y las fuerzas leales. Sin embargo, el presidente Alfonsín 
incrementó la provisión de fondos para el ejército y concedió 
un aumento salarial a las fuerzas armadas.'"^ 

En enero de 1989, cincuenta miembros de un pequeño 
grupo izquierdista, el Movimiento Todos por la Patria, atacó 



71 



los cuarteles del ejército en La Tablada, provincia de Buenos 
Aires. Fue un sangriento enfrentamiento por parte de ambos 
bandos: murieron nueve soldados y dos miembros de la poli- 
cía provincial, así como 28 atacantes. Dieciocho de los 
asaltantes fueron detenidos. Algunos fueron muertos tras su 
rendición y otros desaparecieron, con lo que volvió a cernirse 
el espectro de las violaciones militares de los derechos huma- 
nos. Como resultado del episodio, el presidente Alfonsín au- 
mentó el poder de las fuerzas armadas en asuntos de seguridad 
interior y redactó una ley que limitaba la libertad de expre- 



sion. ^^ 



Los INDULTOS PRESIDENCIALES 

La hiperinflación, los disturbios en procura de alimentos y 
una sensación general de desesperanza con respecto a la econo- 
mía del país obligaron al presidente Alfonsín a dejar su cargo 
cinco meses antes de lo previsto. El nuevo presidente, Carlos 
Saúl Menem fue aún más lejos que Alfonsín en sus intentos de 
apaciguar a los militares. En octubre de 1989 indultó a los 
oficiales de alto rango que no habían sido amparados por las 
leyes anteriores, y se adelantó con ello a cualquier investiga- 
ción o condena ulteriores. Hizo lo mismo con los oficiales 
carapintadas que habían planeado los levantamientos contra 
Alfonsín. Y en diciembre de 1990 indultó a todos los miem- 
bros de las juntas juzgados en 1985 y que aún cumplían sus 
sentencias. Para que estas medidas en favor de los militares 
fueran más digeribles, también indultó a un líder montonero, 
Mario Firmenich, que había sido sentenciado a treinta años de 
cárcel.'"" 

La justificación racional del presidente Menem consistía en 
que era tiempo de unificar el país y avanzar hacia la reconci- 
liación. Pero el ochenta por ciento de la población estaba en 
contra de los indultos. Los grupos de derechos humanos, diri- 
gentes políticos y organizaciones sindicales protestaron contra 
la medida del presidente, en tanto los primeros convocaban a 
manifestaciones pacíficas. El 30 de diciembre, en el peor 



72- 



momento del año y prácticamente sin tiempo para organizar- 
la, ochenta mil personas asistieron a una concentración en 
Buenos Aires para protestar contra la decisión del presidente 
Menem.^^^ Los oficiales indultados no sólo no expresaron nin- 
gún pesar por sus actos, sino que consideraron los indultos 
como un paso hacia su plena reivindicación. Apenas 24 horas 
después de dejar la prisión, el general Videla exigió un perdón 
de parte de la sociedad y el pleno reconocimiento por su tra- 
bajo en favor de la "democracia". ^^^ 

Las leyes de amnistía y los indultos presidenciales transfor- 
maron en una ficción la reparación legal de la mayoría de las 
violaciones de los derechos humanos. Estas medidas abrieron 
el camino a la impunidad y sus consecuencias influencian la 
vida cotidiana y la cultura política de la Argentina de hoy. Los 
grupos de derechos humanos consideran la anulación de estas 
leyes una condición necesaria para el desarrollo de una socie- 
dad democrática en la Argentina y continúan trabajando para 
que esto suceda. 



73 



Capítulo 2 
Las Abuelas se organizan 

En ese largo caminar nos encontramos las Abuelas, or- 
ganizajnos un grupo para buscar a los niños desapare- 
cidos, primero pensando que éramos pocas y el terror fue 
tremendo cuando nos enteramos que éramos cientos. 

María Isabel Chorobik de Mariani (1986) 

En los encuentros semanales de las Madres en Plaza de 
Mayo había Madres que buscaban no solamente a sus hijos 
sino también a sus nietos, secuestrados con sus padres o naci- 
dos en cautiverio. En octubre de 1977, 12 de estas Madres 
crearon la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo y se orga- 
nizaron alrededor de una exigencia específica: que los niños 
que habían sido secuestrados fueran restituidos a sus familias 
legítimas. La asociación creció rápidamente, ya que docenas de 
abuelas se incorporaron a ella. Hasta el momento presente las 
Abuelas de Plaza de Mayo han documentado la desaparición 
de 220 niños (84 niños y 136 mujeres embarazadas) pero cal- 
culan que la verdadera cantidad de niños desaparecidos es de 
alrededor de quinientos. El número exacto tal vez nunca se 
sepa, porque el temor aún hace que algunos secuestros perma- 
nezcan sin denunciar. Por otra parte, cuando desaparecían fa- 
milias enteras, no quedaba nadie que pudiera contar lo que les 
había pasado; y algunos padres probablemente no sabían que 
sus hijas estaban embarazadas en el momento de la desapari- 
ción.' 

Sobre el tema de los niños desaparecidos, Nunca mds afir- 
maba lo siguiente: 



75 



Cuando un niño es arrancado de su familia legítima para 
insertarlo en otro medio familiar elegido según una concep- 
ción ideológica de "lo que conviene a su salvación", se está 
cometiendo una pérfida usurpación de roles. 

Los represores que arrancaron a los niños desaparecidos de 
sus casas o de sus madres en el momento del parto, decidie- 
ron de la vida de aquellas criaturas con la misma frialdad de 
quien dispone de un botín de guerra. 

Despojados de su identidad y arrebatados a sus familiares, 
los niños desaparecidos constituyen y constituirán por largo 
tiempo una profunda herida abierta en nuestra sociedad. En 
ellos se ha golpeado a lo indefenso, lo vulnerable, lo inocente 
y se ha dado forma a una nueva modalidad de tormento. ^ 

En 1984, el general Ramón Juan Camps, ex jefe de la po- 
licía de la provincia de Buenos Aires (finalmente sentenciado 
a 25 años de cárcel por su participación en cientos de homici- 
dios), declaró lo siguiente: "Personalmente, no eliminé a nin- 
gún niño. Lo que hice fue llevar a algunos a organizaciones de 
beneficencia para que les encontraran nuevos padres. Los pa- 
dres subversivos enseñan subversión a sus hijos. Eso tiene que 
terminar".' El general José Antonio Vaquero le dijo a Emilio 
Mignone, activista de los derechos humanos, que "uno de los 
problemas que enfrentamos es el de los hijos de los desapare- 
cidos, que van a crecer odiando a las instituciones militares". 
En la misma línea, un diplomático y político muy conocido, 
Mario Amadeo, informó que el secretario de la presidencia 
sostenía que la separación de los menores de sus familias era 
una doctrina establecida por los altos mandos para impedir 
que los hijos de los desaparecidos odiaran a los militares.^ 

El plan del general Camps de encontrar "nuevos padres" 
para los niños implicaba, en la práctica, que muchos de ellos 
fuesen entregados — como si fueran objetos o elementos de un 
botín de guerra — a funcionarios gubernamentales de alto 
rango, miembros de las fuerzas armadas u oficiales de la poli- 
cía. Otros quedaban abandonados en la calle o se los dejaba en 
orfanatos sin información alguna sobre sus orígenes.^ Al con- 
siderar a los niños como uno de los objetivos de sus políticas 

76 



represivas, los militares idearon una forma especialmente cruel 
de disciplinar a quienes el régimen calificaba de "subversivos": 
mediante la destrucción de la identidad de sus hijos, les roba- 
ba el futuro. Los militares comprendían con claridad la impor- 
tancia de las familias, y en especial de las madres, en la 
transmisión de valores e identidades de generación en genera- 
ción, y castigaban a las mujeres por criar a quienes se atreve- 
rían a desafiar al régimen. Una metáfora comúnmente 
empleada durante la dictadura era "la Nación Argentina es 
una gran familia". Como "padres", los militares creían que 
"salvaban" a los jóvenes de convertirse en la próxima genera- 
ción de subversivos. La separación de los niños de sus familias 
legítimas era necesaria para incorporarlos a la "gran familia 
argentina".^ 

¿Fue único en América Latina el caso de la Argentina? 
Sabemos que 13 niños uruguayos desaparecieron en la década 
del setenta. Todos fueron secuestrados o nacieron en cautive- 
rio en la Argentina, lo que aporta una prueba adicional de que 
las fuerzas de seguridad de ambos países emprendían operacio- 
nes conjuntas.^ Hace poco aparecieron pruebas de que a prin- 
cipios de los años ochenta, durante la guerra civil en El 
Salvador, los hijos de los simpatizantes y activistas políticos de 
la guerrilla eran apartados de sus padres y entregados en adop- 
ción a extranjeros de Europa y los Estados Unidos o bien 
quedaban a cargo de los militares.^ Es posible que en el futuro 
nos enteremos de otros casos de robos de niños por razones 
políticas en otros países en América Latina. 



Los PRIMEROS DÍAS DE LAS ABUELAS 

El 25 de noviembre de 1976, un día después del ataque 
armado y la destrucción de la casa de su hijo, María Isabel 
Chorobik de Mariani (a quien sus amigos conocían como "Chi- 
cha") se enteró de la muerte de su nuera y la desaparición de 
su nieta de tres meses. Había ido a visitar a su padre enfermo. 
Al volver a su casa, comprobó que también ella se había con- 
vertido en un objetivo: 



71 



Me tomé un taxi en el centro y cuando se acerca el taxi, 
veo que está mi casa llena de gente en la puerta. [. . .] Estaban 
todos los vecinos llorando en la puerta, creyendo que yo es- 
taba muerta adentro. Llego, entro, y un vecino me alcanza a 
decir "¡cuidado!" Un cable pelado, conectado con la puerta, 
para que al pasar. . . Habían volcado todo. . . no quedaba nada 
de nada... se habían llevado todo. Bueno, la hecatombe.'^ 

Como su hijo no estaba en su casa cuando la asaltaron y 
destruyeron, todavía estaba con vida. Ella se las arregló para 
verlo antes de que él entrara en la clandestinidad y se encon- 
traron algunas veces más durante los meses siguientes, siem- 
pre en absoluto secreto. Sin embargo, nueve meses después, 
Chicha Mariani sufrió dos golpes más: un llamado telefónico 
anónimo le informó que habían asesinado a su hijo, y algunos 
de sus parientes cercanos, que habían logrado ponerse en con- 
tacto con fuentes allegadas al general Camps, recibieron la 
noticia de que también su nieta estaba muerta. A pesar de esta 
información devastadora. Chicha, contra todos los pronósticos, 
empezó a buscar a su nieta desaparecida. 

En una de sus innumerables visitas a comisarías, cuarteles 
del ejército y juzgados, Chicha Mariani conoció a la doctora 
Lidia Pegenaute, una de las pocas funcionarlas públicas que 
mostró interés en su relato. Pegenaute, juez de menores, le 
habló varias veces de otras dos mujeres que también buscaban 
a sus nietos. Chicha Mariani recuerda: 

Yo no captaba lo que ella me quería decir, una y otra vez. 
[. . .] Yo lloraba y lloraba y nada más. [. . .] Hasta que un día 
me di cuenta que me estaba diciendo que por qué no las bus- 
caba. Entonces dije: "¿Y yo no podría tener contacto con al- 
guna de esas señoras?" La doctora Pegenaute pegó un salto y 
dijo: "Ya le traigo la dirección de la señora de de la Cuadra 
que vive en La Plata". [...] Ahí mismo me fui a la casa de 
Alicia. Me abre la puerta una linda señora, alta, elegante, de 
ojitos celestes con un batón rosa y me hizo pasar. Yo le conté 
quién era, por qué la buscaba y quién me mandaba. Charla- 
mos horas y horas. 

78 



La hija de Alicia de de La Cuadra estaba embarazada de 
cinco meses en el momento de su desaparición. Por informa- 
ciones de sobrevivientes del campo secreto de detención don- 
de la habían llevado, Alicia se enteró de que había tenido una 
niña a quien llamó Ana. También supo que la criatura pesaba 
3.750 kilos y que cuatro días después de nacer la habían sepa- 
rado de su madre. La reunión entre las dos abuelas duró horas. 
Intercambiaron relatos e ideas, e iniciaron así lo que sería una 
prolongada y ferviente amistad. Alicia dijo que había asistido 
a las concentraciones semanales de las Madres en Plaza de 
Mayo, y Chicha decidió ir con ella. 

En la primavera de 1977, el secretario de Estado de los 
Estados Unidos, Cyrus Vanee, visitó la Argentina. Las Madres 
organizaron una manifestación y se acercaron a él con 
petitorios referidos a la situación de sus hijos desaparecidos. 
Fue la primera manifestación en que participó Chicha Mariani, 
que se quedó inmóvil y no pudo entregar su mensaje: 

Vino una señora corriendo y me dice: 'V;Entregaste el tes- 
timonio?" "No — le digo — , lo tengo acá". Me lo arrebató, 
corrió entre los perros y las armas, con riesgo, porque iba co- 
rriendo detrás de Cyrus Vanee, y le entregó el papel. Y dice: 
"ya está, ya lo entregué". Ésa era Azucena Villaflor de 
DeVincenti. 

Ese mismo día, durante la manifestación, Alicia la presen- 
tó a otras mujeres cuyas hijas embarazadas también habían 
desaparecido. Decidieron encontrarse una vez más para discu- 
tir su situación común, ya que creían que, si se juntaban, las 
autoridades no podrían ignorarlas con tanta facilidad. 

Haydée Vallino de Lemos fue otra de las integrantes origi- 
nales del grupo. Tanto su hijo como su hija, que estaba en su 
octavo mes de embarazo, desaparecieron. La familia quedó en 
la ruina debido a la búsqueda de ambos. Haydée recuerda los 
primeros días: 

Yo era de las Madres, las que dábamos vuelta a la plaza. 
[. . .] Al principio, yo lo único que hice, me acostaba y mira- 



79 



ba al techo, nada más. Llegué a pesar cuarenta kilos. [...] Y 
un día mi marido me trae, comprábamos La Prensa, y me 
mostró La Prensa y me dice: "Mira, se reúnen". [...] Enton- 
ces dije: "Yo sola no soy, hay más. . ." Entonces ahí me levanté 
y lo primero que hice me fui al Ministerio del Interior. [...] 

Y ahí me encontré con una señora y ella me dijo: "¿Por qué 
no venís los jueves a la Plaza de Mayo? Lleva un clavito, te 
pones el clavito y con eso te van a conocer". Y yo fui y me 
senté en un banco y mi marido se sentó más allá, más lejos. 

Y llevé el clavito en la mano y vi que las otras llevaban un 
clavito, entonces me di cuenta que eran ellas. ^"[...] 

En una manifestación una señora empezó a contarme su 
historia, y cuando supo que yo tenía una hija embarazada, 
dice: "¡Ay!" Enseguida sacó una libretita, ella también tenía 
una hija embarazada que había desaparecido. [...] 

En la plaza, nos pasábamos papelitos, así en dónde nos te- 
níamos que reunir. [. . .] Nos reuníamos en las iglesias, en mi 
casa, en la casa de mi hermana [...]. Mi hermana vive en un 
piso 1 2 y no tomábamos el ascensor, no queríamos tomar el 
ascensor para que no se sintiera el ruido, éramos unas cuan- 
tas y a la hora en que el portero está durmiendo. íbamos en 
puntitas de pie hasta el piso 12 todas [...] y ahí, ¡qué mo- 
mento!, nos reuníamos. Y ahí pensábamos cosas, mandába- 
mos cartas de acá, juntábamos firmas entre nosotras, una 
tenía una idea de dónde podíamos mandar las cartas a quién 
[...] cada vez se iba haciendo más grande. [...] 

Fuimos simples amas de casa que nunca habían hecho 
nada. Yo no sabía ni viajar en colectivo, yo no salía si no era 
con mi esposo. [. . .] Ahora mismo yo no haría lo que hice, no 
me animaría a hacer lo que hicimos." 

Raquel Radío de Marizcurrena, otra de las Abuelas funda- 
doras, perdió a su hijo, secuestrado el día que cumplía 24 años 
junto con su esposa, que estaba embarazada de cuatro meses. 
Raquel recuerda su arresto luego de una de las marchas en la 
Plaza de Mayo: 



8o 



Un día en la plaza bajaron a los pasajeros de tres colectivos 
y nos cargaron a nosotros. Nos llevaron a la comisaría quinta. 
Cuando bajamos de los colectivos, los pisos eran blancos, lle- 
nos de papelitos, todo lo que teníamos en la cartera que podía 
comprometernos, todo eso lo rompimos, todo, todo. [...} He 
estado presa con Azucena, Azucena era una mujer fantástica. 
De cualquier parte te llamaba para firmar, nos citaba en las 
iglesias, nos citaba en las plazas, nos citaba tal día vamos al 
Botánico, o si no al Zoológico. Nos poníamos en grupo así 
separadas en los bancos y firmábamos. [. . .} Y todos los jueves, 
no faltábamos un jueves, empezamos a ir a la plaza. ^^ 

Pronto, sin embargo, según recuerda Raquel, algunas de las 
Madres empezaron a plantear la cuestión de sus nietos desapa- 
recidos: 

Un día dice Chicha: "qué te parece — nos dice a todas las 
abuelas — , vamos como festejando el Día del Niño, con car- 
teles de los niños y las fotos juntas". Hicimos un cartel gran- 
de con todas las fotos de los chiquitos y de las embarazadas. 
Ahí fue nuestra separación de las Madres porque dos Madres 
nos sacaron de la plaza, que si queríamos una plaza para eso 
que fuéramos a la Plaza Congreso, que ésa era la plaza de las 
Madres. [. . .] Las únicas dos ellas y fue una sola vez. Así que 
seguimos yendo a la plaza. [. . .] Sí, lo que pasó es que ellas di- 
jeron que nosotros empezamos a dividir unas cosas de las 
otras, ellas pensaban que nosotros al buscar a los niños, no 
buscábamos a nuestros hijos. Esa era la idea de ellas, pero no 
era así, porque nosotros no olvidábamos, nunca olvidamos a 
nuestros hijos. 

Delia Giovanola de Califano, una Abuela fundadora que 
sufrió las desapariciones de su hijo adoptivo y su nuera, emba- 
razada de ocho meses, recuerda su escepticismo inicial ante la 
idea de reunirse con otras Madres: 

Al principio me parecía que era perder el tiempo ir a ha- 
blar con otras madres que les pasaba lo mismo porque yo 

8i 



tenía que buscar al mío y no veía la conexión, ¿qué me podía 
servir ir a contarle a otras que les pasaba lo mismo? [. . .] Pero 
ante la insistencia de otra madre que tenía un hijo desapare- 
cido, un día la acompañé a la plaza. Ahí, en la plaza, éramos 
muy poquitas, seríamos dos o tres madres, era muy al prin- 
cipio. Y ella me presenta a Azucena Villaflor. [...} Azucena 
saca lápiz y papel y toma todos mis datos. [...] El grupo iba 
creciendo tanto que ya no pasábamos desapercibidas. Y nos 
mandaban hacer circular. Venía la policía; circulen, circulen. 
[...] Dábamos la vuelta a la Pirámide para circular, así iba 
creciendo. [...] Un día, alguien que estaba en el borde de la 
rueda, decía a medida que íbamos pasando, "¿hay alguna que 
tenga la hija o la nuera embarazada?" Entonces yo me arrimo 
y nos quedamos a citar en confiterías, las Abuelas.'^ 

Las Abuelas empezaron a reunirse en La Plata y en Buenos 
Aires y a compilar una lista de nombres con las fotos de cada 
niño y cada mujer embarazada secuestrados. Difundieron la 
lista entre individuos y organizaciones de la Argentina y el 
extranjero. El grupo original estaba compuesto por 12 muje- 
res.'^ Hacían su trabajo en lugares públicos — confiterías, res- 
taurantes y paradas de colectivos — y trataban de parecer 
señoras mayores convencionales que tomaban el té con masas 
y fingían celebrar fiestas de cumpleaños u otros acontecimien- 
tos familiares. Elaboraron un código para hablar por teléfono 
sin que las entendieran: "el Hombre Blanco" era el papa; los 
"cachorros", los "cuadernos" o las "flores" eran los niños; las 
"chicas" o las "jóvenes" eran las Madres; y las "viejas" o las 
"tías viejas" eran ellas mismas.'^ 

Rosa Tarlovsky de Roisinblit, la vicepresidenta actual del 
grupo, cuya hija embarazada desapareció en 1978, explica 
cómo trató de obtener información sobre ella y cómo se ente- 
ró de la existencia de las otras Abuelas: 

Presenté babeas corpus para mí, para mis consuegros. [...] 
Fui al Ministerio del Interior. Me dirigí a las entidades judías 
que lamentablemente no me ayudaron nada, eso lo quiero 
decir así, bien fuerte. [...] Aunque finalmente después de 



82 



pasados tantos años, casi los estoy justificando, porque el 
miedo, el terror era tan grande, que a lo mejor no se querían 
complicar la existencia conmigo por temor a que se perjudi- 
cara otra gente de la colectividad, puede ser que haya sido 
eso. [. . .] Fui a hablar con el rabino Marshall Meyer, el rabi- 
no Meyer me recibió muy bien, en forma muy comprensiva, 
yo no era la primera que acudía a él de la colectividad judía, 
antes de que le dijera nada, me dijo que ya sabía para qué 
venía. [...] Me dio, entre otras, la dirección de la Asamblea 
Permanente por los Derechos Humanos y entonces yo fui allá 
y justamente me atendió un abogado, el doctor Galletti. Me 
tomó todo el historial y me dijo: "Señora, mañana van a ve- 
nir unas cuantas abuelas a mi casa, vamos a hacer un docu- 
mento de denuncia de cada una", era la época en que hacían 
las denuncias frente a la oea. "Véngase usted también." [...] 
Así fue como al día siguiente, con todo el miedo, porque 
yo tenía un miedo pánico, porque no sabía quién era ese se- 
ñor, yo no sabía que era el doctor Galletti que era una perso- 
na que también tenía una hija desaparecida. [...] Yo iba a 
ciegas. Fui allá y me encontré con unas cuantas abuelas, y así 
fue como empecé a trabajar con las Abuelas, que todavía no 
se llamaban Abuelas de Plaza de Mayo. [...] Me trajo cierta 
paz interior, aunque la preocupación seguía muy grande, 
¿no? Pero por lo menos yo tenía esa paz de saber que estaba 
trabajando por mi hija y por mi nieto. '^ 

La primera denominación del grupo, con el que solían fir- 
mar sus petitorios y solicitadas, era Abuelas Argentinas con 
Nietitos Desaparecidos. En 1980 se rebautizaron como 
Abuelas de Plaza de Mayo, el nombre que la gente empeza- 
ba a darles mientras seguían reuniéndose todas las semanas 
en la plaza. Por su propia cuenta, empezaron a redactar re- 
cursos de babeas corpus que presentaban a los jueces. Escri- 
tos en una vieja máquina de escribir, uno de los pocos 
elementos rescatados de la casa de Chicha Mariani, estos do- 
cumentos representaron los primeros resultados visibles del 
proceso de organización de las Abuelas. ^'^ 

Gran parte de sus primeras actividades estaba centrada en 

83 



los juzgados de menores, porque sospechaban que la mayoría 
de los niños habían pasado por ellos antes de ser adoptados, 
entregados en guarda o trasladados a institutos de menores. 
Las Abuelas visitaban los tribunales y a los jueces de menores 
de la provincia de Buenos Aires y escribían a los jueces del 
resto del país. La actitud de los magistrados era de desinterés 
o bien de abierta hostilidad. Finalmente se comprobó que 
muchos de ellos habían entregado a los niños en adopción sin 
investigar sus orígenes ni sus historias familiares. En 1984, 
uno de esos mismos jueces actuó de abogado defensor de un 
policía que se había quedado con uno de los niños. ^^ La doc- 
tora Delia Pons, juez de un juzgado de menores de Buenos 
Aires, manifestaba con particular estridencia su hostilidad 
hacia las Abuelas: 

Estoy convencida que sus hijos eran terroristas, y terroris- 
ta es sinónimo de asesino. A los asesinos yo no pienso devol- 
verles los hijos porque no sería justo hacerlo. No tienen 
derecho a criarlos. Tampoco me voy a pronunciar por la de- 
volución de los niños a ustedes. Es ilógico perturbar a esas 
criaturas que están en manos de familias decentes que sa- 
brán educarlos como no supieron hacerlo ustedes con sus 
hijos. Sólo sobre mi cadáver van a obtener la tenencia de esos 
nmos.^ 

Las Abuelas empezaron a acumular pruebas convincentes de 
que sus nietos todavía estaban vivos y habían sido entregados 
en adopción a familias relacionadas con el régimen, o bien 
habían ingresado como nn en instituciones de menores. Por 
ejemplo, en diciembre de 1976 Chicha Mariani había recibi- 
do un llamado telefónico de un conocido que quería encontrar- 
se con ella en el mayor de los secretos: 

Me llama una persona que yo aprecio, que tenía una noti- 
cia que darme, muy muy importante, pero con muchísimo 
miedo. [...] Me dijo que él sabía que la nena estaba viva y 
que al jefe de policía de la seccional de la zona donde fue el 
operativo lo había criado a él, de manera que era como un 

84 



padre. [...] Yo me fui a ver al comisario. [...] Me dijo que 
la nena estaba viva, pero que él lo iba a negar siempre [. . .] 
y que cuando yo salía de ahí era como si no hubiéramos ha- 
blado. 

De manera similar, un obispo auxiliar de La Plata, 
monseñor Picchi, le dijo al marido de Alicia de de la Cuadra 
que su hija había dado a luz en cautiverio, que el niño había 
sido entregado a una familia muy influyente y que no se po- 
día hacer nada más.^^ 

Apremiado por las Abuelas, el político Mario Amadeo in- 
formó que se había realizado una reunión entre quienes po- 
dríamos llamar los "padres actuales" de los niños desaparecidos 
e importantes miembros de las fuerzas armadas, para compro- 
bar sus reacciones ante la idea de devolverlos. Pero los padres 
actuales, tras negar el origen de sus hijos, afirmaron unánime- 
mente que nunca los entregarían."^ 

En julio de 1978, las Abuelas escribieron a la Corte Supre- 
ma de la Argentina en un intento por reclamar a sus nietos 
desaparecidos. En previsión de los problemas que iban a sur- 
gir si los niños eran "legalmente" adoptados, solicitaron a la 
Corte que prohibiera la adopción de niños registrados como 
NN y exigiera investigaciones exhaustivas sobre los orígenes de 
los menores de tres años o menos que habían sido entregados 
en adopción desde marzo de 1976. La Corte se negó a recibir 
el caso, declarándose incompetente para tratar el problema y 
afirmando que la "separación de los diferentes poderes del 
estado" justificaba su inacción. -- 

El 5 de agosto de 1978, Día del Niño, uno de los grandes 
diarios de Buenos Aires se arriesgó a publicar una carta abier- 
ta de las Abuelas dirigida a quienes tuvieran nietos. Titulada 
"Llamado a la conciencia y a los corazones", recordaba a los 
lectores de La Prensa que los niños tenían el derecho funda- 
mental de reunirse con sus abuelas, quienes, fuera como fue- 
se, los buscarían por el resto de sus vidas.'' Este documento 
puso a las Abuelas francamente ante la mirada de la opinión 
pública. Ya no podían negarse ni su existencia ni sus intencio- 
nes. Sus búsquedas individuales habían convergido y creado 

85 



un movimiento. La carta abierta, reproducida miles de veces, 
estremeció al mundo. En Europa — particularmente en Italia 
y España, donde muchos argentinos tienen familiares — , las 
reacciones, intensas, oscilaron entre la incredulidad y la indig- 
nación. Este documento marcó el inicio de lo que sería una 
oleada de atención y respaldo internacionales al trabajo de las 
Abuelas. 

En agosto de 1978, Estela Barnes de Carlotto, la actual 
presidenta de la asociación, se incorporó al grupo. Su hija 
Laura, de 22 años y miembro de los Montoneros, tenía un 
embarazo de dos meses cuando la secuestraron. Permaneció en 
un campo clandestino de detención hasta que la mataron. Por 
el testimonio de prisioneros liberados, Estela de Carlotto se 
enteró de que su hija había dado a luz a un niño mientras 
estaba en cautiverio. Recuerda el día que supo que Laura es- 
taba muerta: 

El 25 de agosto de 1978, nos citan en la comisaría de Isi- 
dro Casanova en La Matanza, para decirnos que Laura había 
sido muerta. Y toda la historia ésa mentirosa, que había sido 
un operativo, bueno, la pudimos velar, no pudimos hacer la 
autopsia, no conseguí un médico que me certificara cómo 
murió. [...] La tuve que enterrar con la historia de los 
milicos."^ 

Estela de Carlotto y Chicha Mariani compartían una histo- 
ria fatídica: la hija de aquélla y el hijo de ésta, también mon- 
tonero, eran íntimos amigos. El había sido asesinado luego de 
ayudar a Laura a mudarse, y ella era la informante anónima 
que llamó a Chicha para comunicarle la muerte de su hijo. 
Cada una de las madres tenía información que contribuía a 
llenar lagunas en la historia del hijo de la otra. Con sus fuer- 
tes y carismáticas personalidades, se convertirían en los años 
venideros en un equipo imparable en favor de la causa de las 
Abuelas. 

El estilo de trabajo de las Abuelas era cooperativo e infor- 
mal. Trabajaban en equipos, y cuando visitaban a los jueces 
iban de a tres. Chicha Mariani solía escribir las cartas y anun- 



86 



cios públicos. Como vivían alejadas unas de otras, cuando era 
muy engorroso juntar sus firmas, Chicha se encargaba de lle- 
var hojas en blanco que todas firmaban; el texto de la carta se 
agregaba después. 

Cuando su trabajo comenzó a ser conocido y respetado, se 
tornó necesario crear algún tipo de estructura que les permi- 
tiera atender con eficacia a su red de simpatizantes. Confor- 
maron una junta directiva, cuyos miembros se elegían 
anualmente. La primera presidenta, en 1978, fue Alicia de de 
la Cuadra; cuando ésta se marchó a Italia por un período pro- 
longado, la reemplazó Chicha Mariani, con Estela de Carlotto 
como vicepresidenta. En 1989, Estela fue elegida tercera pre- 
sidenta de las Abuelas. Rosa Roisinblit recuerda cómo llegó a 
ser tesorera, un cargo que ejerció durante siete años: 

El primer país que nos ayudó, el pueblo que nos ayudó, 
fue el de Canadá. Recibimos la ayuda del Canadá por inter- 
medio de una institución que se llama Desarrollo y Paz 
[Development and Peace] y nos llegaron diez mil dólares. 
[...] Para nosotras era una suma súper, entonces fuimos tres 
personas, fuimos a retirar del Banco de Canadá esa suma, 
entonces con todo cuidado nos repartimos entre las tres un 
poquito cada una el dinero y empezamos a conversar y diji- 
mos: "Bueno, ¿qué hacemos? ¿Adonde metemos esta plata?" 
[...] Y yo así, un poquito temerosa, dije: "Miren, tengo una 
caja de seguridad en un banco, si ustedes quieren, si confían 
en mí, yo puedo guardar esa plata en la caja de seguridad y 
a medida que vayamos necesitando voy a ir sacando", y ellas 
aceptaron. Yo llevé ese dinero a mi caja de seguridad y a 
medida que necesitábamos el dinero, fui sacando. [...] A 
medida que fue entrando dinero después de otras institucio- 
nes, fue también a parar a mi caja de seguridad y así me trans- 
formé en la tesorera de la institución. Cuando se formó la 
comisión directiva, entonces, como yo ya manejaba el dine- 
ro, yo fui la tesorera. 

Abuelas de distintos lugares del país se incorporaron a la 
organización. Pronto tenían contactos y filiales en otras ciuda- 

87 



des, incluidas Mar del Plata y Rosario, y en las provincias de 
Córdoba, Tucumán y La Rioja. Otilia Lescano de Argañaraz, 
una abuela de Córdoba, se unió a la organización en 1977, 
luego de la desaparición de su hija: 

Mi hija estaba embarazada de seis meses. Por testigos 
que la han visto sabemos que la trataron con mucha con- 
sideración, cuando mi hija tiene un amago de pérdida, ya 
le dan colchón, vitaminas, alimentos y de todo [...] por- 
que ponían los ojos en los niños. Las hacían creer que las 
iban a liberar. [...] En Córdoba trabajamos contra viento 
y marea, porque hay una escasez de recursos única [...], 
mucho tiempo hemos estado funcionando Abuelas en mi 
casa por no poder pagar el alquiler. [...] Las abuelas de 
Córdoba, de España, nos regalaron una máquina de escribir, 
por suerte, si no no hubiésemos tenido ni una máquina de 
escribir. ^^ 

Cuando la organización de las Abuelas cobró cuerpo y se 
hizo cada vez más visible, empezaron a llover las amenazas. 
Un hombre enmascarado al volante de un auto siguió a 
Chicha Mariani. Otro automóvil estuvo a punto de atropellar 
a Alicia de de la Cuadra. Emma Spione de Baamonde, que 
buscaba a su nieto de tres años, descubrió las paredes de su 
edificio cubiertas con enormes pintadas rojas que decían 
"madre de un subversivo, madre de un comunista", y recibió 
amenazas de muerte por teléfono. Cuando un policía se pre- 
sentó en su casa para interrogarla sobre su participación en 
las actividades de las Abuelas, contestó con aplomo: "Sí, 
integro el plantel de Abuelas de Plaza de Mayo. ¿Y qué pasa 
con eso? Yo soy dueña de hacer lo que me da la gana con mi 
vida. No molesto a nadie, no jorobo a nadie y tengo que 
buscar a mi hijo. [...] ¿Usted sabe lo que es buscar un 
hijo?""^' Un oficial del ejército advirtió a Julia de Grandi, una 
mujer que buscaba a su nieto, que se mantuviera al margen 
de las Abuelas de Plaza de Mayo si quería encontrar al niño. 
Ella le contestó: 



88 



Mire, coronel, quería comunicarle que ésta es la última vez 
que vengo a verlo. Me he unido a las Abuelas y desde hoy yo 
también voy a ir a la Plaza de Mayo. ¿Y sabe por qué? Por- 
que a mí, sola, los jueces no me reciben. Y a las Abuelas, sí 



27 



Antonia Acuña de Segarra, una abuela de Mar del Plata, 
recuerda: 

Recibíamos amenazas por teléfono en mi casa. [...] Una 
vez dijeron que yo vaya al cementerio, que allí me iban a 
decir qué es lo que hicieron con mis hijos. [. . .] En otra opor- 
tunidad, cuando amenazaron a varias Madres en Mar del Pla- 
ta, a mí me llegó una carta del comando, diciendo que en 
cualquier momento yo también iba a desaparecer. Ya a uno 
le sacaron lo mejor de uno, le arrancaron totalmente todo, así 
que las amenazas nunca las tomé en cuenta.^^ 

Ninguna de las Abuelas desapareció. En su opinión, el re- 
conocimiento y respaldo que recibieron de organizaciones in- 
ternacionales y gobiernos extranjeros impidieron sus propias 
desapariciones y les permitieron proseguir con su trabajo. 

Las Abuelas acuñaron la expresión desaparecidos con vida 
para describir la situación de los niños robados. Como parte 
integrante del movimiento por los derechos humanos de la 
Argentina, su asociación busca la verdad y la justicia en mu- 
chos frentes, pero su objetivo primordial es la identificación de 
estos menores y la reintegración a sus familias. Las Abuelas 
sienten una gran urgencia, porque saben que cada día que pasa 
es un día más en que sus nietos se socializan en un mundo con 
un conjunto de valores radicalmente diferentes de los que sus 
padres imaginaron para ellos. 



Llamamientos a la Iglesia Católica 

Las Abuelas, muchas de las cuales eran católicas practican- 
tes, buscaron apoyo y solidaridad en miembros influyentes de 
la Iglesia Católica. Con pocas excepciones, la Iglesia ignoró sus 

89 



inquietudes. Entre los dignatarios a quienes escribieron se 
contaban el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, 
cardenal Raúl Primatesta; el arzobispo de Buenos Aires, car- 
denal Juan Carlos Aramburu; y el nuncio papal, arzobispo Pió 
Laghi. 

En una de sus visitas a este último, tuvieron una confirma- 
ción adicional de sus sospechas. En un intento por tranquili- 
zarlas, el secretario del arzobispo les dijo: "Señoras, yo pienso 
que ustedes no deberían preocuparse por el futuro y por la 
suerte corrida por sus nietos. Quienes los tienen en sus manos 
han pagado tanto por ellos, que evidentemente demuestran, 
con esa actitud, ser gente de muchos recursos. Por ende, los 
chiquitos jamás padecerán las privaciones que impone la po- 
breza. Es más, yo diría que tienen el futuro asegurado" ~^ 

Las Abuelas buscaron la ayuda de los sacerdotes que cono- 
cían personalmente. Chicha Mariani fue a ver a monseñor 
Montes, un obispo auxiliar del arzobispo de La Plata, que 
había estado presente en la boda de su hijo. Al principio la 
recibió cordialmente, pero su cortesía fue efímera; finalmente 
le gritó, la acusó de no tener suficiente fe e insistió en que la 
solución estaba en la plegaria. Chicha también acudió a 
monseñor Emilio T. Grasselli, un capellán militar que tenía la 
reputación de ser aliado de las miles de familias que buscaban 
a sus parientes desaparecidos. Monseñor Grasselli admitió que 
su nieta estaba "ubicada muy alto", pero le dijo que no se po- 
día hacer nada.'" Hoy se sospecha que este sacerdote desempe- 
ñó un doble papel. A la vez que parecía sinceramente interesado 
en ayudar a los familiares, recogía información, verificaba las 
relaciones de parentesco, suscitaba confusión y trataba de apla- 
car a las familias de los desaparecidos. Emilio Mignone, un 
católico que analizó el papel de la jerarquía eclesiástica durante 
la represión, no tiene dudas: "Dado el conocimiento que 
Grasselli llegó a tener de los hechos merced a su contacto 
diario con centenares de testigos, sólo puede pensarse que 
cumplió, bajo las directivas del vicario, una función cómplice 
dentro del engranaje siniestro de la acción genocida"."' 

Cuando la Abuela Mirta Baravalle solicitó a un sacerdote 
que celebrara una misa por su hija desaparecida, el cura se 



90 



negó, porque no quería mencionar las desapariciones en públi- 
co. Mirta recuerda: 

Yo le pregunté si no sabía lo que estaba pasando en la ca- 
lle. "Yo no sé nada — me dijo — , no sé de lo que está hablan- 
do, me dedico a las almas que es la misión de la Iglesia." No 
pude contenerme. Lo agarré violentamente de un brazo, lo 
empujé hasta la puerta y le grité que si no sabía nada saliera 
a averiguarlo. Sorprendido y agitado, me dijo: "Señora, seño- 
ra, cálmese, no grite, a ver si a usted también le pasa algo".^^ 

Las Abuelas comprendieron finalmente que si bien ciertos 
miembros jerárquicos de las filas de la Iglesia Católica cono- 
cían la suerte de algunos de los niños desaparecidos, no denun- 
ciarían abiertamente los delitos cometidos. Decidieron 
entonces ejercer presión sobre la Conferencia Episcopal, el or- 
ganismo más poderoso de la Iglesia. Desde abril de 1978 en 
adelante, las Madres y las Abuelas se reunieron habitualmen- 
te en el lugar de las afueras de Buenos Aires donde la cea 
realizaba sus deliberaciones. Policías fuertemente armados 
protegían a los obispos mientras las mujeres trataban, infruc- 
tuosamente, de entregarles sus petitorios. Una abuela comen- 
tó con amargura: "¿Qué pueden saber estos hombres de 
nuestro dolor? Nunca sabrán qué significa tener un hijo".'^ 

En enero de 1978, las Abuelas intentaron llegar al papa 
Pablo VI. La carta que le enviaron todavía espera una res- 
puesta: 

Nos dirigimos a Su Santidad con el fin de suplicarle, en el 
nombre de Dios, quiera interceder ante quien considere con- 
veniente para que nos sean restituidos nuestros nietitos, des- 
aparecidos en la República Argentina. Somos algunas de las 
mujeres argentinas que hemos sufrido la desaparición o 
muerte de nuestros hijos en estos últimos dos años. Y a este 
desgarrador dolor de madres se ha agregado el dolor de 
privarnos de los hijos de nuestros hijos, recién nacidos o de 
algunos meses de edad. No entendemos esto. Nuestra razón 
no alcanza a comprender por qué se nos somete a una tortu- 



91 



ra. Somos madres cristianas, que no sabemos si nuestros hi- 
jos están vivos, muertos, sepultados o insepultos. No tenemos 
el consuelo de dirigirles una mirada, si están en prisión, o 
rezar ante su tumba si han sido muertos. Pero nuestros 
nietitos también han desaparecido: Herodes no ha vuelto a la 
tierra, por lo tanto alguno los esconde, no sabemos con qué 
fines. ¿Están en orfanatos? ¿Fueron regalados o vendidos? 
¿Por qué deben crecer sin amor, cuando sus abuelitas tienen 
tanto amor para ayudarlos a crecer queriendo a sus semejan- 
tes? En algunos casos, la criatura por quien clamamos es 
nuestro único descendiente: no queda horizonte para noso- 
tras, sólo abismos de dolor renovados diariamente en nuestra 
incesante búsqueda de esos inocentes, que ya dura meses y 
hasta más de un año. Hemos llamado a todas las puertas pero 
no hemos obtenido respuesta. Por eso nos permitimos rogar 
a Su Santidad para que interceda para poner fin a este Calva- 
rio que estamos viviendo. ^^ 

Cada vez que las Abuelas viajaban a Italia, solicitaban au- 
diencia con el Papa. Chicha Mariani recuerda: 

En una oportunidad con Licha [Alicia de de la Cuadra], 
fuimos y pedimos audiencia. [• • •] Nos dijeron que tratáramos 
de estar en la primera fila, que el Papa nos iba a ver. Enton- 
ces nos hicimos nuestro letrerito, que decía 'Abuelas de Pla- 
za de Mayo", y nos instalamos en primera fila. Cuando el 
Papa venía, con sus hombres de negro atrás, le dijeron algo 
al Papa, y el Papa nos salteó, las únicas que salteó. Saludó a 
las anteriores [...], iba dando la mano, y pasó sobre nosotras 
dos y les dio la mano a las otras. Fue un golpe terrible. [...] 
Cada vez que fuimos a Roma pasamos por el Vaticano y pe- 
dimos audiencia. Cada vez que fuimos dejamos una carpeta, 
con los testimonios de los casos. [. . .] Pero en resumidas cuen- 
tas, el Papa nunca hizo nada, nunca habló por los chicos, 
nunca. Fue una gran decepción. 

Las Abuelas fueron finalmente recibidas por el papa Juan 
Pablo II en noviembre de 1997. 



92 



Nélida Gómez de Navajas, católica practicante, comenta: 

He estado muy triste y muy muy desolada, con respecto a 
mi propia religión, porque no ha sido coherente en ninguna 
forma [. . .} a ellos mismos les han matado cualquier cantidad 
de sacerdotes y no levantaron nunca la voz, todavía daban 
razón, de que tenían razón los otros. [...} Pienso en esos 
curitas que están en las villas, que no llevan sotana y están 
poniendo ladrillos y están yendo y apoyando a la gente, es la 
verdadera religión, que es el cristianismo, una religión de 
solidaridad, de amparo, no ese aparato y ese boato y esas co- 
sas, no estoy de acuerdo con eso, pienso que hay mucha hipo- 
cresía en eso.^^ 



Difusión y solidaridad internacionales 

Las Abuelas habían declarado que su organización tenía 
"como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias 
todos los niños secuestrados-desaparecidos por la represión 
política". Las manifestaciones, los llamamientos a los tribuna- 
les y la Iglesia y las solicitadas pagas en los principales diarios 
fueron el inicio de sus esfuerzos públicos en la Argentina. ^^ 
Pronto, sin embargo, empezaron a extenderse al resto del 
mundo. Al comprender que la imagen del gobierno argenti- 
no se deterioraba rápidamente en el exterior, las Abuelas recu- 
rrieron a las presiones internacionales como ayuda para su 
causa. Se convirtieron en grandes comunicadoras, que escri- 
bían abundantemente a grupos internacionales de derechos 
humanos, organizaciones internacionales, embajadas extranje- 
ras, diarios y políticos prominentes. El Vaticano, las Naciones 
Unidas, el Consejo Mundial de Iglesias y la Organización de 
los Estados Americanos (cea) conocieron su existencia. Duran- 
te los primeros dos años de actividad, se pusieron en contacto 
con más de ciento cincuenta grupos internacionales y políti- 
cos de otros países. ^^ 

La presión que ejercieron sobre la cea es un buen ejemplo 
del impacto de su campaña de difusión internacional. En abril 



93 



de 1978, las Abuelas escribieron a la sede de ese organismo en 
Washington, DC. Como no recibieron respuesta, volvieron a 
escribir cuatro meses después. Esta vez lograron que les con- 
testaran: la OEA registró su denuncia como "caso n° 3459, la 
situación de los niños desaparecidos".'^ Luego de la visita de 
la organización a la Argentina en 1979, tras la cual la oea 
publicó su informe, salió a la luz el caso de la nieta de Chicha: 
por primera vez, el organismo alertaba a la comunidad inter- 
nacional de derechos humanos sobre el tema de la desaparición 
de niños. Las Abuelas testimoniaron con frecuencia ante las 
asambleas de la oea y sostuvieron extensas discusiones con el 
comité ejecutivo y su secretario, el doctor Edmundo Vargas 
Carreno. Casi diez años después de su contacto inicial con la 
organización, la Asamblea General de la oea resolvió en 1987, 
por consenso, considerar oficialmente a los niños en su si- 
guiente convención sobre desapariciones.''^ Por fin, el prolon- 
gado e inflexible trabajo de las Abuelas daba sus frutos. 

Lo más importante es que, prácticamente sin recursos, co- 
menzaron a viajar y contar sus historias ante una amplia varie- 
dad de públicos, desde estudiantes universitarios y grupos de 
mujeres a primeros ministros y presidentes de estados extran- 
jeros. En 1979 lograron establecer una conexión muy impor- 
tante con el Comité por la Defensa de los Derechos Humanos 
en el Cono Sur (clamor), una organización brasileña de dere- 
chos humanos creada con los auspicios del arzobispo Evaristo 
Arns en San Pablo. Jaime Wright, ministro presbiteriano y 
uno de sus fundadores, se convirtió en uno de sus más leales 
aliados y simpatizantes."^" clamor conectó a las Abuelas con 
exiliados argentinos que vivían en Brasil y les abrió sus archi- 
vos. Eso les dio acceso a los testimonios de docenas de sobre- 
vivientes de los campos clandestinos de detención, que las 
Abuelas copiaron e introdujeron subrepticiamente en la Ar- 
gentina. Los sobrevivientes confirmaban la presencia de niños 
en los campos y afirmaban que eran usados como rehenes. 
Describían las torturas de mujeres embarazadas, su angustia 
por tener que dar a luz en cautiverio y su ansiedad con respec- 
to al destino de sus criaturas.^' Por una pareja que había esta- 
do en La Cacha, Estela de Carlotto se enteró de que su hija 



94 



Laura, esposada, había tenido un varón al que llamó Guido, 
como el padre de la joven. También se enteró de que le habían 
hecho creer que pronto sería liberada y que su madre se había 
negado a aceptar al niño/~ 

En agosto de 1979, un suceso electrizó a las Abuelas. Dos 
niños desaparecidos — Victoria y Anatole Julien Grisonas, de 
cuatro y seis años — fueron hallados en Valparaíso, Chile, 
donde vivían desde hacía dos años con una pareja que los ha- 
bía adoptado, ignorante de sus orígenes. "^^ Chicha Mariani 
había enviado una foto de los niños — miembros de una fami- 
lia uruguaya que se había refugiado en la Argentina y fue se- 
cuestrada en 1976 — a clamor, que la publicó en un boletín. 
Una chilena residente en Valparaíso vio la foto y reconoció a 
los niños. ^^ El varón recordaba su verdadero nombre, el de su 
hermanita y su dirección en la Argentina. Recordaba además 
que los habían agarrado unos hombres con "pistolas grandes" 
y que después de un "viaje largo en un auto grande, tía 
Mónica" los había dejado en una plaza. Dijo que su madre no 
"se sentía bien"; en realidad, se sentía tan mal que se había 
caído al suelo y tenía manchones rojos en todo el cuerpo... 
También se acordaba del cruce de unas montañas muy altas 
cubiertas de nieve (los Andes, la cordillera que separa a la 
Argentina de Chile) antes de llegar a Valparaíso. ^^ 

CLAMOR dispuso que un exiliado uruguayo que había cono- 
cido a la familia fuera a Valparaíso e identificara a los niños. 
Las dos abuelas fueron informadas y una de ellas viajó a la 
ciudad chilena, junto con un abogado de clamor, para cono- 
cerlos. El vigoroso respaldo del cardenal Arns a la obra de las 
Abuelas contrastaba pronunciadamente con el silencio y la 
complicidad de sus pares argentinos. Las abuelas decidieron 
que los niños debían seguir viviendo con sus padres adoptivos, 
y se dispuso un régimen de visitas amplio. 

En consulta con las Abuelas, clamor elaboró otros proyec- 
tos. Durante tres años seguidos, la organización publicó y 
distribuyó ampliamente un calendario con fotos en colores e 
información en cuatro idiomas sobre todos los niños desapare- 
cidos denunciados; también editó un libro con la lista más 
completa de personas desaparecidas en la Argentina. Esa 



95 



nómina sería de gran utilidad para el trabajo de la Comisión 
Nacional sobre la Desaparición de Personas (conadep) en 1984. 

El caso de los niños Julien Grisonas confirmó las corazona- 
das de las Abuelas. Sí, había una red que coordinaba las fuer- 
zas represivas en la Argentina, Uruguay y Chile y que había 
hecho posibles esos secuestros. Pero como estos dos niños es- 
taban vivos, había motivos para la esperanza: otros debían 
haber recibido un trato similar, y ellas los encontrarían. 

En 1982 las Abuelas viajaron a Ginebra, en busca de una 
institución que las ayudara a hacer una presentación ante la 
Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Cuando supieron 
de la existencia del Movimiento Internacional por la Unión 
Fraternal entre las Razas y los Pueblos (ufer), una organiza- 
ción no gubernamental que gozaba de un estatus consultivo en 
el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, solici- 
taron su incorporación a ella. ^'^ Hacia 1984 habían viajado al 
extranjero más de cuarenta veces, sobre todo a Brasil y a Gi- 
nebra para asistir a las sesiones de la ONU sobre derechos hu- 
manos. Fueron particularmente fructíferas sus visitas a 
Alemania y Austria, donde la amplia publicidad que se dio a 
su búsqueda resultó en una profusión de apoyo emocional y 
económico. 

El permanente interés de los grupos internacionales, las 
comunidades religiosas, las organizaciones municipales y los 
intelectuales de todo el mundo creó una red que permitió a las 
Abuelas acumular recursos y recoger informaciones, cosas que 
fueron de gran ayuda para su trabajo. Sus viajes al exterior 
galvanizaron la atención internacional y las ayudaron a estable- 
cer conexiones útiles. También las pusieron en contacto con 
exiliados argentinos y sobrevivientes de los campos secretos de 
detención que, como en el caso de la hija de Estela de Carlotto, 
tenían información crítica sobre el destino de sus hijos y nietos. 



Las Abuelas se convierten en detectives 

Estimuladas por el éxito de clamor en el hallazgo de los 
niños Julien Grisonas, las Abuelas avanzaron en su proceso de 



96 



transformación en detectives, siguiendo todas las huellas e 
investigando cualquier pista posible. Paulatinamente, empe- 
zaron a recibir datos; alguien les entregaba un papel con una 
dirección en alguna de las marchas de los jueves en Plaza de 
Mayo; una Abuela recibía un llamado anónimo en su casa; el 
contestador automático de la oficina del grupo grababa un 
mensaje sobre un niño que se parecía a uno de los que estaban 
buscando. Emma Baamonde recuerda cómo empezaron a bus- 
car a los niños: 

Venía la gente, hacía la denuncia y vigilábamos la calle. Si 
la mujer tenía una peluquería íbamos a la peluquería, tratá- 
bamos de arreglarnos el cabello. Una vez tuve que ir a una pe- 
dicura con otra Abuela. Mientras nos arreglaban los pies, le 
sacábamos informaciones. Así era como se hacía la investiga- 
ción, vigilando, vigilando. [...] Como hormigas, como es- 
pías. [...] Y nos entrenamos sólitas. 

Chicha Mariani resume su estilo de trabajo: 

No hay nada que no intentemos para saber algo sobre los 
chicos. Cuando tenemos algunos indicios de que una familia 
es sospechosa de haber adoptado ilegalmente a un niño, em- 
pezamos a seguirla muy de cerca. Hubo casos en que algunas 
de nosotras se ofrecieron a trabajar como empleadas domésti- 
cas para poder entrar en la casa. En otro caso, uno de los abue- 
los se hizo pasar por un plomero que buscaba trabajo. 

Pero la ayuda más grande viene de la gente. Periódicamen- 
te publicamos información en los diarios acompañada por fo- 
tos de los chicos desaparecidos, y hay personas que se 
presentan con información sobre ellos. Cuando no podemos 
acercarnos a los niños, hasta usamos un teleobjetivo para se- 
guirlos a distancia. ''^ 

Las investigaciones de las Abuelas contribuyeron a crear lo 
que podríamos llamar una "metodología de la esperanza". 
Decididas a encontrar a los niños, se convirtieron en expertas 
en rastrillar el área donde se produjo una desaparición y en 



97 



verificar todas las pistas. También tuvieron que aprender a 
protegerse, saber qué medidas mínimas de seguridad debían 
tomar, cómo conectarse con personas que conocían a la fami- 
lia donde podía estar un niño y quién podía suministrar infor- 
mación, cómo vencer la resistencia de los vecinos y acercarse 
al niño o la familia en cuestión sin despertar sospechas.'"^ 

Cuando el volumen y la complejidad de su trabajo aumen- 
taron, decidieron formar equipos (legal, médico-psicológico e 
investigativo) para tratar la multitud de detalles que surgían 
de cada caso. Rosa Roisinblit explica: 

Al principio nosotras hacíamos solas las investigaciones. 
[. . .] Llegó un momento que ya fuimos muy conocidas, nues- 
tras caras fueron conocidas y ya no pudimos ir nosotras a ha- 
cer las investigaciones. [. . .] Entonces armamos un grupo, un 
equipo de investigación, a medida que fue avanzando el tiem- 
po la institución se abrió, como un abanico digo yo siempre, 
y se conformaron distintos equipos. No solamente el de in- 
vestigación, porque cuando empezamos a tener las denuncias 
de dónde podían estar nuestros nietos, necesitábamos gente 
con capacidad jurídica para presentar los reclamos ante la 
justicia, entonces se formó un equipo jurídico. [...] Luego 
vino el hecho de que las familias, nosotras mismas estábamos 
en un estado tan deplorable desde el punto de vista psíquico, 
que necesitábamos asistencia psicológica. [. . .] Y también ne- 
cesitábamos para los niños que fuimos recuperando asistencia 
psicológica para ellos, entonces se formó un equipo de psicó- 
logos, que hacía la asistencia psicológica para algunas Abue- 
las que lo necesitaban, para el niño que era restituido y para 
la familia que recibía al niño. 

En marzo de 1980, las Abuelas tuvieron la recompensa del 
primer éxito en su patria: dos hermanas, Tatiana Ruarte 
Britos y Laura Malena Jotar Britos, que habían desaparecido 
en 1977, fueron localizadas en una familia que las había 
adoptado de buena fe. El mismo juez que tres años antes las 
había entregado en adopción se puso ahora en contacto con la 
abuela Jotar y le pidió que identificara a las niñas. En la larga 

98 



experiencia de las Abuelas, éste era el único ejemplo de un juez 
capaz de cambiar su parecer y reconocer la legitimidad de sus 
demandas. Sin embargo, el juez fue extremadamente cauto y 
exigió una prueba incontrovertible del origen de las hermanas. 
Las Abuelas enfrentaban un problema crucial, ya que com- 
prendían que localizar a los desaparecidos sólo era el primer 
paso. Ahora debían probar ante los jueces que estas niñas eran 
efectivamente sus familiares. Viejas fotografías y muestras de 
cabellos no se consideraron pruebas suficientes. ¿Qué pasaba, 
por otra parte, con los bebés que habían nacido en cautiverio, 
de los que no quedaba nada tangible? ¿Cómo podían identi- 
ficarse? Chicha Mariani lo explica: 

El dilema que enfrentábamos había nacido de la incerti- 
dumbre de cómo identificaríamos a las primeras dos niñas 
que ubicamos en 1980. Teníamos fotos y otras pruebas, pero 
no eran suficientes. El juez quería más. Habían pasado tres 
años desde su secuestro y eran más altas y, por supuesto, 
habían crecido. Así que nos preguntamos: "¿Qué vamos a 
hacer con los niños que nacieron en los centros de detención?" 
En algunos casos, no conocíamos su sexo y ni siquiera de quié- 
nes eran. Bueno, pensamos en todo lo posible. Por ejemplo, yo 
tenía mechones de pelo de mi nieta de antes de que la secues- 
traran. Los envié a Amnistía Internacional para ver si podían 
usarlos para identificarla. Recibí una respuesta en que decían 
que iba a ser difícil, en especial porque el pelo había sido cor- 
tado muchos años atrás y no contenía folículos. Otras abuelas 
preguntaron: "Tengo un diente de leche que guardé de mi nie- 
to; ¿podría usarse para identificarlo?" Entonces, un día de 1981 
leí en El Día, un diario de La Plata, un artículo que decía que 
los científicos habían descubierto una manera de identificar a 
una persona gracias al análisis de la sangre. Bueno, no entendí 
todos los términos científicos, pero la esencia era que en la 
sangre había un elemento que se repetía sólo dentro de la 
misma familia. Lo recorté. Y cuando viajaba al exterior lo lle- 
vaba conmigo. Preguntaba a los científicos, los médicos y las 
instituciones científicas si este nuevo descubrimiento podría 
ayudarnos a identificar a nuestros nietos desaparecidos. *'^ 



99 



Ayuda científica: un análisis 

Después de que Chicha Mariani se enterara de que el aná- 
lisis de sangre hacía posible establecer el lazo biológico entre 
un niño y sus padres, las Abuelas, durante sus viajes al extran- 
jero, empezaron a consultar a los científicos sobre la fac- 
tibilidad de elaborar una prueba que mostrara una filiación 
biológica aun cuando los padres estuvieran muertos. Los ar- 
gentinos en el exilio demostraron una vez más su utilidad. El 
doctor Víctor B. Penchaszadeh, actualmente profesor de pe- 
diatría en el Albert Einstein College of Medicine de Nueva 
York, se había marchado de la Argentina en 1975, luego de 
que la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) intentara 
secuestrarlo en pleno día en el centro de Buenos Aires. En 
noviembre de 1982, un grupo de Abuelas que visitaban los 
Estados Unidos se puso en contacto con él. Penchaszadeh lo 
recuerda así: 

Las Abuelas vinieron acá [Nueva York], cuando estaban 
haciendo las gestiones en Naciones Unidas, con toda esta 
cosa de buscar a los chicos, de ver si había análisis. Ellas 
tenían mi nombre, como genetista, como miembro del aisc 
[Argentine Information Service Center], de derechos huma- 
nos. Me llamaron en noviembre del 82 y nos juntamos una 
tarde en un café. Yo sabía de Abuelas y el tema de los chicos 
desaparecidos. No sabía los detalles ni la magnitud ni toda la 
información que estas mujeres tenían. Ellas tenían mucha in- 
formación, todavía era la época de la dictadura. Estaban tra- 
bajando bajo amenazas, todavía no había salido mucho a la 
luz pública. [...] La pregunta clave que ellas tenían era cómo 
se podía saber, si ellas encontraban un chico, que era el chico 
que estaban buscando. Yo ahí les dije que era algo que tenía 
sus antecedentes en los análisis genéticos de paternidad, ha- 
bía las pruebas de paternidad. [. . .] Esto, lo único que reque- 
ría para el objetivo de las Abuelas era un tratamiento 
estadístico de la información, estadístico matemático, tenien- 
do en cuenta que en este caso particular, los padres no esta- 
ban, estaban desaparecidos. [. . .] Entonces yo empecé a buscar 



lOO 



[...] interesé a genetistas que se ocupaban de marcadores 
genéticos en sangre. Hablé con el doctor Fred Alien del New 
York Blood Center y nos reunimos con él y las Abuelas. ^^^ 

El doctor Alien coincidió en que con una fórmula matemá- 
tica apropiada podría elaborarse un análisis de "abuelidad". 
La reunión con Alien confirmó la solidez de la idea de las 
Abuelas y fortaleció enormemente su decisión de encontrar un 
respaldo científico para su trabajo. Con su persistencia carac- 
terística, iniciaron una búsqueda internacional de científicos 
que pudieran ayudarlas. Tras seguir todas las pistas, consiguie- 
ron finalmente que su idea se convirtiera en realidad. 

En octubre de 1983, durante uno de sus viajes a Washing- 
ton, las Abuelas se reunieron con Eric Stover, director del 
programa de ciencia y derechos humanos de la American 
Association for the Advancement of Science (aaas). Otra ar- 
gentina que vivía en los Estados Unidos, Isabel Mignone (hija 
de Emilio Mignone), había concertado el encuentro. El propio 
Stover había sufrido una breve "detención" durante un viaje a 
la Argentina en 1976. Su reacción fue de apoyo y atención 
inmediatos cuando las Abuelas le hicieron una pregunta: 
¿cómo podían aplicarse los análisis genéticos para determinar 
la abuelidad? Stover recuerda: "Las Abuelas vinieron a mi 
oficina y empezamos a hablar. Nunca lo olvidaré. Ya habían 
visto a Penchaszadeh. Discutí la cuestión con Cristian Orrego, 
un científico chileno que trabajaba en los nih [National 
Institutes of Health], y él se puso en contacto con investiga- 
dores de Stanford, que lo derivaron a Mary-Claire King, una 
genetista de Berkeley, California, como una persona que po- 
día ayudar a elaborar el tratamiento estadístico necesario". ^^ 

Orrego, a su turno, quedó impresionado por la creatividad 
de las Abuelas: "La idea que tenían las Abuelas, y que efecti- 
vamente les pertenecía, consistía en usar la genética para con- 
firmar una prueba circunstancial".^^ También Mary-Claire 
King creía que los marcadores genéticos podían usarse para 
establecer la abuelidad con un alto grado de certeza. 

En 1983, luego de que Raúl Alfonsín asumiera la presiden- 
cia de la nación, la conadep ordenó la excavación de cientos de 



lOI 



tumbas colectivas. Las exhumaciones se realizaron de una 
manera insensible y primitiva, ya que cientos de huesos se 
apilaban junto a las tumbas abiertas, lo que hacía imposible 
cualquier identificación. En febrero de 1984, las Abuelas se 
reunieron con la conadep e instaron a la comisión a ponerse en 
contacto con Eric Stover en la aaas, para solicitarle su aseso- 
ramiento sobre los procedimientos adecuados que había que 
emplear.^' 

En junio de 1984 la aaas envió una delegación de cientí- 
ficos forenses para colaborar en las exhumaciones y hacer 
recomendaciones con respecto a la identificación de los desapa- 
recidos. Las Abuelas insistieron en que Mary-Claire King se 
sumara a ellas para trabajar en el análisis genético. La conadep, 
que empezaba a interesarse en las pruebas genéticas, había 
concertado anteriormente una reunión entre las Abuelas y dos 
científicos argentinos que eran expertos en la materia. Las 
Abuelas los rechazaron: uno de ellos trabajaba en un hospital 
militar, lo que generaba un conflicto potencial de intereses 
que podía poner en peligro la totalidad del trabajo. Las Abue- 
las habían compartido con Alien y sus colegas su reticencia a 
trabajar con los científicos argentinos sugeridos por la 
CONADEP y su preocupación por la falta de expertos genéticos 
en el país. El doctor Pablo Rubinstein (chileno) les había in- 
formado entonces que la doctora Ana María Di Lonardo, jefa 
de la unidad de inmunología del Hospital Durand de Buenos 
Aires, tenía un laboratorio completamente equipado para lle- 
var adelante la tarea de identificación necesaria. ^^ Cuando 
Mary-Claire King llegó a la Argentina, las Abuelas la presen- 
taron a Di Lonardo, y ambas colaboraron en el desarrollo de la 
fórmula matemática de los análisis.^" King quedó impresiona- 
da por las instalaciones, el espíritu cooperativo del laboratorio 
y la idoneidad de los científicos argentinos. ^^' 

Cuando King se unió a ellos, el equipo de Di Lonardo aca- 
baba de completar los aspectos biológicos del caso de una niña 
de ocho años, Paula Logares, que vivía con un policía y a quien 
las Abuelas habían identificado como nieta de una de ellas. 
Mediante el análisis genético y con la aplicación de la nueva 
fórmula matemática, se estableció con un 99,95 por ciento de 



I02 



certidumbre que se trataba, en efecto, de la nieta de Elsa Pa- 
vón de Aguilar. Paula se convirtió así en la primera niña se- 
cuestrada a la que se identificaba gracias al análisis genético. 
Sobre la base de éste y de pruebas circunstanciales, fue resti- 
tuida a su familia de origen. 

De inmediato resultó evidente que la prueba genética sería 
un método decisivo que los jueces podrían ordenar en futuros 
casos de niños localizados. Las Abuelas habían alcanzado su 
meta. El saber científico había ratificado la corazonada de 
Chicha Mariani, y en lo sucesivo su trabajo de investigación 
podría desarrollarse con un fundamento más firme. Ahora sería 
posible apelar a pruebas empíricas y objetivas para convencer 
a jueces antes escépticos. Frente a esta nueva información, la 
Comisión de Derechos Humanos del gobierno y la Secretaría 
de Salud Pública de la ciudad de Buenos Aires establecieron 
una comisión técnica para supervisar la implementación del 
análisis genético. Irónicamente, el doctor Penchaszadeh, que 
antaño había huido de la Argentina para salvar la vida, pasó a 
ser asesor del organismo. 



El Banco Nacional de Datos Genéticos 

Las Abuelas movieron activamente influencias en favor de 
la creación de una base de datos genéticos a fin de almacenar 
permanentemente la información genética de las familias que 
buscaban a los niños desaparecidos, porque no había manera de 
saber cuándo se encontraría al último de ellos. Las Abuelas se 
empeñaron en que el análisis se realizara en una institución 
pública, tanto por una cuestión de principio como para garan- 
tizar su accesibilidad a cualquiera que lo solicitara. Les pare- 
cía que ese servicio era una reparación mínima que el Estado 
debía a la ciudadanía, habida cuenta de su responsabilidad en 
la desaparición de los niños. 

En febrero de 1986, luego de dos años de buscarla, las 
Abuelas lograron finalmente una audiencia con el presidente 
Alfonsín, a quien le presentaron cuatro demandas: que orde- 
nara públicamente a todos los funcionarios oficiales que cola- 



103 



boraran en la tarea de restituir a los niños desaparecidos, que 
convocara a la población argentina a ayudar activamente a 
localizarlos, que se estableciera un vínculo oficial entre la se- 
cretaría presidencial y las Abuelas para facilitar la comunica- 
ción y que se enviara rápidamente al Congreso la propuesta de 
creación del Banco Nacional de Datos Genéticos. ^^ La acumu- 
lación de pruebas sobre los niños y la eficacia del análisis eran 
un poderoso argumento, y el presidente Alfonsín aprobó lo 
solicitado. 

Las Abuelas, junto con una serie de organismos guberna- 
mentales y el servicio de inmunología del Hospital Durand, 
redactaron una ley que fue unánimemente aprobada por el 
Congreso en mayo de 1987.^^ Por ella se creaba un banco de 
datos para resolver cualquier tipo de conflicto que implicara 
cuestiones de filiación^ incluidos los casos de niños desapare- 
cidos. La ley especificaba que los servicios del banco serían 
gratuitos para los familiares de los desaparecidos; por otra 
parte, disponía que todos los tribunales de la nación realizaran 
el estudio de marcadores genéticos en cualquier niño con filia- 
ción dudosa y establecía los procedimientos que debían seguir 
los familiares que vivieran en el extranjero y quisieran hacer 
uso del banco. También determinaba que la negativa a some- 
terse a la prueba se consideraría como una señal de complici- 
dad en los secuestros. ^'^ Dada la expectativa de vida promedio 
en la Argentina, se calcula que el banco será utilizado por los 
menores secuestrados por lo menos hasta 2050; podrán some- 
terse al análisis en cualquier momento de sus vidas. 

En 1987, por primera vez, una niña nacida en cautiverio fue 
devuelta a su familia de origen luego de que análisis genéticos 
realizados en el Banco Nacional de Datos Genéticos dieran 
pruebas de su identidad.^'" Hacia 1996, dos mil cien personas 
habían depositado sus muestras de sangre en el Banco, en re- 
presentación de unos 175 grupos familiares; y gracias al tra- 
bajo de la institución, se había establecido la identidad de más 
de treinta niños. Esa actividad no sólo beneficia a los niños 
desaparecidos sino también a aquéllos cuyos padres desapare- 
cieron (o que fueron abandonados) y sobre cuya identidad no 
quedó información alguna.^'' 



104 



Aunque todos los estudios efectuados en el Banco de datos 
se llevan a cabo por disposición tribunalicia y el Banco infor- 
ma a los jueces, su trabajo y su misma existencia han estado 
constantemente amenazados. Las normas que lo crearon dispo- 
nían que la ciudad de Buenos Aires pagara el equipamiento y 
el personal científicos, en tanto el Ministerio de Salud y Ac- 
ción Social tendría a su cargo la provisión de los reactivos 
químicos y otras sustancias necesarias para el análisis. La rea- 
lidad, sin embargo, ha sido diferente. La doctora Di Lonardo 
lo explica: 

El ministerio jamás se hizo cargo, no puso jamás un reac- 
tivo [...] la municipalidad cumplió en algunas cosas, mal. 
[...]. Yo escribí al mundo y me han ayudado. Yo he tenido 
de parte de Francia una actitud de cooperación permanen- 
te, de comprensión, de ayuda total, desde Madame 
Mitterrand y su fundación hasta acat, hasta Médicos del 
Mundo, y varios centros científicos. [...] En 1989 fui invi- 
tada por el profesor Jean Dausset, premio Nobel de medi- 
cina, a París a hacer estudios de biología molecular para adn 
para usar en nuestras pruebas. [...] Mi relación es total con 
Francia. 

Mantener y actualizar el Banco ha sido — y sigue siendo- 



una trabajosa batalla, que se convirtió en una de las principa- 
les preocupaciones de las Abuelas. En septiembre de 1988, 
éstas se reunieron con funcionarios del gobierno para urgirlos 
a promulgar las leyes en respaldo del Banco. Debido a la falta 
de recursos necesarios para realizar los análisis, el trabajo prác- 
ticamente se había interrumpido.^^ En noviembre las Abuelas 
acudieron a una nueva audiencia con el presidente Alfonsín y 
le solicitaron que garantizara la asistencia económica indispen- 
sable para el funcionamiento del Banco. También le pidieron 
que designara un fiscal especial para seguir los casos de los 
niños desaparecidos, a fin de apurar las investigaciones. Tras 
escucharlas, Alfonsín nombró una comisión para acelerar tan- 
to a las investigaciones de estos casos como la iniciación de los 
procedimientos legales necesarios para resolverlos.^^ 



105 



Rumores incesantes sobre la estabilidad del Banco genera- 
ron un clima de profunda inseguridad/'* En marzo de 1991, 
un juez respondió a las denuncias de un policía que había 
secuestrado a un niño nacido en un campo clandestino de 
detención ordenando a la policía federal que allanara el Ban- 
co. La policía retiró muestras biológicas, y la actividad del 
instituto se interrumpió. Este episodio indica con claridad que 
aun en el régimen democrático el poder judicial argentino 
tiende a aliarse con los victimarios y no con las víctimas. ^'^ 

Pero el Banco, que propone un modelo de científicos que 
trabajan en favor de los derechos humanos y la justicia, tiene 
una misión aún más amplia. Di Lonardo pinta un panorama de 
lo que puede llegar a ser su futuro trabajo: 

Las Abuelas han hecho una gran difusión sobre el Banco, 
este Banco tiene esa motivación histórica, de Banco de des- 
aparecidos. La ley misma tiene esa motivación histórica, pero 
la ley fue más allá y tomó todos los casos de filiaciones. Un 
10 o 12 por ciento del trabajo es sobre los chicos de los des- 
aparecidos, y el resto son causas comunes, de filiación y otras 
causas, sencillamente penales, no causas civiles, violaciones, 
incestos, cosas bastante graves. [...] Es un instrumento idó- 
neo para investigar el tráfico de niños, que hay en toda 
América Latina, ^^pero quién lo quiere averiguar? Muchísimas 
veces han venido acá jóvenes para saber sus orígenes. El futu- 
ro del Banco lo veo en la dirección de que aquella persona que 
tenga alguna duda sobre sus orígenes [...] el Banco tiene la 
posibilidad de brindarle todas las informaciones. 



La ciencia forense y el trabajo de las Abuelas 

En 1985, un grupo de científicos forenses reunidos por la 
AAAS viajó a la Argentina para capacitar a científicos locales en 
las técnicas arqueológicas empleadas para abrir tumbas, remo- 
ver esqueletos y establecer las causas de la muerte. Encabeza- 
ba el equipo el doctor Clyde Snow, un conocido antropólogo 
forense de Oklahoma, que participó en las tareas que condu- 

io6 



jeron a la identificación de los restos de Mengele, el científico 
nazi, en Paraguay. Jorgelina de Pereyra, madre de una joven 
desaparecida, se había enterado de que su hija de 21 años, 
Liliana, estaba en su quinto mes de embarazo en el momento 
de su secuestro. Los informes policiales decían que la mucha- 
cha había muerto en un tiroteo en julio de 1978 y que había 
sido enterrada en un cementerio privado. Tras la caída del 
régimen, la madre de Liliana empezó a examinar en los regis- 
tros del cementerio las características físicas de los nn enterra- 
dos en aquella fecha. Gracias a las conexiones de las Abuelas, 
se enteró de la visita de los científicos forenses y solicitó la 
ayuda de Clyde Snow para identificar los restos de su hija. La 
presunta tumba de Liliana fue abierta y se examinó el esque- 
leto. 

Los registros pre mortem confirmaban que la tumba era la 
de Liliana. Pero en contra de las afirmaciones de la policía, los 
estudios /^ó/j"^ mortem revelaron que la joven había muerto a 
causa de una herida a quemarropa en la cabeza. Su muerte, dijo 
Snow, tenía "todas las señales de una ejecución". También se 
estableció, mediante un estudio de los huesos pélvicos, que 
había dado a luz a un niño en término o cerca de él, lo que 
confirmaba informes ya recibidos de quienes compartieron su 
cautiverio en la esma. Éste fue un gran avance para las Abue- 
las. Ahora era posible, en caso de encontrarse restos de las 
mujeres embarazadas, obtener pruebas científicas con respec- 
to al nacimiento de sus nietos y proseguir su búsqueda con la 
certeza de que sus hijas habían dado a luz en cautiverio. ^^ 
Clyde Snow se sentía esperanzado al presentar el caso de 
Liliana Pereyra en el juicio a las juntas en 1985: "Todo esto 
parece lúgubre, pero aquí, al menos, buscamos muerte y en- 
contramos vida. Pudimos decirle a su madre que aunque su 
hija esté muerta, en alguna parte está su nieto. Eso allana el 
camino para que las Abuelas de Plaza de Mayo empiecen a 
buscar y posiblemente a localizar al niño".^' 

El trabajo de Clyde Snow también aportó pruebas sobre las 
cuidadosas técnicas de encubrimiento de los militares para ocul- 
tar el secuestro de niños. En septiembre de 1976 desapareció la 
familia Lanuscou, compuesta por un matrimonio y tres hijos. 



107 



Cuando se restableció la democracia, las Abuelas recibieron infor- 
mación sobre la existencia de cinco tumbas nn que concordaban 
con la fecha de desaparición de la familia. Snow recuerda: 

Yo estaba haciendo una presentación en La Plata y cuan- 
do terminé, este grupo de mujeres de edad hizo una pregun- 
ta: ¿sería posible, cabría esperar que los huesos de un feto se 
desintegraran en una tumba? Les contesté que no, que los 
huesos fetales pueden durar siglos. No me podía imaginar 
hacia adonde apuntaba esa pregunta. Pero después, en una 
pausa, me lo explicaron. Hablaron del caso Lanuscou. Se ha- 
bían exhumado los restos óseos de la familia, pero entre ellos 
no estaban los de la hija menor, Matilde, de seis meses. Les 
dijeron que sus huesos se habían desintegrado. Tomé el caso 
y examiné todos los huesos; encontramos los de los dos hijos 
mayores, los de la madre y los del padre, pero ni uno solo de 
la niña. Tomamos una muestra de la arena y la grava que se 
habían recogido en el mismo momento de la exhumación de 
los cuerpos y la tamizamos; conseguimos unos cedazos y la 
lavamos. Tardamios horas y horas. Examinamos hasta la últi- 
ma partícula de grava y no encontramos absolutamente nin- 
guna prueba de que allí hubiese habido una niña.^^ 

Todo lo que se encontró fue un osito de peluche, un chupe- 
te y algunos otros objetos. "Matilde nunca estuvo en ese ataúd. 
Es así de simple", le dijo Snow al juez a cargo del caso. Más 
adelante, ciertas pruebas circunstanciales indicaron que los 
militares, cuyo encubrimiento había quedado en evidencia, la 
habían entregado en adopción. ^*^ Amelia Herrera de Miranda, 
la abuela de la niña, se unió a las Abuelas de Plaza de Mayo en 
la búsqueda de su nieta, fortalecida con la esperanza de que 
ésta estuviera viva. 



El don de las Abuelas a la ciencia 

El apoyo que las Abuelas ganaron en la comunidad cientí- 
fica internacional es poco habitual. Aunque eran un grupo de 

io8 



mujeres sin antecedentes científicos, utilizaron el sentido co- 
mún e incitaron a los científicos a desarrollar herramientas que 
dieran una base más sólida a su trabajo. Representan un 
ejemplo sobresaliente de ciudadanos legos que enrolan a los 
científicos en la lucha por los derechos humanos. En nuestro 
tiempo resulta cada vez más claro que si bien se presenta 
como una "actividad neutral" basada en la racionalidad y la 
objetividad, en la práctica la ciencia se alió tradicionalmen- 
te con los poderosos y representó los intereses de una élite 
masculina, blanca y rica. En nuestro siglo, su imagen ha 
quedado empañada por Hiroshima y la evidente complicidad 
del establishment científico en la carrera armamentista nu- 
clear. Las amenazas a la supervivencia del planeta planteadas 
por unas tecnologías lanzadas a una carrera frenética — lo 
mismo que la explotación de la genética para modificar la 
vida y controlar el futuro de nuestra especie — han hecho que 
la ciencia aparezca como una empresa alienada y en cierto 
modo peligrosa. En medio de este cuadro desconsolador, su 
uso en respaldo de una valiosa causa es sin duda un soplo de 
aire fresco. 

Los científicos que prestaron asistencia a las Abuelas expre- 
saron su agradecimiento por poder colaborar con una causa 
que promueve la justicia y les brinda la oportunidad de com- 
prometerse plenamente, como seres humanos íntegros, en su 
trabajo. Eric Stover reflexiona: 

Lo más interesante era que no se trataba de una mera cues- 
tión científica. Era una cuestión humanitaria en la que unas 
personas que se empeñaban profundamente en la recupera- 
ción de sus hijos querían que la ciencia las ayudara. En los 
casos de Coque Pereyra y la hija de Estela, nos encontramos 
con un nivel de intimidad que normalmente no se da si uno 
es abogado o simplemente tiene que redactar un informe 
técnico. Había que estar presente para asimilar la emoción, ya 
fuera cuando se hacía la identificación o bien para compartir 
la alegría por la restitución de un niño. Es muy fuerte. Yo 
decía que la única vez que me sentí realmente deprimido fue 
cuando volví de un viaje a la Argentina, donde trabajé varias 



109 



semanas con las Abuelas, y una persona me llamó para invi- 
tarme a jugar al tenis. 

El suyo fue verdaderamente el primer caso en que la cien- 
cia se utilizó para promover los derechos humanos: los cien- 
tíficos como detectives. Desde entonces, hemos visto que la 
ciencia forense exhumó tumbas y estableció la causa de muer- 
te de personas de por lo menos 14 países: Bolivia, Brasil, 
Chile, Venezuela, Perú, Colombia, Guatemala, El Salvador, 
Honduras, México, el Kurdistán iraquí, Etiopía, las Filipinas 
y la ex Yugoslavia. De modo que lo que empezó con las 
Abuelas se convirtió en toda esta idea de usar las ciencias 
forenses en cuestiones humanitarias. Su aporte trascendió 
claramente la situación argentina. 

En el Seminario Internacional de 1992 sobre Filiación, 
Identidad y Restitución — organizado por las Abuelas para 
festejar sus 15 años de lucha — , Víctor Penchaszadeh agregó 
los siguientes comentarios: 

Estamos aquí convocados para analizar el papel de la cien- 
cia en la defensa y promoción de los derechos humanos y, 
específicamente, en la identificación genética de los niños se- 
cuestrados por la última dictadura militar. [. . .] Por lo tanto, 
la ciencia no es "neutra", sino que está influida por las rela- 
ciones políticas y económicas que se dan en la sociedad, y a 
la vez influye sobre éstas a través de sus aplicaciones. [. . .] A 
comienzos de este siglo, las concepciones racistas y elitistas 
prevalentes en Estados Unidos impulsaron la promulgación 
de leyes que permitieron la esterilización involuntaria de de- 
cenas de miles de personas catalogadas como "asociales", "re- 
tardados" o "defectuosos". [. . .] La Alemania nazi enarboló la 
bandera de la "pureza racial" basada en la ignorancia y la ter- 
giversación de los principios de la genética. [...} Los 
genetistas más connotados de Alemania [fueron] los que im- 
pulsaron y convencieron a los políticos de la justeza de sus 
apreciaciones, y contribuyeron así a darle una fachada "cien- 
tífica" al genocidio. [. . .] Cuando las Abuelas Chicha Mariani 
y Estela Barnes de Carlotto me preguntaron en 1982, en 



no 



Nueva York, si era posible probar la identidad de niños cu- 
yos padres estaban desaparecidos contando sólo con posibles 
abuelos y otros parientes colaterales, estaban haciendo un 
reclamo de la sociedad a la ciencia de la genética. [...] El 
desafío que significó para nosotros este reclamo de Abuelas se 
vio plasmado unos meses después en la identificación y res- 
titución de la primera de estas víctimas: Paula Logares. Y 
esto permitió que la genética humana, que durante mucho 
tiempo estuvo al servicio de intereses retrógrados y de muer- 
te, se pusiera ahora al servicio de la vida.^" 

También Clyde Snow atribuye a las Abuelas la idea de usar 
la ciencia forense como una herramienta en las investigaciones 
sobre derechos humanos: 

La ciencia forense no se había utilizado en el trabajo en 
favor de los derechos humanos. La verdad es que todo empe- 
zó en la Argentina. Y las Abuelas fueron de gran utilidad en 
el desarrollo de la idea. Personalmente, tuve el privilegio de 
reclutar a jóvenes en la Argentina, de crear un equipo y tener 
la satisfacción de hacer algo valioso. Eso me llevó a un nuevo 
ámbito de trabajo y me abrió todo un nuevo mundo. Si las 
Abuelas no hubieran asistido a mi charla en La Plata y no me 
hubiesen hecho esa pregunta, habría vuelto a casa y todo ha- 
bría quedado ahí. 

El trabajo de Snow en la Argentina resultó en la creación 
del Equipo Argentino de Antropología Forense (eaaf), un 
grupo de jóvenes profesionales a quienes aquél instruyó y que 
aprendieron las técnicas de exhumación e identificación de 
restos. Única organización en su tipo en el mundo, el eaaf 
sigue trabajando en la Argentina; también actuó en varios 
otros países donde las violaciones de los derechos humanos 
hicieron necesaria su experiencia. ' 

Las Abuelas han aportado un modelo para el trabajo con- 
junto de legos y científicos que pone en tela de juicio la alie- 
nación del establíshment científico y hace posible imaginar 
una relación diferente entre ciencia y sociedad. Han contribui- 



III 



do a redimir a la ciencia al proponerle un nuevo tipo de aso- 
ciación. El don que las Abuelas le ofrecieron a la ciencia es en 
realidad un don al mundo, a todos aquellos que desean una 
ciencia que incorpore los valores humanos y sea una fuerza 
positiva y afirmadora de la vida. 



112 



Capítulo 3 
Del terror a la resistencia 

Yo pienso que los que trabajamos en las Abuelas la 
pasamos mejor que los otros que se quedaron en su casa. 
Aquí hay muchas personas que terminaron en un hos- 
picio o que terminaron alcohólicas o que se suicida- 
ron, muchos padres y madres. {.. .} Silvina desapareció 
a las seis y media de la tarde, yo a las siete estaba en 
la policía. {...} Todos los días salía a hacer algo. 
{ .. .) Uno también se hace camino al andar, no hay 
nada que supimos, sino que lo fuimos haciendo. 

SoNiA Torres 

Durante la década del setenta, a medida que crecía la ines- 
tabilidad política, se recordaba a las mujeres argentinas, con 
más fuerza que nunca, que su papel primordial estaba en la 
casa y que, como esposas y madres, su función consistía en 
consolidar la conformidad y la obediencia al Estado. El gobier- 
no de Isabel Perón había tomado una serie de medidas que 
reforzaban la posición subordinada de las mujeres en la fami- 
lia. La misma presidenta había vetado la "patria potestad", una 
ley que habría dado a ambos padres los mismos derechos lega- 
les sobre sus hijos. ^ 

Una vez instalada la dictadura, las revistas femeninas popu- 
lares lanzaron lo que equivalía a una campaña psicológica 
orientada a desacreditar las organizaciones de derechos huma- 
nos y ganar el apoyo de las mujeres para las políticas económi- 
cas y sociales del régimen. Los artículos que denunciaban la 
infiltración "marxista" en la escuela las llamaban a convertir- 
se en los perros guardianes contra las ideologías "foráneas". 

113 



Una autora, por ejemplo, mientras ensalzaba a los generales 
Videla y Viola y al ministro de economía Martínez de Hoz, 
exhortaba a las mujeres a apoyar al régimen. Así lo proclama- 
ba: "Porque de las mujeres depende como de nadie el destino 
del país. En nuestras manos está nada más y nada menos que 
la educación de los hijos. Es nuestra lucha, nuestro ejemplo, 
nuestro interés por las cosas del país los que los ayudarán a 
crecer y formarse. [. . .} Nuestro deber es participar".- En otro 
caso bien conocido, una de las principales revistas femeninas 
{Para Ti) publicó una entrevista a Thelma Dorothy Jara de 
Cabezas, madre de un joven desaparecido, en la que ésta de- 
nunciaba a las organizaciones de derechos humanos de que la 
habían "usado". Advertía a otras madres que debían vigilar a 
sus hijos para que no se convirtieran en idiotas útiles de los 
"subversivos". Más tarde se reveló que la "entrevista" se había 
realizado mientras la mujer estaba detenida y era torturada en 
la esma; nunca había hecho las declaraciones que se le atri- 
buían. Era evidente que los editores de la revista femenina 
estaban directamente vinculados con las fuerzas represivas y 
eran sus cómplices." 

Finalmente, la desaparición de sus seres queridos animó a 
muchas mujeres y las impulsó a la acción política, lo que con- 
dujo a algunas a cuestionar las pautas tradicionales de domi- 
nación y sometimiento de la sociedad argentina. Las Madres de 
Plaza de Mayo desafiaron a la dictadura y transformaron su 
aflicción personal en activismo político. Los esfuerzos del ré- 
gimen por procurarse un dócil acatamiento resultaron un tiro 
por la culata, ya que las mujeres se unieron y extendieron el 
amor que sentían por sus propios hijos a todos los oprimidos 
y perseguidos. Con esa actitud, las Madres creaban una nueva 
forma de participación política, al margen de las estructuras 
partidarias tradicionales y fundada en los valores del amor y la 
solicitud. La maternidad les permitía construir un lazo y dar 
forma a un movimiento sin hombres. ' 

De manera similar, las Abuelas, muchas de las cuales co- 
menzaron a activar como integrantes de las Madres, se aparta- 
ron de sus roles tradicionales, negándose a ser víctimas 
silenciosas. Con ingenio y perseverancia, buscaron a sus nietos 



114 



desaparecidos, a quienes esperaban que la dictadura hubiera 
mantenido con vida. Su protesta tenía un enfoque claro y prag- 
mático: querían encontrar a los niños, devolverlos a sus fami- 
lias legítimas y castigar a los responsables de los crímenes 
cometidos. Aunque las Abuelas siempre afirmaron que su tra- 
bajo era "para dos generaciones" — tanto sus hijos como sus 
nietos — , su energía creativa encontró su cauce principal en la 
búsqueda, la identificación y la restitución de sus nietos. En su 
mayoría eran amas de casa y madres, y sus antecedentes y 
experiencias eran muy variados. Algunas trabajaban en ocupa- 
ciones típicamente femeninas, como la docencia y la asisten- 
cia social. La Abuela Elena Santander las describe como un 
grupo de "mujeres comunes, como todas [...} Somos todas 
diferentes, venimos de familias diferentes y creo que si no 
hubiera pasado esto, nunca nos habríamos conocido". Sin in- 
terés en impugnar el sistema de géneros y la división sexual 
del trabajo, las Abuelas estaban comprometidas con la preser- 
vación de la vida; y exigían, como mujeres "tradicionales", el 
derecho a garantizar la supervivencia de sus familias.^ 

Enfrentar los sentimientos de indefensión que se derivaban 
naturalmente de los horrores que habían soportado represen- 
taba un enorme desafío. Como mujeres maduras y de mucha 
edad, un grupo habitualmente desvalorizado en la sociedad 
argentina, encontraron poco apoyo y aún menos interés en el 
público en general. Pero en vez de sentirse abrumadas y para- 
lizadas por los trágicos acontecimientos que habían golpeado 
a sus familias y de retraerse en su dolor privado, las Abuelas 
se tendieron las manos unas a otras. Contra todos los pronós- 
ticos, se organizaron y lograron reinstaurar en sus vidas y en 
la comunidad en general una noción de lo que significan el 
sentido y la justicia. En su desafío a la historia oficial, las 
Abuelas apelaron al recuerdo de sus hijos y se sostuvieron 
mutuamente para superar el miedo. El éxito que representó 
conseguir hallar a algunos de sus nietos les dio esperanza, y el 
respaldo de otros grupos fortaleció su sensación de poder. Su 
coraje, la claridad de su pensamiento y las ideas sobre sus 
propios procesos de transformación las ayudaron a resistir a la 
dictadura e inspiraron a muchos otros a seguir su ejemplo. 



115 



Hacia 1983, la percepción que el público en general tenía de 
ellas había cambiado radicalmente; ahora sumamente respeta- 
do, el grupo era a menudo honrado y ovacionado cuando apa- 
recía en acontecimientos públicos. 



Frente al terror 

La Abuela Nya Quesada recuerda: 

Miedo y pavor, esto era una cosa tan tremenda. . . Hubié- 
ramos tenido que salir todos. [. . .] Si hubiéramos salido todos 
quizás hubiera cambiado el panorama. [...] Sabrás lo de "La 
noche de los lápices", es de espanto. [...] Eran chicos de La 
Plata, de esa localidad que querían el pasaje mínimo para el 
secundario. [...] Tendrían 14, 15, 16 años. [...} Entonces 
cuando lo fueron a pedir los metieron a todos, a todos aden- 
tro. . . se los llevaron, los trataron como terroristas. . . uno solo 
pudo salir. [...] Por eso el pavor cundía en La Plata, ¿cómo 
no iba a tener miedo la demás gente? [...] Nadie podía ha- 
cer nada de nada. '^ 

El terror que generaban las desapariciones no tenía com- 
paración con nada que la población hubiese experimentado 
hasta entonces. La equiparación de la disidencia con la sub- 
versión había sido extraordinariamente eficaz para silenciar 
aun a los críticos más moderados del régimen. "Por algo 
será" era una expresión corriente usada cuando la gente se 
enteraba de las desapariciones. Muchos se enfrentaron a la 
angustia retirándose a sus mundos privados y su fuero inter- 
no. Al aislarse unos de otros, sus vidas quedaban bajo el 
control del terror, que influía en cada pensamiento, cada 
acción y cada sentimiento. 

Un sociólogo, Guillermo O'Donnell, ha bautizado "cultu- 
ra del miedo" la tensión de vivir con la constante experiencia 
de abusos contra los derechos humanos. Las Abuelas se en- 
frentaron de muy diferentes maneras a ese miedo que impreg- 
naba la vida cotidiana. Elsa Sánchez de Oesterheld, cuya 



ii6 



familia fue íntegramente destruida por la dictadura, sólo se 
preocupaba por su nieto sobreviviente, Martín: 

Con lo que respecta a mí en lo individual, en lo personal, 
nunca sentí miedo, jamás. Porque hay una razón bastante ló- 
gica: a mí ya me daba lo mismo vivir que morir. Te imaginas, 
con lo que yo llevaba arriba. Yo, es más, pensaba que estaba 
condenada, que en cualquier momento detrás de cualquier 
árbol, detrás de cada lugar, alguien me iba a secuestrar o pe- 
garme cuatro tiros. Eso lo tenía clarísimo, pero jamás sentí 
miedo. [. . .] Los miedos que no puedo superar, es el miedo a 
que le pase algo a Martín, eso no lo puedo superar. [...] 
Cuando no sé dónde está y tarda, no puedo evitar el miedo, 
algo que le pueda pasar, el miedo que lo lleven preso. [...] 
Ésa es la única cosa que me quedó como producto de tanto 
terror que viví.^ 

Cuando los militares llegaron a la casa de Berta Schubaroff 
en busca de su hijo y le exigieron a punta de pistola que les 
dijera dónde estaba, ella se dio cuenta de que su miedo a la 
muerte se había desvanecido: 

En ese momento contesté una pregunta que me había he- 
cho toda la vida y que me daba mucha vergüenza. . . ¿vos da- 
rías la vida por tu hijo? [...] A mí me venía terror y me 
escapaba a la pregunta que me hacía yo misma. [. . .] Porque 
le tengo mucho terror a la muerte [. . .] me escapaba a esa pre- 
gunta, ahí me la contesté. [...] Nadie me va a sacar de acá 
dentro donde está mi hijo [...] y ya me vino como una ale- 
gría, de acá no me va a sacar nadie, que me maten. ^ 

Elena Santander describe las idas y venidas del miedo: "Yo 
me puse tan mal que vine y rompí el cuaderno que tenemos 
con la dirección de todas nosotras, de la familia. [. . .] Les digo: 
'No quiero ni saber de ustedes ni de nadie de acá, que no me 
molesten más', porque era pavor que tenía. [. . .} Pero después 
se me pasó. A los dos, tres días, ya estaba acá otra vez y se pasó 
todo". 



117 



Entre quienes pagaron un alto precio está Raquel Mariz- 
currena, ya que sus familiares se entregaron por completo al 
miedo: "Después que desaparecieron los chicos nunca más nos 
hablaron, mis seis hermanas y mi hermano. [...} Hace 17 
años que no veo a ninguno de mi familia. [...] Estaban ate- 
rrados, que les iba a pasar lo que le pasó a mi hijo".'" 

Haydée Lemos recuerda una sensación generalizada de te- 
mor. Quemar los libros de su hija la ayudó a liberar parte de 
la angustia: 

Yo, como muchos, quemé libros. [...] Nos dijeron que 
eran subversivos. Quemar un libro era fulero, feo. [...] Yo 
los hojeaba y no los quería quemar, cuando los veía decía 
"pero yo los tengo que leer". [...] Pero no podía, porque no 
sabía en qué momento la policía podía entrar en mi casa. 
Cuando vino la democracia, volví a comprar algunos. [...] 
Uno era Las venas abiertas de América Latina^ de Gaicano. 
Y fue uno que pude leer y que más me abrió los ojos, más 
todavía... '' 

Otilia Argañaraz, una Abuela que actuaba en la provincia 
de Córdoba, señala que una de las mejores maneras de mane- 
jar el miedo era hacerle frente: 

Yo no puedo decir que no he tenido miedo, el miedo es 
humano, yo creo, pero la suerte que hemos tenido es que no 
nos hemos quedado a llorar bajo la cama, a escondernos con 
el miedo, sino que salimos a enfrentar eso y a luchar. [...} 
Tenemos en contra la Iglesia, el arzobispo de Córdoba es un 
reaccionario, una vez nos cerró las puertas, salíamos desespe- 
radas de la cárcel donde estaban llevándonos los hijos y nos 
cerró la puerta en la cara, nos cerró la puerta del arzobispado. 
Ahora ya estamos todos identificados, así que a esta altura, 
aunque hubiera miedo... '^ 

Pero enfrentar el miedo no significa ponerle fin. Rosa 
Roisinblit reconoce que todavía es una presencia en su vida: 



ii8 



Al principio tenía mucho miedo. [...] Cuando yo ingresé 
aquí, a las Abuelas de Plaza de Mayo, nos escondíamos, nos 
encontrábamos en confiterías. [...] En la época que había 
amenazas telefónicas, que nos van a poner una bomba, que 
nos van a reventar, claro que teníamos miedo. [...] Cuando 
salía de viaje no sabía si a la vuelta me iban a dejar entrar o 
si me iban a agarrar. [...] Muchas veces pienso si algún día 
todavía no me va a pasar algo. Uno supera el miedo, aunque 
no se haya ido del todo. Pero el amor que uno siente por un 
hijo, el amor que uno siente por un nieto, la necesidad que 
uno siente de hacer algo, de trabajar para conseguir algo, es 
superior al miedo.'' 



La impugnación de la historia oficial 

Cuando las Abuelas preguntaban a las autoridades cuál 
había sido la suerte de sus hijos y nietos, se topaban con la 
negativa, las evasivas y la mentira lisa y llana. El conocimien- 
to que tenían de sus hijos, sus propias fuentes de información 
y sus experiencias personales les decían que algo andaba mal. 

Ignacio Martín-Baró, un psicólogo y jesuita radicalizado 
que fue asesinado en El Salvador en 1989 por su compromiso 
con los pobres, describía así la "historia oficial" que producen 
los regímenes autoritarios: 

El objetivo es, sobre todo, crear una versión oficial de los 
hechos, una "historia oficial" que ignora algunos aspectos 
decisivos de la realidad, distorsiona otros e incluso falsifica o 
inventa otros más. Esta historia oficial se impone por medio 
de un despliegue intenso y extremadamente agresivo de pro- 
paganda, respaldada inclusive por todo el peso de los más 
altos cargos oficiales. [. . .} Cuando, por cualquier razón, salen 
a la luz hechos que contradicen directamente la "historia 
oficial", se los "acordona". [...] Las declaraciones públicas 
sobre la realidad nacional, la denuncia de violaciones de los 
derechos humanos y, sobre todo, el desenmascaramiento de la 
historia oficial, de la mentira institucionalizada, son conside- 



119 



rados actividades "subversivas" — y lo son, en la medida en 
que subvierten el orden de la mentira establecida — .'^ 

Cuando las fuerzas armadas tomaron el poder en 1976, en 
un principio hubo en la Argentina una sensación general de 
alivio. Los medios de comunicación, los partidos políticos y los 
intereses empresarios pintaron un panorama rosa, y muchos 
creyeron que la estabilidad política y el bienestar económico 
estaban a la vuelta de la esquina. Pero Estela de Carlotto re- 
chazó el cambio institucional y las fantasías de progreso y 
orden que prometía. Cuando una de sus amigas la llamó para 
celebrar el golpe, le contestó francamente: "Y yo le dije, 'no', 
de ninguna manera, vamos a llorar mucho esto, esto es una 
ocupación ilegal, desalojan a un gobierno constitucional, esto 
no es para brindar, esto es triste, esto es terrible, van a venir 
tiempos muy duros". ^^ Luego de la desaparición de su hija 
Laura en 1977, Estela la buscó en vano durante varios meses. 
Cuando la policía la citó para que identificara su cuerpo y le 
dijeron que había muerto en un enfrentamiento armado, no les 
creyó: los acusó de asesinarla a sangre fría. Los hechos demos- 
trarían que tenía razón. Como queda dicho en 1985, el Equi- 
po Argentino de Antropología Forense estableció que la 
muerte de Laura había sido producto de una ejecución, luego 
de haber permanecido en cautiverio durante varios meses. ^^' 

Los tres hijos de Antonia Acuña de Segarra desaparecieron 
en 1978. Tras su conmoción inicial, se puso en contacto con 
un abogado para presentar un recurso de babeas corpus. El 
abogado le sugirió que esperara antes de hacer algo, ya que 
podía ser que sus hijos simplemente se hubieran ido sin avi- 
sarle: 

Me voy a mi casa pero era imposible estar, de todas mane- 
ras era tal el aturdimiento que tenía que no sabía para dónde 
disparar; al final dije "esto no puede ser, tengo que salir a 
buscar", porque había dos caminos, o matarte o salir a la calle 
a buscar. [...] Seguí haciendo los babeas corpus que no les 
llevaban el apunte. [...] Esto sucedió en pleno Mundial, en 
el '78, donde mostrábamos al mundo que en Argentina no 



I20 



pasaba nada, éramos todos felices. En el '78 hubo muchísima 
gente que desapareció, así como desaparecieron mis tres hi- 
jos y los dos bebés por nacer. ^^ 

Cuando su cuñado, un policía, le decía reiteradamente a 
Elsa Pavón de Aguilar que no podría encontrar a su nieta, ella 
se negaba resueltamente a creerle: "El decía: 'No la va a encon- 
trar a la nena, nunca, no la busque. Y si la encuentra, la va a 
encontrar con el jefe del operativo que no se la va a dar'. Le 
dije que no, que la voy a seguir buscando y el día que la en- 
cuentre se la voy a traer, para que vea".^^ Y efectivamente 
encontró a su nieta (véase el capítulo 4). 

Raquel Marizcurrena recuerda su reacción inmediata cuan- 
do se llevaron a su hijo y a su nuera embarazada: 

Mi hijo cumplía años el 1 1 de octubre. [. . .] Fuimos a ce- 
nar a su casa y preparamos todo para la fiesta. A las 11 de la 
noche, cuando ya habíamos terminado de cenar, ya habíamos 
cortado la torta y todo, empezamos a jugar a la lotería. To- 
can el timbre, es la policía. Entran seis hombres y dicen que 
vienen a buscar unos libros. [...} Los chicos agarraron una 
caja con libros que dejó un amigo y se la mostraron. Enton- 
ces, les dicen: "Nos tienen que acompañar para un careo". 
[. . .] Que volvían en una hora. [. . .] Yo lloraba a gritos y los 
otros me dicen: "¿Pero por qué Horas?" Les dije: "Porque ya 
sé que no van a volver. Ustedes no saben nada, ustedes no 
leen los diarios. Yo sí. Vas a ver — les digo — , no vuelven". 

Las Abuelas también cuestionaron directa y públicamente 
la historia oficial. Berta Schubaroff describe un episodio: 

Durante cinco años yo tuve un puesto en el Parque Cen- 
tenario todos los domingos. [...] Hice un panel grande, pe- 
gué las fotografías que tenemos acá de todas las mujeres 
embarazadas y las fotografías de los bebés desaparecidos, ven- 
dí los libros, revistas, todo el material de Abuelas. [...] Una 
señora vino a provocar, yo traté de explicarle: "Mire, usted 
tiene una hijita — tenía una hijita en un carrito — , viene uno 



121 



y le saca a su nena y se la lleva, y usted se da vuelta y no está 
más su nena, ¿a usted qué le pasaría? Piénselo, señora". [...] 
Dice "a mí eso no me pasa". [...} Le digo "sí, esas cosas pa- 
san"... bueno, empezó a insultarme, que cómo teníamos el 
coraje de sacar los chicos de donde se habían criado. [. . .] Yo 
tenía una botella de Coca Cola y se la tiré y reventó ahí a los 
pies de ella. [...] Los artesanos venían corriendo a ver qué 
pasaba. 

En Powers of the Weak, Elizabeth Janeway sugiere que los 
"impotentes" cuentan con ciertos recursos a su alcance si tie- 
nen el valor de usarlos. Uno de los poderes decisivos a los que 
se refiere es el de la incredulidad, negarse a aceptar las versio- 
nes dominantes, oficiales, de la realidad: 

Dudemos, no demos por sentado lo que los poderosos di- 
cen sobre los hechos, su causalidad, su significado y su im- 
portancia. [...} La incredulidad, entonces, indica algo que 
los poderosos temen, y por leve que pueda parecer, no de- 
bemos subestimar su fuerza. De hecho, se trata del primer 
signo de que los gobernados dejan de aceptar la autoridad 
sancionada de sus gobernantes, el primer desafío a la legi- 
timidad.''^ 

Las Abuelas tuvieron el valor y la fortaleza de creer en su 
propia realidad y definirla, en momentos en que la confusión 
y el miedo eran preponderantes. De ese modo mantuvieron 
viva la esperanza necesaria para proseguir con su trabajo. 
Nutridas por la ira que sentían ante los crímenes cometidos 
contra ellas y dotadas con el poder de la incredulidad, pudie- 
ron mantenerse firmes y unirse unas a otras para emprender su 
búsqueda. Y cuando las historias sobre el régimen empezaron 
a confirmarse y los niños desaparecidos comenzaron a ser loca- 
lizados, quedaron reivindicadas su perspicacia, sus sospechas y 
su desconfianza hacia la "historia oficial". 



122 



Juntarse 

Como señala Janeway, la desconfianza hacia quienes están 
en el poder es un primer paso necesario; pero otras personas 
que compartan nuestras dudas deben guiarse por él y ratificar- 
lo. Una vez que se inicia este proceso, cuando empiezan a 
constituirse lazos entre quienes no creen, surge un terreno 
fértil para el crecimiento de un movimiento. Cuando las 
Abuelas comenzaron a conectarse y a construir un nuevo mar- 
co de creencia, la confianza en sí mismas y la que sentían unas 
por otras se incrementaron. Esto contribuyó a hacer posible el 
surgimiento del activismo. Aunque algunas de las Abuelas 
provenían de familias con un interés activo en la política, ellas 
mismas, con pocas excepciones, nunca habían participado en 
ningún tipo de acción pública. Alzar la voz, exigir que los 
funcionarios gubernamentales rindieran cuentas y unirse a 
otros en marchas y protestas eran nuevas actitudes que llega- 
ron a parecer rutinarias a medida que acumulaban fuerza e 
inspiración en su interacción recíproca. 

Berta Schubaroff recuerda el torrente de emoción positiva 
que sintió al conocer a las Abuelas: 

Estuve con las Madres hasta que me fui a España en 1979- 
[. . .] Cuando volví de España, un día llovía, lloviznaba, esta- 
ba muy muy oscuro y yo empecé a caminar por la calle, el 
cielo lloraba y yo lloraba también. [...] Me sentía muy sola 
porque yo había estado cinco años en España, en una de ésas 
saqué la libreta mía donde tenía anotado Abuelas de Plaza de 
Mayo y digo acá voy, allá voy, me tomé el colectivo y fui a la 
casa de las Abuelas. [. . .] Cuando se abrió la puerta del depar- 
tamento donde estaban las Abuelas se prendió la luz [...] el 
pasillo estaba oscuro, el ascensor, el pasillo muy oscuro y 
cuando se abre la puerta aparece mucha luz, un lugar muy 
iluminado, con muchas voces y muchas mujeres polentonas, 
yo entré allí, es como si se prendiera la luz o saliera el sol [. . .] 
enseguida me atendieron, me sirvieron un té, me trajeron 
masitas, me empezaron a hablar, me empezaron a preguntar 
[...] a partir de ahí ya integré el grupo de Abuelas. [...] 



123 



Cuando yo encontré los restos de mi hijo estuve muy acom- 
pañada y rodeada de todas las Abuelas, sentí como se puede 
sentir la mano de la madre alrededor mío [...] yo me sentí 
protegida, que no estaba sola. 

La historia de otra abuela inspiró a Nélida Gómez de Na- 
vajas a tener esperanzas y empezar a buscar a su nieto: 

Un día fui a Abuelas a llevar unos datos. [. . .] Y ellas me 
dicen: "¿Y vos tenes algún desaparecido?" Sí, digo, tengo una 
hija que estaba embarazada de dos meses pero pienso que 
abortó. [...] Entonces Estela me comenta el caso de su hija, 
que su hija había tenido varios embarazos estando llena de 
cuidados, de mimos y de todo, y los perdía, y cómo estando 
detenida, la chica llega a tener su bebé. Me dice: "Mira, hace 
la denuncia porque nosotros somos este grupo, somos todas 
abuelas y estamos buscando a los chicos". [. . .} Me estuvieron 
explicando en la forma que ellas estaban trabajando. Encon- 
tré una gran acogida de parte de ellas. [...] Entonces hice la 
denuncia y así empecé, y seguimos trabajando casi diez 
anos. 

También Amelia Herrera de Miranda se refiere a la impor- 
tancia de descubrir que ya no estaba sola: 

Si a mí me había parecido tan duro lo que me había pasa- 
do, vi que las otras habían pasado cosas peores. Entonces, yo 
dije: "Bueno, acá lo mejor es unirse y luchar todas". No es 
sólo yo que estoy sufriendo, sufren todas estas mujeres, son 
un montón, y sí, da fuerzas. Y uno se ubica para seguir lu- 
chando, porque antes uno ni captaba, no sabía ni lo que pa- 
saba realmente. Claro, estaba como perdida una. [...] Acá 
estamos unidas en esta búsqueda, con el problema, el dolor 
nuestro y la esperanza.^' 

Las Abuelas tratan de apoyarse activamente unas a otras y 
respetar mutuamente su dolor. Antonia Segarra señala: 



124 



Yo tengo por norma, junto a la otra Abuela que salimos, 
no dar nuestro testimonio personal, porque creemos que te- 
nemos que hablar en nombre de todas las Abuelas, porque no 
todas las Abuelas pueden salir, entonces es un deber nuestro 
no tocar nuestros testimonios personales, pero sí hablar en 
general. [...] Si tengo tiempo, doy mi testimonio, pero a 
pedido, yo tampoco lo busco. 

Rosa Roisinblit da otro ejemplo de este compromiso de 
reciprocidad: 

Somos varias, varias, las que estamos comprometidas de 
por vida, hasta el último día de nuestra existencia, para bus- 
car a los niños. [.. .] Acá tenemos muchas Abuelas que ya han 
encontrado a sus nietos y que siguen trabajando para la ins- 
titución. Y yo pienso hacer lo mismo el día que encuentre a 
mi nieto. 



Otras fuentes de fortaleza y poder internos 

Al desconfiar de la historia oficial y constituir un grupo, 
las Abuelas crearon un ámbito seguro en el que podían ven- 
tilar sentimientos dolorosos y, al mismo tiempo, enfrentar la 
falta de esperanza y la desesperación. La veracidad, la acción 
cooperativa y los vínculos con otros grupos de derechos hu- 
manos contribuyeron a realzar su sensación de poder y es- 
peranza. La pensadora feminista Dorothy Dinnerstein 
distingue la "esperanza de ojos abiertos, que por definición 
incorpora la incertidumbre y aconseja la acción", de la "espe- 
ranza ciega, que es pasiva y rehuye los hechos disponibles".^^ 
La "esperanza de ojos abiertos" describe adecuadamente la 
energía positiva y la claridad de ánimo de las Abuelas. Una 
gran fuente de esa esperanza fue la profunda conexión que 
muchas de las mujeres tenían con sus hijos desaparecidos. 
Como los querían y confiaban en ellos, las Abuelas sentían que 
era preciso mantener vivo su recuerdo, sostener sus valores y 
honrar su idealismo. 



125 



Esa motivación es notoria en la descripción de Sonia Torres: 

Y bueno, la ausencia de mi hija, no tenerla conmigo todos 
los días, la necesidad de encontrarla, y después, que ya supi- 
mos que no íbamos a encontrarla, la necesidad de hacer algo 
por ella, encontrar a su hijo y decirle quiénes fueron sus pa- 
dres, que no eran unos padres cualquiera, personas que sufrie- 
ron por sus convicciones. [...] Porque después de la primera 
detención de mi hija en julio de 1975, cuando yo la saco de 
la cárcel a mi hija, le digo: "No, yo te voy a mandar inmedia- 
tamente a otro lado", y me dice: "No, yo no me muevo de acá, 
yo no he cometido ningún delito para salir de la Argentina y 
además, si todos los que pensamos como yo nos vamos del 
país, ¿qué va a ser del país?".^^ 

Berta Schubaroff recuerda su relación con su hijo y la ma- 
nera en que los insultos que su nuera sufrió en el campo por 
tener un marido judío fortalecieron su decisión de luchar: 

Yo a mi hijo lo quise muchísimo, yo lo adoraba, era muy 
dulce, muy inteligente, también fue un chico muy estudio- 
so. [. . .] Con deseos de justicia social. [. . .] En la escuela pri- 
maria lo nombraron a él monitor, que era el que se tenía que 
encargar de la limpieza y de todas las responsabilidades de un 
grado [. . .} y él dijo "de ninguna manera voy a aceptar ese tra- 
bajo", porque él no estaba de acuerdo que haya una persona 
con la responsabilidad de todo un grado, que ahí tenían que 
colaborar todos. [...} Yo lo tengo escrito eso, él escribió una 
carta y se la dio al maestro, yo tengo esa carta guardada. [. . .] 

En el campo de concentración le preguntan a mi nuera si 
no le daba asco estar casada con un judío y ella les dijo que 
no, entonces el hombre le dijo "estos judíos de mierda, los 
vamos a matar a todos". [. . .] Es ahí donde se me levantó una 
muralla adentro mío y pensé, contra ésta se van a tener que 
golpear, porque yo soy judía, en ese momento me hice fuerte 
y dura como esa muralla y pensé que ellos no me van a atra- 
vesar nunca [...] hasta el día que me muera voy a pelear 
contra esta cosa, contra este salvajismo. 

126 



Luego de la muerte de su hija, Estela de Carlotto se com- 
prometió con el activismo por el resto de su vida: 

Ahí empecé la lucha, todo lo contrario de lo que se pueda 
pensar, que a uno le entregan un cuerpo y dice: "Bueno, bas- 
ta, la historia terminó". La historia empezaba, empezaba para 
buscar a los asesinos, empezaba para buscar a mi nieto [...] 
para encontrar a mi nieto y para criarlo. [...} Supe que mi 
hija decía: "Mi mamá no les va a perdonar a los milicos, 
mientras viva, lo que me están haciendo". Y qué razón que 
tuvo, porque si a mí me decían en ese momento que yo iba 
a dedicar mi vida a no perdonar y a buscar la verdad, yo diría 
no sé. [...] Pero ella me conocía más. 

Nya Quesada atribuye su persistencia a la esperanza que 
todavía mantiene de ver viva a su hija: 

Mi persistencia es algo, es como que tengo la impresión 
que se lo debo a ella. Y siempre esa esperanza, estúpida, de 
verla. Porque es una esperanza basada en no sé qué. La reali- 
dad es otra y uno no quiere ver la realidad. No quiere verla. 
Ya han pasado muchos años, ya son muchos años y no se 
termina de tener algo de esperanza. [. . .] Es una estupidez, lo 
comprendo, pero... Hay otras madres totalmente distintas a 
mí, totalmente, pero yo las respeto también. Cada uno en- 
cuentra su manera de vivir mejor. 

Chicha Mariani, que tenía una estrecha relación con su hijo, 
sentía que él la ayudaba a entender la realidad social de un 
modo más amplio: 

Fue mi hijo el que despertó mi conciencia social. [...} 
Tuvimos muchas conversaciones profundas, siempre en la co- 
cina, sobre la pobreza y la explotación. Un día le dije: "Tenes 
que cuidar tu vida, yo no te di la vida para esto", y él me dijo: 
"Sí, mamá, me diste la vida, pero ahora es mía". [...] Yo le 
decía que no valía la pena, peleé como todas las madres, 
discutimos mucho. [...} Cuando lo estaban buscando, mi 



127 



marido, que había comprado un departamento en Roma para 
que se fueran, le dijo: "¡Te venís ya!", y él dijo: "Papá, una 
palabra más y no nos vemos más".^"* 

Para Amelia Herrera de Miranda, encontrar los restos de su 
hija y sus nietos fue de extrema importancia. Eso le confirmó 
que aquélla estaba muerta y le permitió concentrarse en la 
búsqueda de su nieta superviviente: 

El encontrar huesos fue un momento especial, no digo de 
alegría, pero se confirmó algo, una cosa que estaba, que no se 
sabía ni sí ni no. Se confirmó, bueno, ella está muerta, está 
ahí. [...] ¿Y mi nieta? ¿Dónde está? Si recién empiezo a lu- 
char... yo la encuentre o no hasta el fin de mi vida la voy a 
buscar. [. . .] Hay que trabajar para que eso no suceda más. La 
desaparición de personas es lo peor, lo más cruel. [...] Hay 
que decir lo que pasa, si uno se calla es cómplice, hay que 
decirlo y luchar, sin miedo. 

Argentina Rojo de Pérez acopió fuerzas de diversas formas: 
"No tuve grupo de apoyo, atención psicológica, nada. Ni an- 
tes, ni después. Me hice fuerte porque yo sabía que tenía que 
luchar por la nena. Yo he sobrevivido por ella, porque si no, 
la verdad... Es lo único que me queda". ^^ 

También Delia Califano reflexiona sobre el origen de su 
vigor: 

¿Qué me da fuerzas a mí? Mi hijo y mi nuera, eran los dos 
perfectos. [...] Eso me da fuerza. No les puedo dejar un hijo 
de ellos suelto en el mundo. A veces, te digo, que no tengo 
ganas de venir, porque tengo setenta años, vos me dirás que 
no los represento, que estoy bien, pero me canso. Hay días 
que tengo unas ganas de quedarme en mi casa y me da fuer- 
zas pensando en ellos. Es lo menos que puedo hacer."^' 

Alba Lanzillotto habla del respeto que sintió por sus herma- 
nas menores desaparecidas, para quienes era como una madre, 
y se refiere a su presencia constante en su vida: 

128 



Yo de su militancia, todo eso, las respeto desde luego que 
ellas hayan elegido eso porque lo han hecho como personas 
adultas y conscientes. No he estado de acuerdo con muchas 
cosas, desde luego, pero realmente las respeto porque las chi- 
cas han sido dos niñas mimadas. [...} Ellas tenían la mejor 
ropa, el mejor esto, todo, todo, no les faltaba nada. Y se han 
ido a estudiar y después han comenzado a militar y han he- 
cho un cambio, de ser unas personas entregadas a la causa en 
que ellas creían [. . .} un cambio total. [. . .} Dejar la vida tran- 
quila, ellas podían haber sido como todas sus compañeras, y 
estar casadas con un profesional viviendo lo más bien [...], no 
les faltaba nada pero tenían algo adentro que las obligaba. 
[...} Yo, después de todo lo que ha pasado, las he llegado a 
valorar mucho más a ellas, a comprender. [. . .} Ahora tendrían 
46 años, tenían mucho para dar y mucho para hacer. En toda 
mi familia las mellizas son una cosa muy valiosa que está 
siempre presente, en ningún momento está como ausencia de 
nosotros, al contrario. Mi hija la quería mucho a Annie y ella 
siempre está pendiente de eso, cualquier cosa, de recordar 
esto y aquello de las chicas. Y lo mismos los hijos, los que- 
remos mucho, están cerca nuestro." 

Las oportunidades en que sus esfuerzos alcanzaron el éxito 
fueron consecuentemente mencionadas por las Abuelas como 
algunas de las experiencias más vivificantes y fortalecedoras de 
sus vidas. El hecho de que se confirmaran sus corazonadas y 
de tocar y ver realmente a niños que habían estado desapare- 
cidos durante años, representó un increíble estímulo para su 
moral. Su restitución a sus familias originarias les hizo ver 
que, después de todo, podía alcanzarse algo de justicia y que 
su trabajo extraordinariamente exigente era digno del precio 
que habían tenido que pagar. 

Raquel Marizcurrena trabajó en el caso de Pablito Moyano, 
un niño localizado años después de su desaparición, ocurrida 
cuando tenía un año: 

Uno de los momentos más hermosos es cuando recupera- 
mos chicos. Una vez sacamos todas las fotos de los chicos en 



129 



la tapa de una revista. [...] Una señora reconoce a Pablito y 
se pone en contacto conmigo. [. . .} Cuando desapareció era un 
bebé y ahora tenía seis años. ¡Tenía la misma cara que cuan- 
do era un bebé! Los ojos grandes, las pestañas largas, las ce- 
jas tupidas, era inconfundible. Cuando llevamos a la abuela, 
que lo reconoció enseguida, Pablito se le tiró a los brazos 
enseguida, como si la hubiera reconocido. [...] Fue un mo- 
mento fantástico, casi parece mentira. 

En términos más generales, Antonia Segarra reflexiona so- 
bre los años de duro trabajo y la satisfacción que obtienen 
cuando encuentran a los niños: 

Esos 54 niños que hemos recuperado es fruto de mucho 
sacrificio, pero es una satisfacción, verlos a los chicos con su 
verdadera familia. Aunque no lo veas al chico, es una alegría, 
no se puede transmitir esa alegría. [. . .] Cada uno de ellos es 
un pedacito de nosotras. 

Como en el caso de las otras Abuelas, la creencia de Reina 
Esses de Waisberg en la importancia de que los niños supie- 
ran que no fueron abandonados por sus padres le da fortaleza: 

Para mí cualquier nieto que se encuentre es como si fuera 
el mío. Lloramos y bailamos todas las Abuelas, estamos tan 
contentas como si fuera nuestro. [...] Por eso peleamos tan- 
to, porque cada niño desaparecido tiene que saber que no fue 
tirado a la basura y que su madre no lo dejó sino que fue con- 
cebido con mucho amor. [. . .] Lo sé por mi hijo y por Valeria, 
que querían tener otro hijo.^^ 



Apoyo externo 

Las expresiones de solidaridad que las Abuelas recibieron de 
sus familias y de otros grupos que trabajan por la justicia so- 
cial, tanto en la Argentina como en el extranjero, también las 
fortalecieron y vivificaron. Elena Santander dice lo siguiente: 



130 



El apoyo de mi familia me sirvió mucho, vino mi hija de 
Brasil, vino mi hijo, estaba con todo el mundo al lado mío y 
eso es bueno. [. . .] Mis amigos me apoyaron, me comprenden. 
[. . .] Y se han alegrado mucho con la venida de la nena. [. . .} 
Nos apoyan los homosexuales, las prostitutas, los chicos 
enfermos de sida, otros grupos. [...] Una vez que fui al jui- 
cio ése, yo estaba en la fila esperando que abrieran los Tribu- 
nales y estaba esta señora. [...} Ella sabía quién era yo e 
incluso yo llevaba el pañuelo en la cabeza y me puse a conver- 
sar con ella y me dijo: "Yo estoy para todo al lado de ustedes". 
[...] Y dijo: "Yo soy la presidenta de las prostitutas, y lo 
único que les quiero pedir es que no digan 'hijos de puta', 
porque las putas no parimos esas bestias". [...} Siempre me 
acuerdo, jamás me voy a olvidar, me pareció fantástico [...] 
en cada marcha que hay, ella va. 

Nélida de Navajas describe una experiencia similar: 

Una de las cosas más bellas del trabajo con Abuelas ha 
sido la comprensión que he encontrado siempre en el exte- 
rior, a mí me ha impactado, me parecía imposible que hu- 
biera tanto interés por el problema que nos estaba 
afectando. Me pareció que la solidaridad del exterior era 
extraordinaria, muy positiva. [. . .} Nos ha apoyado el movi- 
miento de mujeres, el cha [Comité Homosexual Argenti- 
no}, también los transexuales. [...] Yo espero que venga 
otra generación, tiene que ser la juventud que luche para 
tratar de hacer esto un poco mejor, y que las enseñanzas que 
les dejemos nosotros les sirvan para unirse y apoyarse. 

Sus búsquedas exitosas, la creación del Banco Nacional de 
Datos Genéticos, su aptitud para influir en la legislación sobre 
los derechos de los niños y el apoyo que recibieron, contribu- 
yeron a fomentar en las Abuelas la resolución de continuar su 
trabajo sin vacilaciones. El hecho de asumir la responsabilidad 
de su situación y enfrentarla de la mejor manera posible las 
hizo aún más fuertes. 

Judith Lewis Hermán, una psiquiatra que dirige la capaci- 



131 



tación en el Programa de Víctimas de la Violencia del 
Cambridge Hospital, en Cambridge, Massachusetts, explica la 
dinámica vigente en estos casos. Respaldada por sus veinte 
años de experiencia con mujeres que sufrieron maltratos sexua- 
les, señala que si bien las sobrevivientes de violaciones, guerras 
y otros traumas no son responsables de las agresiones que sufrie- 
ron, sí lo son de su recuperación: "Paradójicamente, la acepta- 
ción de esta evidente injusticia es la forma de comenzar a tener 
poder. La única manera de que la sobreviviente pueda asumir 
un pleno control de su recuperación es aceptar la responsabi- 
lidad que le cabe en ella. La única manera de poder descubrir 
su fortaleza indemne es usarla en toda su magnitud".-'^ 

Las Abuelas se convirtieron precisamente en esas sobrevi- 
vientes. En 1986 declararon lo siguiente: 

No ha sido fácil nuestra tarea. Empezamos de la nada en 
octubre de 1977, en medio del terror generalizado, hechas 
una llaga viva. Si hoy tuviéramos que sintetizar en una pala- 
bra el sentimiento predominante en aquella época, aparte del 
dolor, diríamos Impotencia. [...] Descubrimos que teníamos 
que andar solas, que debíamos inventar caminos, buscar 
métodos inéditos, como inédito era el horror que estábamos 
viviendo [...] A pesar del silencio de algunos, las vacilacio- 
nes de otros, la indiferencia de muchos, con la ayuda del 
pueblo seguiremos buscando sin descanso a los centenares de 
niños desaparecidos, para reintegrarlos a sus verdaderos hoga- 
res, porque solamente así retornarán a la vida. Es un deber 
hacia ellos, hacia sus padres martirizados, hacia la niñez ar- 
gentina que ha perdido su seguridad, hacia los treinta mil 
desaparecidos que reclaman justicia.'" 

Las Abuelas se comprometieron a contar la verdad pese al 
terror que dominaba la vida del país, y se negaron a creer las 
mentiras que el régimen imponía a la población. Crearon un 
lugar en el que la cooperación mutua y la finalidad comparti- 
da les permitieron alimentar su ánimo y sentir poder en vez de 
desesperación. El amor por sus hijos y el regocijo de encontrar 
a algunos de sus nietos las sostuvieron a través de su lucha. Y 



132 



la solidaridad de otros grupos hizo que creyeran que otras 
personas se preocupaban y que su mensaje finalmente sería 
escuchado. 



El papel de los hombres en el trabajo de las Abuelas 

Cuando las Abuelas se juntaron para construir su organiza- 
ción, sus esposos, hijos y otros miembros varones de sus fami- 
lias cumplieron en general un papel de apoyo, sin participar 
directamente en las actividades del grupo. El ordenamiento 
tradicional de género (las mujeres en un segundo plano y los 
hombres activamente involucrados en la arena política) se 
invirtió cuando las Abuelas se situaron en el primer plano. Su 
intención, sin embargo, no fue excluir a los hombres. Las 
Abuelas expresaron diversos puntos de vista sobre el papel de 
éstos en su movimiento. Para algunas, su mayor vulnerabili- 
dad era lo que los mantenía en un segundo plano; otras creían 
que tenían menos capacidad de enfrentar el dolor; otras, por 
fin, consideraban que su necesidad de ganarse la vida era la 
razón que los hacía mantener un bajo perfil. Con frecuencia, 
las Abuelas aludieron al carácter especial de la relación madre- 
hijo para explicar la mayor participación de las mujeres. Como 
lo recuerda Berta Schubaroff: 

Cuando suben los militares y se ponen a hacer asesinatos 
y empiezan a matar gente, a maltratar, a torturar [. . .] dimos 
un grito de dolor que continúa hasta estos días porque nos 
han arrancado lo más importante que tenemos en nuestras 
vidas. [. . .] Nosotras decidimos salir solas a la calle justamen- 
te porque nos menospreciaban [...] no dejamos venir a los 
hombres, a los esposos y a los hijos, porque a ellos los hubie- 
ran secuestrado también. 

Sonia Torres coincide: 

Pensamos que a las mujeres por ser mujeres, no nos iban a 
hacer los mismos atropellos que a los hombres [...} que ellos 



133 



eran más vulnerables, que a las mujeres no nos iban a hacer lo 
mismo. [...] Pero no, desaparece la primera Madre y otras 
también. [. . .] A mí me parece que los hombres no hacen tan- 
to por los hijos como las mujeres. En la vida cotidiana, si una 
se queda sin comida en el plato, si hay poco, se lo pasa al hijo, 
calladita. Creo que es algo que te despierta la maternidad, que 
te da la maternidad, la paternidad es una cosa más accesoria. 

Raquel Marizcurrena, uno de cuyos hijos desapareció, ex- 
presa puntos de vista similares sobre la mayor vulnerabilidad 
de los hombres: 

Nos reuníamos puras mujeres. Las mujeres solas corríamos 
menos peligros, mientras que a los hombres los iban a atacar 
más que a las mujeres [...] por eso es que los hombres se 
quedaron en casa. Pero no se quedaron en casa [...} mi ma- 
rido siempre andaba por allá, enfrente de la Catedral o en el 
Cabildo. Mi gran miedo era dejar solo a mi otro hijo, que me 
apoyaba mucho. [. . .] El marido de Azucena y el hijo también 
siempre estaban por ahí y el hijo le decía: "Mami, no te pon- 
gas siempre adelante hablando, frena un poco". 

Pero Nya Quesada cree que la mayor dificultad de los hom- 
bres para enfrentar el dolor tuvo algo que ver con su relativa 
pasividad: 

Yo creo que los hombres no tienen tanto aguante, no tie- 
nen tanta polenta como tiene la mujer. [. . .] Esto nos lo pre- 
gunta mucha gente, ¿dónde están los padres? Yo pienso que 
el hombre no tiene tanta resistencia al dolor. [...] No tiene 
tanta fuerza como la mujer. [. . .] Ellos lo sienten y los golpea 
pero la mujer se levanta para ver qué se puede hacer, para que 
sepan en todos los lugares del mundo, para seguir. [...] Mi 
marido murió en dos años de enfermedad, impresionante [. . .] 
aunque quisiera no podía. [...] Conozco muchos casos de 
hombres que han fallecido por el gran dolor, verdaderamen- 
te tendrían una dolencia y eso les apresuró. [...} Si te hacen 
una estadística acá, creo que va a ser así. 



134 



Amelia Miranda coincide, aunque su marido, Juan, fue uno 
de los pocos hombres que tuvieron participación activa en la 
organización de las Abuelas; trabajó con el equipo de investi- 
gación hasta que sufrió una grave invalidez: 

Peleamos mucho por los hijos; mi marido también lo hizo 
mientras pudo, pero él se enfermó. [. . .] No sé, el hombre el 
dolor lo toma de otra forma, o se enferma o. . . no sé. La mujer 
es más perseverante, pienso. Por eso salimos más a la calle 
ahora a gritar y a protestar, algo así. . . El hombre sufre mu- 
cho, pero queda más, muy encerrado. [. . .] Porque el hombre 
enseguida quiere la lucha, pelear, no tiene paciencia [...] y 
acá no es de pelear, es de pelear despacito, luchar, es como el 
trabajo de la hormiguita, todos los días un poquito, no se ve, 
pero al fin de los años uno consiguió criar hijos y mantener 
todo en orden y lo hizo. [. . .] La mujer tiene más perseveran- 
cia, pienso, y más aguante. 

Las reflexiones de Otilia Argañaraz son muestra del mismo 
espíritu: 

Yo creo que los hombres llevan los pantalones pero la 
batuta la llevamos nosotros. [...] Yo siempre he pensado 
que el dar a luz, sobre todo cuando se da con mucho do- 
lor, es ya un dolor tan inmenso y una felicidad tan gran- 
de, que uno se vuelve una leona para defender eso, desde 
el momento que nace [...] la felicidad ésa de tener el hijo 
después de un sufrimiento tan grande, un sufrimiento fí- 
sico tan grande, ya da disposición para todo. [...] Con los 
padres que hablas los ves muy quebrados. Mis hermanos 
mismos me dicen: "Cómo te envidio el que estés luchan- 
do. Yo no soy capaz". 

También había consideraciones prácticas. Para Antonia 
Segarra, que vivía en Mar del Plata y viajaba con frecuencia 
para trabajar con las Abuelas en Buenos Aires, el hecho de que 
su marido ganara el sustento hacía posible que ella fuera una 
activista: "Alguien tenía que trabajar [. . .} necesitábamos pla- 



135 



ta para movernos. [...] En mi caso, mi marido se quedó en 
casa. El, que se quedó en casa, se llevó la peor parte". 

Sin embargo. Alba Lanzillotto cree que la mayor capacidad 
de las mujeres para el activismo fue responsable del papel 
protagónico de las Abuelas: 

Lo que pasa es que en este país, en todas las cosas, las que 
trabajan son las mujeres. Es verdad: en los centros de profe- 
sores, ¿quiénes están? Todas las profesoras. A los profesores, 
para llevar uno, tienes que llevarlo con la grúa [...] y lo 
mismo en la Iglesia, ¿quiénes son las que trabajan? Las mu- 
jeres. [. . .} Las Abuelas, los abuelos, no. Ellas dicen que en los 
primeros tiempos que el hombre trabajaba y tenían miedo y 
tal, pero yo creo que no es tanto eso sino que la mujer es la 
que tomaba la delantera y la que salía más desgarrada. [...] 
Lo que tienen adentro las mujeres es más fuerte, me parece a 
mí [. . .] porque en todos lados, en Familiares, en Madres, son 
mujeres, no hay Padres de Plaza de Mayo. [...] Es así en 
general, alguna cosa la inician los hombres pero después las 
que quedan son las mujeres. 

Cualesquiera hayan sido las razones que mantuvieron a los 
hombres en un segundo plano, las Abuelas entraron en la are- 
na pública y participaron plenamente en el florecimiento del 
movimiento de los derechos humanos. En ese proceso, pasaron 
de ser mujeres "tradicionales" definidas por sus relaciones con 
los hombres (madres, esposas, hijas) a transformarse en mani- 
festantes públicos en representación de toda la sociedad. 



Lo PERSONAL ES POLÍTICO 

Al transformar la impotencia en acción social, combinar 
una perspectiva práctica con la visión más amplia de una so- 
ciedad necesitada de un cambio exhaustivo y luchar por la 
justicia, estas "mujeres comunes y corrientes" expandieron de 
manera irreversible el campo de la política y contribuyeron a 
derribar los límites entre lo privado y lo público. Como ma- 

136 



dres y abuelas, reaccionaron ante los ataques contra sus fami- 
lias mediante la apropiación del espacio público y la impug- 
nación de la idea de que los cuidados maternos están 
restringidos al mundo privado. 

La teórica feminista Sara Ruddick se ha referido a las "de- 
mandas" exigidas por la práctica del cuidado materno: preser- 
var la vida, alimentar a la descendencia y dar forma al 
crecimiento de los hijos de un modo que sea aceptable para el 
grupo social de la madre. Como corolario de la distinción entre 
dar a luz y brindar cuidados maternos, Ruddick argumenta que 
todas las madres son "adoptivas": "Adoptar es comprometerse a 
proteger, alimentar y formar a determinados niños. Aun la par- 
turienta más apasionadamente amorosa se embarca en un acto 
de adopción cuando se compromete a sostener a una criatura en 
el mundo". '^ Como madres "adoptivas" de sus nietos, las Abue- 
las querían proseguir el trabajo materno que el régimen militar 
había interrumpido brutalmente. Su compromiso de proteger, 
alimentar y formar a los hijos de sus hijos era una afirmación de 
la continuidad y la promesa que representa cada nueva vida. 

Como la Asociación de Abuelas es una organización dirigida 
por mujeres, es inevitable que surja la pregunta: ¿las Abuelas son 
feministas? Para el caso, (^qué significa "feminismo" en Améri- 
ca Latina? En un importante artículo en que analizan los En- 
cuentros Feministas de Latinoamérica y el Caribe, convocados 
bianualmente desde 1981, Nancy Saporra Sternbach, Marysa Na- 
varro- Aranguren, Patricia Chuchryk y Sonia E. Alvarez hablan de 
"feminismos" porque es difícil "generalizar a todos los países en 
una región tan diversa como América Latina cuando se discute 
cualquier fenómeno sociopolítico". Sostienen que los feminismos 
latinoamericanos, obligados a vérselas con la represión estatal y 
una extrema explotación económica, han desarrollado una sólida 
base política que los distingue de movimientos similares en regio- 
nes más ricas del mundo. Las feministas de América Latina, que 
tuvieron que enfrentar el militarismo, consideran que "la dicta- 
dura, que institucionaliza la desigualdad social, se funda en la des- 



igualdad dentro de la familia". ^^ 



Los feminismos latinoamericanos instan a una revolución en 
la vida cotidiana, que imponga un reto a los privilegios clasis- 



137 



tas y raciales, así como al sistema sexual y de género patriarcal. 
Uno de los temas cruciales para las feministas de América Lati- 
na ha sido su relación con la lucha general por la justicia social, 
en particular con los movimientos de mujeres^ organizaciones 
femeninas populares que se crean para cubrir las necesidades bá- 
sicas de la vida y que habitualmente no ponen la opresión de 
género en el centro de sus análisis. El diálogo con las activistas 
de estos movimientos es una rica fuente de ideas y retos que 
hacen que la definición de los feminismos latinoamericanos 
conserve su fluidez y se mantenga en constante revisión.'' 

Ninguna de las Abuelas se autocalificaba de feminista, 
aunque algunas de ellas, como Elsa Oesterheld, expresan su 
entusiasmo por la lucha por la igualdad de las mujeres: 

Yo estaba dejándome estar, hasta que encontré a estas 
mujeres activistas. [...] Me han dado una inyección de espe- 
ranza. Vuelvo a creer. [...] Me despertaron de nuevo, yo fui 
una nueva persona a partir de ahí. [. . .] Es algo increíble y la 
gente aún no se ha dado cuenta. [...] Yo querría vivir cin- 
cuenta años más porque eso va a ser. . . El mundo va a cam- 
biar irreversiblemente. [...] Es una eclosión de la mujer en 
este momento. [...] El siglo que viene es de la mujer. 

Elena Santander también expresó con claridad la energía 
positiva del movimiento de las mujeres, pero vio los peligros 
de convertirse en una activista: 

Me gusta cuando las mujeres defienden sus derechos, de- 
rechos de la mujer y del ser humano, derechos a una buena vi- 
vienda, a un sueldo digno, a una casa digna, educación para 
sus hijos. [...] Acá está la Unión ésa, uma, y yo he ido mu- 
chas veces. Es la Unión de Mujeres Argentinas, que han he- 
cho muchos viajes a Cuba por el Día de la Mujer. [...] Pero 
tengo miedo de que si las mujeres entran en la política pier- 
dan lo que tienen que tener, su familia, que creo que es lo 
más importante. De alguna manera tenes un mundo de uno 
mismo, que se pierde, que se pierde. [. . .] Yo lo he visto, acá, 
en esta casa, muchas de nosotras que ha tenido a lo mejor su 

138 



marido y no le ha dado la atención debida [. . .} porque esta- 
mos acá. [. . .] Yo perdí el compañero que tenía porque aban- 
doné todo, mi casa, todo, por esta cosa. 

Amelia Miranda reflexiona sobre su matrimonio y el rol de 
hombres y mujeres: 

Pienso que la mujer si trabaja tiene que tener el mismo 
derecho que el hombre. A igual trabajo, igual beneficio. [. . .] 
Y la mujer tiene que tener su licencia cuando tiene hijos, y 
esas cosas. Y si ellos tienen oportunidad, ¿por qué no noso- 
tras? Porque lo que no encuentro bien es que todas las mu- 
jeres tenemos que nacer para lavar platos y criar chicos, no. Si 
uno tiene inteligencia y le gusta otra cosa, que tenga una 
oportunidad también. [. . .] Y en el gobierno, ¿por qué no van 
a tener puestos en el gobierno? Si tuviéramos cargos, la 
mujer, no habría tantos problemas. [...] Yo no creo que eso 
sea feminismo, sino justicia. Yo me casé para siempre. [...] 
Me gusta la libertad de acción y que se escuche mi voz, que 
se me respete, pero feminista, decir: "no necesito hombre", no 
[. . .] porque ni somos todas perfectas nosotras ni son los hom- 
bres todos perfectos, todos tenemos contras y Dios nos hizo 
varón y mujer y creo que así debe ser la cosa. 

Berta Schubaroff coincide con Amelia: 

Las luchas de las mujeres son importantísimas [...] pero 
no quiero tampoco hacer pensar que somos mejores que los 
hombres, para nada. [...} Valemos tanto también como un 
hombre [. . .} pero sin un hombre nos falta algo muy impor- 
tante, que es el amor, la sexualidad, el compañerismo. [...] 
Para mí los hombres y las mujeres están juntos en este mun- 
do. [. . .] Sin embargo, fijáte, yo tengo una hermana que no se 
casó, tiene una gran profesión, porque ella es una de las 
mejores dentistas, es una persona que ha investigado y que ha 
descubierto cosas nuevas y está siempre en la búsqueda [. . .] 
gana bastante dinero, tiene una vida llena de amigos. [. . .] No 
es imprescindible que tenga hijos y que tenga el hogar, no. 



139 



a ella le gustó otra cosa, me parece bárbaro, me parece bárba- 
ro que se pueda elegir lo que uno quiere. 

Reina Waisberg expresa su reconocimiento por el trabajo 
de las mujeres activistas: 

Yo estoy muy de acuerdo con el movimiento de mujeres, 
me parece muy bien y pienso que la mujer tiene que hacerse 
valer a la par del hombre. [. . .} Me parece perfecto, la idea de 
legalizar el aborto, yo lo apoyo y estoy con mucha bronca cuan- 
do el clero se opone, me da mucha rabia, porque si mi madre 
hubiera tenido un tratamiento legal, yo creo que no se hubie- 
ra muerto. [. . .] Yo tenía 18 años cuando murió mi mamá, tuve 
que cuidar a mis hermanitas que eran muy chiquitas. 

Las Abuelas han llevado su mensaje a las conferencias nacio- 
nales e internacionales de mujeres, en las que buscaron (y reci- 
bieron) apoyo para su trabajo y solicitaron una condena de las 
leyes de amnistía y los indultos presidenciales otorgados a los 
integrantes de las juntas. En el viii Encuentro Nacional de 
Mujeres realizado en Tucumán en 1993, las Abuelas Amelia 
Miranda y Otilia Argañaraz hablaron de sus experiencias como 
mujeres y madres cuyos hijos y nietos fueron víctimas de la dic- 
tadura. Recordaron al público — unas seis mil mujeres de todo el 
país — los "miles de mujeres, nuestras hijas, que lucharon 
heroicamente por un país mejor" y dieron a luz y alimentaron la 
vida en los campos clandestinos de detención del régimen.'^ 

En América Latina, a fines del siglo xx, han surgido nue- 
vos movimientos sociales — movimientos que van más allá de 
las estructuras e instituciones políticas tradicionales — . La cre- 
ciente participación de las mujeres, en particular, ha modifi- 
cado claramente los modelos establecidos de movilización 
política.'^ La gente habla de una "nueva forma de política", 
una nueva concepción de lo político, una transformación de la 
arena pública. En la Argentina, la imagen de las Abuelas como 
custodias del ciclo de la vida se ha incorporado a esta concep- 
ción compartida con una fuerza sin precedentes, para conver- 
tirse en un elemento permanente del nuevo paisaje político. 



140 




Abuelas en actividad, examinan fotos de hijos y nietos 
desaparecidos (fotografía de Estelle Disch). 



141 




Marta Isabel Chorobik de Mariani 
{fotografía de Estelle Disch). 




E/sa Pavón de Aguilar. 



142 





Otilia Lescano de Argañaraz. Emma Spione de Baamonde. 



143 



1996 











Delta Giovanola de Califano con las fotografías 
de su hijo y su nuera, ambos desaparecidos. 




Estela Barnes de Carlotto con la fotografía de su hija, 
secuestrada y asesinada. 



144 




Raquel Radío de Martzcurrena. 



Amelia Herrera de Miranda. 



145 




N él ida Gómez de Navajas. 



Elsa Sánchez de Oesterheld. 



146 




Argentina Rojo de Pérez con su nieta 
Mariana Pérez (hermana de un niño 
nacido en cautiverio). 



Rosa Tarlovsky de Roisinhlit. 



147 




Antonia Acuña de Segarra. 



Reina Esses de Waisberg. 



148 




Alba hanztllotto. 



Nya Quesada. 



149 



ntidad 



Gardelitos 
Rocanrol 




Elena Santander (la siguiente 
fotografía muestra a su nieta 
recuperada). 



María Victoria Moyano (nacida en 
cautiverio, hallada cuando tenía diez 
años). 



150 




Berta Schubaroff. 



Sonia Torres. 



151 




Tatiana Sfiligoy (secuestrada cuando tenía 
cuatro años y hallada a los ocho). 




Tanta Waisherg {hermana de un niño 
nacido en cautiverio). 



152 



BUSCAMOS DOS GENERACIÓN 





y '**** • LOS RESPONSABLES Oí f.STE HORROII DEBEN SE' JUZGADOS ^ CONOENAOO* 

RECHAZAMOS LA LEY 23521 DE 3BEDIEriCIA DEBIDA'' 

ASUELAS DE HAZA OE MAYO 
id * IÍMrt*irf*w>49»T 8 -lOIS-CaNIMtaiFa^Arot ll«tHJbtic« ArtHMrtilM (TE 4t««70«) 



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Afiche de la colección de las Abuelas. 



¡ños Desaparecidos 




Afiche premiado de Jorge Proz (de la colección de las Abuelas). La mar- 
garita representa a la familia, con un pétalo que falta. 



153 




"Embarazada" , afiche en una calle de Buenos Aires {de la colección de 
las Abuelas). 







Afiche de la colección de las Abuelas. 



154 





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Dos escenas de las Abuelas en manifestación (colección de las Abuelas 
de Plaza de Mayo). 



155 




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156 




Cartelera en la oficina de las Abuelas: ''Niños localizados". 



157 




Pañuelo de las Abuelas, con el logo de la asociación: 
''Identidad - Familia - Libertad" (fotografía de 
Estelle Disch). 



158 



Capítulo 4 
La localización de los niños 

Te quiero tocar y besar. Vos sos la hermana de mi 
mamá y le llevas un año, nada más; tenes que tener 
algo de mi mama. 
Una niña recuperada, tras haber sido devuelta a su familia 

Las Abuelas usaron un método simple para obtener informa- 
ción sobre sus nietos desaparecidos: apelaron a la conciencia y el 
sentido ético del público en general para que las ayudara en su 
tarea. En abril de 1982, por primera vez en la Argentina, apa- 
reció en uno de los principales diarios de Buenos Aires una lis- 
ta con los nombres de los niños, publicada por clamor, la 
organización brasileña de derechos humanos que apoyaba el tra- 
bajo de las Abuelas desde 1979 (véase capítulo 2). La publicación 
de esa lista, cuyos firmantes solicitaban que se les aportara infor- 
mación sobre los niños, tenía un objetivo secundario: mostrar a los 
militares argentinos que las Abuelas contaban con el respaldo de 
una de las instituciones más respetadas del continente, la 
arquidiócesis de San Pablo, Brasil.^ Cientos de personas llamaron 
a la oficina de las Abuelas para ofrecer información y sugerencias. 

En algunos casos, la "doctrina establecida" consistente en 
separar a los niños de sus familias (véase el capítulo 2) fue 
demasiado, incluso para los represores. Un sobreviviente de los 
campos informó que un integrante de las fuerzas armadas, tras 
secuestrar a una pareja joven, desobedeció las órdenes y dejó a 
su pequeño hijo con el portero del edificio en que vivían.- Elsa 
Oesterheld, una Abuela de Plaza de Mayo cuyo marido era un 
conocido escritor, confirmó las "excepciones" producidas: 



159 



El oficial fue a hacer un operativo a la casa de mi hija. Ella 
no estaba pero agarraron al nene, Martín, que tenía tres años 
y medio. [...] La orden era entregarlos nn a los chiquitos, 
pero este hombre admiraba a mi marido y se lo llevó a la 
comisaría donde estaba preso mi marido. [...] Mi marido le 
dio la dirección de mis padres y le dijo: "Lléveselo a mi señora 
que lo va a cuidar". [...} Entonces él apareció de noche en 
casa. [...] Fue así que me entregó a Martín.^ 

En 1983, con la vuelta a la democracia, las Abuelas lanzaron 
una campaña para recoger el apoyo del pueblo argentino. Em- 
papelaron la ciudad con carteles y distribuyeron miles de volan- 
tes con las fotos de los niños. Avisos de radio y televisión 
destacaban la búsqueda de los menores desaparecidos, en tanto 
los diarios y las revistas corrían de historia en historia. Hacia 
1999, la Asociación de Abuelas había recibido más de ocho mil 
datos e informaciones anónimas: se había identificado a 66 ni- 
ños, de los cuales 37 se habían reunido con sus familias bioló- 
gicas, 14 permanecían con sus padres adoptivos, 9 fueron 
encontrados asesinados y 6 casos estaban en los tribunales. Re- 
cientemente, en 2000, se han identificado 2 jóvenes más. 



Restitución 

La identificación de los niños es el primer paso en el labo- 
rioso proceso de reunirlos con sus familias. Las Abuelas ven 
esta reunión como un acto de verdad, una "vuelta a la vida" 
que devolverá a sus nietos su debida identidad, lo que les 
permitirá crecer sin secretos ni mentiras. A menudo comparan 
la situación de los niños que viven con identidades falsas con 
la esclavitud. Aunque la Argentina la abolió en 1813, las 
Abuelas señalan que hay cientos de niños argentinos que ac- 
tualmente viven con personas que los separaron de sus fami- 
lias legítimas y les ocultan sus orígenes y su historia. 

Las Abuelas emplean el término "restitución" para descri- 
bir el proceso de reunión de los niños con sus familias de ori- 
gen. La restitución no es simplemente un acto por el cual un 

i6o 



niño se encuentra con su familia. Es un proceso complejo que 
exige atención en todos los niveles: individual, familiar y so- 
cial. Estela de Carlotto recuerda que lloró cuando se produjo 
la primera restitución, la de Paula Logares. Durante su infan- 
cia, Estela había estado temporalmente separada de su madre 
y recordaba la angustia que había sentido. Comprendió la re- 
acción negativa inicial de Paula. Pero luego: 

Me di cuenta de que yo estaba haciendo un razonamiento 
equivocado, porque mi mamá era mi mamá, en cambio a 
Paula la estaban separando de los ladrones y de la mentira, del 
©cuitamiento, de la falsedad. Cosa que después demostró, con 
el correr de los años, efectivamente, que no deja un trauma de 
separación, de quienes han sido los victimarios de estos chi- 
cos, pero en ese momento yo decía como el común de la gen- 
te, "pobrecito", porque los separamos y les estamos haciendo 
daño."' 

A principios de la década del ochenta se sabía muy poco 
sobre la dinámica de la restitución y sus posibles efectos sobre 
los niños. Habla a favor de las Abuelas el hecho de que siem- 
pre insistieron en que había que ser extremadamente caute- 
loso cuando se tomaban decisiones que afectaban el marco de 
vida de los niños hallados. Consecuentemente, trabajaron con 
psicólogos, médicos y abogados para crear un equipo inter- 
disciplinario que les permitiera manejar ese complejo y 
multifacético proceso. El trabajo con esos profesionales las 
ayudó a establecer las mejores condiciones posibles para el 
desarrollo psicosocial saludable de los menores localizados.^ 

Las Abuelas recalcan que estos niños no fueron abandona- 
dos: sufrieron una apropiación ilegal y llevan en su psique los 
traumas de su secuestro y la tortura de sus madres. Las Abue- 
las creen que, para superar esos traumas, los niños necesitan 
volver a sus "nidos ecológicos", para poder crecer con el amor 
y la seguridad que les brindan sus familias legítimas. Sin 
embargo, también creen que cuando fueron adoptados de 
buena fe por familias no involucradas en la represión, es posi- 
ble dar forma a una familia extensa que beneficiará a todas las 

i6i 



personas en cuestión. La Abuela Reina Esses de Waisberg 
explica sus puntos de vista sobre el proceso de la restitución: 

Yo pienso que si encuentro a mi nieto o nieta, si lo tiene 
un matrimonio normal que tuvo la adopción plena sin saber 
que era hijo de desaparecidos [. . .] que es un matrimonio real- 
mente papá y mamá y lo han criado bien, voy a pedir que se 
quede con ellos, pero que nos visitemos, que sepa que tiene 
una hermana, que sepa que tiene una familia biológica y que 
mamá y papá no quisieron tirarlo a la basura. [. . .] Pero si está 
con un matrimonio del Proceso, yo voy a pelear hasta las 
últimas consecuencias para sacárselo y que venga a vivir con- 
migo/' 

Su nieta, Tania, tenía 15 meses cuando sus padres fueron 
secuestrados; la madre estaba en su segundo mes de embara- 
zo. La niña quedó en la calle con un papel con el nombre y el 
número de teléfono de Reina. Tania, que hoy tiene veinte 
años, cree que 

La restitución es dura, pero es un proceso necesario. [...} 
Si vos mentís en una cosa tan esencial, no se puede creer en 
nada. [. . .] Siempre le pedía a Reina que fuera a lo de Abue- 
las, cuando murió mi otra abuela yo necesitaba alguien que 
fuera [. . .] yo quería que estuviera alguien. [. . .] Si aparece mi 
hermano [. . .] sería difícil, tendría que contarle muchas cosas 
sobre gente que ya no está [. . .] y tonterías. [. . .] Me fijaría si 
tiene los dedos pegados como yo, los dedos del pie, siameses.' 

Han surgido muchas concepciones erróneas sobre el signi- 
ficado del proceso. Chicha Mariani explica: 

Hay un error de concepto en la gente que cree que estamos 
tratando de conseguir chicos para traerlos a casa y para ganar 
no sé qué. [. . .] No es así. Siempre hemos estado pensando en 
la restitución de lo suyo, no tanto en la restitución de la cria- 
tura a nosotros, sino de lo suyo a ella. [. . .] Cada caso es dis- 
tinto, porque cada niño está en un hogar distinto. [. . .] Hubo 

162 



niños restituidos por nosotras, sin injerencia de la justicia. 
Hacíamos las cosas a nuestra manera, al estilo casero, y salie- 
ron bien. Hablábamos con las familias para que se arreglaran 
entre ellos, que hicieran lo mejor para la criatura. Otras ve- 
ces tomó parte la justicia, pero en forma muy simple. [. . .} Si 
la familia no estaba implicada en la represión, lo mejor era 
acercarse y tratar de hacer un arreglo entre las familias.^ 

El caso de Támara Arze es un ejemplo de "arreglo entre 
familias". En 1975, la niña, de dos años, quedó en poder de 
unos vecinos luego de que su madre, Rosa Mery Riveros, fue- 
ra secuestrada por la policía. Aunque Rosa Mery preguntó mu- 
chas veces por el destino de su hija, se le negó toda 
información. En 1981 fue liberada y se exilió en Suiza. Desde 
allí, se puso en contacto con las Abuelas y les pidió que bus- 
caran a su hija. Como resultado de su investigación, las Abue- 
las encontraron a la niña en 1983. La familia que se hizo cargo 
de Támara le había contado, cuando tenía seis años, que no era 
su hija. Cuando las Abuelas la abordaron, la familia estuvo de 
acuerdo, con tristeza y luego de extensas discusiones, en que 
si la madre estaba viva, Támara debía estar con ella. Rosa Mery 
le envió un cásete en el que le contaba lo sucedido y le expli- 
caba que no la había abandonado, sino que las habían separa- 
do a la fuerza, y que había tratado de encontrarla. Tras una 
larga conversación telefónica, Támara, por entonces de nueve 
años, dijo que quería vivir con su madre. Las Abuelas la lleva- 
ron a Lima, Perú, donde se reunió con Rosa Mery. Chicha 
Mariani recuerda: 

Fui testigo del encuentro entre Támara y su madre y de los 
primeros días de Támara en su nueva situación. [...] Recién 
ahí empezamos a ratificar que la restitución de los niños no 
era solamente un acto de justicia. Lo más importante era lo 
que habíamos podido devolverle a Támara y no a su madre. 
[...] La mamá de Támara nos contó que la primera noche 
bañó a la niña y después de jugar un rato la acostó. Cuando 
Támara se durmió, y mientras ella le acariciaba el pelo, sin- 
tió un olor extraño pero que le parecía conocido. Tardó un 

163 



cuarto de hora en descubrir, azorada, que era el mismo aro- 
ma que despiden los recién nacidos después de tomar la leche 
de sus madres/^ 

La niña entendió claramente la complejidad de su situación 
y comentó: "Lo que pasa es que tengo dos familias, la mía y la 
que me crió".'^^ Esta última le entregó un gran ramo de flores 
para Rosa Mery, como señal de su deseo de establecer una 
vinculación de peso con ella. Si bien vive en Europa, Támara 
todavía se las ingenia para visitar a su familia en la Argentina 
y mantenerse en contacto con ella. 

En un esfuerzo por hacer que la sociedad argentina enten- 
diera el proceso, las Abuelas organizaron sesiones públicas de 
educación. En una conferencia de 1988 sobre los niños desapa- 
recidos y la restitución, encararon a sus opositores. Con lo que 
parece ser únicamente la mejor de las intenciones, algunos 
críticos promueven una política de "no intervención" que deje 
a los niños donde están — "para que no sufran" — , que en sus- 
tancia transforma a las víctimas en victimarios. Afirman que 
si los niños parecen felices y bien adaptados, el hecho de apar- 
tarlos de sus familias adoptivas equivale a un "segundo trau- 
ma".^ ^ Esta visión facilista y reduccionista preocupa mucho a 
las Abuelas, porque ignora el sufrimiento infligido por los se- 
cuestros y no censura a los apropiadores. Y este punto de vis- 
ta se equivoca, sobre todo, al concentrarse únicamente en el 
momento actual de los niños, como si la historia no hubiera 
sucedido: como si su situación no hubiese empezado con un 
crimen que tiene graves implicaciones para su futuro y sus 
derechos.'^ 

El concepto de "trauma psicosocial" elaborado por Ignacio 
Martín-Baró puede ayudarnos a entender el proceso de resti- 
tución. El creía que cuando una agresión que afecta a personas 
se ha producido, alimentado y mantenido mediante un con- 
junto determinado de relaciones sociales, las soluciones indi- 
viduales no son eficaces. Hay que tomar en cuenta el contexto 
social responsable de la agresión. Para curar el trauma, es 
necesario un nuevo "contrato social" que incorpore a la ecua- 
ción los factores individuales y sociopolíticos.'' En el caso de 

164 



los niños desaparecidos, su pérdida de identidad representa un 
trauma que afecta no sólo su vida sino también su relación con 
la sociedad. Para restablecer esa relación, es preciso que se 
expongan las distorsiones sociales producidas. La restitución 
pone en primer plano la dimensión social del trauma, ya que 
proporciona un contexto más amplio a cada historia indivi- 
dual. Si se pretende que los niños construyan para sí mismos 
un futuro significativo como individuos y miembros de la 
sociedad, la verdad y la justicia deben formar parte del cuadro. 



Obstáculos a la restitución 

Cuando se localiza a un niño, las Abuelas comienzan con 
negociaciones entre las dos familias; pero si las discusiones 
llegan a un callejón sin salida, debe intervenir el poder judi- 
cial. Es necesaria una prueba legal de la identidad de los niños 
para zanjar el desacuerdo y decidir su futuro. Muchos de los 
actuales jueces de la Argentina fueron designados durante la 
represión y, según la experiencia de las Abuelas, contadas 
veces actuaron con justicia y profesionalidad. Con pocas excep- 
ciones, los procesos se dilatan y con frecuencia se empantanan 
en minucias, lo que origina prolongadas demoras antes de lle- 
gar a algún tipo de resolución. 

A menudo los jueces se declararon incompetentes en esos 
casos o adoptaron una actitud pasiva. La actitud general del 
poder judicial puede deducirse de un memorándum interno 
que se filtró a la prensa, en el que el doctor Augusto César 
Belluscio, uno de los integrantes de la Corte Suprema de la 
Argentina, criticó la restitución de una niña a su familia de 
origen y consideró el proceso un "lavado de cerebro digno de 
un establecimiento psiquiátrico moscovita". Belluscio tam- 
bién afirmaba que la relación de la niña con la familia adoptiva 
era más importante que su filiación biológica.'^ 

En varios casos, las demoras judiciales permitieron que los 
secuestradores pasaran a la clandestinidad o huyeran a otros 
países con los niños. Carla Rutila Artes y su madre, Graciela, 
estuvieron detenidas en un campo clandestino en 1976. Mien- 

165 



tras la madre aún está desaparecida, en 1983 las Abuelas pu- 
dieron localizar a la niña: vivía con una identidad falsa con 
Eduardo Alfredo Ruffo, un miembro de la siniestra side y uno 
de los torturadores más sádicos del campo de detención don- 
de ambas habían sido prisioneras. Cuando Ruffo advirtió que 
lo habían encontrado, utilizó sus conexiones policiales para 
pasar a la clandestinidad junto con su esposa y Carla. Cientos 
de carteles con sus fotografías, pegados en las calles de Buenos 
Aires, convocaron a los ciudadanos a colaborar en la búsque- 
da. Cuando Ruffo fue finalmente detenido, se comprobó que 
llevaba un pasaporte falso que le habría permitido sacar a Carla 
del país. La historia terminó con la restitución de la niña a su 
abuela.'^ 

En una reunión realizada en febrero de 1986 con el presi- 
dente Alfonsín, las Abuelas le formularon una serie de deman- 
das que abordaban el tema de las demoras y los obstáculos con 
que se topaban en su trabajo legal y las consecuencias que 
acarreaban para el bienestar mental y físico de los niños. '^' Un 
caso particularmente dilatado que alcanzó notoriedad interna- 
cional fue el de Ximena Vicario. Bajo el titular de "Disputa 
por una adopción en la Argentina", en un diario norteameri- 
cano apareció una foto calculadamente sensacionalista de la 
niña llorando en brazos de su madre adoptiva, Susana 
Siciliano. ^^ El texto que acompañaba la fotografía simplifica- 
ba groseramente los hechos. Ximena, a quien habían secues- 
trado junto con su madre cuando tenía nueve meses, fue 
dejada ulteriormente en un orfanato, con un rótulo que re- 
zaba "Mi nombre es Ximena Vicario y soy hija de guerrille- 
ros". Las Abuelas la localizaron en 1983. Siciliano, que 
trabajaba en la institución donde la habían dejado, la había 
adoptado ilegalmente. La abuela de Ximena le propuso lle- 
gar a un acuerdo por el cual ambas intervinieran en la crian- 
za de la niña, pero la mujer lo rechazó. En 1987, cuatro años 
después de su localización, las pruebas genéticas establecieron 
los orígenes de la niña y los jueces dispusieron que fuera de- 
vuelta a su familia. Susana Siciliano fue acusada de ocultar su 
verdadera identidad y aportar informaciones falsas en el trámi- 
te de adopción. 

i66 



Durante los siguientes nueve meses, Ximena vivió con su 
abuela materna y restableció la conexión con su familia. Sin 
embargo, la madre "adoptiva", con el apoyo de miembros 
influyentes de la prensa, lanzó una campaña mediática para 
recuperarla y apeló a la Corte Suprema. En 1989, ésta emitió 
un fallo basado en una anticuada ley por la cual los abuelos u 
otros parientes no podían ser tenidos por partes en una dispu- 
ta concerniente a la guarda de un menor. El abogado designa- 
do para representar a la niña — el doctor Carlos Tavares, que 
había sido el abogado defensor del general Videla en el juicio 
a los ex comandantes — recomendó que volviera con Siciliano, 
pero los deseos expresos de Ximena y el comportamiento 
ejemplar de su familia llevaron a los jueces a decidir que per- 
maneciera con su abuela. No obstante, se otorgó a Siciliano el 
derecho a una visita semanal bajo vigilancia policial; durante 
esas visitas, la mujer denigraba constantemente a los padres de 
Ximena. La niña, que por entonces tenía 14 años, escribió al 
juez a cargo del caso enumerando 12 razones por las cuales no 
quería volver a verla. Entre ellas, mencionaba que le había 
mentido con respecto a sus orígenes y había intentado más de 
una vez sacarla del país. El caso llegó a un punto muerto. Al 
no tener ya otro recurso, las Abuelas lo llevaron a la Comisión 
de Derechos Humanos de la onu, para advertir a la comuni- 
dad internacional que se estaban violando los derechos de la 
niña y su familia. Recién en 1991, ocho años después de que 
las Abuelas hubieran localizado a la niña, un juez anuló final- 
mente la adopción e hizo posible que Ximena recuperara su 
historia, su identidad y su verdadero nombre. ^^ 

Los NIÑOS 

"Ya no oculto lo que pasó'' 

En octubre de 1977, Tatiana Ruarte Britos, de cuatro años, 
y su hermana Laura Malena Jotar Britos, de tres meses, fueron 
secuestradas junto con su madre, Mirta Graciela Britos y con 
el padre de Laura Malena, Alberto Javier Jotar. La policía lo 
negó y sostuvo en cambio que habían encontrado a las niñas 

167 



abandonadas en la calle. Aun cuando Tatiana sabía su nombre 
completo y el de su hermana, las separaron, las enviaron a dos 
orfanatos diferentes y las registraron como nn. No se hizo 
esfuerzo alguno por hallar a su familia. Seis meses después, un 
juez otorgó la guarda provisoria de la niña menor a una pareja 
casada y sin hijos, Inés y Carlos Sfiligoy. Cuando éstos se en- 
teraron de que la niña tenía una hermana, solicitaron y obtu- 
vieron también su guarda, ya que consideraban inhumano que 
permanecieran separadas. 

Pero la familia Sfiligoy pronto empezó a sospechar la verda- 
dera naturaleza de la adopción. Tatiana había mencionado que 
su madre, entre sollozos y con la cabeza cubierta por una capu- 
cha, había sido llevada por un grupo de "hombres malos". La 
familia se puso en contacto con el juez para averiguar los oríge- 
nes de las niñas, pero el magistrado desestimó sus preocupacio- 
nes. En 1980, las Abuelas, que habían investigado el caso, 
convencieron al juez de que concertara un encuentro entre una 
de las abuelas y las niñas. Tatiana Sfiligoy recuerda la reunión: 

Yo tenía siete años. La reconocí, pero hice como si no la 
reconociera [. . .] la abuela se espantó, porque cómo puede ser, 
si estuvo viviendo conmigo, es verdad, yo estuve viviendo con 
ella, pero cuando me preguntaron, yo dije que no. [. . .] A la 
otra abuela también le dije que no. [...] Yo no haría eso si 
estuviera en esa situación ahora, no lo haría, se habrá sentido 
remal, pobre. [. . .] Pero yo no quería ser sacada otra vez de ese 
lugar. Una cosa así. . . O sea, estaba bien con mi mamá y mi 
papá y de repente. . . otra vez. . . ¡no! Una cosa así, yo pienso. . . 

Cuando tenía 1 1 años, pensé: y si aparecen mis papas, ¿qué 
hago? Y bueno, se me ocurrió, si voy a tener cuatro padres, 
viviría con los cuatro. ^'^ 

En este caso, los padres adoptivos fueron excepcionalmen- 
te solícitos. Les habían contado a las niñas que eran adoptadas 
y, preocupados por su bienestar, querían que conocieran su 
historia. Cuando encontraron a su familia, la actitud abierta y 
amistosa de los Sfiligoy desactivó una situación potencialmen- 
te explosiva. Abrieron su casa a la familia biológica. Las niñas 



i68 



visitaban a sus tres abuelas (eran hijas de distinto padre) y co- 
nocieron a sus primos, tías y tíos. Se enteraron del secuestro y 
de la desaparición de sus padres. Las tres abuelas estuvieron de 
acuerdo en dejar que permanecieran con sus padres adoptivos 
y de tal modo se creó una cálida familia extensa. La familia 
adoptiva mostró una notable sabiduría. Cuando Tatiana estaba 
en séptimo grado y su maestra le dijo a Inés Sfiligoy que su hija 
nunca debía contar en la escuela lo que le había pasado, la reac- 
ción de Inés fue cambiarla de inmediato de establecimiento. 
Vivir con un secreto habría sido una carga para Tatiana: 

Ya no oculto lo que pasó. Cuando era más chica, sí. Estela 
Carlotto fue un día a la escuela, dio una charla informativa, 
me habían consultado antes y yo dije que estaba bien. [...] 
Así salió el tema. [...] En cierta manera, me ayudaban a 
desatar todo el nudo que tenía que no sabía cómo decirlo. 
Porque viste, cuando más ocultas algo, más feo es después 
contarlo, cuanto más tiempo pasa. [. . .] Bueno, me ayudó eso 
y después Estela dijo: "Acá, Tatiana". Y entonces yo ahí 
empecé a hablar y a contar delante de todos. Fue algo así muy 
teatral, pero para mí fue lo mejor. 

Creo que lo que elegí es duro, el no negar de dónde soy, 
pero creo que tiene que ser así. [...] Decir lo que yo pienso 
aun frente a actitudes desubicadas de los otros. [...] La ver- 
dad es dura, pero es mejor que la mentira. 

Tatiana empezó a trabajar con las Abuelas, reuniendo datos 
sobre las familias de los niños desaparecidos y registrándolos 
en el Banco Nacional de Datos Genéticos: "Las Abuelas nece- 
sitan ayuda y quiero trabajar con ellas porque lo que hacen es 
muy importante y es parte de mi vida". Lamentablemente, la 
historia de Tatiana y Laura Malena no es típica. Sus padres 
adoptivos no formaron parte del régimen represivo responsa- 
ble de las desapariciones: las adoptaron de buena fe y se pre- 
ocuparon profundamente por su salud psíquica. Los Sfiligoy 
creen en el derecho de las niñas a conocer sus orígenes e inclu- 
sive trataron de inculcarles respeto por sus padres desapareci- 
dos, que habían mostrado un compromiso tan grande con sus 

169 



creencias. Por desdicha, la mayoría de los niños identificados 
desde entonces han estado en manos de personas que tuvieron 
un papel activo en la represión y que se negaron a dejarles co- 
nocer su historia y su identidad. 



''Tenía el pelo de mi hijo y caminaba como él, como en el aire'' 

El hijo de Elena Santander, Alfredo Moyano, y su esposa 
uruguaya, María Asunción Artigas, fueron secuestrados en su 
casa de Buenos Aires en diciembre de 1977. María Asunción 
tenía un embarazo de dos meses. Elena recuerda: 

Mi hijo no me llamó por dos o tres días, yo estaba muy 
inquieta. [. . .] No supe nada por años. [. . .] Un día las Abue- 
las, en un viaje de ésos, encontraron a unas personas en Ca- 
nadá que habían estado con ellos y habían sido liberados y 
ellos mismos me mandaron el cásete con todos los pormeno- 
res, hasta el momento en que nació mi nieta y cómo se llama- 
ba, y cuánto pesaba. [. . .} Y en 1987 tuvimos la denuncia de 
una nena que fue la mía. La maestra del colegio donde la nena 
iba encontraba cosas raras en la nena, que era una nena adop- 
tada, que era muy sólita, que estaba muy sola. [. . .] El equi- 
po de investigación investigó todo, fueron a ver. [. . .} Sacaron 
sangre y dio la pauta que la nena era. [...] El que figuraba 
como padre era pariente del jefe del Pozo, la cárcel clandes- 
tina. El la había anotado como hija propia, de ellos. [...] El 
hombre había muerto ya, la señora siempre molestó y dijo 
que era su hija, hasta que se comprobó que no. [. . .] Después 
confesó. [...] 

Fuimos al juzgado en Morón, estábamos toda la familia 
ahí. Nos dijeron que subiéramos arriba, al primer piso, que 
la miráramos de ahí [. . .] para no asustarla. Yo le vi el pelo y 
dije: ''Ésta es mi nieta", tenía el pelo de mi hijo y caminaba 
como él, como en el aire. [...] La recuperé el 31 de diciem- 
bre, diez años después de la desaparición. [...] El juez nos 
presentó, le dijo: "Esta es tu abuela, la mamá de tu papá, y 
ésta es la mamá de tu mamá. Son tus abuelas". La nena. 



170 



pobrecita, a mí me daba una pena [. . .} porque no sabía qué 
hacer. Nos dio un beso y todo. [...] Yo la acariciaba, nada 
más. [...} 

Los primeros días lloraba, no quería comer, lloró, pateó, 
qué sé yo. [. . .] Me decía que quería verla [a la "madre"} y yo 
un día le dije: "Mira, vos tenes que decirle eso al juez, él te 
va a aconsejar". El juez prohibió terminantemente que la vea. 
[...] Claro, ella en medio de todo le tenía afecto. [...} Pero 
cuando después ella se enteró de toda la verdad, no quiso 
verla más. [...] Le habían dicho que su mamá había muerto 
cuando ella nació y que el padre la había abandonado. 

María Victoria se quedó conmigo tres meses. [. . .] Después 
la abuela por parte de su mamá quería tenerla y yo pensé que 
era lo más correcto, era la madre de su madre. [. . .] Ahora la 
nena vive en el Uruguay. Yo la veo. Voy cada tres meses en 
la medida que puedo. [...] 

Mucha gente me ha dicho: "Si ya encontraste, ¿por qué 
seguís?" Y sí, yo sigo porque lo siento así. Y sigo porque me 
parece que estoy ayudando. Estoy ayudando a que otras pue- 
dan recuperar su familia, su historia [...] otros chicos, ¿no? 
¿Por qué iba a dejar yo de venir si puedo dar mi ayuda? [. . .} 
Lamentablemente, hay gente que se va retirando, por enfer- 
medad o por diversos motivos. [...} Se han muerto muchas 
Abuelas, pero por lo menos seguimos. [. . .] Espero que poda- 
mos seguir hasta que vengan más chicos. [. . .] Yo seguiré, yo 
me siento bien acá.-^^ 



'^La nena era demasiado linda, no la busque, no la va a encontrar" 

Eso le dijo su cuñado, un policía, a Elsa Pavón de Aguilar, 
cuando ésta buscaba a su nieta Paula Eva Logares Grinspon. Su 
hija, su yerno y su nieta de 23 meses fueron secuestrados en 
Uruguay en mayo de 1978. Dice Elsa: 

Unos compañeros que vivían con los chicos, vivían dos 
parejas juntas, llaman al padre de mi yerno para informarle 
que los chicos habían desaparecido. [. . .] Yo no sabía nada de 



171 



desaparecidos, yo presumía que los podían matar, que los 
podían tener, pero no desaparecer, ni la mínima idea. [. . .] Me 
fui a buscar a los tres, pero cuando buscaba a los tres a veces 
cuando yo hablaba de los adultos, hasta los curas me insulta- 
ban, pero con la nena, no, me escuchaban.-' 

La estrategia de Elsa cambió. Con la idea de que si podía 
encontrar información sobre la niña tal vez podría desenredar 
la trama que la condujera a los padres, empezó a buscar a su 
nieta. En una de sus visitas a un tribunal de menores, cinco 
meses después de las desapariciones, conoció a cuatro Abuelas 
que estaban dedicadas a una tarea similar. Poco después se 
incorporó a la organización. Elsa dejó su puesto de técnica de 
laboratorio para entregarse por entero a la búsqueda de su 
nieta: 

Mi cuñado me dice: "La nena era demasiado linda, no la 
busque, no la va a encontrar" [. . .] Mi marido me dice: "Bas- 
ta, se terminó. Hasta acá llegamos. Te quedas en casa, no 
puede ser, que estás destruida". [. . .] Bueno, yo me enfermo, 
estoy 15 días en la cama con mucha temperatura, me tuvie- 
ron que dar antibióticos. Un día me siento en la cama y 
dije: la gran puta, si yo me muero, los chicos se pierden para 
siempre, ¿quién los va a buscar? Sabes que ahí se me cortó la 
fiebre. 

En 1980, CLAMOR entregó a las Abuelas fotografías e infor- 
mación sobre el paradero de una niña que se parecía a Paula. 
Chicha Mariani quedó inmediatamente convencida de que se 
trataba en efecto de Paula. Cuando empezaron a seguir las 
pistas, decidieron no perder de vista a la niña y a la familia 
sospechosa, hasta que ésta, inesperadamente, se mudó sin de- 
jar huellas. Tres años después, gracias a los carteles con fotos 
de los niños que cubrían las paredes de Buenos Aires, surgió 
otro indicio. Un hombre que quería vengarse del secuestrador 
reveló la identidad de la familia con la que Paula vivía. Las 
Abuelas reiniciaron su investigación. Vuelve a hablar Elsa: 



172 



Yo iba al colegio para verla salir, hice un trabajo enorme 
con los vecinos, iba a comprar la verdura en el barrio. [. . .} Me 
paraba a un lado, la miraba y no me animaba a hablarle. La 
llevé a mi cuñada para ver qué te parece, ella se quedó asom- 
brada, y gritó, sí que es Paula. Mi cuñada le preguntó el nom- 
bre, y lo dijo. Llevé a mi marido, ¿te animas a ver a la nena? 
Sí, sí, voy. Fue, y cuando vino dijo: "No sabes cómo me mi- 
raba, es, es la nena". 

Las Abuelas comprobaron que el presunto padre, Rubén 
Lavallén, que había sido el jefe de policía de la unidad donde 
Paula y sus padres estuvieron detenidos, la había anotado poco 
después del secuestro como nacida en octubre de 1977. Esto 
hacía que legalmente tuviera casi un año y medio menos que 
en la realidad (nació en junio de 1976). Otro intento de hacer 
que Paula desapareciera una segunda vez fue desbaratado por 
la suerte, como lo explica Elsa: 

Una de las abogadas nuestras tenía una amiga que hacía 
mucho tiempo que no la visitaba y se la encuentra en la ca- 
lle. La invita, vení. Va, y estaba en la misma casa de Paula, 
el mismo edificio, otro piso. La amiga tenía una hija que 
estaba muy triste, porque vino la nena de la planta baja a 
despedirse porque se va al Uruguay. La nena era Paula. Hi- 
cimos unas consultas, nos pusimos en acción, para que no la 
saquen del país, y no la sacaron. 

El método utilizado para convencer a la justicia de la iden- 
tidad de Paula fue largo y complicado. Había una considera- 
ble discrepancia entre su edad de acuerdo con las radiografías 
óseas y la que informaba su abuela. Los datos radiográficos 
indicaban que tenía aproximadamente seis años, pero su abue- 
la sostenía que tenía siete y medio. Cuando en 1984 fue posi- 
ble realizar análisis genéticos, éstos determinaron, con una 
probabilidad del 99,95 por ciento, que Paula era nieta de Elsa. 
Sin embargo, el juez a cargo del caso rechazó la demanda. 
Elsa apeló ante un tribunal superior. Concurrió a la corte 
acompañada por su marido y su hijo, cuyas presencias fueron 



173 



de importancia crucial en un poder judicial penetrado por el 
sexismo: "Ahí se decidió entregarme la nena. Yo ya no era una 
loca de Plaza de Mayo, en ese momento yo estaba acompañada 
por mi marido y mi hijo. Mi hijo es un oso grandote, tiene una 
cara de buenazo que no se puede creer, y mi marido era un tipo 
que tenía una presencia, un hombre serio, equilibrado, dulce, 
cariñoso. No estaba sola, estaba con dos hombres. Yo sola, no". 
En diciembre de 1984, Elsa se encontró por fin formalmente 
con su nieta en el juzgado. Paula tuvo una turbulenta reacción: 

La nena arma un gran escándalo. Que yo le quería romper 
la familia. Yo la miraba y no decía nada. El juez dijo que yo 
era la mamá de la mamá, ella dijo que no, que ella conocía 
otra. El juez dijo que no. Sí, pero ella me crió, dice la nena. 
Pero no, nadie se lo pidió. [. . .] Mira, acá hay fotos de tu papá 
y tu mamá, a ver si los reconoces. La nena las tiró, diciendo 
"son demasiado nuevas". De repente mira ésta y dice "ésta es 
bastante parecida a una que hay en mi casa". Gritando que 
esto, que otro, que no iba conmigo, que la habían criado. Yo 
le dije, "yo te estoy buscando hace un montón de tiempo". 
Hasta que dijo, "bueno, está bien", venía si le comprábamos 
el Billiken todos los lunes. [...} Gritando, por horas, en una 
de ésas le digo, "<;vos sabes cómo llamabas a tu papá? ¿No? 
Se llamaba Claudio, y vos le decías Calió", y se me quedó mi- 
rando y empezó a decir "Calió". Lo dijo dos, tres veces, a la 
tercera vez lo dice con la misma vocecita que tenía cuando era 
chica, se larga a llorar y se duerme. Luego se despertó bien, 
me tomó de la manita y se vino a casa. 

En la casa de Elsa, Paula fue de inmediato al cuarto que 
usaba de chica, y empezó a buscar sus viejos juguetes. Sabía 
dónde estaba el baño y parecía completamente a sus anchas en 
el entorno. Ocho meses después, las radiografías de los huesos 
demostraron que su desarrollo era normal para su edad. Los 
médicos que habían atendido su caso señalaron que eso ocurría 
con frecuencia entre niños pequeños que habían sido separados 
de sus madres. El trauma de la separación había retardado su 
crecimiento pero, como en otros casos, el efecto era reversible. 



174 



Los secuestradores de Paula, sin embargo, lograron obte- 
ner derechos de visita y el juez dictaminó que debía seguir 
viéndolos; finalmente, la niña se negó rotundamente y anun- 
ció que no tendría más contactos con los torturadores de sus 
padres. Pasaron cuatro años más antes de que pudiera recu- 
perar su verdadero nombre y la documentación legal que 
establecía su identidad. A los 18 años, Paula comentó sobre 
su experiencia: 

Hubo momentos difíciles, como cuando hubo una entre- 
vista en el juzgado con los que me tenían, mi abuela, mis tíos, 
un par de psicólogos y el juez. Fue muy corta, enseguida el 
juez la suspendió, fue un momento feo, difícil. [...] La últi- 
ma vez que apareció este tipo fue enfrente de la parada del 
colectivo, me gritó algo, entonces yo le saqué la lengua, y él 
se fue a la esquina, se subió a un auto y dio la vuelta, pasó por 
delante mío. [. . .] Cuando fui a verlo al juez le conté esto, lo 
que había pasado y medio como que el juez me hizo cargo a 
mí, que yo le saqué la lengua, que yo lo había provocado. Es 
el juez Fegoli, me dio una bronca terrible, yo lo que hice fue 
sacarle la lengua, él apareció. Si no hubiera aparecido, no le 
hubiera sacado la lengua. Pero también fue el primer juez que 
tuvo el coraje de restituir a una persona. [. . .] Si hubiera sido 
un juez absolutamente negativo, no estaría yo con mi fami- 
lia. [...] 

Cuando volví a casa, estuvimos haciendo terapia familiar 
[. . .] mi abuela antes de estar conmigo, antes de recibirme, ya 
hizo terapia y yo también después estuve haciendo terapia. 
[. . .] Según mi abuela la terapia me ayudó. Yo era una nena, 
yo jugaba en las sesiones, pero creo que sí, que fue muy im- 
portante. [...] 

Hubo momentos felices. Fue toda una etapa muy impor- 
tante, yo tengo muchas cosas marcadas de esa época, de cuan- 
do volví a casa. Fue muy lindo conocer a mis tíos, iban 
viniendo de a uno, o en pareja, para no apabullarme, los fui 
conociendo por separado [. . .} venían a casa y jugaban conmi- 
go, fue toda una época [...]. Fue difícil y también muy lindo 
para mí. Tengo tres tías y un tío. Dos tías están casadas. 



175 



Tengo cuatro primos que nacieron después que yo. [...} 
Conocí a mi abuelo paterno y a su segunda mujer, y por ese 
lado tengo un tío que tiene mi edad y una tía que es más 
chica, está en la primaria. [...] 

Yo estoy de acuerdo con que la verdad la diga el juez, con 
lo que hizo el juez conmigo. [...] El juez me lo dijo a mí 
cuando estaba en Tribunales, me lo dijo y trajo a mi abuela. 
[. . .] A mí no me habían dicho nada hasta ese momento. [. . .} 
Fue muy fuerte todo. [...] 

Es muy importante el apoyo que tiene que darse a la per- 
sona restituida. Hay que apoyar mucho, hay cosas que hay 
que respetar y otras cosas que hay que poner límites. [. . .] Por 
ejemplo, yo cuando volví a casa, hice una lista de cosas que 
yo quería que me trajeran que tenía en la otra casa, unas mu- 
ñecas preferidas, patines, qué sé yo. [...] Nunca me los tra- 
jeron. Yo los pedí un par de veces. [...] Al final no me los 
dieron, por una cuestión de que ahora yo tengo mis cosas, o 
sea tengo otras cosas, tengo otra familia y yo creo que eso era 
un capricho: "quiero eso". [...] Está bien. Entiendo que no 
me lo hayan dado. [...] 

Hay que sostener a la persona que está viviendo todo un 
cambio [...] uno está reestructurando su vida, está dándose 
cuenta qué es o no. [. . .} Hay que apoyarla desde el punto de 
vista psicológico, desde el punto de vista afectivo, apoyarla y 
sostenerla, contenerla, desde todos lados, adonde se pueda. Es 
muy importante también que la familia tenga apoyo, porque 
para la familia también es muy difícil y tiene que estar con- 
tenida. [...] Es difícil para todos."" 

La tarea de integrar a Paula a su familia duró años. Elsa 
señala que sólo desde hace poco ella y su nieta pueden reír, 
pelear y llorar juntas libremente. La reconstrucción de la 
identidad de Paula es un proceso constante, que ambas con- 
sideran esencial para que pueda crear una vida basada en la 
verdad. 



176 



''Esa es mi tía" 

El 12 de mayo de 1978, a las dos de la mañana, un grupo 
de hombres armados irrumpió en la casa de Adriana Mirta Bai 
y Miguel Arellanos. Nya Quesada, madre de Adriana, recuer- 
da: 

Irrumpieron en su departamento, golpearon, rompieron la 
puerta y entraron. Ellos dormían tranquilamente, y ahí es 
donde se llevaron a los tres. [...] Mi hija era estudiante de 
arquitectura, ni ella ni el marido militaban. [...] Cuando vi 
que no me llamó al mediodía, yo llamé al hermano del ma- 
rido [...] y fue él que se encontró con los vecinos que le di- 
jeron que se los habían llevado a las dos de la mañana, ellos 
oyeron que ella lloraba y gritaba y llamaba a una vecina de al 
lado. [...] 

Yo fui a ver a la vecina y ella oía que lo golpeaban a él, al 
marido. [...] Por la mañana del lunes, nos fuimos a hacer el 
babeas corpus, el primer babeas corpus. [...} He hecho cuán- 
tos, tantos, pero tantos que no tiene nombre. Y siempre de- 
cían que no sabían, que no sabían. [. . .] He corrido a cárceles 
de La Plata, iba por todos los lugares que me podían decir, y 
he hecho los trámites habidos y por haber. Le he escrito al 
Papa, he escrito a todos los derechos humanos de todos los 
lugares. Cuando vino la oea, hemos hecho cola para estar las 
primeras, para la conadep. [. . .] Escribía a todos los países del 
mundo. [...] Lo mío ha sido un verdadero milagro. Porque 
mira cuántas abuelas hay, y no ha aparecido el niño. El niño 
tenía dos años y medio cuando voltearon la puerta. [. . .] A los 
veinte días, suena el teléfono y le dicen a mi hermana 
Menchu: "Le hablan del juzgado de la minoridad, ¿usted tie- 
ne un sobrino que se llama Nicolás? Porque está acá. ¿Cuán- 
to tiempo tiene?" "Dos años y medio", dice mi hermana. 
"No, parece que tuviera cuatro, porque sabe todo, contesta 
todo". Dijeron que el nene había aparecido en la puerta de la 
comisaría con dos valijas. [. . .] La secretaria del juez y la hija 
se lo llevaban a la casa y le tomaron tanto cariño, le ponían 
la TV y el nene decía cuando pasaba el aviso que decía "con la 



177 



participación de Menchu Quesada", el nene decía "ésa es mi 
tía". Y entonces ellas dijeron ''¿qué es esto?" [...] Esto es 
como una novela, como una novela. [...} Lo llamaron al juez 
a la casa particular y le dijeron: "Mire, doctor, estamos que no 
podemos casi hablar. El nene ha dicho que Menchu Quesada 
es la tía, que está trabajando en este momento en el canal 9 "• 
Entonces el juez, a la mañana siguiente, llamó por teléfono al 
canal y pidió el número de mi hermana. [...] Entonces le 
dijo: "Señora, venga inmediatamente para acá". [...] El juez 
la puso ahí con Nicolás [...] y Menchu le abrió los brazos y 
él la miró, la miró un rato y fue corriendo y la abrazó. [...] 
Y el juez dijo: "Vengan mañana con la abuela, pero llévense 
al nene". [...] 

Nunca la TV sirvió para una cosa tan sensacional. Es algo 
que hay que agradecerle a la tv que estas chicas vieron eso e 
inmediatamente... Si no el juez, ¿cómo sabe de nosotras? 

En casa, el nene decía de golpe: "Abuela, tápame, tápame, 
vení al suelo y tápame". Evidentemente era cuando la madre 
en esos días en la comisaría, tuvo que dormir con el nene. 
[...] Y después decía: "¿Sabes que vinieron los basureros?", 
porque había visto que metían todo en bolsas. [...] Estaban 
robando todo: un aparato de música, el televisor, una enciclo- 
pedia y todas las herramientas de mi yerno. [...] El horror 
que ha visto esa criatura. ^^ 

Nya cree haber sido increíblemente afortunada, ya que el juez 
a cargo del caso fue sensible y justo. La mayoría de los magis- 
trados habrían enviado a Nicolás a un orfanato o lo habrían 
entregado en adopción ilegal a un represor. Si eso hubiera ocu- 
rrido, se habrían borrado todas las huellas del niño. Nya supo- 
ne que su hija debe haber rogado que lo llevaran a un juzgado 
para que tuviera más posibilidades de reunirse con su familia. 

Nicolás creció con Nya y su marido y tuvo la suerte de ir a 
una escuela en que la consideración del bienestar emocional de 
los niños era de primordial importancia. Nya comentó con 
satisfacción que en esa escuela celebraban el Día de la Familia 
en vez del Día de la Madre, por lo que Nicolás podía festejar 
con su familia junto a los demás niños. 



178 



^^Va a tener al nene, de cualquier forma lo va a tener, 
aunque la torturen" 

Haydée Lemos es una de las fundadoras de la organiza- 
ción de las Abuelas e intervino en muchos de los aspectos 
de su trabajo. En julio de 1977, su hija Mónica, embaraza- 
da de ocho meses, fue secuestrada junto con su esposo, 
Gustavo Lavalle, y su hija de 14 meses, María. Cinco días 
después, María apareció en el umbral de la casa de su abuela 
en un estado lamentable. Haydée siempre confió en que su 
hija había dado a luz a su criatura, aunque estuviera en la 
cárcel: 

Mi hija era muy fuerte, la primera nena la tuvo así nomás 
en el hospital, prácticamente sola, ella le sostenía la cabeza. 
[...] Ella no se quejaba nunca, no sabíamos si sufría, si no 
sufría. [...} Yo pensé: ella va a tener al nene, de cualquier 
forma lo va a tener, aunque la torturen. [...} Yo y la otra 
abuela creíamos en el ejército, yo le dije, "nos van a llamar" 
y las dos preparamos una cajita con ropa. [...} Nosotras de- 
cíamos "los van a dejar libres", pero nunca más se supo nada, 
ni una seña, nada. [...] 

Pero cuando pasaron diez años, Estela [Carlotto] encuen- 
tra a una amiga de su hija en una parada de colectivo, y con- 
versando la amiga le dijo: "Sí, yo también estuve detenida, 
estuve en Bánfield". [. . .] Entonces Estela aprovechó para pre- 
guntarle, para que le dijese nombres, a ver si encontraba al- 
guno de los conocidos, y ella dice: "Mira, había un muchacho 
que se llamaba Gustavo Lavalle, que la señora había tenido 
familia, había tenido una nena". Y yo, mira qué estúpida, 
como pensaba que tenía que ser un nene, no les llevé el apun- 
te para nada, pensé que estaban equivocados.^"* 

Haydée integró el equipo de investigación, que verificaba 
las numerosas pistas anónimas que recibían continuamente. 
Ya había perdido las esperanzas, cuando una de las pistas lle- 
vó a la identificación de su nieta: 



179 



Yo nunca tuve la ilusión de encontrarla. [. . .] Como cuan- 
do uno juega un billete de lotería, juega, pero... a lo mejor 
sale pero no. . . Yo ayudaba, nada más. Yo estaba clasificando 
fotografías, porque fue muy difícil al principio lo que hacía- 
mos, tenía que ser seguro, seguro, si no cómo arriesgarse a 
decírselo al juez. [. . .] Y hubo unas denuncias sobre una mu- 
jer policía y cuando la obligan a ella a que se hagan todos los 
análisis de sangre y se coteja con todos los análisis de las 
Abuelas, salía que yo era la abuela. 

Apenas nacida, María José fue apartada de su madre; vivió 
sus primeros diez años con una mujer policía y su marido, que 
la habían anotado como propia. Cuando la identificaron, 
Haydée tuvo sentimientos encontrados y se preguntó cuál 
sería el mejor curso de acción: 

Yo tuve miedo, porque digo: "¿hago bien?" Si ella tenía 
una mamá y un papá. Ella lloró toda la noche y yo me asusté 
mucho. [...] Yo estoy pensando en la nena. [...] Pero a la 
mañana, cuando yo servía el desayuno, ella vino a la cocina y 
me dijo: "Señora, tengo un lunar en el brazo, igual que Ma- 
na . 

María José se encontró con una gran familia: su hermana 
María, tíos, tías, sus abuelos paternos y su abuela materna. En 
la casa de Haydée compartía un cuarto con María y dormía en 
la misma cama y el mismo colchón que había usado su madre 
de jovencita. Haydée comenta lo siguiente: 

La nena ya tiene 16 años. Está muy bien. Por eso la nena 
me gusta que la vean porque la abuela, ^'qué va a decir? ¿Que 
está mal? Y está muy bien. Problemas no tiene porque si no 
no le iría bien en el colegio. Le va bien en el colegio. Dibuja, 
pinta. Está en quinto año de inglés. Es dulce, es buena, se 
parece a mi hija. No en el físico, aunque en el físico un po- 
quito también, pero en lo buena, lo sufrida, se parece mucho. 
Yo digo, esos diez años que la tuvieron esos policías, no le 
pudieron hacer nada. [. . .} Cuando llegó a mi casa, uno habla 



i8o 



de qué va a ser cuando sea grande y ella dijo: "Policía, mujer 
policía". Claro, mujer policía es lindo, tienen uniforme. . . en 
ese tiempo había una serie de televisión que la principal pro- 
tagonista era una mujer policía. A mí me asustó porque digo, 
cómo ya... No dije nada, pero después nunca más lo dijo, 
nunca más. 

María José y su hermana son de izquierda. El año pasa- 
do fueron todo el año a ayudar a una escuelita y a un 
geriátrico. [...] Y yo ahí me asusté porque digo: "Están 
haciendo lo que hacían los padres". ¡Estaban tan contentas! 
Pero también les gustan las fiestas y estar con sus amigos. 
[. . .] María José es una chica como cualquiera, no quiere que 
la hagan "diferente". 

La misma María José reflexiona sobre algunos de los suce- 
sos de su vida desde que volvió a su familia: 

Es difícil aceptar todo lo que pasó, no conmigo, con lo de 
la restitución, porque después ya uno se hace su vida, seguís 
tu vida, sino lo que pasó a toda una generación. Eso es lo más 
difícil de entender. Todos se imaginan que no, que el trauma, 
el cambio, pero no. Lo que a uno más le cuesta es que uno no 
puede recuperar a los padres, porque ya está, eso es lo más 
difícil. Y lo mejor es que uno puede como encontrarse a sí 
mismo, y a partir de que uno se encuentra a sí mismo, puede 
pensar cosas para el futuro, cuando uno está bien consigo 
mismo adentro, con lo que le pasó y lo tiene claro, está con 
la verdad, con la realidad y así uno puede empezar a planear 
mejor su vida. Yo tuve la suerte de saber todo de más chiqui- 
ta, es más difícil para alguien más grande. Es diferente. Una 
cosa es tener diez años, otra tener 18. Yo tuve suerte. ^^ 

María José estableció una fuerte relación con el juez a car- 
go de su caso, Juan Ramos Padilla, uno de los pocos magistra- 
dos que entendió la urgencia y la importancia del trabajo de 
las Abuelas: "Al principio yo no lo quería, le tenía miedo, 
cuando era chiquita. El estaba más preocupado que yo en ese 
entonces. Después no. Yo lo requiero a mi juez, Juan Padilla, 



i8i 



yo siempre lo voy a visitar, tiene el despacho en el centro, 
entonces cada tanto paso. [...} Ahora tengo que ir porque 
vienen las fiestas. Es rebueno, yo lo quiero como un padre". 
Durante sus vacaciones de verano, María José disfruta con su 
familia extensa en el sur de la Argentina: 

Yo quiero ir al sur. Es lindo allá. Allá tenemos familia, en 
San Antonio Oeste y en Viedma. Las Grutas es el balneario 
para la playa. Mi abuelo es de allá, del sur, tiene todos los 
hermanos, los sobrinos, para nosotros son tíos, primos cuar- 
tos, tíos cuartos, terceros, son parientes. Aparte que allá 
Lavalle es reconocido, Lavalle es el apellido nuestro. Vos 
decís Lavalle y dicen: "¡Ah!, Lavalle, lo poblaron todos ellos". 
Está lleno de parientes. Si todo el pueblo es de los parientes, 
el del hotel, el de la deriva. Fui el otro verano y dos años antes 
y me quedé con la familia. 

María José tiene una amplia gama de intereses y un impre- 
sionante conocimiento de las artes, tanto de la Argentina como 
del exterior. Está considerando la posibilidad de estudiar be- 
llas artes o "algo relacionado con la tierra". Tanto ella como su 
hermana tienen una activa participación en la Marcha de la 
Resistencia anual, un acto de 24 horas que las Madres de Pla- 
za de Mayo y otros grupos de derechos humanos organizan 
para honrar a los desaparecidos y reclamar justicia. 



"Conocer la verdad es la mejor terapia" 

La experiencia de las Abuelas en el proceso de restitución 
las ha llevado a reconocer un patrón característico en los ni- 
ños que se enteran de sus orígenes. Conocer la verdad lasti- 
ma, y lo habitual es que una fuerte reacción emocional siga 
a la noticia. Pero luego de esa primera fase crítica, que dura 
entre uno y tres días, los niños se vinculan con sus familias 
recuperadas, hacen preguntas detalladas y señalan a sus parien- 
tes cualquier signo de semejanza. Los integrantes del equipo 
interdisciplinario que asiste a las Abuelas en las restituciones 

182 



indicaron que los niños se identifican casi de inmediato con 
sus familias legítimas. Han observado que un gesto, una voz 
o una información determinada pueden convertirse en los 
agentes específicos que desencadenan viejos recuerdos y gene- 
ran un momento de intuición, el "clic" que ayuda a los niños 
a reconectarse con el pasado. ^^' 

La Abuela Nélida de Navajas comenta lo siguiente: 

La gente nos pregunta que cómo es posible que una cria- 
tura que ha convivido muchos años y ha recibido el amor y 
el cuidado de esta gente pueda restituirse y reacomodarse en 
forma tan inmediata en su nuevo hogar. Nos basamos en 
que sobre la mentira no se edifica absolutamente nada. Es- 
tos niños, en algunos casos, saben que son adoptados, en 
otros casos han sido inscriptos como propios, pero cuando 
ellos conocen a su verdadera familia, la cual deja que el niño 
vaya poco a poco experimentando en la presencia de sus fa- 
miliares de sangre directos, las similitudes que ellos van 
buscando, ellos empiezan a mirar los ojos, el pelo, los dien- 
tes, la modalidad, ellos empiezan a ver a aquellos que dicen 
que es mi verdadera familia y en la que yo me voy a inte- 
grar. Porque ellos hasta ese momento, en la familia que los 
tuvo, no han encontrado un punto de contacto, en cambio, 
en forma inmediata, desde lo físico hasta lo espiritual, ellos 
van inmediatamente incorporándose a su verdadera familia. 
Lógicamente, aconsejados por nuestro cuerpo de psicólogos, 
se dice que los niños los dejemos, que ellos libremente va- 
yan investigando, a medida que ellos preguntan, nosotros 
vamos satisfaciendo sus deseos de conocimiento, es decir, les 
presentamos, eso sí, las fotos, porque lo primero que pre- 
guntan es "¿cómo era mi mamá?" y "¿cómo era mi papá?" 
y ahí es el nudo del que ellos parten para ir reconstruyendo 
todo. Desde las fotografías hasta los objetos que pertenecie- 
ron al papá, ellos tratan de ir acumulándolos como algo 
propio, como un tesoro personal, y no admiten que nadie les 
diga: "Bueno, pero yo, esto yo lo tenía acá y quiero..." No, 
no, no, ya es de su pertenencia, es así, como ellos, poco a 
poco, en breves días, porque no estamos hablando de mucho 



183 



tiempo, estamos hablando de días, ellos ya se sienten total- 
mente reincorporados a su propia familia, totalmente iden- 
tificados.^^ 

Las Abuelas también han notado que, a pesar de su dolor al 
enterarse de la desaparición de sus padres, muchos niños sin- 
tieron un gran alivio al saber que no habían sido abandonados, 
sino que eran niños queridos. En el caso de Tatiana Sfiligoy, 
cuando aparecieron sus abuelas y conoció su historia, a los siete 
años, se angustió mucho. Su madre adoptiva, sin embargo, le 
recordó que no la habían abandonado, que sus padres fueron 
secuestrados y la dejaron contra su voluntad. La reacción de la 
niña fue inmediata: su angustia disminuyó y se quedó tranqui- 
la y en paz, a pesar de la triste noticia sobre la suerte corrida 
por sus padres. Estela de Carlotto lo expresó sucintamente: 
"conocer la verdad es la mejor terapia"."^ 

Algunos menores manifestaron abiertamente su satisfacción 
por haber sido finalmente identificados. El día de la restitu- 
ción a su familia, una niña, al escuchar que su abuela le decía: 
"Te busqué durante tanto tiempo", le contestó: "Y yo te esta- 
ba esperando, abuela".-^ En el caso de María José Lavalle 
Lemos, cuando el juez le habló de sus orígenes, ella le comen- 
tó que siempre había pensado que tenía otra casa, otra familia 
y un hermano. '^^ 

La verdad se convierte en una piedra angular de la identi- 
dad recuperada de los niños localizados. Al cambiar sus nom- 
bres, sus edades y sus identidades, los apropiadores los 
transformaron en objetos y los despojaron de su historia. Al- 
gunos niños se resistieron a los esfuerzos hechos para borrar 
todas las huellas de su pasado negándose a que les cambiaran 
el nombre. La significación del propio nombre como resto de 
la identidad refleja la relación con los padres, que son quienes 
se lo dieron.'' Otros niños, obligados por los jueces a encon- 
trarse con sus apropiadores, se negaron a hablar con ellos de- 
bido a las mentiras que les habían contado. A veces desafiaron 
abiertamente a los magistrados. Cuando el juez le dijo a 
Ximena Vicario: "Yo represento a tu padre y decido tu desti- 
no", la niña le contestó que no era su padre, porque su padre 

184 



había desaparecido. Cuando el juez la invitó a ver a su 
"mamá", Ximena le respondió que su madre había sido asesi- 
nada y que Siciliano no era su madre. Cuando se dirigía a ella 
como Romina, el nombre que le había puesto la mujer, la niña 
exigía su verdadero nombre, Ximena. Y cuando se produjo el 
encuentro con ella, la niña la enfrentó reprochándole sus men- 
tiras.^- 

Un psicoanalista infantil que trabajó con las Abuelas en 
muchas restituciones se sintió profundamente impresionado 
por los niños recuperados: 

Todos los chicos que conocí, restituidos, son muy inteli- 
gentes, diría casi superdotados. Y no es de extrañar que sea 
así, porque deben conocer alguna verdad profunda, incons- 
cientemente, entonces deben [hacer algo así] como consti- 
tuir un sistema de defensa frente a la mentira, muy 
poderoso para poder sobrevivir y tolerar la mentira [...] En 
cuanto a sujetos con capacidad de adaptaciones son casi seres 
excepcionales en todos los casos. Quizás es una consecuencia 
humana para la sobrevivencia, tolerar la mentira, la capacidad 
de poder tolerar la mentira y saber dónde no preguntar y qué 
sí preguntar, cómo manejarse, por eso son inteligentísimos, 
formadísimos.'^ 

Los psicólogos se vieron en la obligación de reconocer que, 
al trabajar con las Abuelas, entraban a un territorio inexplo- 
rado. Las situaciones con que se encontraban, que iban desde 
la desaparición de los padres hasta la restitución de los hijos, 
eran nuevas y los obligaron a reconsiderar muchas de sus teo- 
rías y prácticas clínicas. Otro psicólogo, que trabajó con las 
Abuelas durante ocho años, reflexiona y comenta lo siguiente: 

Las Abuelas nos enseñaron a reformular la cuestión de la 
identidad, fue un gran aprendizaje sobre la condición huma- 
na [...] Hubo que replantearse todo. Muchos de los psicólo- 
gos no entendían qué era eso de la "restitución". Ellas les 
explicaron. Lo que las Abuelas decían tenía sentido común y 
mucha sabiduría y nos ayudó a desarrollar nuevas perspecti- 



185 



vas y a repensar la psicología de la identidad [...] Hay un 
antes y un después de las Abuelas. Su contribución ha sido 
enorme y el crecimiento personal y profesional que tuvimos 
los que trabajamos con ellas ha sido imborrable. ^"^ 

Las Abuelas se negaron a aceptar que el trauma que ha- 
bían sufrido los niños pudiera definirse y enfrentarse inte- 
gralmente en términos de relaciones individuales entre ellos 
y quienes los tenían a su cargo. Con coherencia, vieron el 
cuadro más general. Reconocieron que ignorar el trauma social 
y político situado en el centro de la vida de los niños impedi- 
ría su recuperación, porque las identidades individuales se de- 
sarrollan como parte de un proceso social más amplio. 
Comprendieron que, para que los niños se convirtieran en 
agentes activos y crearan su propia vida, era preciso poner al 
descubierto el cruel mecanismo que los había transformado en 
objetos. La suya es una visión ecológica, que exige el recono- 
cimiento de la verdad y la justicia como prerrequisitos funda- 
mentales de un futuro saludable, tanto para los individuos 
como para la sociedad. 



i86 



Capítulo 3 
Mentes cautivas, vidas cautivas 

La esfera de acción más efectiva para el éxito { . . .} 
será la afectiva. Las emociones y los sentimientos pri- 
varán y prevalecerán sobre lo intelectual: dirigidas 
al subconsciente actuarán sobre el juicio crítico 
orientándolo hacia determinados efectos prefijados. 
Manual de las Fuerzas Armadas Argentinas 
SOBRE "Operaciones psicológicas" 

Como vimos en capítulos anteriores, la separación de los 
niños de sus familias legítimas fue una de las estrategias del 
régimen militar. Orientada a resocializar a los niños y aterro- 
rizar a sus familias, la técnica fue estremecedoramente eficaz. 
Tras la caída del régimen, las Abuelas comprobaron que algu- 
nos de los secuestradores habían dejado el país y vivían en el 
extranjero con los niños. Las Abuelas solicitaron que las Na- 
ciones Unidas investigaran estas segundas desapariciones, in- 
sistieron en la diferencia entre apropiación y adopción y 
alertaron sobre los riesgos que las apropiaciones planteaban a 
la salud física y mental de los niños. 

La idea de separar a los niños de sus familias por razones 
políticas a fin de suprimir su identidad no era nueva. Duran- 
te la Segunda Guerra Mundial, los nazis secuestraron a niños 
polacos, checos, yugoslavos y rusos y los entregaron a familias 
alemanas. Sólo de Polonia se llevaron a más de doscientos mil 
niños. Los supervivientes describieron métodos similares a los 
descubiertos por las Abuelas. "Se utilizaron métodos psicoló- 
gicos para que un niño olvidara e incluso odiara a sus padres; 



187 



[. . .} el objetivo era generar en él un sentimiento de inferiori- 
dad con respecto a sus orígenes y de gratitud hacia los alema- 
nes que lo habían rescatado de la degeneración del medio 
ambiente de su hogar."' 

Al final de la guerra, los Aliados omitieron devolver a esos 
menores "adoptados" a sus países de origen, con el argumento 
de que la mejor forma de beneficiarlos era dejarlos donde es- 
taban. Surgieron inquietudes sobre la forma en que sufrirían 
los niños si se generaban "nuevos dramas" y se los sacaba de 
familias en posición acomodada para entregarlos a otras más 
pobres, lo cual posibilitó que permanecieran en Alemania. 
Sólo se repatrió al 15 por ciento de los niños polacos arreba- 
tados a sus familias para germanizarlos. Cuando algunas de las 
adopciones se recusaron en los tribunales, muchos de los jue- 
ces — ellos mismos ex nazis — se pusieron del lado de las fami- 
lias alemanas y fallaron en contra de la restitución. El último 
menor polaco repatriado, en 1953, hizo públicas ulteriormen- 
te las siguientes reflexiones: "Me había convertido en un nazi 
fanático. Lloré enfurecido cuando colgaron a los hombres con- 
denados en el juicio de Nuremberg. Pasaron años antes de que 
dejara de odiar a los polacos, como me habían enseñado, y a los 
franceses, que ocuparon nuestra ciudad de Coblenza".^ 

Más recientemente, en la década del setenta, las autorida- 
des alemanas orientales declararon que los padres que trataban 
de huir hacia Occidente o eran culpables de espionaje no eran 
idóneos para criar a sus hijos; éstos se entregaban en adopción 
a familias oficialmente aprobadas. "Hoy resulta claro que el 
Estado actuó como un secuestrador", dijo en 1991 Thomas 
Krueger, ministro de la juventud de Berlín.' 

El caso de los niños Finaly en Francia, después de la Segun- 
da Guerra Mundial, tiene una llamativa semejanza con la si- 
tuación de algunos de los niños en la Argentina. Los Finaly 
eran judíos austríacos que se refugiaron en Francia, donde 
nacieron sus dos varones a fines de la década del treinta. En 
1944, la Gestapo arrestó a la pareja y la deportó a Alemania. 
Los dos niños fueron enviados a una guardería de Grenoble, 
cuya directora se interesó especialmente en ellos y los hizo 
bautizar como católicos. Al término de la guerra, cuando pa- 



188 



rientes de los niños que vivían en Nueva Zelanda e Israel tra- 
taron de reclamarlos, su custodia se negó a devolverlos. Pasa- 
ron años de interminables procesos legales mientras los chicos 
crecían como católicos, ignorantes de su historia familiar. 
Cuando el Congreso Judío Mundial y la Iglesia Católica llega- 
ron finalmente a un acuerdo sobre su custodia, no hubo ma- 
nera de encontrarlos. Su custodia y apropiadora los había 
llevado clandestinamente a la España de Franco. Durante los 
siguientes cinco meses, su caso estuvo en los titulares de todos 
los grandes diarios franceses, mientras se desconocía su suer- 
te. Por fin, en junio de 1953, ocho años después de que sus 
parientes iniciaran su búsqueda, los niños fueron hallados; 
previamente, los tribunales de Grenoble habían reconocido 
que habían sido secuestrados, y a fines de julio se reunieron 
con su familia en Israel. Ya adultos, expresaron su satisfacción 
por haber sido recuperados por sus familiares y tenido la opor- 
tunidad de volver a la fe judía."* 

En Australia y los Estados Unidos, los pueblos indígenas 
sufrieron durante mucho tiempo intentos semejantes del gru- 
po dominante por absorber a sus niños. En Australia, algunos 
de ellos eran tan pequeños cuando se los llevaron que no recor- 
daban de dónde provenían ni quiénes eran sus padres. El go- 
bierno blanco, que consideraba el modo de vida aborigen como 
una "amenaza positiva para el Estado", decidió que los niños 
debían adoptar los valores y el sistema de creencias de la cul- 
tura blanca dominante. Leyes y procedimientos autorizaban su 
traslado sin el consentimiento paterno, si ello iba en beneficio 
del "bienestar moral o físico del menor": era responsabilidad 
de los padres demostrar "que un niño tenía derecho a estar con 
ellos, y no a la inversa". Un niño podía ser apartado de su fa- 
milia por el mero hecho "de ser aborigen".^ Separados de sus 
familias y sus comunidades, muchos niños se avergonzaban del 
color de su piel y caían en una vida de aislamiento, desespe- 
ración y alcoholismo. Estas prácticas terminaron supuestamen- 
te en 1969 con la abolición de la Junta de Bienestar de los 
Aborígenes, pero durante este siglo el gobierno apartó de sus 
familias a uno de cada seis o siete niños aborígenes. En 1997, 
una investigación encargada por el gobierno admitió que la 

189 



práctica había sido genocida. El informe hablaba de la creación 
de una "generación robada": niños aborígenes de piel clara 
habían sido entregados en adopción a familias blancas, en tan- 
to que los de piel oscura tenían como destino los orfanatos. El 
informe recomendaba que se celebrara un día de luto nacional 
y que el gobierno compensara a todos los afectados.^' 

En los Estados Unidos, los niños americanos nativos reci- 
bían adoctrinamiento a fin de subordinarlos a la mayoría blan- 
ca. En muchas reservaciones era obligatoria la concurrencia a 
las escuelas misioneras. Los niños estaban obligados a recibir 
instrucción en cristianismo e inglés, a la vez que estaban pro- 
hibidas la religión y las lenguas indígenas. Cuando en 1886 el 
comisionado norteamericano de asuntos indios comprobó que, 
en palabras de un estudioso reciente, las escuelas de día "per- 
mitían a los alumnos demasiada proximidad con sus familias 
y comunidades, y con ello una interacción continua con sus 
propias culturas' V el gobierno abrió internados donde los ni- 
ños podían quedar efectivamente aislados de su cultura de 
origen. No se permitía que visitaran sus hogares; y una vez 
terminada su formación, se los colocaba durante tres años en 
casas de familias blancas. El sistema funcionó con frecuencia 
de acuerdo con lo previsto y los niños sólo volvían a ver a sus 
verdaderas familias cuando a los 17 o 18 años se los enviaba a 
sus comunidades. Sus largos años de alejamiento hacían de 
muchos de ellos parias funcionales; en algunos casos se conver- 
tían en agentes de la estructura de poder blanco y trataban de 
"socavar y en última instancia reemplazar las formas tradicio- 
nales poseídas por sus pueblos".^ 

El artículo ii de la Convención de las Naciones Unidas so- 
bre la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio define 
este último de la siguiente manera: 

El genocidio comprende cualquiera de los siguientes actos, 
cometidos con la intención de destruir como tal, totalmente 
o en parte, un grupo nacional, étnico, racial o religioso: a) 
asesinar a integrantes del grupo; b) causar un grave daño cor- 
poral o mental a los integrantes del grupo; c) imponer deli- 
beradamente al grupo condiciones de vida calculadas para 



190 



provocar su destrucción física total o parcial; d) imponer 
medidas destinadas a impedir los nacimientos dentro del gru- 
po; e) trasladar por la fuerza a niños del grupo a otro grupo 
[subrayado de la autora]/^ 

Según esta definición, hubo al parecer un genocidio en 
todos los casos antes analizados, excepto en el de Alemania 
Oriental. Sin embargo, algunos han criticado a las Naciones 
Unidas por definir el genocidio de manera demasiado restrin- 
gida, ya que sostienen que también hay que incluir a los gru- 
pos políticos en la lista de víctimas posibles. Si se aceptara esta 
definición más amplia, el caso alemán oriental, en el que los 
niños fueron entregados a familias elegidas por el Estado, tam- 
bién encajaría. ^° 

En la Argentina, las organizaciones de derechos humanos 
utilizan a menudo el término genocidio para calificar los crí- 
menes cometidos por el Estado. Como hemos visto, los niños 
fueron separados por la fuerza de sus familias, y sus padres, los 
así llamados subversivos, desaparecieron. El informe de la onu 
sobre la desaparición de menores en la Argentina (analizado 
más adelante) no llega a considerar "genocidio" este caso, pero 
afirma que "las actividades de los apropiadores pueden com- 
pararse con las descriptas en la Convención para la Prevención 
y Sanción del Delito de Genocidio" (subrayado de la autora). 
El informe no sólo exhortaba a promulgar una legislación 
interna eficaz en relación con los niños cautivos, sino que tam- 
bién hacía un llamado a la cooperación internacional para ela- 
borar mecanismos que ayudaran a encontrar a los menores que 
estaban fuera de la Argentina y restituirlos a sus familias le- 
gítimas." 



"Segunda desaparición" 

En la Argentina, las demoras y obstáculos judiciales que 
enfrentaron las Abuelas luego de localizar a los niños roba- 
dos posibilitaron que se produjera otra forma de abuso. En 
varios casos, los secuestradores huyeron a otros países con los 



191 



niños. Las Abuelas acuñaron la expresión segunda desapari- 
ción para describir este nuevo giro de los acontecimientos. 
Hacia 1987, sabían que al menos siete niños habían sido 
llevados de la Argentina a Paraguay, donde vivían con sus 
captores.'" Paraguay estaba gobernado entonces por la dic- 
tadura más longeva del hemisferio, el régimen notoriamen- 
te corrupto del general Alfredo Stroessner, que se extendió 
entre 1954 y 1989. Paraguay era uno de los integrantes de 
la Operación Cóndor, la red de fuerzas de seguridad del cono 
sur que colaboraban para asegurar el secuestro de "subversi- 
vos" y su retorno forzado a sus países de origen.'^ Era un 
hecho descontado que el Paraguay, famoso por sus abusos 
contra los derechos humanos, se pondría del lado de los se- 
cuestradores. Era uno de los lugares más apropiados para que 
éstos se ocultaran. 

Así, el médico militar Norberto Atilio Bianco y su esposa, 
Nilda Susana Wherli (véase el capítulo 1), huyeron a Paraguay 
en 1986 luego de que las autoridades argentinas ordenaran un 
análisis genético para establecer la identidad de los dos niños 
que reclamaban como propios. Sobre el mayor Bianco pesaba 
la acusación de haberlos secuestrado luego de su nacimiento en 
el hospital de Campo de Mayo, durante el cautiverio de su 
madre. El juez a cargo del caso viajó a Paraguay, donde soli- 
citó la extradición de los apropiadores y la restitución de los 
niños a sus familias legítimas. Las autoridades de ese país no 
permitieron que ni él ni el embajador argentino vieran a los 
niños o a sus captores. Tras acusar a las Abuelas de inclinacio- 
nes marxistas leninistas típicas de los grupos "subversivos", el 
fiscal general proclamó: 

Los paraguayos somos por naturaleza contrarios a las pre- 
siones [...] en el ejercicio de la defensa de los DERECHOS 
HUMANOS de los reclamados DEBE NEGARSE LA EX- 
TRADICIÓN [. . .] tiene razón la defensa cuando califica de 
persecución política. [...] Debe evitarse la intromisión de 
las "Abuelas de Plaza de Mayo" en los asuntos judiciales 
de nuestro país. Es grande su influencia como grupo de pre- 
sión en la República Argentina, pero aquí debe ser rechaza- 



192 



da, en respeto a nuestra soberanía política, basada en la no 
injerencia de asuntos internos y la autodeterminación de los 
pueblos J"^ 

A instancias de las Abuelas, el delegado argentino ante la 
OEA, Leandro Despouy, denunció la segunda desaparición de 
niños argentinos. Despouy instó a la oea a ampliar la Conven- 
ción Panamericana de Derechos Humanos a fin de brindar 
mayor protección a los derechos de los menores, e invocó tam- 
bién el Tratado de Montevideo, que establece la extradición de 
las personas acusadas de secuestro. Recién a principios de 1997 
el mayor Bianco y su esposa fueron finalmente extraditados.^^ 

En las Naciones Unidas, las Abuelas instaron a la Comisión 
de Derechos Humanos a constituir un grupo de expertos que 
investigara la situación y tomara medidas para que no hubie- 
ra más segundas desapariciones; los 43 países componentes de 
la comisión aceptaron por unanimidad conformar ese grupo. ^^ 
El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, que 
adhirió a la decisión de la comisión, autorizó al secretario 
general a proporcionar toda la asistencia necesaria para su 
implementación. En abril de 1988 se puso a Theo van Boven, 
un diplomático holandés y ex director del Centro para los 
Derechos Humanos de la onu, a cargo de la tarea. ^'' Van Boven 
procedió a informar a los gobiernos argentino y paraguayo de 
sus planes de visitar ambos países y solicitó la cooperación 
de las autoridades. El gobierno argentino respondió afirmati- 
vamente a su solicitud, pero su par paraguayo le hizo saber que 
"la cuestión de los niños está en examen en los tribunales, y en 
estas circunstancias una visita a Paraguay no es oportuna por- 
que podría considerarse como una interferencia en el proceso 
judicial". ^^ Por consiguiente, el informe de la onu sobre la 
situación de los niños se basó únicamente en la visita de Van 
Boven a la Argentina, incluidas las consultas que hizo allí con 
miembros de las organizaciones de derechos humanos, psicó- 
logos, profesionales de la salud y funcionarios gubernamenta- 
les. Van Boven confirmó plenamente los puntos de vista de las 
Abuelas: 



193 



En los procedimientos judiciales, la rapidez y eficacia en 
el trámite de la prueba y en la ejecución de las medidas de 
reintegración del menor a su familia legítima dependieron 
de los jueces que tuvieron a su cargo los procedimientos. 
Algunos actuaron diligentemente, pero muchos dilataron 
innecesariamente las causas poniendo trabas procesales y ne- 
gándose a ejecutar medidas solicitadas por los familiares de 
los niños. A menudo, pasaron años hasta que los jueces orde- 
naron las pruebas hemogenéticas que habrían de determinar 
la verdadera identidad del niño, poniendo así en evidencia 
que se habían cometido los delitos de sustracción, retención 
y ocultamiento de menor, supresión de estado civil y otros 
tales como la falsificación de instrumento público, pues los 
apropiadores, en general, inscribieron a los niños como pro- 
pios y falsificaron los documentos necesarios para establecer 
su identidad. 

Varios jueces omitieron tomar las medidas necesarias para 
impedir que los presuntos apropiadores se fugaran, abando- 
naran el país o se ocultaran, sustrayéndose así a su jurisdic- 
ción. En casos en que las medidas fueron ordenadas, las 
instituciones o fuerzas encargadas de la vigilancia de esas 
personas no parecen haber ejecutado con eficacia las órdenes 
judiciales, pues varios de los apropiadores lograron salir del 
país y actualmente residen en el Paraguay, donde han lleva- 
do a los niños. ^'^ 

Las autoridades argentinas cuestionaron el informe Van 
Boven, e instados por ellas varios miembros de la Comisión 
de Derechos Humanos también lo objetaron, lo cual impidió 
que se sometiera a la amplia discusión y atención general que 
merecía. ^^^ En el plano nacional, las Abuelas pidieron al presi- 
dente Alfonsín, en noviembre de 1988, que presionara al go- 
bierno paraguayo y designara a un defensor público especial a 
fin de acelerar los trámites legales en representación de los 
menores desaparecidos. El resultado de ello fue la creación de 
una comisión integrada por cuatro fiscales federales, con la 
misión de colaborar en la investigación y resolución de estos 
casos.-' 



194 



Dos historias, en particular, despertaron una considerable 
atención de los medios debido a las trascendentes y complejas 
cuestiones éticas y políticas que planteaban. Los casos de 
Mariana Zaffaroni y los mellizos Gonzalo y Matías Reggiardo 
Tolosa ilustran los trágicos efectos del letargo judicial en la 
vida de estos niños y sus familias legítimas. Al crecer en las 
casas de sus secuestradores y empaparse de sus valores, estos 
niños quedaron colocados en una situación intolerable. Como 
carecían de la información y el apoyo que les habría proporcio- 
nado una visión alternativa del mundo, sus experiencias de 
vida fueron moldeadas por las comunidades militar y policial 
en que estaban inmersos. Los represores, que intentaron hacer- 
los suyos y convertirse en los "nuevos padres" que había ima- 
ginado el general Camps, llevaron a los niños a rechazar con 
violencia los valores e ideales de sus familias legítimas. Uno de 
los líderes de una rebelión contra el gobierno de Alfonsín en 
1987, el coronel Mohamed Alí Seineldín, reconoció lo que 
había ocurrido: "Hicimos lo mejor que se podía hacer por 
ellos, les dimos nuestros hogares, nuestras propias familias".^- 
Y los jovencitos incorporaron la visión del mundo de los 
represores. 



Piezas de un rompecabezas 

Mariana Zaffaroni tenía 18 meses cuando fue secuestrada 
junto con sus padres en San Isidro, un suburbio de Buenos 
Aires, en septiembre de 1976. La familia había buscado refu- 
gio en la Argentina debido a la persecución motivada por sus 
actividades políticas en su país natal, Uruguay. Su desapari- 
ción en la Argentina es otro ejemplo de la forma en que las 
fuerzas represivas de los dos países coordinaban su accionar 
terrorista. 

Las dos abuelas, Marta Zaffaroni en Brasil y María Ester 
Gatti en Uruguay, fueron participantes muy activas de la or- 
ganización de las Abuelas en su búsqueda de la niña. Durante 
sus investigaciones, también descubrieron que la madre de 
Mariana, María Emilia Islas Gatti, tenía un embarazo de tres 



195 



meses en el momento de su secuestro. María Emilia, su mari- 
do Jorge Zaffaroni y la criatura que debió nacer en marzo de 
1977 permanecen desaparecidos. En 1979 Marta Zaffaroni 
viajó a Chile para buscar a Mariana. Debido al antecedente de 
los niños Julien Grisonas (igualmente uruguayos; véase el 
capítulo 2), que habían sido hallados en ese país, tenía la es- 
peranza de que también Mariana se encontrara allí, pero su 
viaje fue infructuoso. En 1983, Marta Zaffaroni pudo reunir- 
se con un oficial argentino de inteligencia, integrante de la 
SIDE dirigida por el general Otto Paladino, que estaba a cargo 
del traslado secreto de prisioneros uruguayos desde Buenos 
Aires hasta Montevideo, capital del Uruguay. El oficial le dijo 
que Mariana estaba bien cuidada en manos de uno de sus 
amigos, otro miembro de la side. Pero se negó a decir dónde 
estaba la niña y a identificar al apropiador. 

En mayo de 1983, las abuelas de Mariana publicaron una 
solicitada en el diario Clarín, en la que pedían a la población 
argentina que las ayudara en su búsqueda. Veinte días des- 
pués, CLAMOR recibió en Brasil una pista anónima con el nom- 
bre y la dirección del secuestrador. Las dos abuelas viajaron a 
Buenos Aires, donde pudieron ver a Mariana a la salida del 
colegio: no tuvieron ninguna duda acerca de su identidad. Sin 
embargo, su partida de nacimiento la identificaba como 
Daniela Romina Furci, hija de Miguel Ángel Furci y Adriana 
González, y se había modificado la fecha de nacimiento. 

Las Abuelas iniciaron los trámites legales para reclamar a 
Mariana. Tres jueces se negaron a intervenir en el caso; el 
cuarto, por fin, ordenó los análisis genéticos en junio de 1985. 
En ese momento, Furci se presentó en una comisaría; afirmó 
que su esposa lo había dejado y se había llevado a la niña, y 
dijo desconocer su paradero. Pocos días después, también él 
había desaparecido. Furci había tenido activa participación en 
Automotores Orletti, el campo de concentración clandestino 
al que eran llevados prácticamente todos los ciudadanos uru- 
guayos secuestrados en la Argentina. Gracias al testimonio de 
un superviviente del campo pudo establecerse que Mariana y 
su madre habían estado en él. En Uruguay, la huida de Furci 
provocó una oleada de indignación y se recolectaron y envia- 

196 



ron al presidente Alfonsín ochenta mil firmas exigiendo jus- 
ticia. ^^ 

En ese momento, la abuela materna de Mariana, María 
Ester Gatti, recibió un telegrama y dos cartas firmadas por su 
nieta, por entonces de diez años de edad. De tono hostil, las 
cartas la acusaban de ser atea y miembro del Partido Comunis- 
ta Uruguayo. En su planteo de cuestiones éticas y asuntos de 
familia y religión, reflejaban una visión confusa y de extrema 
derecha y revelaban el medio ambiente en el que se criaba o, 
más exactamente, se adoctrinaba a la niña. Su abuela comenta 
lo siguiente: 

Esto ya me pinta de cuerpo entero qué clase de persona es, 
cuando una carta de esa naturaleza la hace firmar a una niña, 
utiliza el nombre de la niña, para firmar una carta que es una 
mélange, que mezcla la Biblia con los libritos de manuales de 
las fuerzas armadas [. . .] cuando recibo estas cartas yo me pre- 
gunto: ¿qué le enseñan? ¿Cómo la enseñan? ¿Qué valores le 
dan? Es evidente que todo lo que le enseñan no tiene nada 
que ver con lo que le hubieran enseñado los padres, ni con lo 
que hubiera aprendido si hubiera estado con cualquiera de sus 
abuelos. ^^ 

En 1989, luego del retorno secreto de los apropiadores a 
Buenos Aires, María Ester Gatti se reunió con Furci en un 
intento de llegar a una solución negociada. Cuando se compro- 
bó que eso era imposible, las autoridades volvieron a ir tras la 
pista del hombre. En junio de 1992 se realizó el análisis ge- 
nético y la pareja fue detenida poco después. Furci fue senten- 
ciado a siete años de cárcel y Adriana González a tres. Se los 
consideró culpables de secuestro, detención ilegal de una 
menor y falsificación de documentos. La partera que había 
firmado el certificado de nacimiento admitió haber mentido y 
no haber estado presente en el parto. Al emitir la sentencia, el 
juez declaró: "En mi conocimiento, no hay precedentes de este 
tipo de casos: el robo sistemático, por parte de la policía secre- 
ta, del fruto de las entrañas de las personas a quienes tortura- 
ban y mataban. Si algo puede decirse es que debemos a estos 



197 



niños el relato de la verdad y el castigo del crimen".-^ Sin 
embargo, permitió que Mariana permaneciera con la familia 
Furci, ya que otorgó la guarda a la madre de Adriana Gon- 
zález. Ésta, por su parte, fue liberada luego de pasar sólo tres 
meses en prisión, y Mariana, de 18 años, rechazó los inten- 
tos de sus abuelas legítimas de establecer una relación con 
ella. No estaba dispuesta a escuchar la verdad sobre sus orí- 
genes. Le dijo al juez que no quería ver a su abuela materna 
porque "cada vez que la veo dice cosas que me duelen mu- 

h" ^6 
O . 

María Ester Gatti reflexiona: 

Ella, es evidente y muy comprensible, no entiende la si- 
tuación o no quiere entenderla para no sufrir. Rechaza mu- 
chas cosas que nosotros le decimos. Se da cuenta que si ella las 
acepta, se le van a desmoronar muchas ideas que tiene, mu- 
chas creencias. Y todo eso le va a producir sentimientos de 
culpa y muchas sensaciones que la van a deprimir. Ella lo que 
hace ahora es defender su vida. [. . .] Ella no quiere sufrir más. 
Quiere vivir, ¿cómo diría?, más en paz.^^ 

Mariana mantiene una estrecha relación con Furci y lo vi- 
sita con frecuencia en la cárcel, pero María Ester Gatti siente 
que ha dado a la joven el conocimiento que necesita, las pie- 
zas de un rompecabezas que finalmente le permitirá construir 
su propia historia. Su abuela cree que cuando Mariana se case 
y cree su propia familia, necesitará enfrentarse con su historia. 
Por el momento, se mantiene apartada y respeta los deseos de 
la muchacha."^ 

Estela de Carlotto expone el punto de vista de las Abuelas: 

Entonces, un poco con el optimismo que nos caracteriza, 
las Abuelas de Plaza de Mayo decimos: Mariana ya sabe quién 
es, Mariana ya fue restituida, aunque no viva con su familia 
biológica, Mariana vive con su documento y su identidad, 
sabe su nombre. Ella va a transitar el resto de la vida con esa 
identidad, entonces eso y todo lo que le vaya surgiendo de 
dudas y preguntas en la medida en que ella, pobrecita, sola, 

198 



lo tenga que hacer, lamentablemente le van a dar los elemen- 
tos para que algún día, se instale en ella la verdad y eviden- 
temente haga una opción: o el asesino de sus papas o la 
libertad con su familia. Pero si así no fuera, de todas mane- 
ras, ya será una persona adulta, que elegirá su destino. En 
todo caso, en eso las Abuelas no tenemos ni la bola de cristal 
ni podemos tampoco avanzar como omnipotentes sobre la 
historia personal de cada uno de los chicos que encontra- 



mos."^ 



¿El secuestro genera derechos? 

Entre fines de mayo y comienzos de junio de 1994, la his- 
toria de Gonzalo y Matías Reggiardo Tolosa recibió una cober- 
tura implacable de los medios argentinos. Una campaña 
televisiva bien lanzada por personalidades mediáticas conser- 
vadoras, artículos de primera plana en los diarios y numerosos 
programas de radio pusieron el caso de "los mellizos" (como se 
lo llamaba popularmente) en el centro de la atención de la 
nación. Su saga revela los horrores de la represión, el clima de 
impunidad que siguió al fin del régimen y la complicidad 
de los principales medios en la creación de una pesadilla, tan- 
to para ellos como para su familia legítima. 

En febrero de 1977, un comando conjunto policial y mili- 
tar secuestró a María Rosa Tolosa y Juan Enrique Reggiardo, 
ambos estudiantes de arquitectura de 24 años, y a Antonia 
Oldani de Reggiardo, madre de Juan Enrique. Los tres siguen 
desaparecidos. En esos momentos, María Rosa estaba embara- 
zada de siete meses. Un mes después, un llamado telefónico 
anónimo informó a la familia Tolosa que la pareja estaba en un 
campo de concentración del ejército, en las afueras de Buenos 
Aires. El mensaje sugería que se pusieran en contacto con 
monseñor Grasselli (véase el capítulo 2), secretario del influ- 
yente monseñor Tórtolo, vicario general de las fuerzas arma- 
das. Monseñor Grasselli confirmó que, en efecto, la pareja 
estaba en un campo de concentración y agregó que María Rosa 
muy probablemente daría a luz en una clínica a la que el ejér- 



199 



cito solía llevar a las embarazadas secuestradas. Poco después, 
otro llamado informó a los Tolosa que se había producido el 
nacimiento. 

Sobrevivientes de La Cacha, el campo en cuestión, atesti- 
guaron sobre la presencia de la familia en el campo, el desarro- 
llo normal del embarazo de María Rosa y su traslado a otro 
lugar para el parto. En un intento de confundir y desorientar 
a quienes pudieran buscar a los niños, los guardias del campo 
informaron a los otros detenidos que María Rosa había tenido 
mellizas.'^^ En realidad, María Rosa dio a luz a dos varones por 
cesárea en la cercana cárcel de mujeres de Olmos, probable- 
mente el 27 de abril. Lo más factible es que la hayan matado 
poco después del parto. Los mellizos fueron anotados como 
hijos de Alicia Beatriz Castillo, esposa de Samuel Miara, y 
nacidos el 16 de mayo en un hospital de Buenos Aires. ^^ 

También conocido como "Covani" y "el turco González", 
Samuel Miara era un miembro activo de la policía, de triste 
fama por su crueldad en varios campos de concentración. En 
ellos escogía a los prisioneros que iban a ser "trasladados" y 
ejecutados. La sobreviviente Nora B. Durante lo identificó 
como el hombre que la violó en El Banco. ^" Ana María Careaga 
(véase el capítulo 1), con un embarazo de siete meses en ese 
momento, denunció que solía patearla en el vientre durante las 
sesiones de interrogatorios. Otro superviviente, Carlos 
D'Agostino, se refirió al brutal tratamiento que Miara infligía 
a los detenidos judíos.'" Miara también se valía de su posición 
para amasar una fortuna personal. Con el saqueo de las casas de 
las víctimas, solía renovar el stock de aparatos domésticos 
de su negocio. Se creía, además, que estaba involucrado en 
varios secuestros en los que se pagaron grandes rescates para 
salvar la vida de sus víctimas.'^ 

En 1984 las Abuelas lo acusaron de secuestrar a los melli- 
zos. Cuando el juez ordenó que se hicieran los análisis 
genéticos a la pareja, no se la pudo hallar en ningún lado. En 
el momento de esta segunda desaparición, los chicos tenían 
ocho años.'^ A principios de 1987, las Abuelas informaron al 
Ministerio del Interior que los Miara vivían en Asunción, la 
capital del Paraguay. El juez Miguel Pons viajó a esa ciudad 



200 



y, armado con pruebas irrefutables, solicitó la extradición y el 
encarcelamiento de la pareja. En Paraguay los Miara vivían 
confortablemente, tenían relaciones sociales con otro secues- 
trador, el mayor Norberto Bianco, y disfrutaban de la protec- 
ción de la policía paraguaya. 

Por fin, en mayo de 1989, dos meses después del derroca- 
miento del general Stroessner, Interpol pudo atrapar a la pa- 
reja, que luego fue extraditada a la Argentina junto con los 
mellizos. En octubre, médicos y científicos del Banco Nacio- 
nal de Datos Genéticos demostraron, con una probabilidad 
superior al 99,99 por ciento, que los niños, que ahora tenían 
12 años, eran hijos de Reggiardo y Tolosa.'*^ A pesar de los 
resultados de los análisis y de la confesión de Miara y su espo- 
sa de que no eran sus padres biológicos, el juez, de acuerdo con 
la recomendación del defensor de oficio de los mellizos — el ya 
mencionado doctor Carlos Tavares — , otorgó la guarda a la pa- 
reja. Tavares impugnó con éxito el análisis genético con argu- 
mentos procesales y la familia Tolosa recusó al juez Pons. 

En 1990, luego de que otro juez, Ricardo Weschler, se 
hiciera cargo del caso, dos fallos de una corte de apelaciones 
ratificaron la validez de las pruebas genéticas y la identidad de 
los mellizos como integrantes de la familia Reggiardo Tolosa. 
Sin embargo, los niños siguieron viviendo con los Miara. Pre- 
ocupado por su bienestar psicológico, uno de los fiscales fede- 
rales a quienes el presidente Alfonsín había encargado acelerar 
y resolver los casos de desaparición de menores solicitó una 
opinión profesional sobre la atribución de la guarda a los 
Miara. Le tocó emitirla al doctor Ricardo Rodulfo, psicoana- 
lista y profesor de psicología clínica de niños y adolescentes en 
la Universidad de Buenos Aires: "Debemos puntualizar que el 
ocultamiento de la verdad acerca del origen es una verdadera 
catástrofe psíquica que quebranta la continuidad de la trama 
generacional en la que el niño se apoya. [...} Consideramos, 
además, que contándose con los elementos probatorios acerca 
del legítimo origen de estos menores, demorar su restitución 
no sólo no halla justificación alguna, sino que se convierte día 
a día en una nueva forma de violencia".'^ Pero el juez 
Weschler desestimó la inquietud de Rodulfo: "No hay duda 



201 



que los Miara no son los padres, pero por ahora [diciembre de 
1990} no voy a tomar ninguna medida en cuanto a la tenen- 
cia. Lo que pasa es que los chicos están bien. Eee, [...} son 
psicólogos. Yo soy padre y juez. Eso es lo importante".'^ 

En mayo de 1993 se produjo un nuevo e importante acon- 
tecimiento: un juez anuló las partidas de nacimiento de los 
mellizos, en tanto otro falló que debían llevar el apellido de 
sus verdaderos padres pero que conservarían los nombres de 
pila que les pusieron sus secuestradores, a fin de "evitar con- 
fusiones". Los mellizos, ahora de 16 años, siguieron viviendo 
con Beatriz Miara. "'^ En agosto, la Comisión Internacional de 
Derechos Humanos de la oea, urgida por un reclamo de las 
Abuelas, exhortó al gobierno argentino a resolver el problema 
de la guarda de los mellizos y le solicitó que, al menos, los 
entregara temporalmente a una familia sustituta y les brinda- 
ra el asesoramiento psicológico de un profesional elegido por 
su familia legítima. La decisión sobre la restitución estaba 
ahora en manos de otro juez, Jorge Ballesteros.^" 

En noviembre de 1993, el juez Ballesteros envió a los me- 
llizos a un hogar sustituto, y en diciembre falló que vivirían 
con Eduardo Tolosa, su tío materno. Por otra parte, prohibió 
el contacto con los Miara. En poco tiempo, los mellizos se 
reunieron con su abuelo paterno, sus tíos y tías y otros parien- 
tes, e iniciaron el proceso de conocimiento de su familia. El 
fallo del juez se basó en el artículo 8 de la Convención Inter- 
nacional sobre los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas, 
que establece el derecho a la preservación de la identidad, por 
el cual las Abuelas habían hecho un amplio lobby en la ONU 
(véase el capítulo 6). 

Aquí entran en escena los principales medios de comunica- 
ción. En los meses siguientes, la vida de los mellizos fue escu- 
driñada por las mismas agencias de comunicación masiva que 
habían guardado silencio sobre su secuestro y la desaparición 
de sus padres. Sucedía que los jóvenes tenían dificultades con 
su tío. La diferencia entre sus opiniones políticas generaba 
fricciones y lo acusaban de no permitirles concurrir a su cole- 
gio católico privado y de tratar de limitar su libertad. A pesar 
de la advertencia del juez Ballesteros de que para proteger su 



202 



salud psíquica y física los mellizos no debían participar en 
acontecimientos mediáticos, los productores de una serie de 
programas televisivos de gran audiencia se abalanzaron sobre 
ellos. 

Tras aparecer en una emisión conducida por un político 
derechista, Alberto Albamonte, los mellizos se presentaron en 
algunos de los más populares programas del horario central 
(Chiche Gelblung, Daniel Hadad y Marcelo Longobardi, Ber- 
nardo Neustadt); en ellos expresaron de manera consecuente su 
deseo de vivir con los Miara, porque éstos "les habían dado 
todo su amor". Imágenes y palabras cuidadosamente elegidas 
— Beatriz Miara abrazándolos, tomas de la película La histo- 
ria oficial (un film argentino ganador de un Osear, sobre una 
mujer que sospecha que su hija adoptada es hija de un desapa- 
recido), la música adecuada y el uso incesante de términos 
clave como "patria", "libertad", "derechos" y "padre" — mani- 
pularon a la audiencia a favor de los Miara. ^^ Sin hacer referen- 
cia alguna a la historia del caso, los programas de televisión 
criticaron la decisión del juez de restituir a los mellizos a su 
familia y expresaron comprensión por los secuestradores, a 
quienes llamaban "padres del amor" y para los que inclusive 
inventaron una nueva expresión: "padres históricos". No se 
hacía mención a los padres legítimos y se pintaba negativa- 
mente a las Abuelas. En la casa del juez Ballesteros se entregó 
una caja que contenía dos granadas listas para explotar. ^- 

Poco después, el juez modificó su fallo. Los mellizos fueron 
a vivir con una familia sustituta, donde se permitía la visita de 
los Miara, y volvieron a la escuela privada a la que antes asis- 
tían. Su tío, Eduardo Tolosa, renunció a la guarda. Si bien 
negó haberles coartado la libertad, reconoció que en los siete 
meses que estuvieron con él "tal vez había cometido algunos 
errores". Señaló también que era imposible que en ese lapso los 
mellizos asimilaran plenamente la verdad de lo que les había 
pasado. Tolosa expresó su esperanza de que "el día de mañana 
los mellizos sabrán que fueron víctimas de la dictadura, al 
igual que su familia. ""^^ 

El periodista Horacio Verbitsky destacó el poco común 
tratamiento que los medios habían dado al caso de los herma- 



203 



nos, y lo comparó con el reciente secuestro de un recién naci- 
do en un hospital de Buenos Aires. Los mismos diarios y re- 
vistas que ensalzaban a los "padres históricos" condenaban 
vehementemente el rapto del recién nacido, ofrecían miles de 
dólares como recompensa por cualquier información y exigían 
un duro y rápido castigo para dar un ejemplo a los violadores 
de la ley.^* El análisis de Julio Strassera, el fiscal del juicio de 
1985 a los comandantes, fue aún más punzante: consideraba 
las apariciones de los mellizos en televisión como parte de una 
campaña para legitimar el delito del secuestro, y señalaba que 
los periodistas implicados habían tenido excelentes relaciones 
con el régimen represivo. Sostenía que todo ello equivalía a un 
ataque al proceso de restitución, que había funcionado nota- 
blemente bien en el caso de todos los niños recuperados y 
devueltos a sus familias. Para él, los mellizos eran como los 
hijos de padres divorciados que le dicen al juez que quieren 
vivir con uno u otro de ellos, con la diferencia de que en este 
último caso "la información no se publicita ni se trata de de- 
mostrar, televisión mediante, que uno es bueno y otro es 
malo". Strassera también subrayaba que si el poder judicial 
hubiera funcionado adecuadamente, la situación de los melli- 
zos se habría resuelto cinco o seis años antes. ^^ 

La Abuela Estela de Carlotto hace el siguiente comentario: 

Nosotros suponemos que ésta es toda una campaña, que se 
realiza desde los apropiadores, que han formado lo que yo lla- 
mo el "club de los apropiadores" [. . .} para desarticular la ins- 
titución Abuelas de Plaza de Mayo. [...] Nos desmerecen, 
nos quieren hacer decir cosas que no son ciertas [...] reivin- 
dicando a los apropiadores, aunque hubiesen sido los asesinos 
de sus padres. [...] Yo levanto el dedo acusador hacia ellos, 
y hacia la prensa amarilla, porque ellos son los que han posi- 
bilitado este caso y otros [...] llamando padres a los que son 
ladrones, así ante el público, ante millones de espectadores. 
[...] Esto, yo lo tomo como una amenaza, como que de los 
centenares que aún faltan también se van a ocupar, como para 
que los chicos nunca se reúnan con su familia y su historia. '^' 



204 



Por último, en diciembre de 1994, el juez Ballesteros con- 
denó a Samuel Miara a siete años y medio de cárcel y a Alicia 
Miara a tres años. Como Miara había permanecido detenido 
sin proceso desde 1991 y la ley argentina cuenta cada día en 
esa situación como si fueran dos, un día después de la senten- 
cia — y con rapidez poco común — la justicia permitió que sa- 
liera en libertad. A fines de 1994, Gonzalo y Matías vivían con 
una familia sustituta, veían semanalmente a los Miara y no 
tenían contacto ni con su tío ni con su abuelo. ""^ 



La apropiación no es adopción 

En un informe preparado para el Primer Congreso Argen- 
tino sobre Adopción, realizado en 1986, las Abuelas enuncia- 
ron algunas de las importantes diferencias entre apropiación y 
adopción. Destacaron el hecho de que, en esta última, los pa- 
dres u otros parientes renuncian libre y conscientemente a sus 
derechos parentales, en tanto que las madres y los padres de los 
niños que desaparecieron o nacieron en cautiverio no estaban 
en condiciones de ejercer sus derechos como tales. Sus familia- 
res, desconocedores de estos "trámites de adopción", del para- 
dero de los niños y hasta de su misma existencia, estaban 
igualmente imposibilitados de participar en el proceso. 

El juez Juan M. Ramos Padilla, que actuó con rapidez y 
honorabilidad en estos casos, comentó con pesar en uno de sus 
fallos que la apropiación de menores en la Argentina tenía una 
pena de tres a diez años de cárcel, en tanto que el castigo para 
quien roba con un arma un automóvil es de nueve a veinte 
años. También él hizo hincapié en la diferencia entre apropia- 
ción y adopción: "La situación que nos ocupa, rodeada de frau- 
des y falsificación, en donde no existe ley ni verdad sino 
simplemente el dominio absoluto de los apropiadores, enfer- 
ma lo que debe ser una relación paterno-filial, con el conse- 
cuente perjuicio a la psiquis del apropiado y a la sociedad toda, 
que encuentra menoscabados valores tan importantes como la 
verdad, la justicia, la identidad y la familia". Por otra parte, 
desestimó el argumento de que los niños secuestrados habían 



205 



estado bien atendidos, rodeados de comodidades materiales y 
tratados como "propios" por los apropiadores: "Acciones como 
la que juzgo [. . .] no permiten la posibilidad de que se avalo- 
re como atenuante la simple circunstancia de que los niños 
fueron rodeados de bienestar o lujo y aun de cierto cariño. [. . .] 
Podría también asimilarse esta condición al trato que se da a 
un animal doméstico, a quien se le rodea de lujos e incluso de 
cariños, pero con el único objeto de producir satisfacción a su 
ueno . 
Tal como lo señala la renombrada psicóloga y psicoanalista 
Eva Giberti: 

Mientras los profesionales tratamos de pensar, las Abuelas 
mantienen su tarea de rescate de niños que, a diferencia de los 
adoptivos, no fueron abandonados por sus padres, sino arran- 
cados de su lado. [. . .} Cuando hablo de la esclavitud de estos 
niños no recurro a una metáfora: en ellos ha sido anulada la 
posibilidad de elegir o de continuar con la historia de sus vi- 
das, tal como fuera iniciada en el ámbito de una familia ori- 
ginal. [. . .] en lugar de continuar con la probable historia de 
su vida, al lado de sus familiares, han sido sometidos a una 
mutación .^'^ 

Giberti señala que si los cientos de niños que desaparecie- 
ron contaran sus historias, el resultado sería una enorme con- 
moción social. El miedo a esa posibilidad motoriza el esfuerzo 
sancionado por el Estado de transformar y neutralizar sus ex- 
periencias, al permitir que permanezcan con sus apropiadores 
y negar lo que realmente ocurrió. Como consecuencia, los 
niños pagan un precio y "se los convierte en ausentes de sí 
mismos, extranjeros con respecto de su identidad original". 
Giberti cree que su rescate es no sólo una cuestión de justicia 
sino también un acto necesario para reparar un equilibrio so- 
cial dañado; de lo contrario, persistirá una especie de insania 
social. ^^^ 

Esta autora también señala que las apropiaciones han obli- 
gado a la comunidad profesional que se ocupa de las adopcio- 
nes a abordar nuevas cuestiones y dilemas. Las familias que 



206 



adoptaron niños de buena fe empezaron a interrogarse sobre 
sus orígenes, y los mismos niños hacían preguntas sobre su 
historia. Cada vez era más notorio que la experiencia de las 
Abuelas tendría influencia sobre las leyes referidas a la guarda 
y la adopción y que se abría un nuevo campo de trabajo para 
la organización (véase el capítulo 6). 



Los NIÑOS CAUTIVOS ESTÁN EN RIESGO 

Las Abuelas señalan que los niños secuestrados y nacidos en 
cautiverio están en riesgo por muchas razones: la separación 
violenta de sus madres, el ocultamiento de su historia, las 
mentiras sistemáticas y constantes en que se funda su vida 
familiar y su deliberado aislamiento de las redes de informa- 
ción social que les permitirían conocer el pasado reciente de su 
país, y con ello de sí mismos.^' Estos factores, sostienen las 
Abuelas, ponen en peligro la salud física y mental de los ni- 
ños; sólo la restitución puede crear las condiciones óptimas 
para su desarrollo saludable. 

El informe de Theo van Boven llegaba a las mismas conclu- 
siones: 

[Los niños] viven actualmente en medios familiares que, 
en vista de las atrocidades cometidas en el pasado y de la par- 
ticipación que en ellas les cupo a los jefes de esas familias, son 
una afrenta a los principios humanitarios y de derechos hu- 
manos internacionalmente reconocidos. En tales circunstan- 
cias, se les está negando la oportunidad para desarrollarse 
física, mental, espiritual y socialmente en forma saludable y 
normal, así como en condiciones de libertad y dignidad; [. . .] 
corren el peligro de no ser educados en un espíritu de toleran- 
cia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal. En 
efecto, siguen siendo tratados como el "botín" de una "gue- 
rra sucia", y esta situación persiste en la medida en que no se 
reconozca y haga efectivo su derecho a mantener su identidad 
y a vivir con sus familias legítimas. [. . .} El autor del presen- 
te informe ha llegado a la firme conclusión de que, casi sin 



207 



excepción, el retorno del niño a su familia legítima va en el 
"interés superior del niño" y es una exigencia imperativa de 
la justicia.^" 

El conocido psicoanalista Fernando Ulloa, quien supervisó 
el tratamiento psicológico de algunos de ios niños restituidos 
a sus familias, observó que la gran mayoría de los menores re- 
cuperados, pese a las terribles heridas que habían sufrido, se 
beneficiaban enormemente con el proceso de restitución. Tam- 
bién expresó sus preocupaciones por los niños aún en cautive- 
rio: 

Cuando quienes se presentan como padres, habiendo sido 
apropiadores, secuestradores, están en poder de un secreto 
atroz, del que son responsables o partícipes más o menos di- 
rectos, entonces los efectos sobre los niños apropiados son 
muy terribles. Cuando se convive familiarmente con una si- 
tuación así, esta verdad se filtra: a través de vacilaciones, de 
dudas. [. . .] Se puede afirmar que los chicos apropiados cono- 
cen la verdad. 

Las dinámicas emocionales que impregnan la relación entre 
el apropiador y la víctima distan de ser saludables: 

Muchas veces, los apropiadores desarrollan un despliegue 
que tiene todas las connotaciones del amor intenso, que es un 
amor fetichista. Porque es la única forma que tienen ellos, 
con ese despliegue de amor a sus "hijos trofeos", para negar 
su crimen. Como si dijeran: "No es cierto que nosotros somos 
criminales cuando tenemos tanto amor y dedicación por es- 
tos chicos". Esto es, paradójicamente, el efecto más siniestro. 
Aquí sí el sujeto está sometido a la tremenda contradicción 
de tener que convivir, por un lado, con los signos que simu- 
lan amor, pero que en realidad encubren un crimen del que 
ellos son víctimas. Esto es lo que se llama el efecto fetichista: 
cuando se establece a través de este simulacro, inclusive sen- 
tido, del amor un velo sobre el crimen.^' 



208 



Alicia Lo Giúdice, una psicoanalista y psicóloga infantil 
que trabajó con algunos de los niños restituidos, advierte de 
manera similar sobre lo nociva que puede ser la apropiación: 

El chico queda como objeto para los apropiadores [...]. 
En el caso de una nena que tenía casi dos años cuando la se- 
cuestran, ella puede conservar su nombre porque ella seguía 
diciendo cómo se llamaba. Pero los apropiadores le hacen 
como reprimir todo lo vivido hasta ese momento, cuando 
ella ya hablaba, casi controlaba esfínteres, tiene que olvidar- 
se de su mamá y de su papá. [...} La hicieron pasar por 
recién nacida [...} la obligaron a renegar de lo vivido. Es 
como si ella dijera bueno, yo no viví eso.[...] Es un meca- 
nismo muy fuerte para un chico donde su psiquismo toda- 
vía está en vías de formación. Por eso es tan grave la 
situación. El accionar de las Abuelas es decir, no, acá pasa- 
ron las cosas que pasaron, busquemos a los chicos y ubique- 
mos las cosas como son.^^ 



Carta abierta a un juez 

Mientras se desarrollaba la saga de los mellizos Reggiardo 
Tolosa, Adriana Calvo de Laborde — integrante de la Asocia- 
ción de Ex Detenidos Desaparecidos y una de las pocas muje- 
res que dio a luz en cautiverio y no fue asesinada (véase el 
capítulo 1) — escribió una carta abierta a uno de los jueces 
intervinientes en el caso de los mellizos. En ella le recordaba 
que había sido secuestrada cuando estaba en el sexto mes y 
medio de embarazo y que, vendada y esposada, dio a luz a su 
hija en el piso de un patrullero. En ese momento se juró que 
dedicaría su vida a asegurarse de que se conociera la verdad y 
triunfara la justicia. Había compartido su cautiverio con 
muchas otras mujeres valerosas, seis de las cuales también 
estaban embarazadas. Ninguna de ellas sobrevivió. En su car- 
ta al juez Weschler decía que era testigo del deseo de esas 
madres de que sus hijos vivieran con sus familias legítimas. En 
su propio caso, señalaba, nadie podría convencerla de que, en 



209 



el caso de que la hubieran asesinado, su hija habría estado 
mejor en manos de los represores. ^^ 

En 1995, la hija de Calvo de Laborde, Teresa, festejó sus 18 
años y habló de lo que podría haber sido su vida si la hubie- 
sen mantenido en cautiverio: 

Es como un milagro que mi mamá me haya podido tener 
y que no me hayan robado. Creo que el mío es uno de los 
pocos casos en que dejaron a un recién nacido con su madre 
y no lo entregaron a familias relacionadas con las fuerzas de 
seguridad. En ese caso, mi vida hubiera sido totalmente dis- 
tinta: me hubiesen dado otra educación y otro pensamien- 
to. Tal vez estaría viviendo con un militar y su mujer, y los 
amaría. Pero no sabría la verdad, porque en esos casos nun- 
ca se dice la verdad. Si yo estuviera viviendo con un padre 
que me dice que me robó o que me compró, que torturó o 
era amigo de los torturadores, no sé si lo podría seguir que- 
riendo.^^' 

Los niños aún cautivos no tienen voz. El proceso de recupe- 
ración de su identidad y su verdad puede extenderse muchos 
años más. Por eso el Banco Nacional de Datos Genéticos con- 
servará muestras de sangre de sus parientes hasta el año 2050. 
Es posible que algunos de los niños hayan escuchado el men- 
saje de las Abuelas. Algunos de ellos, sin duda, empezarán a 
cuestionar su historia y sus orígenes. Las Abuelas creen que, 
finalmente, cuando se conviertan en adultos, algunos respon- 
derán a la llamada y empezarán a buscar a sus familias legíti- 
mas. En efecto, eso es lo que ya está empezando a suceder: 
como lo muestra con más detalle el próximo capítulo, más de 
cien jóvenes se pusieron en contacto con la Comisión Nacio- 
nal por el Derecho a la Identidad y pidieron ayuda para encon- 
trar la verdad sobre sus orígenes. En palabras de uno de ellos, 
un varón de 19 años: "Lo que quiero, por ahora, es saber la 
verdad, después veré qué hago".^^ Las Abuelas los esperan para 
ayudarlos y apoyarlos en su búsqueda. 



2IO 



Capítulo 6 
Una nueva estrategia: 
el derecho a la identidad 

Esta gente que estuvo haciendo estas cosas quiso 7no- 
dificar lo que es la naturaleza, modificar la esencia 
nuestra, cada persona es y tiene una historia. { . . .) 
De una historia uno no puede insertarse en otra his- 
toria (...) nosotros lo sabemos por los niños que he- 
mos recuperado: todos han dicho algo acerca de esto, 
que se han sentido mal, que han vivido con una mano 
en la cabeza que los apretaba, con una angustia gran- 
de en el corazón. (...) Estas son expresiones de los 
mismos niños restituidos. 

Berta Schubaroff 

La creación en 1987 del Banco Nacional de Datos Ge- 
néticos señaló un momento importante en la evolución del 
trabajo de las Abuelas. El banco les proporcionó el saber cien- 
tífico que necesitaban para fortalecer sus argumentos y probar 
en los tribunales la filiación de los niños encontrados. Pero 
eso no era suficiente. Constantemente surgían obstáculos 
legales a su trabajo. Por ejemplo, la abuela de Ximena Vica- 
rio comprobó que carecía de atribuciones legales debido a 
una añeja ley referente a la guarda que prohibía que los fami- 
liares no parentales (abuelos, tíos y hermanos) fueran parte 
interviniente en los casos de custodia. La ley sólo se modificó, 
finalmente, tras las presiones ejercidas por las Abuelas sobre 
los legisladores.' 

Por otra parte, cuando los casos investigados terminaban en 
los tribunales, los apropiadores frecuentemente se negaban a 

211 



permitir que los niños se hicieran análisis en el Banco, y 
muchas veces los jueces omitían cuestionar la legitimidad de 
las adopciones o las partidas de nacimiento notoriamente fal- 
sas que se presentaban. Las Abuelas comprendieron desde el 
comienzo mismo que los tribunales, aunque trabajaran ade- 
cuadamente, no eran suficientes por sí solos: la ley de adopción 
vigente y su reglamentación ayudaban a encubrir las desapa- 
riciones de menores y protegían a los secuestradores. Se nece- 
sitaba algo más fundamental para resguardar los derechos de 
los niños desaparecidos. 

Ya en 1986, en el primer Congreso Argentino de Adop- 
ción, las Abuelas impugnaron el sistema cerrado vigente, 
porque el mantenimiento del secreto sobre los orígenes hacía 
posible las adopciones ilegítimas. Ese secreto, sostenían, tam- 
bién era perjudicial para los niños que habían sido adoptados 
legalmente: dada la publicidad que rodeaba la actividad de su 
asociación, era inevitable que esos niños se preguntaran sobre 
sus orígenes y el destino de sus padres. Las Abuelas abogaban 
por nuevas ideas e instrumentos legales que hicieran que las 
adopciones protegieran verdaderamente el bienestar de todos 
los niños. Estos debían saber la verdad acerca de sus orígenes. 
También criticaban la ley argentina por no exigir que los 
padres de sangre fueran citados durante el trámite, ya que su 
ausencia facilitaría el tráfico de niños. ^ 



La Convención de las Naciones Unidas sobre 

LOS Derechos del Niño y el derecho a la identidad 

En 1985, influido por los argumentos de las Abuelas, el 
gobierno argentino presentó ante el Grupo de Trabajo de las 
Naciones Unidas que redactaba una convención sobre los de- 
rechos del niño un artículo referido a los derechos de éste a su 
identidad y a la vida con su familia de origen. La Asamblea 
General aprobó en noviembre de 1989 la Convención sobre los 
Derechos del Niño, y en septiembre del año siguiente ésta 
había obtenido las veinte ratificaciones necesarias para alcan- 
zar el estatus de ley internacional. Hacia fines de 1997 había 



212, 



sido ratificada por 191 estados, lo que la convertía en el tra- 
tado de derechos humanos de más amplia aceptación en la 
historia. Para mayo de 1998, entre los estados miembros de la 
ONU sólo faltaba aún la ratificación de Estados Unidos y 
Somalia.^ 

La convención se concentra primordialmente en el "mayor 
beneficio del niño". Sus 54 artículos cubren un vasto número 
de campos, desde los derechos de los niños a estar exentos de 
la explotación sexual y económica hasta su derecho a una ali- 
mentación, una vivienda, una educación y una atención sani- 
taria adecuadas. Los artículos comprenden tres rubros: 
provisión (el derecho a la satisfacción de las necesidades bási- 
cas), protección (el derecho a estar amparado de actos o prác- 
ticas nocivas) y participación (el derecho a ser escuchado en 
decisiones que afecten su propia vida). La convención consti- 
tuye el cuerpo más importante de leyes internacionales sobre 
derechos de los niños y sus normas son de aplicación obliga- 
toria para los gobiernos que la ratificaron.^ 

La convención de 1989 abrió nuevos horizontes, ya que creó 
nuevos derechos, como el artículo 8 sobre la preservación de la 
identidad del niño, e introdujo nuevos conceptos legales, 
como el artículo 21 sobre la adopción, que reconoce que "la 
adopción en otro país puede ser considerada como otro medio 
de cuidar del niño, en el caso de que éste no pueda ser coloca- 
do en un hogar de guarda o entregado a una familia adoptiva 
o no pueda ser atendido de manera adecuada en el país de 
origen."^ Las Abuelas, que cumplieron un papel clave en la 
formulación y elaboración de los términos del artículo 8, tra- 
bajaron en estrecho contacto con el Ministerio de Relaciones 
Exteriores de la Argentina en su redacción — una notable ha- 
zaña para unas mujeres que carecían de toda instrucción for- 
mal en derecho internacional — .^ 

La formulación original propuesta por el gobierno argenti- 
no era muy fuerte: 

El niño tiene el derecho inalienable a conservar su verda- 
dera y genuina identidad personal, legal y familiar. En caso 
de que el niño haya sido fraudulentamente privado de algu- 



213 



nos o todos los elementos de su identidad, el Estado debe 
darle protección y asistencia especiales con vistas a resta- 
blecer tan pronto como sea posible su verdadera y genuina 
identidad. Esta obligación del Estado incluye, en particular, 
la restitución del niño a sus relaciones de sangre para su 



crianza.^ 



La versión final reflejó los compromisos necesarios para 
hacer que el artículo obtuviera la adhesión de los otros inte- 
grantes del grupo de trabajo. Los representantes de algunos 
países no querían verse obligados a incluir el concepto de 
"identidad" en sus leyes nacionales. Otros no querían generar 
conflictos con tecnologías reproductivas como la inseminación 
artificial o la fecundación in vitro. Otros, por fin, se pregun- 
taban si el artículo 8 sería compatible con las leyes que permi- 
ten el aborto.^ 

Tal como fue aprobado, el artículo 8 proclama lo siguiente: 

L Los Estados Partes se comprometen a respetar el derecho 
del niño a preservar su identidad, incluidos la nacionali- 
dad, el nombre y las relaciones familiares, de conformidad 
con la ley sin injerencias ilícitas. 

2. Cuando un niño sea privado ilegalmente de algunos de los 
elementos de su identidad o de todos ellos, los Estados 
Partes deberán prestar la asistencia y protección apropia- 
das con miras a restablecer rápidamente su identidad.'^ 

Aunque no es tan específico como en su redacción original, 
el artículo 8 llena un importante vacío legal, ya que obliga al 
Estado a respetar el derecho del niño a preservar su identidad 
y tomar medidas para restablecerla cuando ha sido puesta en 
peligro. El Parlamento argentino ratificó la convención en 
octubre de 1990, si bien objetó cuatro aspectos: el momento 
en que se inicia la vida, las adopciones internacionales, la pla- 
nificación familiar y la presencia de niños en los ejércitos. 
Incorporada a la jurisprudencia argentina, la Convención so- 
bre los Derechos del Niño se ha convertido en parte del cuer- 
po de leyes concernientes a la niñez. 



214 



10 



Es significativo, de todos modos, que en el concepto de 
identidad, que la convención no define, subsista cierta ambi- 
güedad. Si bien en el artículo 8 se mencionan de manera ex- 
plícita sus elementos — "la nacionalidad, el nombre y las 
relaciones familiares, de conformidad con la ley" — , la lista no 
es exhaustiva; así, en el futuro podrían surgir diferentes inter- 
pretaciones del "derecho a la identidad", que incorporaran dis- 
tintos elementos. El estudioso del derecho George A. Stewart 
descompone la identidad en cuatro categorías interpretativas: 

La identidad familiar incluye a los padres naturales, la fa- 
milia y los antepasados, así como el apellido. Se prevé aquí que 
la identidad tribal comprenda la identidad étnica, cultural y 
religiosa. La identidad biológica incluye la información médi- 
ca y genética sobre uno mismo y sus antepasados y parientes 
consanguíneos, y también datos históricos como el lugar y la 
fecha de nacimiento y el registro de sucesos importantes para 
la persona. La identidad política es la nacionalidad.^' 

Las cuestiones de la identidad y sus diversas interpretacio- 
nes plantean en el derecho internacional una discusión que 
puede tener implicaciones de largo alcance para los movimien- 
tos de derechos humanos en todo el mundo. 

La convención establecía la creación de un Comité de De- 
rechos del Niño de la onu, para supervisar y ayudar a los 
gobiernos a adaptar sus leyes y prácticas nacionales a lo dis- 
puesto por ella. Dicho comité, compuesto por diez miembros 
de diversas profesiones y nacionalidades, revisa los informes 
sobre los planes de implementación de los países que ratifica- 
ron la convención. De manera similar, las Abuelas, que habían 
apoyado activamente la promulgación de una convención in- 
ternacional de protección de los niños, trabajaron vigorosa- 
mente para implementarla, instruyendo tanto al público como 
a los profesionales sobre sus términos. La incorporación de la 
convención al derecho argentino representó un aporte a sus 
esfuerzos por realizar grandes cambios en el sistema de adop- 
ción y, en especial, por poner fin al secreto que caracterizaba 
el trámite.^" 



215 



Estela de Carlotto hace el siguiente comentario: 

Acá las Abuelas somos buscadoras de algo, y la gente ya 
nos carátula como "buscadoras de identidad", cuando se refie- 
ren al artículo 8 de la Convención, que es [...} según dicen 
en el exterior, el artículo argentino, así lo llaman, porque eso 
fue peleado por nosotros porque fue el artículo de la identi- 
dad. [. . .] A partir de nosotros y acompañados por sectores de 
la sociedad y también del propio Estado, se consiguió incor- 
porar no solamente el artículo 8 sino también el 7 y el II, 
que son artículos que hablan de los derechos del niño a ser él 
mismo, a tener su familia, identidad, etcétera, y cómo recu- 
perarla y cómo el Estado tiene la obligación de restituírsela 
[...], también aquellos chicos sacados ilícitamente del país, es 
el artículo 1 1, que tienen que ser devueltos al país de origen, 
mediante tratados bilaterales entre los dos países, el país en 
el cual vive el chico que salió ilícitamente y el país de origen 
de la criatura, o sea que también da una apoyatura al tema del 
regreso de los chicos que hayan sido sacados del país, robados 
por los militares, policías o cómplices. •' 

En 1990, las Abuelas le señalaron al presidente Menem 
que como la Argentina había ratificado la Convención sobre 
los Derechos del Niño, él estaba obligado a tomar medidas 
para que los menores desaparecidos recuperaran su identidad. 
Sin embargo, el inminente indulto presidencial de los inte- 
grantes de las juntas legitimaría en sustancia el cautiverio de 
los niños y los condenaría a la ignorancia de sus verdaderas 
familias y a una vida junto a los asesinos de sus padres. ^^ Die- 
ciocho meses después de su elección, Menem seguía en silen- 
cio con respecto a los niños desaparecidos. Las Abuelas 
consideraban que el gobierno era responsable de su inacción 
y afirmaban que era una cuestión de mero sentido común y 
estaba dentro de lo razonable que el Estado de derecho inter- 
viniera y reparara el daño que había hecho el Estado terroris- 
ta. En consecuencia, exhortaban a la comunidad internacional 
de derechos humanos a velar para que el gobierno argentino 
cumpliera su compromiso de convertir el derecho a la identi- 

2l6 



dad en una realidad J^ A su turno, ese derecho a la identidad 
pasó a ser el fundamento legal sobre el cual las Abuelas elabo- 
raron sus argumentos. 

El caso de Emiliano Carlos Tortrino Castro se convirtió, 
dentro de la justicia argentina, en la piedra de toque del reco- 
nocimiento y la aplicación del derecho a la identidad. La cau- 
sa se centraba en la cuestión de la obligatoriedad del análisis 
genético del joven para comprobar su filiación biológica. 
Emiliano había desaparecido junto con su madre, María Car- 
men Tortrino, en marzo de 1977, cuando tenía ocho meses; su 
padre había corrido la misma suerte unos meses antes. El niño 
tenía una característica identificatoria visible: una fisura 
palatina. Inmediatamente después de su desaparición, las dos 
familias empezaron a buscarlo. Unos días más tarde, su abue- 
lo paterno se enteró de que un niño con el paladar hendido 
había aparecido en la calle y estaba bajo la custodia de un juez. 
En abril, éste lo entregó a una pareja, autorizada a darle su 
apellido. En cuestión de semanas, el niño había perdido su 
identidad; en menos de seis meses, el trámite de adopción 
estaba terminado. 

En 1988, con la ayuda de dos fiscales designados por el 
presidente Alfonsín, las Abuelas empezaron a intervenir en 
el caso; se ofrecieron a proponer testigos y solicitaron que se 
efectuaran los análisis genéticos del niño para establecer su 
identidad. Los padres adoptivos recusaron la orden del juez 
que disponía la realización de dichos análisis, y el fiscal gene- 
ral se puso de su lado, con el argumento de que no sólo quería 
"proteger la intimidad" de Emiliano, sino que el análisis com- 
pulsivo amenazaba la "integridad física y psíquica del me- 
nor". ^^' En 1995, el caso llegó a la Corte Suprema, que no se 
pronunció sobre el análisis genético obligatorio; declaró cerra- 
do el caso, con la mención del estatuto de limitaciones. Las 
Abuelas respondieron lanzando una campaña nacional e inter- 
nacional para reunir un millón de firmas y enviarlas a la Co- 
misión de Derechos Humanos de la oea, como protesta contra 
el fallo de la Corte Suprema.'^ 

Abogados especializados en derechos humanos, como Alcira E. 
Ríos — profesora de derecho civil de la familia en la Universidad 



217 



de Buenos Aires y una de las asesoras jurídicas de las Abuelas — , 
respaldan la obligatoriedad del análisis genético de los niños: 

Creo que los análisis tienen que ser compulsivos en el caso 
de los chicos, no pueden ser compulsivos en relación al adul- 
to, porque sería como obligar a alguien, sería contrario al 
principio constitucional de la defensa en juicio. Sería obligar 
a alguien a confesar contra sí mismo. En cambio, el menor, 
víctima de delito, vos estás investigando un delito, el juez 
penal está obligado a investigar este delito y si tiene que or- 
denar un análisis, lo tiene que ordenar porque la disposición 
tutelar la tiene el juez y es el que va a decidir si hay que hacer 
o no hacer el análisis del menor. El menor no está en condi- 
ciones de decidir si quiere o no quiere analizarse, aparte, no 
sería afectar el principio constitucional de la confesión, por- 
que el menor es víctima, no es el imputado. ^^ 

Finalmente, en diciembre de 1996, la Corte Suprema con- 
cordó con el razonamiento de Alcira Ríos: falló que podía 
ordenarse la realización de análisis obligatorios aun cuando los 
"padres" adoptivos o el niño se opusieran a ellos. Esta decisión, 
que representa una significativa victoria para las Abuelas, 
ayudará a resolver algunos de sus casos hoy en la justicia.''^ 

El caso de Simón Antonio Riquelo, en el vecino Uruguay, ha 
planteado problemas similares. En 1976, cuando sólo tenía 
veinte días, quedó separado de su madre, Sara Méndez Lom- 
podio, al ser ésta secuestrada en Buenos Aires. Tras pasar cua- 
tro años en la cárcel, Sara, junto con las Abuelas, inició la larga 
búsqueda de su hijo. En 1987, ella y el padre del niño, Mauricio 
Gatti (que murió de un ataque cardíaco en 1991), encontraron 
en Montevideo a un chico que, en su opinión, podía ser su hijo. 
El niño había sido adoptado por un pariente del oficial militar 
a cargo del secuestro de Sara. La justicia uruguaya consideró 
legítima la oposición de los padres adoptivos al análisis de san- 
gre y Sara llevó su caso hasta la Corte Suprema. A fines de 1997, 
ésta falló en su contra. No hay nada que Sara pueda hacer den- 
tro del poder judicial uruguayo. Es probable que en el futuro 
lleve su caso al nivel internacional."" 



2l8 



La Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad 

En 1991, el gobierno abrió los archivos que contenían in- 
formación sobre los nazis que vivieron en la Argentina desde 
la Segunda Guerra Mundial. Las organizaciones de derechos 
humanos exigieron de inmediato que también se hicieran 
públicos los que contuvieran datos sobre los desaparecidos 
argentinos. Los voceros de las fuerzas armadas y de seguridad 
afirmaron que no había registros sobre éstos y que el último 
presidente de f acto, el general Reynaldo Bignone, había orde- 
nado la incineración de los archivos. Las Abuelas señalaron 
que, aunque no hubiera archivos formales, había muchos "ar- 
chivos vivientes", como el general Ramón Camps, que era res- 
ponsable de la muerte de más de cinco mil personas. ^^ 

En julio de 1992, las Abuelas se reunieron con el presiden- 
te Menem e insistieron en que el gobierno creara una comisión 
para buscar activamente a los niños desaparecidos. Como re- 
sultado de ese encuentro, la Oficina de Derechos Humanos fue 
elevada al rango de subsecretaría, lo que otorgó un mayor al- 
cance al accionar y las decisiones de su responsable, por enton- 
ces Alicia Pierini. Lo más importante, sin embargo, fue que el 
gobierno creó la Comisión Nacional por el Derecho a la Iden- 
tidad, cuya finalidad es "impulsar la búsqueda de niños des- 
aparecidos y determinar el paradero de niños secuestrados y 
desaparecidos con identidad conocida y de niños nacidos en 
ocasión de encontrarse la madre privada ilegítimamente de 
libertad; y para aportar al cumplimiento del compromiso asu- 
mido por el Estado Nacional al ratificar la Convención sobre 
los Derechos del Niño.""^ 

La comisión está compuesta por siete miembros: dos fisca- 
les designados por el procurador general, dos personas elegi- 
das por las Abuelas (quienes, para mantener su independencia 
y libertad de crítica, no la integran personalmente) y tres in- 
tegrantes de la Subsecretaría de Derechos Humanos, incluido 
su responsable.^^ Un elemento decisivo para su éxito es que la 
comisión, como el Banco Nacional de Datos Genéticos, no se 
dedica exclusivamente a las personas desaparecidas víctimas 
del terrorismo de Estado. También investiga los casos de ni- 



219 



ños que perdieron su identidad de otra manera, por ejemplo a 
causa de las adopciones ilegítimas y el tráfico infantil. Desde 
su creación, han acudido a ella más de un centenar de jóvenes 
en busca de ayuda para identificar sus orígenes y establecer su 
historia familiar.-* 

De tal modo, las Abuelas pudieron poner en consideración 
de la comisión los casos más apremiantes — entre ellos los de 
los mellizos Reggiardo Tolosa, Emiliano Carlos Tortrino Cas- 
tro y el mayor Atilio Bianco y su esposa — , para cuya resolu- 
ción aquélla podía usar sus facultades, maniobrando a través de 
los enredos legales y las dilaciones judiciales. Las investigacio- 
nes de la comisión descubrieron 55 casos más de desapariciones 
de mujeres embarazadas y niños, que anteriormente no habían 
sido denunciados a la organización de las Abuelas."^ Los aboga- 
dos de éstas comprobaron que la existencia de la comisión faci- 
litaba su tarea, ya que sus constantes intercambios con los 
representantes del poder judicial daban a los fiscales una com- 
prensión más profunda de las complejidades de las causas. 

Sin embargo, las Abuelas comprendieron que, pese a algu- 
nos progresos, era necesario que siguieran vigilantes. En 
diciembre de 1993, junto con otras organizaciones que tra- 
bajaban por los derechos de los niños, crearon un comité inde- 
pendiente para supervisar la implementación de la Convención 
sobre los Derechos de los Niños en la Argentina.-*^ Tras el 
éxito obtenido con la inclusión del derecho a la identidad en 
la convención y en el derecho argentino, las Abuelas procura- 
ban asegurarse de que la justicia incorporara este nuevo dere- 
cho a su práctica. 



Primer éxito: la anulación de una adopción 

En 1991 se anuló por primera vez en la Argentina una 
adopción "plena" a causa del recién establecido derecho a la 
identidad.-^ Luego de que los análisis genéticos demostraran 
que la identidad de la niña había sido fraguada, el juez Héc- 
tor Armando Nattero declaró nula y sin efecto la adopción de 
Ximena Vicario (véase el capítulo 4). Alcira Ríos lo explica: 



220 



Muchos de los chicos están adoptados con adopción plena. 
La ley de adopción en la Argentina establece la pérdida de la 
identidad biológica y la inclusión en la familia adoptante y 
no se puede revisar. [. . .] Cuando nosotros iniciamos la nuli- 
dad de la adopción plena en el caso de Ximena Vicario, todo 
el mundo estaba atento porque acá nunca se había anulado 
una adopción plena. En este país no hay antecedentes de 
nulidad de adopción plena, es la primera adopción plena que 
se anula. [. . .} La base de esto es la ley del derecho a la iden- 
tidad. Cuando los análisis de sangre mostraron quién era ella, 
se demostró fraude en el proceso de adopción, y como el 
derecho de familia es imprescriptible, es inalienable, su adop- 
ción fue anulada. [. . .} Tengo la sentencia de primera instan- 
cia, sentencia de la Cámara y sentencia de la Corte. Esto abre 
el camino para la nulidad de otras adopciones. [...] Aunque 
sean grandes, los mismos chicos van a poder pedir la nulidad 
de adopción. Por eso es importante la sentencia. Y el derecho 
a la identidad ahora tiene rango constitucional, porque la 
Convención de los Derechos del Niño fue incorporada en la 
reforma de la Constitución Nacional."^ 

El fallo legal que dispuso que los mellizos Reggiardo 
Tolosa recuperaran su apellido y se les entregaran los docu- 
mentos correspondientes también se basó en el derecho a la 
identidad. Después de que los análisis genéticos demostraron 
que no eran hijos del policía Samuel Miara y que no había 
relación biológica entre ellos, la corte restableció su identidad 
y designó un tutor. Miara ya no tenía derechos sobre ellos. 

En la actualidad, las Abuelas manejan varios otros casos en 
que es necesario efectuar el análisis genético para verificar la 
identidad de los niños. Una vez que se los identifique con 
certeza, es posible que también sus adopciones lleguen a anu- 
larse. Como argumentaron las Abuelas, el hecho de que la 
justicia argentina reconociera plenamente el derecho a la iden- 
tidad fue y es esencial para establecer quiénes son realmente 
los niños localizados. 



221 



Impacto en la ley de adopción 

La experiencia de las Abuelas en la lucha por recuperar a los 
niños desaparecidos, junto con la inclusión del derecho a la 
identidad en la Constitución reformada, están cambiando la 
forma de considerar la adopción en la Argentina. Las Abuelas 
no se oponen a la adopción misma, sino a los reglamentos, 
procedimientos y prácticas que no contemplan el mayor bene- 
ficio de los niños. Chicha Mariani expresa con energía sus 
puntos de vista: 

Yo creo que la adopción es totalmente legítima y necesa- 
ria. Con todos los recaudos que se deben tomar para que el 
chico no sea nunca sacado de su madre o de su familia, como 
pasa acá, mucho. [. . .] Y el chico tiene que tener derecho a su 
identidad. [. . .] Tengo una opinión pésima sobre las adopcio- 
nes internacionales y pienso que no se deben hacer. [...] En 
1983, en Ginebra, caímos en una agencia de adopción inter- 
nacional, tenían álbumes donde ofrecían chicos como una 
cosa natural. Eso nos espantó. [...} Trasladar a un chico es 
como trasladar una planta a un ambiente, una planta se seca 
si la cambias de ambiente, un ser humano sufre y además la 
discriminación... Me parece terrible cambiarlos de su tierra 
y sacarlos de su ambiente. Las raíces son una cosa poderosa y 
la prueba está en miles de casos que uno conoce, no de des- 
aparecidos, pero de gente que vuelve a sus raíces y quiere 
buscar lo suyo.~'^ 

El pensamiento de las Abuelas coincide con el de Maria 
Josefina Becker, vicedirectora de la Fundación Nacional para 
el Bienestar del Menor Abandonado de Brasil, funabem 
(Fundagáo Nacional para o bem-estar do menor abandonado). 
Becker expresa un punto de vista latinoamericano sobre la 
adopción internacional: 

Otro problema relacionado con la adopción internacional 
radica en la ignorancia de las consecuencias que surgen de la 
adopción a mediano y largo plazo, particularmente respecto 



222 



a los niños de diferente origen étnico. Se presume que en la 
mayoría de los casos los padres adoptivos lo aceptarán since- 
ramente, lo amarán y harán todo lo posible por protegerlo 
contra toda forma de discriminación. Sin embargo, con el 
tiempo el niño será un adolescente y luego un adulto. El 
hecho de que el niño haya sido adoptado por una familia no 
significa necesariamente que ha sido igualmente adoptado 
por una sociedad o un país. ¿Qué problemas enfrentará enton- 
ces un joven negro o que tenga rasgos indígenas o una mez- 
cla racial para lograr su propia identidad, en sus relaciones 
con sus semejantes y para integrarse en la sociedad? [. . .} No 
debemos olvidar el derecho que tiene el adolescente a cono- 
cer sus raíces. ¿Cómo reaccionará ante el hecho de que se 
tomó una decisión que lo privaba de una nacionalidad y se le 
daba otra sin que él pudiera opinar?^" 

Estas nuevas cuestiones y formas de pensar surgen directa- 
mente de las luchas de las Abuelas. Estas presentaron su tra- 
bajo y analizaron el derecho a la identidad en el Segundo 
Simposio Interdisciplinario sobre la Adopción en el Cono Sur, 
realizado en Buenos Aires en noviembre de 1994; otra parti- 
cipante en el mismo encuentro, una profesional del campo de 
la adopción, destacó su exhortación al cambio: 

La institución de la adopción merece otra mirada más 
abierta, acorde con una nueva ideología que rescate el valor de 
la libertad, la importancia de la verdad y el respeto por los de- 
rechos personales, en especial el derecho a la identidad. [...] 
El conocimiento de la propia génesis es un factor esencial 
para la construcción de la subjetividad de los adoptivos [...] 
Se hace imprescindible una nueva construcción ideológica y 
jurídica de la adopción, más flexible, más abierta, más respe- 
tuosa de la dignidad y de la individualidad de cada persona, 
en tanto seres únicos e irrepetibles, con derecho a una vida 
que merezca ser vivida. ^^ 

Con la influencia de las Abuelas y el apoyo de algunos pro- 
fesionales y políticos, los legisladores comenzaron en 1994 a 



223 



redactar una nueva ley de adopción que tomara en cuenta el 
derecho a la identidad. Graciela Fernández Meijide, entonces 
miembro del Parlamento, fue una de las proponentes de la 
nueva ley: 

Es curioso, por ejemplo, que sociedades como las de Esta- 
dos Unidos que tienen el hábito de decirle la verdad a cual- 
quiera sobre su enfermedad, aunque esa enfermedad sea 
mortal y que a nosotros nos parece muy cruel, se resistan a 
decir la verdad a un ser humano que por un tiempo es chico, 
pero que después es un adulto, esto es colonización. Esto es 
un adulto colonizando a un chico, sólo un colonizador no le 
respeta la identidad a un colonizado, y esto no importa cuál 
haya sido el origen de la adopción, puede ser absolutamente 
normal y legal, como es un niño que ha sido abandonado, que 
quedó huérfano, que ha sido sacado por un juez y que es re- 
cibido por una familia que es lo común que ocurre, puede ser 
peor aún si aparece desde un delito, como fue durante la dic- 
tadura, donde hubo un robo de un chico que es entregado. 
Puede ser la práctica horrible que cada vez es más común, que 
es la de comprar chicos y trasladarlos de un país a otro. Cual- 
quiera de los métodos que se usen, es un hipócrita quien diga 
que lo hacen por una cuestión humanitaria si no está dispues- 
to a decir la verdad, porque no le está respetando al otro ser 
humano, que es el chico, su derecho a la identidad. 

La ley anterior de adopción en la Argentina en general te- 
nía más la mirada en defensa de los intereses de los adultos 
que de los chicos. Nuestra ley pone énfasis en el derecho del 
niño, de ahí que haya varias cuestiones que exigen entre otras, 
que se les diga la verdad, que son adoptados, y de quién, si 
se sabe, y si existe la familia biológica, una de las exigencias 
de la ley es que desde un primer momento actúe un juez, y 
que el juez vigile todo el procedimiento. El juez debe guar- 
dar en su juzgado todos los antecedentes de la familia bioló- 
gica y el joven a los 16 años tiene derecho a exigir el acceso 
a esa información para eventualmente buscar a su familia, si 
quiere hacerlo. ^"^ 



224 



La nueva legislación también establece que la ilegalidad en 
el trámite de adopción es un argumento suficiente para anu- 
larla. La Abuela Antonia Segarra ahonda en este aspecto: 

Cuando se compruebe que un niño ha sido robado, debe 
ser revocada esa adopción, debería ir detenida la pareja que 
los robó y también inmediatamente entregarlo a su verdade- 
ra familia. Queremos que eso quede como ley para no tener 
que lucharlo caso por caso. Que quede en la jurisprudencia. 
[...] No es que Abuelas esté en contra de las adopciones. 
Nosotras decimos que nuestros nietos fueron robados. ¿Por 
qué decimos que fueron robados.'^ Porque los padres no los 
abandonaron y nosotros, las familias, tampoco los hemos 
abandonado a nuestros nietos, ni las tías a los sobrinos, siem- 
pre los hemos buscado desde el primer momento, por eso 
decimos, son niños robados.'' 

La nueva legislación fue aprobada por la Cámara de Dipu- 
tados en 1994 y por el Senado a principios de 1997. En su 
versión final, la ley otorga a los niños adoptados el derecho a 
saber que lo son, y pleno acceso a los expedientes de su adop- 
ción a los 18 años. Si bien no prohibe explícitamente las adop- 
ciones internacionales, exige que quienes deseen adoptar 
tengan una residencia mínima de cinco años en la Argentina. 
Si se pone en vigor, esta condición hará prácticamente impo- 
sibles esas adopciones. El gobierno argentino sostiene que 
antes de someterlas a consideración, es preciso que se elabore 
todo un cuerpo de leyes de protección de la infancia; de lo 
contrario, las adopciones internacionales pueden convertirse en 
una cobertura de la venta y el tráfico de niños. 



Otras consecuencias importantes del derecho 
a la identidad 

Las adopciones ilegales y el tráfico de niños son graves pro- 
blemas en América Latina. ^"^ En la Argentina, de acuerdo con 
un informe de investigación de Defensa de los Niños Interna- 



225 



cional, la venta y el tráfico infantiles llegaron a su máximo 
nivel durante los años de la dictadura; pero la práctica ha 
continuado, y se estima que se concretan unas 12 mil adopcio- 
nes ilegales por año. Una madre adoptiva denunció: "En 1986 
me pasaron el dato de una boutique ubicada en XX, donde en 
la parte posterior funcionaba algo así como una agencia de 
adopción que estaría desde el proceso militar. La hermana de 
una conocida compró un bebé pagando U$S 8.000".'- 

En el interior del país, en algunas de las regiones más po- 
bres, no es inhabitual que haya testigos que prestan falso tes- 
timonio sobre nacimientos. La hermana Martha Pelloni, una 
conocida activista comunitaria, acusó en un testimonio ante la 
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos a miembros 
del poder judicial de participar en la adopción ilegal y el trá- 
fico de niños. '^' Un informe elaborado en 1993 por la Corte 
Suprema de la provincia de Corrientes reconocía que los niños 
se entregaban sin ninguna supervisión ni regulación. La her- 
mana Martha declaró ante la corte: 

Desde que llegué a Goya, ajena a este tema, comenzaron 
a llamarme por teléfono reclamando justicia sobre chicos 
correntines que ahora están en Italia, Francia, Alemania, Es- 
tados Unidos. Cuando pedía a los denunciantes que se hicie- 
ran presentes, me encontraba con una única respuesta: el 
llanto y el miedo. Me pregunté qué poderes provinciales 
hacían que esta gente reaccionara de tal modo.^^ 

En 1994, el caso de Carlitos García, en la provincia del 
Chaco, suscitó enorme atención. El niño fue adoptado por un 
torero español y su mujer, en flagrante violación de la ley 
argentina en la materia. El juez a cargo del caso había inter- 
venido en una cantidad anormalmente elevada de adopciones, 
dada la población y el número de nacimientos en la región.'^ 
El caso se convirtió en un símbolo de la facilidad con que se 
producían adopciones internacionales a pesar de la oposición 
del gobierno. Hubo denuncias de que en la Argentina actua- 
ba una agencia de adopciones internacionales con sede en Oslo, 
Noruega, que había intervenido en la adopción de más de tres 

226 



mil niños latinoamericanos y asiáticos por parte de familias 
europeas. ^'^ Peor aún: hay narcotraficantes que han estado 
implicados en la venta de niños. ''^ 

Recientemente se creó una red nacional de lucha contra el 
tráfico de niños. La fundación privada Identidad de Origen, 
puesta en marcha por el ex senador de la provincia de Buenos 
Aires Ricardo Ivoskus, lanzó una campaña para hacer lobby en 
el Congreso contra cualquier tipo de legislación que pueda 
desembocar en la aceptación de las adopciones internacionales. 
Ivoskus, que ha asumido un papel protagónico en esta lucha, 
puso al descubierto la corrupción existente en el poder judicial 
que permitió que se realizaran esas adopciones ilegales. ^^ La 
Abuela Elsa Oesterheld se lamenta: "La gente viene del extran- 
jero y se llevan chicos de acá, la venta de chicos es absoluta- 
mente común. [...} Nosotros hablamos siempre del Banco 
Nacional de Datos Genéticos, para que los padres depositen su 
sangre y los chicos puedan, un día, conocer sus orígenes".^" 

El derecho a la identidad puede ser invocado y probable- 
mente lo será en relación con las recién desarrolladas tecnolo- 
gías de la reproducción asistida. En su libro De la cigüeña a la 
probeta, la feminista argentina Susana Sommer se pregunta: 
"¿Cuál será la respuesta cuando los nacidos por fecundación in 
vitro o por madres de alquiler se pregunten sobre su identi- 
dad?"^' Los niños concebidos gracias a la inseminación artifi- 
cial, la fecundación in vitro y otras tecnologías reproductivas 
podrán invocar el derecho a la identidad cuando soliciten in- 
formación sobre sus orígenes genéticos. ^^ Cuando estas nuevas 
modalidades de reproducción se hagan más comunes en la 
Argentina, los expertos legales, los especialistas en ética y las 
feministas se verán ante la difícil tarea de conciliarias con el 
derecho a la identidad. "^^ 

También en los Estados Unidos el secreto que rodea la 
adopción y las cuestiones de identidad se ha convertido en 
objeto de una polémica. En la mayoría de los estados norte- 
americanos rige todavía una política de expedientes reservados 
y el origen de los adoptados sigue siendo un secreto bien 
guardado. Las agencias de adopción, los juzgados y los hospi- 
tales se niegan a divulgar cualquier información familiar a los 



227 



adoptados o a los padres biológicos que buscan a sus descen- 
dientes. Las partidas de nacimiento de los niños adoptados no 
reflejan su verdadera historia. *^' Betty Jean Lifton, escritora y 
consejera en adopción, describió conmovedoramente la bús- 
queda de sus raíces que emprende el niño adoptado, y su lu- 
cha por constituir un yo auténtico después de experimentar 
desvinculaciones y pérdidas que la sociedad, por lo común, 
omite reconocer. ''^ Una red de miembros del triángulo de 
adopción — adoptados, padres biológicos y padres adoptivos — 
trabaja hoy intensamente por un sistema de adopciones salu- 
dable, en que tanto éstas como los expedientes sean abiertos y 
se reconozca el derecho de los adoptados a conocer sus oríge- 
nes. ""^ Sin embargo, como Estados Unidos no ratificó la Con- 
vención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, 
los adoptados no pueden respaldar sus demandas de cambio 
invocando el derecho a la identidad. 

La capacidad de afirmar la memoria y la propia historia es 
esencial para ese derecho. Erik Erikson nos mostró que la iden- 
tidad se desarrolla tanto a partir de las relaciones vitales inme- 
diatas como de la propia percepción más amplia de la historia 
y la continuidad con el pasado. ^'^ El trabajo de las Abuelas 
coincide con sus concepciones e incorpora a la esfera legal el 
principio de que los seres humanos no son unidades aisladas y 
que los sentimientos de pertenencia y conexión son compo- 
nentes necesarios de una identidad saludable. 

La lucha por los derechos humanos empieza con las cuestio- 
nes cotidianas. Guiadas por el amor a sus hijos y nietos, las 
Abuelas iniciaron su búsqueda, en un primer momento como 
individuos que enfrentaban tragedias personales, más adelan- 
te como parte de un movimiento. Finalmente, su obra trascen- 
dió lo particular y resultó en la creación de un nuevo principio 
legal y ético que hoy ha sido incorporado a la legislación in- 
ternacional sobre derechos humanos. Como escribió convin- 
centemente Eleanor Roosevelt en 1958: 

^Dónde comienzan, después de todo, los derechos huma- 
nos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; tan cer- 
ca y tan pequeños, que no pueden verse en ninguno de los 



228 



mapas del mundo. Y sin embargo son el mundo de las per- 
sonas individuales; el barrio [...]; el colegio o la facultad 
[...]; la fábrica, la granja o la oficina. [...] Si los derechos 
tienen poco significado allí, también lo tendrán en otros lu- 
gares. Sin una acción ciudadana preocupada por defenderlos 
cerca del hogar, buscaremos en vano el progreso en el más 
vasto mundo. ^" 

Inspirados en el ejemplo de las Abuelas, ciudadanos de 
otros países empiezan a movilizarse. Actualmente, familiares 
de menores desaparecidos durante la guerra civil en El Salva- 
dor se han organizado para denunciar las desapariciones y 
encontrar a los niños. La Asociación Pro-Búsqueda de los 
Niños documentó la desaparición de 156 niños e identificó a 
24. Una de las historias recientes es particularmente sorpren- 
dente: Gina Marie Craig (su nombre de adopción) cayó en 
poder de soldados salvadoreños y fue adoptada por una pareja 
norteamericana de Ohio. La niña siguió insistiendo en que 
sabía que su familia estaba viva. El análisis genético demostró 
que tenía razón, y Gina intenta hoy volver a vincularse con su 
amplia familia en una zona rural de El Salvador. "Nadie me 
creía, pero mi corazón siempre lo supo", dijo Gina Marie en 
una entrevista hecha en 1996. Probablemente haya docenas de 
niños con historias similares.^' Prácticamente en todos los 
países del mundo que ratificaron la Convención sobre los De- 
rechos del Niño, el derecho a la identidad afectará sus prácti- 
cas y trámites de adopción y contribuirá a impedir el tráfico 
y la venta de niños. 

Estela de Carlotto sintetiza los éxitos de las Abuelas en la 
creación de nuevos mecanismos y prácticas que ayudarán a 
todos los niños: 

Sin ser letradas ni doctoras, sólo abuelas, y con la colabo- 
ración inestimable de profesionales comprometidos con nues- 
tra causa, logramos concretar un hecho que derrotaría en la 
realidad el perverso designio de los apropiadores de nuestros 
nietos. [...] Por nuestra iniciativa, desde 1987 funciona en 
Buenos Aires el Banco Nacional de Datos Genéticos, único en 



229 



el mundo; [. . .} este Banco guardará nuestra sangre y la de las 
familias hasta el año 2050. [...] 

En el campo de las leyes propendemos a cambiar las que 
resultan ya leyes obsoletas y valoran al niño y su familia des- 
de una óptica virreinal: ley de adopción, ley de patronato, et- 
cétera. En el orden internacional, imponer los artículos 7 y 8, 
11 y 12 de la Convención por los Derechos de los Niños, fue 
objeto de nuestra especial dedicación y trabajo junto a otros 
organismos nacionales e internacionales. 

En cuanto al terreno psicológico, hemos abierto el debate 
nacional e internacional sobre el derecho del niño a vivir con 
su familia de sangre, de la que fue arrancado violentamente 
durante un período político de facto, y a reivindicar los be- 
neficios de la restitución como una verdad reparadora y nece- 
saria para el crecimiento del niño en libertad. [...V~ 



230 



Capítulo 7 
La política de la memoria 

Mi terror de olvidar es más grande que el de tener 
demasiado que recordar. Dejemos que los hechos acu- 
mulados sobre el pasado sigan multiplicándose. Deje- 
mos que crezca el torrente de libros y monografías, 
aunque sólo los lean los especialistas. Dejemos que los 
ejemplares no leídos descansen en los anaqueles de las 
bibliotecas, de manera tal que si algunos son elimi- 
nados o retirados, otros queden. De manera tal que 
quienes lo necesiten puedan comprobar que esta perso- 
na sí vivió, que esos acontecimientos realmente se pro- 
dujeron, que esta interpretación no es la única. 

YosEF H. Yerushalmi, Zakhor (1989) 



Tras la caída del régimen militar en 1983, las leyes de 
amnistía del presidente Alfonsín y los indultos presidenciales 
de Menem permitieron que los culpables de atrocidades salie- 
ran en libertad. Estas medidas aseguraron la impunidad y for- 
talecieron la conspiración de silencio, e hicieron posible que 
una parte de la sociedad siguiera creyendo en la "historia ofi- 
cial". En los pocos procesos iniciados, las conexiones de los cri- 
minales con la estructura de poder, junto con las prolongadas 
dilaciones judiciales, hicieron que se dictaran sentencias leves 
o que los casos contra ellos se desestimaran. 

A fines de 1994, el gobierno de Menem promulgó la ley 
24.41 1, que ofrece compensaciones económicas a los parientes 
de los asesinados o desaparecidos. Las Abuelas, como todas las 
otras organizaciones de derechos humanos excepto las Madres 



231 



de Plaza de Mayo, interpretan esta ley como la admisión gu- 
bernamental del genocidio perpetrado por el Estado durante la 
dictadura, y la apoyaron. Sin embargo, no se prevé ninguna 
sanción legal para los responsables de los crímenes.^ En 1995, 
el ex capitán de la armada Adolfo Francisco Scilingo confesó 
haber participado en el asesinato de presos políticos que ha- 
bían sido drogados y arrojados al Río de la Plata desde 
aeronaves en vuelo.- Ese mismo año, el comandante en jefe del 
ejército, teniente general Martín Antonio Balza, admitió pú- 
blicamente que las fuerzas armadas habían secuestrado, asesi- 
nado y torturado durante la represión, pero negó la existencia 
de listas con información sobre los desaparecidos, y los obis- 
pos argentinos anunciaron que harían "un examen de concien- 
cia" sobre el papel de la Iglesia en la época de la dictadura.' 
Ninguna de estas declaraciones tuvo como consecuencia tipo 
alguno de medida. 



La cultura de la impunidad 

Bajo la bandera de la "pacificación" y la "reconciliación", en 
la Argentina ha florecido una cultura de la impunidad. Los 
crímenes impunes del régimen generaron un clima en el que 
la gente considera cada vez más que la violencia policial, la 
falta de independencia del poder judicial y la corrupción gu- 
bernamental endémica son aspectos normales y cotidianos de 
la vida argentina. "* Como se verificó con frecuencia en todo el 
mundo, la impunidad es enemiga de la democracia, porque 
impide la reconciliación social. Cuando no se cumplen los 
requisitos de una auténtica reconciliación — verdad y justicia, 
admisión de los delitos cometidos y castigo — , el perdón es 
imposible. La reconciliación no puede dictarse desde arriba.^ 

Como acto de violencia, la impunidad también tiene graves 
consecuencias para los individuos y las familias que tratan de 
recuperarse del trauma psicosocial causado por las violaciones 
de los derechos humanos durante la dictadura. La represión 
dañó al menos a tres generaciones: los padres de los desapare- 
cidos, los desaparecidos y sus hijos. Y es probable que los efec- 



232 



tos a largo plazo del hecho de crecer en un clima que legitima 
el crimen y niega la realidad sean nocivos para el bienestar 
mental y espiritual de las futuras generaciones de argentinos.^ 

En mayo de 1990, un grupo internacional, el Tribunal 
Permanente de los Pueblos, se reunió en Buenos Aires para 
analizar el caso de la Argentina como parte de sus sesiones 
sobre los crímenes contra la humanidad en América Latinad 
Tras escuchar los testimonios de las víctimas de la represión y 
revisar una amplia documentación, el tribunal señaló: "Bajo 
aquella justificación del perdón, el olvido o la reconciliación, 
se van dejando intactas las estructuras, los mecanismos y las 
actitudes que materializaron en el pasado, y que siguen mate- 
rializando en el presente, estos crímenes que ofenden a la hu- 
manidad como tal, que destruyen las posibilidades de 
convivencia civilizada entre los hombres."^ Según este mismo 
tribunal, la impunidad cumplía al menos tres objetivos: pro- 
tegía a quienes habían cometido delitos, permitía que la his- 
toria se escribiera desde el punto de vista del opresor y culpaba 
del caos económico y social creado por la dictadura a los sec- 
tores más marginados y explotados de la población. Se había 
convertido en un elemento estructural de la realidad argen- 
tina y perpetuaba una desigual distribución de poder y la ex- 
plotación de los trabajadores, cuyo estatus, derechos y 
condiciones laborales se deterioraban rápidamente. Por otra 
parte, el tribunal señalaba el peligro que la impunidad repre- 
sentaba para la consolidación de la democracia en la Argenti- 
na: "Nosotros denunciamos, acompañados por la gran mayoría 
del pueblo argentino, como absolutamente errónea la preten- 
sión de alcanzar la paz y ayudar a la convivencia democrática 
negando los valores sobre los que esa paz y esa convivencia se 
construyen: la vida, la libertad, la igualdad, la verdad y la 
justicia".'^ 

Durante el gobierno de Menem las políticas económicas 
favorecieron el libre mercado y fueron fuertemente denuncia- 
das por los partidos de la oposición y los sindicatos. Miembros 
de primer nivel de ese gobierno estuvieron en el centro de 
escándalos que implicaban presunciones de narcotráfico y ex- 
torsión. La corrupción tampoco se limita a los niveles superio- 



233 



res. La brutalidad y la corrupción policiales son comunes. Mu- 
chos oficiales hoy ubicados en puestos de mando participaron 
directamente en la represión; como estaban bajo el control de 
los militares, disfrutaban de total impunidad. El poder judi- 
cial no parece estar mucho mejor. El caso de María Soledad 
Morales, los sangrientos atentados contra la embajada israelí y 
la Asociación Mutual Israelita Argentina (amia), el asesinato 
de José Luis Cabezas son sólo algunos de los ejemplos más 
obvios de lo que las Abuelas llaman "la actual impunidad en 
acción". 



La política del recuerdo 

Al analizar los mecanismos que impiden el desarrollo de la 
democracia en América Latina, Eduardo Galeano emplea 
la expresión "secuestro de la historia": "A los muertos de 
hambre, el sistema les niega hasta el alimento de su memo- 
ria. Para que no tengan futuro, les roba el pasado. La histo- 
ria oficial esta contada desde, por y para los ricos, los blancos, 
los machos y los militares'' }^ El trabajo de las Abuelas repre- 
senta un vigoroso contrapunto al secuestro de la historia en la 
Argentina. 

Como señala el historiador Yosef Hayim Yerushalmi al 
describir la historia de los judíos: "Lo que llamamos 'olvidar' 
en un sentido colectivo se produce cuando los grupos huma- 
nos omiten — ya sea deliberada o pasivamente, por rebelión, 
indiferencia o indolencia o como resultado de alguna des- 
tructiva catástrofe histórica — transmitir a su posteridad lo 
que saben del pasado".^ ^ Al relatar sus historias y perseguir la 
verdad, las Abuelas trabajan para impedir esa omisión y garan- 
tizar que los responsables de atrocidades no obtengan una 
victoria sobre la historia. El trabajo cotidiano de las Abuelas, 
sus testimonios personales y los retratos de los desaparecidos 
que aparecen en sus publicaciones son un desafío a la amnesia 
histórica. Impiden que las víctimas se transformen en una 
masa anónima. Cada vez que las Abuelas encuentran a un niño 
desaparecido, surge un cuadro detallado de la forma en que la 



234 



dictadura implemento una metodología de terror que tuvo en 
su mira a los miembros más vulnerables de la sociedad. Cada 
historia contiene un hilo que vincula a la policía, los milita- 
res y los servicios de inteligencia con las desapariciones. No 
obstante, los perpetradores negaron la evidencia y trataron, sin 
éxito, de silenciar a las Abuelas. 

La psiquiatra norteamericana Judith Hermán ha analizado 
la relación entre crimen y silencio: 

A fin de eludir la responsabilidad por sus crímenes, los 
autores harán todo lo que puedan por promover el olvido. El 
secreto y el silencio son sus primeras líneas de defensa, pero 
si el primero falla, el autor atacará agresivamente la credibi- 
lidad de la víctima y a cualquiera que la apoye. Si la víctima 
no puede ser completamente silenciada, el autor tratará de 
asegurarse de que nadie la escuche o le ofrezca ayuda. Para 
ello, organizará una impresionante masa de argumentos, des- 
de la negativa más flagrante hasta las racionalizaciones más 
sofisticadas. Después de cada atrocidad, lo habitual es oír las 
mismas justificaciones: nunca sucedió; la víctima alucina; la 
víctima miente; la víctima fantasea; la víctima es manipula- 
dora; la víctima está manipulada; la víctima se lo buscó (es 
masoquista); la víctima exagera (es histriónica) y, en todo 
caso, es hora de olvidar el pasado y mirar hacia adelante.^" 

Las Abuelas desafiaron el silencio y la negación prestando 
testimonio sobre los crímenes de la dictadura: plantearon un 
reto al aturdimiento y el olvido activo fomentados por la cul- 
tura de la impunidad. Centraron su puntería sobre la política 
de la memoria, sobre lo que se recuerda y cómo se recuerda y 
sobre la distorsión del documento histórico. Saben que el si- 
lencio y el olvido facilitan el juego de los poderosos y que la 
personalización de los desaparecidos y el señalamiento de los 
asesinos son los primeros pasos en la recuperación de la verdad. 

La Abuela Delia Califano habla de sus relatos cotidianos: 

Te cuento que para mí es una necesidad transmitir esto, 
nosotros tenemos un departamento en Mar del Plata, restos 



235 



de la época de bonanza. Cualquier extraño que se me sienta 
al lado en la playa le cuento mi historia, busco la forma de 
sacar el tema y contarlo, creo que es una necesidad, descargar 
de pronto tensiones y un poco difundir lo que ha ocurrido, es 
un poco mantener la memoria. Es como un complemento de 
toda la tarea nuestra, nuestra tarea, ir a radios, canales, es un 
poco transmitir la historia, mantener la memoria viva, es 
como una necesidad que la gente sepa. [...] A veces es al- 
guien que se me sienta en el tren, tengo media hora de viaje 
y sale la conversación, por lo general en la actualidad empie- 
za con la carestía y mientras esto no termine en manos de los 
militares, aguantemos la carestía y ahí sale el tema militares 
y ahí meto yo las desapariciones. Es como una búsqueda de 
comunicar lo que ocurrió a gente que no ha estado, que no ha 
sido directamente violentada por este motivo.'^ 

La decisión de las Abuelas de no olvidar y seguir documen- 
tando la metodología del terror las llevó a participar en la 
fundación de la Federación Latinoamericana de Asociaciones 
de Familiares de Detenidos Desaparecidos (fedefam), puesta en 
marcha en Costa Rica en 1981. La Abuela María Alexiu de 
Ignace fue presidente de la organización desde 1991 hasta 
1993. La FEDEFAM, que hizo gestiones ante las Naciones Uni- 
das y la OEA para que éstas reconocieran las desapariciones 
forzadas como un crimen contra la humanidad, se opuso vigo- 
rosamente a las leyes de amnistía y los indultos presidenciales 
en la Argentina y otros países latinoamericanos.^^ En 1993, en 
las Naciones Unidas, la fedefam auspició el testimonio de una 
de las niñas recuperadas, Laura Scaccheri, que después de ocho 
años fue restituida a su familia legítima. Laura solicitó a la 
Comisión de Derechos Humanos que apoyara la restitución de 
los mellizos Reggiardo Tolosa a su familia y cuestionó la idea 
de que debían ser ellos mismos quienes decidieran con quién 
vivir: 

Ahora vivo con mi familia. Allí con ellos, pude preguntar, 
mirar para atrás poco a poco, llorar y reír, con cariño y sobre 
todo sin mentiras. Si se logró mi restitución y la de otros cin- 

236 



cuenta chicos, ¿por qué se hace tan difícil las que faltan? [. . .] 
Como por ejemplo un caso vigente en Argentina, el de los 
mellizos Reggiardo Tolosa, en el que se pretende que ellos 
elijan. Eso es delegar a los chicos lo que tendrían que hacer 
los adultos. ¿Puede un chico que ha vivido durante años con 
alguien elegir cambiar? Creo que no. En mi caso fue muy di- 
fícil entender que me hayan mentido tanto tiempo, en todo.'^ 



Mirar hacia el futuro 

Las Abuelas hablan a menudo de la importancia de la me- 
moria colectiva, porque quieren que el pasado sea recordado. 
Sin embargo, como lo demuestra la creación del Banco Na- 
cional de Datos Genéticos, su objetivo es el futuro. Han in- 
sistido cada vez más en el trabajo con los jóvenes, porque será 
la próxima generación la que herede el país y continúe su 
obra. Las Abuelas saben que trabajadores, grupos comunita- 
rios, estudiantes — todos los que cuestionan las injusticias 
del sistema — bien pueden ser los próximos blancos de la re- 
presión, si la democracia no se arraiga sólidamente en la Ar- 
gentina. 

En 1990, las Abuelas publicaron un libro de prosa y poe- 
sía. Algún día...^ escrito por dos jóvenes, Mariana Eva Pérez 
y Yamila Grandi, que esperan encontrar algún día a sus her- 
manos nacidos en cautiverio. Sus madres estaban embarazadas 
cuando las secuestraron.^^' Mariana Eva Pérez tenía 15 meses 
cuando sus padres desaparecieron. Nos cuenta lo que sabe 
sobre su hermano: 

Se sabe por el testimonio de una mujer que estuvo en la 
Escuela de Mecánica de la Armada con mi mamá, que es don- 
de la tenían detenida, y que después la liberaron y estuvo en 
el exilio, que mi mamá tuvo a mi hermano, que fue varón, el 
15 de noviembre de 1978 [. . .] que había pesado tres kilos y 
pico, que el parto fue normal, que nació sano y que lo tuvo 
tres o cuatro días con ella, al bebé, que le puso el nombre 
Rodolfo Fernando. [...] Esto era algo raro porque apenas 



237 



nacían se los sacaban. [. . .} Mi mamá tenía mucho miedo que 
la trasladaran, porque hasta ese momento la habían tratado 
muy bien, tenía miedo que ahora que ya no estaba embaraza- 
da la trasladaran y la torturaran o la mataran. Y bueno, eso es 
lo que se sabe después, sale de la esma, tres o cuatro días 
después del parto, con mi hermano en los brazos y ahí es 
cuando esta chica que cuenta esto la ve por última vez. [...] 
Yo crecí con mis abuelos, con mucho amor, la única nieta 
[...] me crié muy bien y con respecto al tema de mis papas 
siempre me contaron todo, apenas tuve edad para entender- 
lo. [...] Cuando tenía ocho o nueve años me contaron que 
tenía un hermano porque me sacaron sangre para el Banco de 
Datos Genéticos. Yo no entendía muy bien para qué era eso, 
era muy confuso eso. Mi abuela me explicó que era para en- 
contrar a mi hermano. Me puse contenta, yo siempre quería 
un hermano. [...] Bueno, después vino todo el asunto de 
pensar que no lo tenía y rebelarme contra eso. [...} Después 
empecé a ponerme en la búsqueda de Abuelas, a apoyarlas 
mucho más. Ya iba con el brazo así, al Banco, y decía: "pín- 
chenme".'^ 

Su abuela, Argentina Pérez, recuerda: 

Mariana siempre fue muy espontánea. [. . .] A mí me con- 
tó la maestra de primer grado que un día se paró y le dijo: 
"Señorita, ¿puedo decir algo?", dice. "Sí, Mariana." Y ella: 
"Para mis compañeros: yo quiero que sepan mis compañeros 
que yo tengo padres desaparecidos". Entonces todos los chi- 
cos empezaron, "señorita, ¿qué es eso?", y entonces ella se vio 
obligada a contar qué era lo de padres desaparecidos.'^ 

Mariana agrega: 

A mí me pareció importante contarlo porque es como que 
yo me identifico mucho con eso, es mi historia, soy yo. En- 
tonces, cuando me importa una persona, cuando quiero que 
me conozca, lo primero que hago es decirle eso, no me cono- 
ce si no sabe eso. [...] Y no es sólo por mi hermano, es por 



238 



todos los chicos. [. . .] Voy bastante seguido a lo de las Abue- 
las, doy una vuelta por ahí. Para ver qué están haciendo, para 
ver si puedo ayudar en algo. 

En 1992, las Abuelas festejaron el decimoquinto aniversa- 
rio de su organización con un seminario de tres días sobre las 
cuestiones de la identidad, la filiación y la restitución. En la 
ceremonia de clausura, luego de la intervención de los diver- 
sos paneles y las alocuciones de sociólogos, médicos, psicólo- 
gos, asistentes sociales y abogados, hablaron los niños 
recuperados y los hermanos de los niños nacidos en cautiverio. 
Mariana entiende plenamente la importancia de su papel: 

El año pasado estuvimos hablando cuando fue el semina- 
rio de Abuelas, el día del cierre del seminario. [. . .] Y lo que 
planteamos fue que el trabajo de Abuelas tenía que continuar. 
Cuando las Abuelas no puedan continuar más, que ya están 
viejitas, cuando no puedan continuar más, que no se preocu- 
pen, que ahora estamos nosotros para seguir el trabajo de 
ellas. [...] El futuro de Abuelas estaría en manos nuestras y 
en eso estamos todos los chicos de acuerdo. [...} Fijarnos 
como meta encontrar hasta el último chico, e inclusive des- 
pués de eso, tratar de que no se olvide todo lo que pasó acá, 
que no se repita. [. . .] Ya apenas terminó el proceso la gente 
ya andaba diciendo cuando venían las Abuelas y las Madres, 
que para qué remover el pasado [...] lo importante es que 
esto no se olvide, que no vuelva a pasar por nada del mundo. 

Las voces de los jóvenes empiezan a ser escuchadas. En oc- 
tubre de 1995, estudiantes secundarios protestaron por el uso 
de las instalaciones de la esma para un torneo de natación. Los 
jóvenes señalaron que en ella habían torturado y matado a 
miles de personas, y que tratar de legitimar su uso como sede 
de un acto deportivo era una afrenta a la memoria de los des- 
aparecidos. De los ciento veinte participantes que se espera- 
ban, sólo se presentaron veinte.''^ En términos más generales, 
muchos de los que hoy concurren a colegios y universidades 
conmemoran a los estudiantes desaparecidos durante la dicta- 



239 



dura y se comprometen con los valores por los que murieron 
muchos de ellos. Se niegan a aceptar la desocupación, la pobre- 
za, la falta de educación y servicios de salud, las viviendas en 
mal estado y todas las otras injusticias de la sociedad argenti- 
na actual. -^^ En octubre de 1996, inspirados por las Madres de 
Plaza de Mayo, Línea Fundadora, estudiantes del Colegio 
Nacional de Buenos Aires recordaron públicamente a noven- 
ta ex alumnos que fueron asesinados o desaparecieron durante 
la dictadura. El acto, llamado "Puente de la memoria", y una 
exposición sobre la vida de los estudiantes desaparecidos, atra- 
jeron a cientos de personas."^ 

En 1995, unos setenta jóvenes de entre 16 y veinte años 
crearon hijos (Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el 
Olvido y el Silencio). Entre sus demandas fundamentales se 
cuentan la anulación de las leyes de amnistía y los indultos 
presidenciales, para que se pueda procesar a los asesinos de sus 
padres y lograr la restitución de los niños desaparecidos a sus 
familias de origen. Miguel Santucho, uno de sus integrantes, 
de veinte años, describe la organización: 

HIJOS es muy heterogéneo. Hay distintas edades, distintos 
pensamientos políticos, distintas culturas. En la agrupación 
no hay escalafón jerárquico, no hay ni presidente, ni represen- 
tante, ni nada. Acá se trabaja en comisiones, cada comisión es 
independiente, las decisiones políticas se toman en la asam- 
blea semanal donde se hace un esfuerzo muy grande para 
consensuar [...] Estamos en hijos porque sentimos que nos 
falta algo, tenemos una identidad incompleta por varios mo- 
tivos, depende de cada historia personal [. . .] Tengo mi mamá 
desaparecida y yo no tengo de ella más que cuentos o recuer- 
dos de otra persona, o anécdotas, o fotos, pocas, no puedo lle- 
nar ese vacío, y me doy cuenta que el motivo por el que no 
está mamá es porque representaba algo al nivel social, era un 
sujeto social que la clase dominante quiso hacer desaparecer 
[...] Sus lazos sociales con otra gente tenían que ser destrui- 
dos [...] Sólo con la reconstrucción de esos lazos sociales pue- 
do yo reclamar parte de mi identidad y obtener justicia [...] 
Nuestra organización es totalmente independiente, pero no- 



240 



sotros sabemos que si hoy estamos se debe a los veinte años 
de lucha de las Madres, de las Abuelas, de los familiares. ^^ 

En la celebración de los "primeros mil jueves" de las Madres 
de Plaza de Mayo, realizada el 27 de junio de 1996, hijos tuvo 
una presencia muy visible y bienvenida. Uno de sus miembros 
declaró a la prensa: "Para nosotros, los hijos, esta ronda de las 
Madres significa el contacto con nuestra historia y con la lu- 
cha de nuestros padres. Los que creyeron en la victoria de la 
muerte, se equivocaron: veinte años después, aquí estamos 
nosotros para decir 'presente' ".^' 

El 29 de octubre de 1996, primer aniversario de la asunción 
de Antonio Bussi como gobernador de la provincia de Tucu- 
mán, HIJOS organizó protestas en esa provincia y en Buenos 
Aires. Entrenado por el Pentágono, Bussi había aprendido en 
Vietnam técnicas de contrainsurgencia que después aplicó en 
esa provincia. Con la denominación de "Día de la vergüenza 
nacional", hijos marchó hacia la Plaza de Mayo con la compa- 
ñía de activistas de los derechos humanos. Los representantes 
de los partidos políticos estuvieron notoriamente ausentes del 
acto.""* hijos recibió amenazas y algunos de sus integrantes han 
sido detenidos. La organización se reunió con el ministro del 
interior, Carlos Corach, para solicitar un babeas corpus "pre- 
ventivo" para sus miembros, e hizo responsable al gobierno 
por los eventuales ataques contra ellos. El ministro les ofreció 
protección policial, que rechazaron con estas palabras: "No 
queremos la policía en la puerta de nuestras casas. Son los 
mismos que asesinaron a nuestros padres. Lo que queremos es 
que depuren las fuerzas de seguridad. Son sus miembros los 
que nos están amenazando, tienen información, saben nuestros 
teléfonos y nuestras direcciones"."^ 

La lucha de las Abuelas por la identificación y restitución 
de sus nietos desaparecidos es, como la mayor parte de las 
actividades de las mujeres, esencial, cotidiana y realista. Las 
cualidades que llevan a la arena pública — fortaleza, paciencia 
y vigilancia — son fundamentales para el establecimiento de 
una verdadera democracia. Al mantener viva la memoria his- 
tórica, han asumido un papel que las abuelas a menudo desem- 



241 



peñan en la vida de sus comunidades: contar las historias que 
generan un sentimiento de identidad y objetivos comunes 
entre los miembros de la familia. Su negativa a rendirse a la 
complacencia y el silencio afirma la continuidad de la vida y 
brinda esperanzas. Mediante la recuperación de la identidad de 
sus nietos, ponen en marcha el esencial proceso de construc- 
ción de una identidad social argentina histórica e incluyente, 
una identidad que es, en sí misma, necesaria para sanar esta 
sociedad profundamente herida y sentar los cimientos de una 
democracia viva. 

Contra el olvido, contra las cuentas pendientes, nadie pue- 
de hablar con más elocuencia que las Abuelas de Plaza de 
Mayo: 

No hay que olvidar, ni callar. Nuestro deber es mantener 
viva la memoria, repetir incansablemente los horrores del ge- 
nocidio argentino. Y no dejar pasar ningún hecho, por insig- 
nificante que parezca, sin emitir opinión y aclarar y difundir 
la verdad, toda la verdad para el esclarecimiento de muchos 
que todavía se niegan a comprender.-^ 



242 



Epílogo 2000 

El trabajo de la Asociación de Abuelas enfrentó importan- 
tes acontecimientos en estos dos últimos años. Los juicios a los 
militares por el secuestro de bebés (un delito no amparado por 
las leyes de amnistía) que iniciaron los jueces Roberto 
Marquevich, Adolfo Bagnasco y María Servini de Cubría 
despertaron gran interés y fomentaron la expectativa de que 
aún pueda alcanzarse cierta medida de justicia. Al mismo 
tiempo, prosiguen los desafíos a la actividad de las Abuelas: 
dos jóvenes, presuntamente hijas de detenidos desaparecidos 
que vivieron con sus apropiadores, se negaron a someterse a los 
análisis genéticos que demostrarían su verdadera identidad. 
Por último, los esfuerzos por mantener vivo el recuerdo de los 
detenidos desaparecidos tomaron nuevas y creativas direccio- 
nes, en particular gracias a las iniciativas de los jóvenes. En 
esta puesta al día analizo estos sucesos. 



Los JUICIOS A LOS MILITARES POR EL ROBO DE BEBÉS 

El 9 de junio de 1998, el juez federal Roberto Marquevich 
ordenó el arresto del ex líder de las juntas Jorge Rafael Videla. 
La noticia sorprendió a la población en general e incluso a las 
organizaciones de derechos humanos. Videla pasó un mes en 
la cárcel de Caseros y luego se lo autorizó a permanecer en 
detención domiciliaria debido a su edad (tenía 73 años). El 
juez Marquevich había investigado la apropiación de dos ni- 
ños por el mayor Norberto Bianco en Campo de Mayo y Ue- 



2-43 



gado a la conclusión de que esos delitos (así como la apropia- 
ción de otros tres niños por otros individuos) eran el resulta- 
do de órdenes dadas en el nivel más alto del ejército. 
Marquevich dictaminó que Videla, como comandante en jefe 
de esta fuerza, era responsable de esas acciones como "autor 
mediato"' y que aquellas órdenes tenían la finalidad de sepa- 
rar a los niños de sus familias legítimas a fin de despojarlos de 
sus identidades. Los abogados de Videla argumentaron que ya 
había sido juzgado por esos delitos, pero la Cámara Federal 
coincidió con Marquevich y declaró que se lo acusaba de "nue- 
vos hechos". Su arresto se mantiene. ~ 

Alcira Ríos, la abogada de las Abuelas que trabajó en este 
caso, explicó que la decisión de Marquevich ya prueba que 
hubo un plan sistemático para el secuestro de los hijos de los 
detenidos desaparecidos: 

El plan sistemático está probado en la causa Videla, por 
eso el juez ordena la detención de Videla. [...] Había un 
médico que era el jefe del hospital clandestino de Campo de 
Mayo, que asegura que había órdenes escritas y verbales. Que 
estas órdenes se llamaban "Plan de Operaciones de Inteligen- 
cia del Ejército". Cuando se le preguntó quién había dado las 
órdenes, dijo "la comandancia en jefe". Eso es lo que permi- 
tió detener a Videla y ordenar la prisión preventiva.' 

Cinco meses después, el ex almirante Emilio Eduardo 
Massera tuvo que presentarse ante los tribunales para respon- 
der por dos acusaciones. En noviembre de 1998 la jueza Ma- 
ría Servini de Cubría ordenó su arresto por haber participado 
en la apropiación de Javier Gonzalo Penino Viñas, un bebé 
nacido en la esma en septiembre de 1977. Cecilia Viñas, su 
madre, había sido llevada a la maternidad clandestina de ese 
centro desde Mar del Plata dos semanas antes del parto. Una 
semana después de dar a luz la separaron de su bebé y sigue 
desaparecida. Jorge Vildoza, jefe de uno de los grupos de ta- 
reas de la ESMA, fugitivo de la justicia y de quien se dice que 
vive en el extranjero, se apoderó del niño. El segundo proce- 
samiento de Massera se produjo pocos días más tarde, esta vez 



244 



a cargo del juez Adolfo Bagnasco, quien trabajó en los últimos 
años en una causa que procura incriminar a los más altos ran- 
gos de las fuerzas armadas por la desaparición de 194 niños 
durante la dictadura. Massera, como Videla, quedó detenido 
en su domicilio por tener más de setenta años. 

El juez Bagnasco y el fiscal Eduardo Freiler recibieron el 
testimonio de docenas de ex detenidos desaparecidos que vi- 
ven en la Argentina y en el exterior, así como de personal que 
actuó en los campos, quienes atestiguaron, entre otras cosas, 
que en la esma hubo mujeres embarazadas, que fueron asesina- 
das luego de dar a luz y que sus hijos están actualmente des- 
aparecidos. Estos testimonios representan un fuerte respaldo al 
argumento que sostiene que hubo una práctica sistemática 
apuntada a los hijos de los detenidos desaparecidos."' 

El fiscal Freiler señala lo siguiente: 

Los testimonios reiteran que, por lo menos a partir de una 
de las primeras etapas de la dictadura, han existido — con co- 
nocimiento de las autoridades militares — partos en los que 
estaba previsto un tratamiento de las embarazadas posterior 
al alumbramiento que consistía en separarlas de sus hijos re- 
cién nacidos. Que en la gran mayoría de los casos estas mu- 
jeres no han vuelto a aparecer, al igual que sus hijos, que 
salvo excepciones están desaparecidos. Que había una meto- 
dología para esto: determinadas personas, determinados mé- 
dicos se encargaban de los partos, ciertos oficiales estaban 
asignados a retirar y llevarse a los niños con destino aún des- 
conocido. [. . .} Que había una conexidad entre las fuerzas para 
este fin (Aeronáutica-Marina, por ejemplo) usando determi- 
nados centros de detención, básicamente la esma y Campo de 
Mayo. Que el hecho de que esto haya persistido en el tiempo 
muestra la existencia de un sistema para que ocurra así. 

Freiler niega que estos crímenes puedan prescribir, porque 
"se trata de delitos que hoy se continúan cometiendo. Los 
menores siguen desaparecidos, su desaparición se está ejecu- 
tando hoy, y hasta que aparezcan".^ 

Ramón Torres Molina, uno de los abogados de las Abuelas 



245 



que trabaja en esta causa, explicó la diferencia entre este jui- 
cio y el que se realizó en 1985 contra las primeras tres juntas 
militares, en lo que se refiere al secuestro de niños: 

Cuando se hizo el juicio a las juntas militares se juzga- 
ron seis casos de desaparición de menores y en dos hubo 
condena, pero la Cámara consideró que no estaba probado 
un plan sistemático de sustracción de menores, que no era un 
plan orquestado. [...] Con el avance de las investigaciones 
se logró detectar un acta donde se mencionaba la destruc- 
ción de documentación ordenada por el Ministerio del In- 
terior y por el comando en jefe del ejército en el año 1983, 
donde se hacía mención sobre la forma de proceder en los 
casos en que se encontraran menores, hijos de "subversivos" 
(así decía el plan). [...} La responsabilidad por el plan sis- 
temático responde a la división del país en zonas, áreas y 
subáreas. [...] Por ejemplo, nosotros tenemos en tal zona 
militar, en tal lugar, un cierto número de desaparecidos y 
entonces queremos ver quién era el responsable de esa zona, 
área o subárea en la época de las desapariciones. [. . .} Esto es 
como un nuevo juicio a las juntas militares, pero por sus- 
tracción de menores.^ 

En marzo de 2000, Martín Balza, ex comandante en jefe del 
ejército que en 1995 admitió públicamente los abusos come- 
tidos por la fuerza, fue convocado a testificar por el juez 
Bagnasco. Balza declaró que aunque no vio órdenes escritas, 
creía que la desaparición de los hijos de los detenidos desapa- 
recidos era el resultado de una "práctica sistemática" y no un 
accionar esporádico y al azar. Estela de Carlotto destacó la 
importancia de su declaración, habida cuenta del alto rango 
del general y sus muchos años de experiencia profesional en el 
ejército. Sin lugar a dudas, su testimonio fortaleció la investi- 
gación de Bagnasco/ 

Esta siguió progresando fluidamente y más y más integran- 
tes de las fuerzas armadas fueron detenidos, hasta que el 3 1 de 
marzo de 2000, el general retirado Santiago Omar Riveros se 
negó a comparecer ante la corte e impugnó la competencia de 

246 



la justicia civil para juzgarlo. El Consejo Supremo de las Fuer- 
zas Armadas (Consufa) coincidió con él y solicitó al juez 
Bagnasco que le remitiera el caso: "que remita dicha causa al 
Consejo Supremo [. . .} y ponga a su disposición al imputado, 
ya que este tribunal se ha declarado competente para conocer 
en la misma". ^ La disputa sobre la competencia llegó a la Corte 
Suprema. En agosto de 2000 la Corte finalmente dispuso que 
el caso debe quedar en manos de la justicia civil. 

También a principios de 2000, la jueza Servini de Cu- 
bría ordenó la detención de seis oficiales navales retirados 
en Mar del Plata, por el secuestro de hijos de detenidos 
desaparecidos. Durante la represión, todos ellos habían 
servido en la Base de Buzos Tácticos de esa ciudad y tuvie- 
ron hijos entre 1976 y 1980. Sin embargo, los análisis 
genéticos establecieron que cinco de ellos eran efectivamen- 
te los padres biológicos de sus hijos, razón por la cual fue- 
ron liberados, aunque la investigación prosigue para 
determinar su posible participación en otros secuestros. 
Esta investigación era una derivación del procesamiento del 
suboficial Policarpo Vázquez, también de Mar del Plata, 
quien en 1999 confesó la apropiación ilegal de una beba 
nacida en la esma en 1977. Desde que Servini de Cubría 
empezó a trabajar en estas causas, tanto ella como su secre- 
tario legal, Ricardo Parodi, recibieron amenazas de muer- 
te, y el auto de la magistrada sufrió en dos oportunidades 
ataques que estuvieron a punto de sacarlo de la autopista, 
mientras ella se dirigía a tomar testimonios. Algunos de 
sus testigos también fueron amenazados. Servini de Cubría 
sospecha que la armada colabora con los oficiales procesa- 
dos y solicitó al representante legal de esa fuerza que se 
haga cargo de la situación y ponga fin al hostigamiento. 
Ricardo Gil Lavedra, actual ministro de justicia, la llamó 
para expresarle "la enorme preocupación del gobierno".'^ 
Recientemente se informó que también el juez Marquevich 
sufrió amenazas de muerte y ataques. ^^ 



247 



Un desafío reciente al trabajo de las Abuelas 

Dos jóvenes, María Natalia Alonso y Evelin Karina, presun- 
tas hijas de detenidos desaparecidos y que viven con sus 
apropiadores, se han negado a someterse a los análisis 
genéticos que podrían probar sus verdaderas identidades, a 
pesar del fallo de la Corte Suprema que determina que ese 
análisis debe ser obligatorio en los casos de niños robados. La 
Corte estableció que el descubrimiento de la verdad con res- 
pecto a un posible delito era de la máxima importancia e 
invalidaba cualquier argumento en contra de los exámenes 
genéticos. Como dijo hace poco el penalista Bernardo 
Beiderman: 

La identidad personal interesa al orden público y su deter- 
minación, en caso de fundado cuestionamiento, no puede 
quedar librada a la mera voluntad de quien la afirma a su fa- 
vor o de quien se la impone a otro. De aquí lo ineludible de 
una decisión judicial sobre bases probatorias inequívocas.'^ 

Laura Conté, presidente del Centro de Estudios Legales y 
Sociales y coordinadora de su equipo de psicólogos, con vasta 
experiencia en salud mental y derechos humanos, comentó la 
cuestión del rechazo de los análisis: 

Ahora los chicos son grandes y mucho de lo que han reci- 
bido de los represores los inhibe de poder expresarse, encon- 
trarse con lo suyo. [. . .] Cuando se dice "tienen el derecho al 
no análisis de sangre, tienen el derecho a repudiar la familia, 
a no reconocerla, a no querer saber nada", yo creo que no se 
está hablando ni desde la psicología profunda ni desde lo le- 
gal, porque el derecho de uno empieza donde el derecho del 
otro termina. [. . .] Los chicos ya son grandes y se les hace muy 
difícil el contacto constante con lo que los intoxica. [. . .] Creo 
que es como una imposibilidad, como alguien en la esclavi- 
tud, que no puede amar, porque el amor tiene que ver con el 
deseo, con la libertad. [. . .] Porque si piensan que el represor 
no es su padre, tienen que revisar años, incluso de cosas que 

248 



les han dado y que les han resuelto, es una situación muy 
difícil de atravesar. [...] No pueden elegir porque no tienen 
todos los elementos para elegir/^ 

La situación de estas dos jóvenes tiene algún parecido con 
los casos mencionados en el capítulo 5, en los que los niños 
que crecieron con sus apropiadores se identificaban con sus 
valores y estilos de vida y se resistían a construir una relación 
con sus familias de origen. Sin embargo, en estos casos recien- 
tes, la negativa de las jóvenes a someterse a los análisis 
genéticos pone en peligro la recuperación de sus verdaderas 
identidades. El fallo de la Corte Suprema, no obstante, es cla- 
ro e inequívoco: el análisis genético es obligatorio y represen- 
ta "el medio para alcanzar los valores más altos: la verdad y la 
justicia".^' Es de esperar que las muchachas comprendan la 
importancia de conocer sus verdaderas historias e identidades 
y acepten hacerse los análisis, aun cuando a posteriori decidan 
no establecer vínculos con sus familias de origen. 



La gran ayuda de los jóvenes 

en la reivindicación de la memoria 

En vigoroso contraste con lo ocurrido con las jóvenes recién 
mencionadas, varios casos de identificación de hijos secuestra- 
dos de detenidos desaparecidos apoyaron la creencia de las 
Abuelas de que, en determinadas circunstancias, los jóvenes 
mismos asumirán la iniciativa de recuperar sus identidades. 

En 1998, Javier Gonzalo Penino Viñas (antes mencionado 
en esta actualización) se puso en contacto con la jueza Servini 
de Cubría y solicitó la realización de los análisis genéticos de 
abuelidad a fin de averiguar su verdadera identidad. Había 
visto en Internet que existía una acusación contra su "padre" 
y quería saber cuál era su identidad real. Se estableció que 
había nacido en la esma y que, como siempre habían sosteni- 
do las Abuelas, era hijo de Cecilia Viñas y Hugo Penino. 
También en 1998, Andrea Vivian Hernández Hobbas, secues- 
trada cuando tenía cinco años, se puso en contacto con las 



249 



Abuelas porque quería obtener información sobre su familia 
de origen. Pudo hacerlo y conoció a uno de sus hermanos, que 
había vivido en el extranjero. En 1999, María Carolina 
Guallane, que había concurrido al Banco Nacional de Datos 
Genéticos porque sospechaba que era hija de desaparecidos, 
pudo recuperar su identidad y se reunió con sus dos abuelas y 
conoció decenas de parientes. La madre de María Carolina es- 
taba embarazada en el momento de su secuestro, y la joven 
expresó su intención de buscar a su hermano/a. Y en el corrien- 
te año, María de las Victorias Ruiz, secuestrada junto con sus 
padres cuando tenía 14 meses, pudo establecer su verdadera 
identidad y reunirse con su hermano Marcelo, identificado 
diez años atrás. María de las Victorias se había puesto en con- 
tacto con las Abuelas luego de ver su propia foto de niña en un 
artículo del diario Página 12. 

Un informe de febrero de 2000 de la Comisión Nacional 
por el Derecho a la Identidad enumera a 174 jóvenes (de en- 
tre 19 y 24 años) que concurrieron a la comisión entre enero 
de 1993 y diciembre de 1999 en busca de ayuda con respecto 
a sus historias personales. ^^ Es probable que la reciente pelícu- 
la de David Blaustein, Botín de guerra, acerca de la obra de las 
Abuelas y la identificación de niños, aliente a presentarse a 
otros jóvenes que tienen dudas sobre su verdadera identidad. 

El trabajo de las Abuelas se extiende hacia el futuro con 
nuevas y emocionantes posibilidades. Dos jóvenes estudian- 
tes de psicología cercanas a la Asociación, Tatiana Sfiligoy y 
María Lavalle Lemos (véase el capítulo 4), hijas de detenidos 
desaparecidos, querían que el trabajo interdisciplinario de las 
Abuelas fuera conocido por los estudiantes universitarios, par- 
ticularmente los de psicología. Ambas muchachas compren- 
dieron la importancia de educar a una nueva generación de 
psicólogos que estén preparados para abordar las múltiples 
cuestiones relacionadas con el derecho a la identidad, y no sólo 
en lo que se refiere a los niños secuestrados sino también a 
personas en otras situaciones, como la adopción. En 1998 se 
acercaron a Alicia Lo Giúdice, coordinadora del equipo de 
psicólogos de la Asociación de Abuelas, y organizaron con ella 
una serie de talleres con el apoyo de la cátedra de psicología. 



250 



ética y derechos humanos de la Universidad de Buenos Aires. 
En estos talleres y otras actividades nació la idea de crear una 
"cátedra" sobre el derecho a la identidad con sede en la Facul- 
tad de Psicología. Pero éste no sería un mero proyecto acadé- 
mico más. Lo Giúdice propuso que un centro asistencial del 
Hospital de Clínicas, dependiente de la Universidad de Bue- 
nos Aires, fuera parte integrante del proyecto. La cátedra co- 
ordinaría los servicios, la enseñanza y la investigación, con el 
objetivo de sistematizar el conocimiento recogido por las 
Abuelas en sus muchos años de lucha y generar nuevos cono- 
cimientos que integraran teoría y práctica. Como un paso 
audaz y hasta hoy inédito en los medios académicos argenti- 
nos, el proyecto se concibe como una sociedad entre la Univer- 
sidad de Buenos Aires, la Comisión Nacional por el Derecho 
a la Identidad y la Asociación de Abuelas. De concretarse, ésta 
será la primera vez que una organización de derechos humanos 
obtenga apoyo estatal para una actividad de servicio, en res- 
puesta a la fuerte impresión de que el Estado debe hacer algo 
para mitigar el sufrimiento de quienes han sido víctimas de 
algunas de sus prácticas anteriores. ^^ 

Otro proyecto originalmente concebido por algunos de los 
jóvenes que trabajan con las Abuelas es la "reconstrucción de 
la identidad de los desaparecidos — archivo biográfico familiar 
de Abuelas de Plaza de Mayo" — . El objetivo de este proyecto 
es el siguiente: "Reconstruir la historia de los desaparecidos 
con hijos nacidos durante su cautiverio que les fueron apropia- 
dos, a través de los relatos de sus familiares y allegados, para 
recuperar sus historias de vida a fin de conservar la memoria 
y garantizar en el tiempo el derecho a la identidad". Este pro- 
yecto hará posible que los jóvenes localizados sepan cómo 
pasaban el tiempo sus padres, qué les gustaba hacer, a qué 
escuelas concurrían, quiénes eran sus amigos y colegas, 
qué comidas preferían, cuáles eran sus puntos de vista y com- 
promisos políticos, cuáles eran sus pasatiempos, etc. En sínte- 
sis, conocer la textura de la vida diaria de sus padres. Se 
reconstruirá la vida de aproximadamente 480 hombres y 
mujeres detenidos desaparecidos por medio de entrevistas con 
más de dos mil personas. Las entrevistas serán transcriptas y 



251 



las cintas, así como la documentación gráfica, las fotos y los 
videos, se pondrán a disposición del público. Las Abuelas 
imaginan este archivo como una especie de complemento del 
Banco Nacional de Datos Genéticos, que conservará hasta el año 
2050 la sangre de los familiares de los niños desaparecidos y 
permitirá su identificación biológica. En palabras de Mariana 
Pérez, una de las jóvenes que trabajan en este proyecto, "con el 
archivo vamos a recuperar la identidad integral de los desapare- 
cidos, ésa que quedó desdibujada detrás de un número".'^' 

Por último, HIJOS atravesó un promisorio desarrollo en re- 
lación con las Abuelas. Como se menciona en el último capí- 
tulo (véase la entrevista a Miguel Santucho), su trabajo se lleva 
a cabo a través de comisiones. El grupo tiene una estructura de 
tipo horizontal que hace hincapié en el desarrollo de redes 
regionales descentralizadas. Una de las comisiones establecidas 
en el último año es la de "hermanos", cuya tarea es trabajar con 
las Abuelas en la restitución de los niños desaparecidos. La 
comisión tiene hoy filiales en Santiago del Estero, Río Cuar- 
to, Córdoba (capital), Tucumán, Rosario, Santa Fe y la ciudad 
de Buenos Aires, y se reúne con frecuencia para fortalecer la 
red y elaborar políticas coherentes para su actividad. María 
Lavalle Lemos, integrante de Hijos/Hermanos, explica lo si- 
guiente: 

La propuesta de hijos es tomar la experiencia de las Abue- 
las y abrir un espacio dentro de hijos, un espacio propio. [. . .] 
Uno de los puntos básicos de hijos es justamente la restitu- 
ción de chicos, o como ellos dicen, "de nuestros hermanos 
apropiados". [...} Estamos trabajando hace un año con las 
diferentes comisiones, y muy bien. [...] Nosotros llevamos 
nuestras propuestas a la comisión directiva de Abuelas, para 
que sea claro que nosotros somos otro organismo de derechos 
humanos, por más que nosotros seamos jóvenes, hijos es otro 
organismo de derechos humanos, con otra política, con otra 
forma de manejarse, y lo que planteábamos era hacer cosas en 
conjunto y no que éramos un grupo de apoyo de ellas, éramos 
otro organismo. [. . .] Y ahora vamos a tener un encuentro de 
abogados, abogados de hijos con los abogados de Abuelas, nos 



252 



vamos a juntar para abrir una causa en conjunto por un caso 
en Rosario que están llevando los chicos de hijos, entonces 
sería muy positivo [. . .] sería la primera causa que abre hijos 
por apropiación y hacerlo en conjunto con Abuelas es mucho 
más fuerte y muestra una unidad.'^ 

Como lo muestra esta breve actualización de lo ocurrido en 
los dos últimos años, las nuevas iniciativas y acontecimientos 
en el trabajo de la Asociación de Abuelas no tienen fin. Su 
objetivo en todos ellos es siempre el mismo: verdad y justicia 
para las dos generaciones a las que les fueron arrebatadas sus 
vidas. En 1986, cuando se promulgó la ley de punto final, que 
excluía el rapto de menores y la falsificación de su estado civil 
del plazo de sesenta días, las Abuelas señalaron lo absurdo que 
era separar el secuestro de los padres de la desaparición de los 
niños. Decían entonces: 

Pero estos menores, ¿aparecieron espontáneamente en los 
cuarteles, en las comisarías, en los centros clandestinos de 
detención? ¿Cómo se puede desligar el hecho de la alteración 
de la identidad de los menores, del secuestro de sus padres? 
La mayoría de los niños que fueron víctimas de la "supresión 
del estado civil" nacieron durante el cautiverio de sus madres. 
No podemos luchar por la restitución de esos menores, olvi- 
dando el sufrimiento de sus madres, nuestras hijas. [...] 
Queremos recuperar a los niños secuestrados. Pero seguire- 
mos pidiendo, como el primer día, verdad y justicia para ellos 
y para sus padres. 



18 



Esta declaración es tan válida hoy como hace 14 años. El 
trabajo de las Abuelas continúa sin desmayos. 



^53 



Apéndice 1 
Esbozos biográficos 
de las Abuelas entrevistadas 



Elsa Pavón de Aguilar 

Elsa Pavón de Aguilar nació en Buenos Aires en 1936; su 
madre era pobre, soltera y católica no practicante. Elsa asistió 
sólo un año y medio al colegio primario y luego trabajó como 
empleada doméstica. Cuando tenía 17 años se casó con el que 
había sido su patrón, un hombre de 47 años. Sus cuatro hijos 
fueron educados en el judaismo, la fe de su marido. Tras sepa- 
rarse de él y más tarde enviudar a los 33 años, volvió a casarse 
y quedó nuevamente viuda a los 49. Completó su educación de 
adulta y obtuvo los títulos de enfermera y técnica de laboratorio. 

En 1978 desapareció la mayor de sus hijos, Mónica, junto 
con su marido y su hija de 23 meses, Paula, en Uruguay, 
donde se habían trasladado para escapar a la persecución polí- 
tica. En ese momento, Elsa dejó de trabajar para dedicarse a la 
búsqueda de sus familiares desaparecidos. En 1983, las Abue- 
las encontraron a Paula, que vivía en Buenos Aires con la fa- 
milia de un policía, bajo una identidad falsa. Luego de un año 
de trabajo para demostrar su identidad y una vez realizado el 
análisis genético, Paula retornó a su familia de origen. 

Como parte de su actividad con las Abuelas, Elsa libró un 
exitoso combate de seis años para conseguir que los documen- 
tos de identidad de Paula llevaran su verdadero nombre. En 
1991 obtuvo el título de psicóloga social. Vive en Buenos Aires. 



255 



Otilia Lescano de Argañaraz 

Otilia Lescano de Argañaraz nació en 1914 en una familia 
católica de clase media de Santiago del Estero. Cuando tenía 
15 años se mudó a la provincia de Córdoba, donde trabajó 
durante muchos años como profesora de música en una escue- 
la rural pobre y militó en el sindicato docente. Se casó y en- 
viudó dos veces y tuvo cinco hijos de su primer matrimonio. 
Su familia tiene una larga tradición de militancia en la Unión 
Cívica Radical. 

En 1976, su hijo César, miembro de un grupo guerrillero, 
el ERP, murió en el ataque a los cuarteles de Villa María. En 
1977, su hija María de las Mercedes, embarazada de seis me- 
ses, fue secuestrada junto con su marido en la ciudad de Mar 
del Plata. Por testimonios de sobrevivientes del mismo cam- 
po donde estuvo detenida su hija, Otilia cree que durante su 
cautiverio dio a luz un bebé. No tuvo más informaciones so- 
bre su hija, su yerno, o la criatura. 

Otilia se unió a las Abuelas poco después de la desaparición 
de su hija y ha sido un pilar de la organización en Córdoba, 
donde peleó contra la falta de recursos y la atmósfera conser- 
vadora de la provincia. En 1993 (con Amelia Herrera de Mi- 
randa) representó a las Abuelas en el VIII Encuentro Nacional 
de Mujeres, en San Miguel de Tucumán. Vive en Córdoba con 
uno de sus nietos. 



Emma Spione de Baamonde 

Emma Spione de Baamonde nació en una familia católica de 
clase media en Buenos Aires, en 1915. Tras terminar la escuela 
primaria, hizo cursos de corte y confección, cocina y economía 
doméstica. Se casó a los 25 años y tuvo tres hijos; enviudó a los 
74 años. Durante muchos años trabajó como voluntaria en la 
Liga Argentina contra el Cáncer, donde se dedicó especialmen- 
te a ayudar a los pacientes que viajaban del interior a Buenos 
Aires a afrontar la experiencia hospitalaria. 

Uno de sus hijos, Miguel Ángel, desapareció en 1976. Su 

256 



esposa y su hijo de tres años, Martín, corrieron la misma suer- 
te un año y medio después, en 1978. Durante cinco años, 
Emma y las Abuelas se embarcaron en una extensa e infructuo- 
sa búsqueda del niño, pero en 1983 un juez les informó que 
Martín estaba bien y había estado viviendo en la casa de una 
tía materna. La familia había negado que estuviera con ellos, 
no quería tener ningún contacto con Emma y calificaba a su 
hijo de "comunista". Emma pudo volver a relacionarse con su 
nieto. Jamás apareció información alguna sobre el paradero de 
su hijo y su nuera. 

Emma empezó a trabajar con las Abuelas en la década del 
setenta; después de la muerte de su esposo vivió dos años en la 
sede de la organización, a la que convirtió en su segundo ho- 
gar. Mientras estuvo allí recibió muchas amenazas de muerte 
y finalmente, cuando se produjo el forzamiento del local, vol- 
vió a su casa. Emma murió en Buenos Aires en 1998. 



Delia Giovanola de Califano 

Delia Giovanola de Califano nació en 1926 en La Plata, la 
capital de la provincia de Buenos Aires, en una familia cató- 
lica de clase media. Casada a los 19 años, enviudó a los 37 y 
tuvo que tener tres empleos para poder mantenerse junto con 
su hijo. Trabajaba como maestra y fue directora de una escue- 
la primaria. Volvió a casarse a los 43 años. 

Su hijo, Jorge Osear Ogando, desapareció junto con su es- 
posa, Stella Maris Montesano, en 1976; Stella Maris estaba 
embarazada de ocho meses. Gracias al testimonio de una mujer 
que estuvo en el mismo campo de detención que ambos, Delia 
sabe que su nieto nació allí y que era un varón rubio y de ojos 
azules. Una carta anónima informó a la conadep dónde esta- 
ban enterrados su hijo y su nuera, pero Delia no pudo locali- 
zar las tumbas. Como su hijo era adoptado, sólo los familiares 
de su nuera depositaron muestras de sangre en el Banco Na- 
cional de Datos Genéticos. 

Es una de las fundadoras de la asociación. Problemas de 
salud le impidieron trabajar con las Abuelas durante dos años. 



257 



Luego de un reemplazo total de la cadera que le efectuaron 
en 1994, retomó parcialmente sus actividades en la organi- 
zación. Vive con su segundo esposo en la provincia de Bue- 
nos Aires. 



Estela Barnes de Carlotto 

Estela Barnes de Carlotto nació en Buenos Aires en 1930, 
dentro de una familia católica de clase media. Decidió dedicar- 
se tempranamente a la educación y consiguió su primer em- 
pleo a los 21 años, como maestra primaria. Ejerció la docencia 
durante 27 años y fue directora de una escuela. Casada en 
1954, tuvo cuatro hijos. 

En 1977 secuestraron a su esposo, Guido, quien apareció 25 
días después, luego de que Estela juntara el dinero que sus 
raptores solicitaban como rescate. Tres meses más tarde des- 
apareció Laura, su hija mayor, integrante de la organización 
Montoneros, que estaba embarazada de dos meses y medio. 
Sobrevivientes del mismo campo en que estuvo encarcelada 
testificaron que en junio de 1978 tuvo un varón al que llamó 
Guido. En agosto del mismo año Laura fue asesinada y su 
cuerpo entregado a la familia. Estela dejó de inmediato su 
trabajo para dedicarse a la búsqueda de su nieto, sobre el que 
hasta el momento no ha habido ninguna otra información. 

Estela se incorporó a las Abuelas en 1978. Fue vicepresi- 
denta hasta 1989, cuando asumió la presidencia de la organi- 
zación. Ha presentado el trabajo de las Abuelas en muchos 
lugares del mundo y testifica anualmente sobre los niños des- 
aparecidos en las reuniones de la Comisión de Derechos Hu- 
manos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. En junio de 
1999 el gobierno de Francia le otorgó la "Orden de la Legión 
de Honor". En junio de 2000 la Universidad de Massachusetts 
en Boston le confirió un doctorado "honoris causa" en recono- 
cimiento de la labor de la asociación. Vive en La Plata con su 
marido. 



258 



Haydée Vallino de Lemos 

Haydée Vallino de Lemos nació en Buenos Aires en 1919, 
en el seno de una familia obrera católica. Terminó la escuela 
primaria, trabajó durante muchos años como modista, se casó 
y tuvo tres hijos. Su marido, un camisero, murió con el cora- 
zón destrozado poco después del secuestro de dos de sus hijos. 
Haydée no ha intervenido en política pero le preocupan mu- 
cho los desocupados, la falta de justicia económica y las luchas 
de los ancianos y los pobres. Cuando le preguntó a la hija que 
le quedaba de dónde sacaba sus ideas sobre el mundo, la res- 
puesta fue: "De vos, mamá", y a continuación su hija le recor- 
dó cómo había hecho Haydée hincapié en la conciencia social 
y la responsabilidad para con la sociedad durante su infancia. 

En 1977 desaparecieron sus hijos Mario Alberto y Mónica 
María, embarazada de ocho meses. Mónica María dio a luz una 
niña en cautiverio. La niña, María José, fue entregada a 
una mujer policía y su marido, quienes la anotaron como 
propia. Diez años después, las Abuelas la identificaron; luego 
de que los análisis genéticos demostraran su identidad, María 
José retornó a su familia legítima. Hoy está vinculada con una 
amplia familia extensa que incluye a una hermana mayor, 
(véase capítulo 4.) 

Haydée participa en la organización de las Abuelas desde 
1977, ya que fue una de sus fundadoras. En la actualidad vive 
con María José en Buenos Aires. Sus dos nietas son activistas 
por los derechos humanos y se preocupan por la justicia social 
tal como lo hicieron sus padres. 



María Isabel Chorobik de Mariani 

María Isabel Chorobik de Mariani (a quien sus amigos co- 
nocen como "Chicha") nació en la provincia de Mendoza en 
1923, dentro de una familia católica de clase media. Creció en 
un hogar pacífico y afectuoso en el que sus padres alentaron su 
interés por las artes. Se dedicó a la carrera docente y durante 
25 años presidió el departamento de estética de un colegio 



259 



secundario, en el que enseñó música, educación visual e histo- 
ria del arte. En su segunda década, se casó con un músico, 
Enrique José Mariani, con quien tuvo un hijo. 

En 1976 asesinaron a su nuera, Diana Teruggi, y secuestra- 
ron a su nieta, Clara Anahí, de tres meses, en La Plata. Su hijo, 
Daniel, miembro de la organización Montoneros, pasó a la 
clandestinidad, pero fue capturado y asesinado en 1977. Chi- 
cha dejó la docencia y se dedicó a la búsqueda de su nieta. 
Recibió información confiable de que ésta había sido "adopta- 
da" por una familia "poderosa". 

Chicha es una de las fundadoras de las Abuelas y fue su 
presidente por más de diez años. Viajó extensamente en repre- 
sentación de la organización y habló en muchas reuniones y 
conferencias internacionales sobre derechos humanos. El go- 
bierno francés le otorgó en 1989 un reconocimiento oficial por 
su trabajo en ese campo. Ese mismo año dejó de participar 
activamente en la organización, pero continúa buscando a su 
nieta desaparecida. Vive en La Plata con su madre. 



Raquel Radío de Marizcurrena 

Raquel Radío de Marizcurrena nació en 1931 en Villa 
Ramallo, una pequeña ciudad de la provincia de Buenos Aires; 
era una de los ocho hijos de una familia católica perteneciente 
a la clase trabajadora. Tenía cinco años cuando murió su ma- 
dre y 12 cuando perdió a su padre. Terminó la escuela prima- 
ria pero no pudo continuar su educación porque tuvo que 
ayudar a su hermana mayor a cuidar a la familia. Casada a los 2 1 
años, Raquel tuvo dos hijos y se dedicó a las tareas de la casa. 
Enviudó a los 57 años. Le interesa mucho la justicia social y 
admiraba a Eva Perón por su trabajo en beneficio de los pobres. 

En 1976, el día que su hijo Andrés cumplía 24 años, la 
policía irrumpió en su casa y lo secuestró junto con su esposa, 
Liliana Beatriz, embarazada de cuatro meses. Todas las inves- 
tigaciones sobre ellos y su nieto han sido infructuosas. 

Raquel cree que su nieto vive con una familia influyente y rica, 
porque en varias revistas de noticias sociales ha visto fotos de un 

260 



chico que es exactamente igual a su marido cuando era niño. Es 
una de las fundadoras de la Asociación de las Abuelas e intervino 
en la identificación de Pablito Moyano, uno de los niños hallados 
que volvió a su familia de origen. Vive en Acassuso, en el Gran 
Buenos Aires, y trabaja diariamente en la sede de las Abuelas. 



Amelia Herrera de Miranda 

Amelia Herrera de Miranda nació en un pueblo de la pro- 
vincia de Córdoba en 1923, en una familia católica obrera. 
Terminó la escuela primaria, trabajó de modista, se casó en su 
segunda década y tuvo tres hijos. Uno de ellos, un varón, 
murió en un accidente motociclístico. 

En 1976 desaparecieron su hija Amelia, su yerno Roberto 
Francisco Lanuscou y los tres hijos de la pareja. Más adelante, 
Amelia Herrera averiguó las circunstancias de esa desapari- 
ción: una unidad conjunta de la policía y el ejército había 
atacado y demolido la casa de sus hijos; en el hecho, su yerno 
murió a causa de la explosión de una granada y su hija recibió 
un disparo en la cabeza. En el incendio resultante murieron 
dos de los niños. Según los vecinos, la tercera, una niña de seis 
meses, fue alejada del lugar en una ambulancia. 

En 1982, las Abuelas se pusieron en contacto con Amelia, 
porque tenían información sobre ciertas tumbas sin nombre 
que parecían ajustarse al perfil de su hija y su familia. Luego 
de la exhumación se confirmó que, efectivamente, las tumbas 
correspondían a su hija, su yerno y dos de sus nietos, de cua- 
tro y cinco años. No había rastros de la niña menor. Desde 
entonces, Amelia tuvo una participación activa en la Asociación 
de Abuelas. El hallazgo de los restos de su hija y dos de sus 
nietos fue muy importante para ella, y ese éxito contribuyó a 
sostenerla en su búsqueda de su nieta desaparecida. En 1993 
representó (con Otilia Argañaraz) a la asociación en el VIII 
Encuentro Nacional de Mujeres en San Miguel de Tucumán. 

Su marido, Juan Miranda, uno de los pocos hombres que 
militó activamente en la organización de las Abuelas, murió 
en 1995. Amelia vive sola en Buenos Aires. 



261 



Nélida Gómez de Navajas 

Nélida Gómez de Navajas nació en Buenos Aires en 1927, 
en una familia católica de clase media. Casada a los 2 1 años y 
viuda a los 43, tuvo dos hijos. Ejerció la docencia durante diez 
años y luego tuvo un cargo administrativo en una cooperativa 
de ahorros durante otros 27, hasta su jubilación. 

Luego de que su hija Cristina, una socióloga, desapareciera 
en 1976, Nélida encontró una carta suya dirigida a su esposo, 
en la que le decía que tenía un retraso de dos meses en la 
menstruación y creía estar embarazada. Cristina estaba casada 
con Julio César Santucho, hermano de Mario Santucho, el jefe 
del ERP, una de las dos grandes organizaciones guerrilleras de 
la Argentina. Sobrevivientes del mismo campo clandestino al 
que la llevaron informaron que la torturaron salvajemente 
debido a su relación con la familia Santucho. No ha habido 
ninguna otra información ni sobre ella ni sobre el niño. 

Nélida viajó extensamente en representación de las Abue- 
las y llevó su mensaje particularmente a España, donde tiene 
parientes, y a Italia. Católica devota, está decepcionada con el 
papel de la Iglesia argentina durante la dictadura. 

Trabaja en la organización de las Abuelas desde principios 
de la década del ochenta y vive con su hijo en Buenos Aires. 



Elsa Sánchez de Oesterheld 

Elsa Sánchez de Oesterheld nació en la ciudad de Buenos 
Aires en 1925, en un hogar católico de clase media cuyos 
miembros eran conscientes de sus orígenes obreros. Le gus- 
taban las humanidades y la literatura y era una lectora vo- 
raz. Terminó la escuela secundaria, se casó a los 22 años y 
tuvo cuatro hijas. Su marido, libre pensador y humanista, 
era el conocido escritor de ciencia ficción Héctor Germán 
Oesterheld. 

En 1977, la dictadura le arrebató a sus cuatro hijas y su 
esposo. Pudo recuperar el cuerpo de una de las hijas pero no 
tuvo ninguna otra información con respecto a los restantes 

262 



miembros de su familia. Dos de las jóvenes estaban embara- 
zadas: Diana, de seis meses y medio, y Marina, de ocho 
meses. 

Elsa cree que la conducción de Montoneros, uno de los dos 
principales grupos guerrilleros de la Argentina, actuó irres- 
ponsablemente y se aprovechó de los jóvenes, a quienes 
adoctrinó sin darles tiempo para reflexionar. Ella trató en 
vano de alertar a su marido y sus hijas sobre las contradiccio- 
nes entre sus creencias humanistas y la ideología de los 
Montoneros. Pero se negaban a escucharla. 

En 1985, las Abuelas se acercaron a ella luego de enterarse 
de que dos de sus hijas desaparecidas estaban embarazadas. 
Elsa viajó por América Latina en representación de la asocia- 
ción; la participación en conferencias sobre los derechos huma- 
nos hizo que conociera la riqueza y vastedad de las luchas que 
en ese campo se libran en otros países y no sólo en la Argen- 
tina. La entusiasmó particularmente la vitalidad de los movi- 
mientos de las mujeres y los pueblos indígenas en América 
Latina. Vive sola en Buenos Aires. 



Argentina Rojo de Pérez 

Argentina Rojo de Pérez nació en 1923 en la provincia de 
Córdoba, en una familia obrera católica. Abandonó la escuela 
en quinto grado, cuando tenía 12 años, y empezó a trabajar. 
Terminó la educación primaria a los 19 años. Se casó ya cer- 
cana a los treinta y se dedicó a ayudar a su marido en su alma- 
cén y verdulería. Tuvieron un hijo. 

Argentina y su esposo fueron amenazados y atacados en su 
casa varias veces durante la década del setenta. En 1978 des- 
aparecieron su hijo, José Manuel, y su nuera, Patricia Julia 
Roisinblit (hija de Rosa Roisinblit, hoy vicepresidenta de la 
Asociación de Abuelas); ambos eran miembros de Montoneros. 
Su nuera estaba en su octavo mes de embarazo. Quedó la hija 
de la pareja, Mariana, de 15 meses. El testimonio de sobrevi- 
vientes del campo en que Patricia estuvo detenida reveló que 
en noviembre de 1978 tuvo un varón al que llamó Rodolfo 

263 



Fernando. No ha habido ninguna otra información sobre la 
pareja desaparecida ni el niño. 

Argentina se enteró de la existencia de la organización de 
las Abuelas a través de Rosa Roisinblit. Enviudó en 1989, a 
los 66 años, y hoy vive sola en Buenos Aires en estrecho con- 
tacto con su nieta Mariana. 



Rosa Tarlovsky de Roisinblit 

Rosa Tarlovsky de Roisinblit nació en 1919 en la pro- 
vincia de Santa Fe, en el seno de una familia de inmigran- 
tes judíos. Su padre había sido un adinerado hacendado, 
pero después de la Primera Guerra Mundial perdió su for- 
tuna a causa de la recesión. Tanto él como su mujer y la 
hermana mayor de Rosa eran sionistas comprometidos. Tras 
terminar el colegio primario, Rosa empezó a estudiar obs- 
tetricia a los 15 años. También llegó a ser una experta asis- 
tente quirúrgica. Se casó poco después de los treinta años y 
tuvo una hija, Patricia Julia. Enviudó a los 53, varios años 
antes del golpe. 

En 1978 desaparecieron Patricia, estudiante de medicina, y 
su marido, José Manuel Pérez, ambos miembros de la organi- 
zación Montoneros. En el esbozo biográfico anterior nos refe- 
rimos a la incertidumbre sobre su suerte y la del varón que 
presuntamente tuvo Patricia en cautiverio. 

Rosa empezó a trabajar con otras Abuelas en 1979 y viajó 
extensamente en representación de la organización, para asis- 
tir a conferencias internacionales y hacer presentaciones sobre 
el tema de los niños y los derechos humanos. En junio de 2000 
la Universidad de Massachusetts en Boston le otorgó un doc- 
torado "honoris causa" en reconocimiento de la labor de la 
asociación. En la actualidad es vicepresidente de la asociación, 
vive sola en Buenos Aires y está en estrecho contacto con su 
nieta, Mariana. 



264 



Antonia Acuña de Segarra 

Antonia Acuña de Segarra nació en 1934 en la provincia de 
Tucumán y es hija de una madre soltera perteneciente a una 
familia católica de clase media. La madre se casó cuando 
Antonia era pequeña, y la niña trabó una buena relación con 
su padrastro. Terminó el colegio secundario en Buenos Aires 
y se casó poco después de los veinte años. Tuvo tres hijos. 

Su hija mayor, Alicia Estela, que tenía un embarazo de dos 
meses y medio, desapareció junto con su compañero, Carlos 
María Mendoza, en 1978. Pocos días después también desapa- 
reció su otra hija, Laura Beatriz, con su compañero Pablo 
Torres; ella estaba embarazada de ocho meses. Por último, 
corrió la misma suerte su hijo Jorge. No ha habido otras infor- 
maciones sobre ninguno de ellos. 

Antonia residía en Mar del Plata, pero como sus hijos vi- 
vían en Buenos Aires, decidió trasladarse a la capital para 
buscarlos. Pronto se conectó con las Abuelas y decidió traba- 
jar con el grupo, porque era la única organización que busca- 
ba a los niños y sus padres. Antonia concurrió a todas las 
reuniones de la fedefam desde 1983, para presentar el caso de 
los menores desaparecidos en la Argentina. Su intervención en 
esa federación hizo que las Abuelas tuvieran un mayor cono- 
cimiento de las atrocidades cometidas en otros países de Amé- 
rica Latina, y contribuyó a fomentar un vínculo especial de 
solidaridad entre ellas. Antonia y su marido siguen viviendo 
en Mar del Plata. 



Reina Esses de Waisberg 

Reina Esses de Waisberg nació en Buenos Aires en 1919 y 
fue uno de los siete hijos de una familia judía de clase media. 
Terminó la escuela primaria y empezó a trabajar a los 16 años, 
cuando el negocio de su padre quebró. Luego de la muerte de 
su madre a causa de un aborto clandestino, se hizo cargo de sus 
hermanos. Se casó poco después de los veinte años y tuvo dos 
hijos. Dedicada a la familia y la casa, tuvo una existencia muy 

265 



cómoda mientras vivió su marido. Enviudó varios años antes 
del golpe. 

En 1977, su hijo Ricardo y su compañera Valeria Beláus- 
tegui Herrera, integrantes del erp, fueron secuestrados en la 
casa que compartían, junto con su hija Tania, de 15 meses. En 
esos momentos Valeria estaba en su segundo mes de embara- 
zo. Seis meses después, y todavía embarazada, fue vista en uno 
de los centros clandestinos de detención. Reina recuperó a 
Tania, pero posteriormente las fuerzas de seguridad trataron 
de secuestrarla una vez más. El apoyo de Mónica Pastora 
Aranda, ayudante doméstica de Reina, y la intervención de un 
pariente que era militar desbarataron el intento. 

La abuela materna de Tania, Matilde Herrera (una de las 
autoras de Identidad: despojo y restitución)^ militó activamen- 
te en la organización de las Abuelas. Cuando murió, en 1990, 
Tania instó a Reina a incorporarse a la asociación. Reina vive 
hoy en Buenos Aires acompañada por Mónica Pastora Aranda. 



Alba Lanzillotto 

Alba Lanzillotto nació en 1928 en La Rioja; era una de los 
siete hijos de un hogar católico de clase media. Se casó con el 
poeta y periodista Ariel Ferraro y tuvo dos hijos. Quedó viu- 
da a los 61 años. Alba trabajaba como profesora secundaria y 
sentía que una de sus responsabilidades como docente era 
suscitar en sus alumnos una idea de justicia e igualdad. Esta 
actitud, y su militancia en apoyo de los pobres — siguiendo el 
ejemplo de monseñor Angelelli, el obispo progresista de La 
Rioja asesinado en 1976 — , le valieron una estadía de dos se- 
manas en la cárcel. Tras salir de prisión en 1977, se exilió en 
España, donde vivió hasta 1984. 

Alba tenía 19 años cuando nacieron sus hermanas Ana 
María y María Cristina, mellizas para las que era como una 
madre. Ambas hermanas desaparecieron en 1976, cuando Ana 
María estaba en su octavo mes de embarazo. Estaba casada con 
Domingo Mena, un importante miembro del erp. Alba reci- 
bió información sobre el nacimiento del niño, un varón. 



266 



Al regresar de España, se incorporó a las Abuelas y empezó 
a trabajar en el boletín de informaciones. Representó a la aso- 
ciación en las reuniones semanales de una comisión del Sena- 
do que se ocupaba de la reforma de las leyes de guarda y 
adopción. Actualmente es la secretaria de la asociación. Alba 
y su familia mantienen lazos estrechos con los tres hijos sobre- 
vivientes de sus hermanas desaparecidas. Vive en Buenos Ai- 
res con su hija, su yerno y sus nietos. 



Nya Quesada 

Nya Quesada nació en 1920 en un pueblo de la provincia 
de Buenos Aires, en el seno de una familia humilde de convic- 
ciones políticas anarquistas. La paz, la solidaridad y la creen- 
cia en la humanidad se destacaban como los valores más 
importantes de la vida. Tuvo una infancia despreocupada y 
feliz y disfrutaba mucho de la lectura. 

Tras terminar la escuela primaria, inició una carrera en las 
artes; ha sido actriz durante toda su vida adulta. Se casó 
veinteañera con el actor y artista gráfico Antonio Bai, y tuvo 
una hija, Adriana Mirta Bai Quesada, que estudió arquitec- 
tura. 

Adriana, su marido y su hijo de dos años y medio, Nicolás, 
desaparecieron en 1978. Veinte días después del secuestro, la 
hermana de Nya, Menchu, una conocida actriz de teatro y 
televisión, recibió una llamada telefónica de un juzgado de 
menores donde habían dejado a Nicolás. Una de las secretarias 
del tribunal lo había llevado a su casa; mientras veía un pro- 
grama de televisión en el que se mencionó el nombre de 
Menchu, Nicolás exclamó que ésa era su tía. Un juez insólita- 
mente sensible devolvió al niño a su familia legítima. (Véase 
capítulo 4.) 

El marido de Nya, que padecía asma, quedó extre- 
mamente angustiado por la desaparición de su hija y nunca 
recuperó la salud. Murió en 1980. En 1981, una de las ami- 
gas de Nya recibió un llamado telefónico de una mujer que 
se identificó como Adriana y mencionó episodios de su pa- 

267 



sado que sólo la verdadera Adriana podría haber conocido. 
Contra todos los pronósticos, Nya aún espera volver a ver a 
su hija. Lamenta que su nutrida agenda actoral no le permi- 
ta participar tan activamente como quisiera en la Asociación 
de Abuelas. Vive en Buenos Aires con su hermana Menchu 
y Nicolás. 



Elena Santander 

Elena Santander nació en Buenos Aires en 1929, en un 
hogar católico de clase media. Después de terminar la escuela 
primaria, se dedicó a ayudar a su madre en las tareas hogare- 
ñas y más adelante empezó a trabajar como modista. Se casó 
veinteañera y tuvo tres hijos. Enviudó pocos años antes del 
golpe. 

En 1975, la casa de Elena fue saqueada y ella secuestrada 
junto con su hijo, Alfredo Moyano, y su nuera, María Asun- 
ción Artigas. Estuvieron detenidos cinco días, durante los 
cuales Elena presenció las torturas infligidas a Alfredo. En 
1977, Alfredo y María Asunción, que estaba embarazada de 
dos meses, volvieron a ser secuestrados. Gracias a testimonios 
de sobrevivientes del mismo campo al que los llevaron, Elena 
supo que su nuera había tenido una nena. 

Las Abuelas identificaron a esta niña, María Victoria, en 
1987, gracias a la información proporcionada por una de sus 
maestras. Se había apoderado de ella el hermano del policía a 
cargo del campo, quien la anotó como propia. Después de que 
los análisis genéticos demostraran la identidad de María Vic- 
toria, la niña volvió a su familia de origen y fue a vivir a 
Uruguay con sus abuelos maternos. 

Elena trabajó con la Asociación de Abuelas durante muchos 
años a pesar de que su salud se deterioró luego del secuestro de 
su hijo y su familia. Vivía en Buenos Aires con un hermano y 
murió en febrero de 1996. 



268 



Berta Schubaroff 

Berta Schubaroff nació en Buenos Aires en 1928; sus padres 
eran obreros judíos que habían emigrado de Rusia. Terminó su 
educación secundaria en una escuela de arte y amaba dibujar, 
pintar y hacer música. Se casó veinteañera con el poeta y pe- 
riodista Juan Gelman, tuvo dos hijos y se dedicó por comple- 
to a su familia. Luego de diez años de matrimonio, decidió 
separarse de su marido porque sentía que "más allá del matri- 
monio y los hijos había algo más". 

En 1976 desaparecieron su hijo de veinte años, Marcelo 
Ariel, su hija Nora Eva, y la mujer de Marcelo, María García 
Irureta Goyena, que tenía un embarazo de siete meses y me- 
dio. Su hija fue liberada tres días después, pero su hijo y su 
nuera permanecieron en cautiverio. Berta y su hija se exiliaron 
en España en 1979. A fines de 1984, de regreso en la Argen- 
tina, Berta se incorporó a la asociación y desde entonces fue 
una activa participante del grupo. En 1989 el Equipo Argen- 
tino de Antropología Forense identificó los restos de Marcelo 
en una tumba NN de un cementerio de Buenos Aires. En abril 
de 2000 la nieta de Berta fue identificada en el Uruguay. La 
joven tiene 23 años y vive en Montevideo. Berta ha reclama- 
do, hasta ahora sin éxito, ser recibida por el presidente del 
Uruguay, Jorge Battle, para obtener más informaciones sobre 
su caso. El presidente Battle recibió a su ex-marido Juan 
Gelman y Berta pide un trato semejante y poder conocer a su 
nieta. 

Berta es actualmente tesorera de la asociación. Es una con- 
sumada escultora y trabaja fundamentalmente con cerámica y 
arcilla. Vive en Buenos Aires con su hija y su nieto. 



SoNiA Torres 

Sonia Torres nació en 1929 en la provincia de Córdoba, en 
una familia católica (no practicante) de clase media alta. Su 
padre era dentista y miembro del Senado argentino. Ella qui- 
so estudiar arquitectura pero sus padres no se lo permitieron, 

269 



ya que en su opinión era una carrera para hombres. Le sugirie- 
ron que estudiara farmacia, una carrera más apropiada para 
mujeres. Mientras cursaba sus estudios de esa disciplina, se 
casó y finalmente tuvo tres hijos. Se separó de su marido lue- 
go de 14 años de matrimonio. Aunque no era peronista, admi- 
raba a Eva Perón por su compromiso con la justicia social y los 
pobres. 

En 1975, Sonia y sus hijos fueron detenidos. Ella y el me- 
nor quedaron libres pocos días después. Los otros dos siguie- 
ron detenidos y fueron torturados durante casi un mes. En 
1976, su hija Silvina Mónica, estudiante de ciencias económi- 
cas que estaba embarazada de siete meses, fue secuestrada jun- 
to con su compañero, Daniel Orozco. Sonia se enteró de que su 
hija había tenido un varón y que había estado en el campo de 
La Perla, uno de los centros clandestinos de detención más 
infames de Córdoba. Aunque su investigación la condujo a 
descubrir la identidad de la mujer que delató a Silvina, no 
pudo obtener ninguna otra información sobre su hija desapa- 
recida y su familia. 

Tras las desapariciones, Sonia viajó a Buenos Aires y se 
vinculó con las Abuelas. Sigue trabajando con ellas y de vez en 
cuando asiste a sus reuniones en Buenos Aires. Es propietaria 
y administradora de una farmacia en Córdoba, donde vive sola. 



270 



Apéndice 2 
Declaración de principios y testimonio 
de las Abuelas de Plaza de Mayo, 
21 de julio de 1982 

Las abuelas firmantes^ constituimos, desde octubre de 
1977, un grupo que surgió espontáneamente como consecuen- 
cia de la desaparición de nuestros hijos y de nuestros nietitos, 
o de nuestras hijas o nueras embarazadas. Nos presentamos 
peticionando ante las autoridades correspondientes, así como 
ante las fuerzas de seguridad que habían intervenido en los 
"operativos" y finalmente concurrimos a la Plaza de Mayo 
uniéndonos al reclamo de tantas madres con hijos desapareci- 
dos. Mientras buscábamos a nuestros hijos, exigiendo para 
ellos el amparo de la ley y de la justicia, supimos que la bús- 
queda de los niños debía orientarse hacia lugares específicos: 
Casas-cunas, Institutos del menor, orfelinatos. Juzgados de 
Menores, etcétera. A partir de esa toma de conciencia, allí, en 
Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno que no daba res- 
puestas, las madres de madres decidimos unirnos para 
peticionar por los niños desaparecidos, naciendo así el Movi- 
miento de Abuelas. Pasado el tiempo y ante la persistencia de 
nuestro estado de despojo, a pesar del incesante reclamo, he- 
mos resuelto constituir la Asociación Civil "Abuelas de Plaza 
de Mayo". No nos mueve ningún objetivo político. Nadie nos 
ha convocado, ni nos impulsa, ni instrumenta. Estamos con- 
tra la violencia y contra cualquier tipo de terrorismo, privado 
o estatal. Queremos la paz, la fraternidad y la justicia. Anhe- 
lamos para la Argentina la vigencia de un sistema democráti- 



271 



co, respetuoso de los derechos fundamentales de la persona 
humana. Creyentes o no, adherimos a los principios de la 
moral judeo-cristiana. Rechazamos la injusticia, la opresión, 
la tortura, el asesinato, los secuestros, los arrestos sin proceso, 
las detenciones seguidas de desapariciones, la persecución por 
motivos religiosos, raciales, ideológicos o políticos. En cuan- 
to a nuestros hijos detenidos desaparecidos, exigimos su apa- 
rición con vida y el total esclarecimiento de lo ocurrido desde 
su detención y posterior desaparición. En lo que respecta a 
nuestros nietos, pedimos que se esclarezca el destino dado a 
todos y cada uno de los niños desaparecidos en la República 
Argentina desde 1975, así como de los bebés nacidos en los 
campos de detención donde fueron conducidas sus jóvenes 
madres embarazadas y que se reintegre estos niños a sus fami- 
liares, respetando sus derechos: a la vida, a mantener su iden- 
tidad, a vivir con su fam_ilia legítima. Sabemos que existen 
muchísimos hogares argentinos en la misma situación. Por esa 
razón hemos decidido formar una Asociación Civil que lleva- 
rá el nombre de Abuelas de Plaza de Mayo, para ayudarnos 
entre nosotras y prestar asistencia a las víctimas de los hechos 
reseñados. Para lograr de las autoridades del país, civiles, 
militares y judiciales, la restitución de los niños desaparecidos 
a sus familiares hasta tanto sus padres, hoy desaparecidos, sean 
liberados. Con ese fin efectuaremos gestiones, actos y publica- 
ciones que consideremos convenientes, dentro del respeto a las 
leyes y al orden público. Deseamos trabajar para construir una 
Argentina donde exista la Justicia. Donde nadie pueda ser 
detenido y hecho desaparecer como ha ocurrido con nuestros 
hijos y nietos. Donde tenga vigencia el derecho y se pueda 
vivir en un clima de libertad, de tolerancia y respeto. Donde 
sean respetados cada uno de los derechos de los niños, univer- 
salmente reconocidos." 



272 



Apéndice 3 
Carta de Estela Barnes de Carlotto 
a su nieto desaparecido 



Carta a mi nieto desaparecido 
26 de junio de 1996 

Hoy cumples 18 años... Y quiero contarte cosas que no 
sabes y expresarte sentimientos que no conoces. 

Tus abuelos formamos parte de esa generación que asigna 
a cada fecha un valor especial y singular. El nacimiento de un 
nieto es una de esas fechas. El bautismo (o no), los primeros 
pasos, la comunión (o no), la caída del primer diente, el jardín 
de Infantes, el delantal blanco y el pedido de: abuelita 
enséñame las tablas. Son momentos que trascienden. Por eso 
esta fecha en que cumples 18 años pasará a ser especial y sin- 
gular como todas las otras en que no pudimos vivirla contigo. 
Porque te robaron de los brazos de tu mamá Laura a las pocas 
horas de nacer, en un hospital militar, esposada, custodiada, 
para luego furtiva y arteramente robarte para un destino in- 
cierto. 

Estarás creciendo en tus soñadores y bellos 18 años con otro 
nombre, Guido. No son tu papá y tu mamá los que festejaron 
contigo el ingreso a la adultez sino tus ladrones. 

Lo que no se imaginan es que en tu corazón y tu mente 
llevas sin saberlo todos los arrullos y canciones que Laura en 
la soledad del cautiverio susurró para ti, cuando te movías en 
su vientre. 



273 



Y despertarás un día sabiendo cuánto te quiso y te quere- 
mos todos. Y preguntarás un día dónde puedo hallarlos. Y 
buscarás en el rostro de tu madre el parecido y descubrirás que 
te gusta la opera, la música clásica o el jazz (¡qué antigüedad!) 
como a tus abuelos. Escucharás a Sui Generis, o a Almendra, 
o a Papo, sintiéndolos en lo profundo de tu ser porque así lo 
sentía Laura. 

Despertarás querido nieto algún día de esa pesadilla y 
nacerás para tu liberación. 

Te estoy buscando. Te espero. 

Con mucho amor. 

Tu abuela Estela 



274 



Siglas 

AAA Alianza Anticomunista Argentina, también cono- 

cida como Triple A 

AAAS American Association for the Advancement of 

Science 

ANCLA Agencia de Noticias Clandestinas 

APDH Asamblea Permanente por los Derechos Humanos 

CEA Conferencia Episcopal Argentina 

CELS Centro de Estudios Legales y Sociales 

CGT Confederación General del Trabajo 

ci Cadena Informativa 

ciDH Comisión Interamericana de Derechos Humanos 

CONADEP Comisión Nacional sobre la Desaparición de Per- 
sonas 

EAAF Equipo Argentino de Antropología Forense 

ERP Ejército Revolucionario del Pueblo 

ESMA Escuela Superior de Mecánica de la Armada 

FEDEFAM Federación Latinoamericana de Asociaciones de 
Familiares de Detenidos Desaparecidos 

HIJOS Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el 

Olvido y el Silencio 

lACHR ínter American Commission on Human Rights 

(véase cidh) 



275 



MTP Movimiento Todos por la Patria 

NN Ningún Nombre, también Noche y Niebla 

(Nacht und Nebel) 

OEA Organización de los Estados Americanos 

PRT Partido Revolucionario de los Trabajadores 

SERPAj Servicio Paz y Justicia 

siDE Secretaría de Informaciones del Estado 

UFER Mouvement International pour TUnion Fra- 

ternelle Entre les Races et les Peuples (Movimien- 
to Internacional por la Unión Fraternal entre las 
Razas y los Pueblos) 



276 



Notas 

Capítulo 1 . No sólo un golpe más 

1. Citado en John Simpson y Jana Bennett, The Disappeared and the 
Mothers of the Plaza (Nueva York, St. Martin's Press, 1985), p. 76. 

2. Raquel Ángel, "Una fecha marcada a sangre y fuego - Memoria de 
un día trágico", en Madres de Plaza de Mayo, marzo de 1986, pp. 
4-5. 

3. En The Invention o f Argentina (Berkeley, University of California 
Press, 1991), Nicolás Shumway describe una corriente del pensa- 
miento poh'tico argentino que ve el país como una entidad "enfer- 
ma" cuya "salud" sólo puede restablecerse mediante una "cirugía 
drástica", como los golpes y la eliminación de los "subversivos" (p. 
166). 

4. Citado en Daniel Frontalini y María Cristina Caiati, El mito de la 
guerra sucia (Buenos Aires, Centro de Estudios Legales y Sociales, 
1984), p. 22. 

5. Amnesty International, Argentina: The Military Juntas and 
Human Rights-Report of the Trial of the Former Junta Members 
(Londres, Amnesty International, 1987), p. 14; Juan E. Méndez, 
Truth and Partial Justice in Argentina: An Update, An Americas 
Watch Report (Washington, dc, Americas Watch, 1991), pp. 7, 
11. El general Videla fue a la vez comandante en jefe del ejército 
y presidente desde marzo de 1976 hasta marzo de 1981. Los miem- 
bros de la segunda junta (desde marzo hasta diciembre de 1981) 
fueron el teniente general Roberto Viola, presidente y comandan- 
te del ejército; el almirante Armando Lambruschini, comandante 
de la armada; y el brigadier general Omar Graffigna, comandante de 
la fuerza aérea. Los integrantes de la tercera junta (desde diciem- 
bre de 1981 hasta junio de 1982) fueron el teniente general 
Leopoldo Galtieri, presidente y comandante del ejército; el almi- 
rante Jorge Anaya, comandante de la armada; y el brigadier gene- 



^77 



ral Basilio Lami Dozo, comandante de la fuerza aérea. Tras la de- 
rrota de las Malvinas, se armó una junta "interina"; el teniente 
general Reynaldo Benito Bignone fue designado para presidir la 
transición a un gobierno civil electo. 

6. David Rock, Argentina, 1316-1987 : From Spanish Colonization 
to Alfonstn (Berkeley, University of California Press, 1987), pp. 
346-347. 

7. Ibid., pp. 349-353. Muchas mujeres militaron activamente en las 
organizaciones guerrilleras, preponderantemente masculinas. Se 
hallará un fascinante estudio de su papel y sus experiencias en 
Marta Diana, Mujeres guerrilleras: la militancia de los setenta en 
el testimonio de sus protagonistas femeninas (Buenos Aires, Plane- 
ta, 1996) 

8. Rock, Argentina..., op.cit., p. 355. 

9. Rock, Argentina..., op. cit., pp. 358-360. 

10. Ibid., p. 363. Véase también Ignacio González Janzen, La Triple A 
(Buenos Aires, Contrapunto, 1986). 

11. Martin Edwin Andersen, Dossier Secreto: Argentina's Desapareci- 
dos and the Myth of the "Dirty War" (Boulder, Coló., Westview 
Press, 1993), pp. 118-119. 

12. Frontalini y Caiati, El mito..., op. cit., p. 72. 

13. Emilio F. Mignone, Derechos humanos y sociedad: el caso argen- 
tino (Buenos Aires, Centro de Estudios Legales y Sociales/Edicio- 
nes del Pensamiento Nacional, 1991) p. 54. 

14. Ambos citados en Penny Lernoux, Cry of the People: The Struggle 
for Human Rights in Latin America - The Catholic Church in 
Conflict with U. S. Policy (Nueva York, Penguin Books, 1991), p. 
164. Los generales Viola y Galtieri, miembros de la segunda y la 
tercera juntas, respectivamente, recibieron entrenamiento en la 
Escuela de las Américas del Ejército de los Estados Unidos, en Fort 
Benning, Georgia (información proporcionada por soa Watch en 
Washington, Dc). 

15. Mignone, Derechos humanos y sociedad. .. , op. cit., p. 64. 

16. "Doctrina de la Seguridad Nacional (dsn)", en fedefaaí, noviembre 
de 1984, p. 22. 

17. Citado en Frontalini y Caiati, El mito..., op. cit., p. 11. 

18. Eduardo Luis Duhalde, El estado terrorista argentino (Buenos 
Aires, Ediciones El Caballito, 1983), pp. 118-125. 

19. Jacobo Timerman, Prisoner without a Ñame, Cell without a 
Number (Nueva York, Vintage Books, 1982), pp. 102. 

20. Noam Chomsky y Edward S. Hermán, The Washington 
Connection and Third World Fascism, vol. 1 de The Political 
Economy of Human Rights (Boston, South End Press, 1979), 

278 



pp. 265-266. Véase también Andersen, Dossier..., op. cit., p. 
146. 

21. Barbara Stallings, Banker to the Third World: U. S. Portfolio 
Investment in Latín America, 1900-1986 (Berkeley, University of 
California Press, 1987), pp. 100, 234. 

22. lain Guest, Behind the Disappearances: Argentina's Dirty War 
against Human Rights and the United Nations (Filadelfia, 
University of Pennsylvania Press, 1990), p. 28. 

23. William L. Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich: A History 
of Nazi Germany (Nueva York, Simón and Schuster, 1960), pp. 
957-958. 

24. Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Las cifras de la 
guerra sucia (Buenos Aires, Asamblea Permanente por los Dere- 
chos Humanos, 1988), p. 17. 

25. Noemí Ulla y Hugo Echave, Después de la noche: dialogo con 
Graciela Fernández Meijide (Buenos Aires, Contrapunto, 1986), p. 83. 

26. Mignone, Derechos humanos y sociedad..., op. cit., p. 66, y entre- 
vista realizada por la autora, Buenos Aires, 16 de diciembre de 
1994. 

27. /^/^.,p. 91. 

28. Citado en ibid., p. 69. 

29. Nunca mas: The Report of the Argentine National Commission on 
the Disappeared (Nueva York, Parrar, Straus, and Giroux, 1986), 
p. 413 [417-418]. (Los números entre corchetes corresponden a la 
foliación de la edición argentina de 1984). Véase también Familia- 
res de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Ahogados 
desaparecidos (Buenos Aires, Familiares de Desaparecidos y Dete- 
nidos por Razones Políticas, 1988). 

30. Citado en Mignone, Derechos humanos y sociedad. .. , op. cit., p. 
56. 

31. Nunca más, op. cit., pp. 245-246 [257]. 

32. Duhalde, El estado terrorista..., op. cit., p. 95. 

33. Nunca más, op. cit., pp. 10-20 [16-26]. 

34. Ibid, pp. 51-55, 199 [54-58, 214]. 

35. "Los campos", en Testimonios, 20 de septiembre de 1984, pp. 5- 
11. 

36. Amnesty International, Testimony on Secret Detention Camps in 
Argentina (Londres, Amnesty International, 1980), p. 18. 

37. Nunca más, op. cit., pp. 273, 308 [283, 320]. 

38. Timerman, Prisoner without a Ñame..., op. cit., p. 148. 

39. Horacio Verbitsky, The Flight: Confessions of an Argentine Dirty 
Warrior, traducción de Esther Alien (Nueva York, New Press, 
1996), en especial pp. 17-57. 

279 



40. Laura Beatriz Bonaparte, Militares en la Argentina y su método de 
tortura interminable (Copenhaguen, Rehabilitación and Research 
Center for Torture Victims, 1984). 

41. Nunca más, op.cit., p. 223 [236}. 

42. Ihtd, pp. 215-221 [229-234]. 

43. Alipio Paoletti, Como los nazis, como en Vietnam (Buenos Aires, 
Edición Cañón Oxidado, 1987), pp. 31, 69. 

44. Se hallará un análisis de la tortura sexual de presas políticas en 
Ximena Bunster, "Surviving Beyond Fear: Women and Torture in 
Latin America", en Marjorie Agosín (comp.), Surviving Beyond 
Fear: Women, Children, and Human Rights in Latin America 
(Fredonia, ny, White Pine Press, 1993), pp. 98-125. 

45. Nunca más, op. cit., p. 37 [42]. 

46. Paoletti, Como los nazis..., op. cit., pp. 303, 93. 

47. Ibtd, pp. 92, 93, 101. 

48. Citado en Tina Rosenberg, Children of Cain: Violence and the Wiolent 
in Latin America (Nueva York, William Morrow, 1991), p. 89. 

49. Ana María Careaga, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 26 de diciembre de 1994. 

50. Sin embargo, algunas mujeres embarazadas fueron muertas junto con 
las criaturas que llevaban en su seno. Abuelas de Plaza de Mayo, 
Niños desaparecidos en la Argentina desde 1976 (Buenos Aires, 
Abuelas de Plaza de Mayo, 1990), pp. 128-130, menciona a Adriana 
Gatti Casal, Hilda Inés Olivier de Santilli, Ana María del Carmen 
Pérez de Azcona y Liliana Sofía Barrios de Castro. Recientemente se 
agregaron a estos nombres los de Susana Elena Pedrini y Olga Silvia 
Souto. Además, en Cañuelas, en 1976, se encontró un cadáver feme- 
nino quemado y no identificado, con un feto de nueve meses aún 
atado al cordón umbilical, junto con otros seis cuerpos: resultado, 
probablemente, de una ejecución masiva (correspondencia con Ale- 
jandro Inchaurregui, 5 de septiembre de 1995). 

51. Nunca más, op. cit., pp. 288-300 [302-313}. 

52. Ihid, pp. 288-289 [303}. 

53. Ibid, pp. 294-300 [307-313}. 

54. "Fue ubicado en Paraguay el prófugo mayor Bianco", en Informa- 
ciones, n° 13 (abril-mayo de 1987), pp. 18-20; "El pasado que 
vuelve", en Página 12, 1 de marzo de 1997. 

55. Nunca más, op. cit., pp. 271-272 [281}. 

56. Ibid. , pp. 290-292 [304-306}; y Adriana Calvo de Laborde, entre- 
vista realizada por la autora, Buenos Aires, 27 de diciembre de 
1994. 

57. Alicia Partnoy, The Little School: Tales of Disappearance and 
Survival in Argentina (Pittsburgh, Ciéis Press, 1986), p. 124. 

280 



58. Emilio F. Mignone, Witness to the Truth: The Complicity of 
Church and Dictatorship in Argentina, 1976-1983, traducción de 
Philip Berryman (MaryknoU, ny, Orbis Books, 1988), pp. 2, 20, 
19- Los cuatro sacerdotes resistentes eran Enrique Angelelli, obis- 
po de La Rioja; Jaime de Nevares, obispo del Neuquén; Miguel 
Hesayne, obispo de Viedma; y Jorge Novak, obispo de Quilmes. 

59. Citado en ibid., pp. 5-6, 11, 36. 

60. IhU., p. 111. 

61. Ihid, pp. 57, 110-118. 

62. Ibíd, pp. 46, 42. 

63. Ibid., pp. 44-45. Mignone se reunió tres veces con Pió Laghi lue- 
go de la desaparición de su hija, y lo describe como conocedor de 
la naturaleza represiva del sistema, pero temoroso de levantar la 
voz. El nuncio le reconoció que el gobierno estaba en manos de 
criminales; pero cuando Mignone se lo mencionó al almirante 
Massera, dos años después, éste dijo: "Me extraña que Laghi diga 
eso porque juega al tenis conmigo cada 15 días" (p. 45). 

64. Citado en ibid., p. 107. 

65. Ih¿d, pp. 132-133, 143. 

66. Judith Laikin Elkin, "Quincentenary: Colonial Legacy of Anti- 
Semitism", en Report on the Americas 25, n° 4 (febrero de 1992), 
pp. 4-7; Robert Weisbrot, The Jews of Argentina: From the 
Inquisition to Perón (Filadelfia, Jewish Publication Society of 
America, 1979), pp. 15-56, 200-201. 

67. Ronald H. Dolkart "The Right in the Década Infame, 1930- 
1943", en Sandra McGee Deutsch y Ronald H. Dolkart (comps.), 
The Argentine Right: Its History and Intel lectual Origins, 1910 to 
the Present (Wilmington, Del., Scholarly Resources, 1993), p. 87. 

68. Simón Wiesenthal, The Murderers among Us: The Wiesenthal 
Memoirs, compilado por Joseph Wechsberg (Nueva York, 
McGraw-Hill, 1967), pp. 337-338. Wiesenthal afirma que luego 
de la Segunda Guerra Mundial, Buenos Aires se convirtió en el 
puerto de destino de una organización clandestina, odessa, que 
protegía a los criminales nazis, les proporcionaba documentos fal- 
sos y los ayudaba a instalarse en el país. Véanse también Jorge 
Camarasa, Los nazis en la Argentina (Buenos Aires, Legasa, 1992), 
y Ann Louise Bardach, "Argentina Evades Its Nazi Past", en New 
York Times, 22 de marzo de 1997. 

69. Weisbrot, The Jews o f Argentina..., op. cit., p. 252. Por ejemplo, 
en 1962 fue secuestrada y torturada una joven estudiante judía, 
Graciela Narcisa Sirota. Uno de sus secuestradores le grabó una 
esvástica de siete centímetros en el pecho derecho mientras le ex- 
plicaba: "Esto es una venganza por Eichmann". Cuando su padre 



281 



fiíe a la policía, no lo atendieron; ni siquiera se avinieron a tomarle 
la denuncia cuando se conoció la identidad de los secuestradores. 

70. Morton M. Rosenthal, "Argentinian Jews in Danger", en ADL 
Bulletin, noviembre de 1976, p. 5. Entre ellos se incluían obras de 
Mussolini, Hitler y Goebbels. 

71. Timerman, Prisoner without a Ñame..., op. cit., pp. 73-74. 

72. Nunca mas, op. cit., p. 72 [74-75}. 

73. /¿/V. [75}. 

74. Ibíd.,p. 71 [74}. 

75. Edy Kaufman y Beatriz Cymberknopf, "La dimensión judía en la 
represión durante el gobierno militar en la Argentina (1976- 
1983) ", en Leonardo Senkman (comp.), E¡ antisemitismo en la 
Argentina (Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1989), 
pp. 258-259- CO.SO.FAM, La violación de los derechos humanos 
de argentinos judíos bajo el régimen militar (1976-1983). Barce- 
lona, marzo de 1999- 

76. Marcos Aguinis, Un país de novela: viaje hacia la mentalidad de los 
argentinos (Buenos Aires, Planeta, 1988), p. 177. 

77. KwdLtx:s,tw, Dossier Secreto..., op.cit., pp. 175-183. 

78. Gutst, Behind the Disappearances...,op.cit., pp. 101, 489- 

79. Horacio Verbitsky, "Una experiencia de difusión clandestina y 
participación popular", en Horacio Verbitsky (comp.), Rodolfo 
Walsh y la prensa clandestina, 1976-1978 (Buenos Aires, Edicio- 
nes de la Urraca, 1985) p. 6. Véase también Andrew Graham- 
Yooll, A Matter of Fear: Portrait of an Argentinian Exile 
(Westport, Conn., Lawrence Hill, 1982), pp. 90-97. 

80. Rodolfo Walsh, "Escuela de Mecánica de la Armada/Historia de la 
guerra sucia en la Argentina", en Verbitsky (comp.), Rodolfo 
Walsh..., op. cit., pp. 13-36. 

81. De Cadena Informativa, en ihid., p. 38. 

82. Verbitsky, "Una experiencia de difusión clandestina. . . ", en ibid. , 

p. 11. 

83. Raúl Veiga, Las organizaciones de derechos humanos, (Buenos 
Aires, Centro Editor de América Latina, 1985), p. 75. 

84. El nombre de la fundadora de las Madres se escribe de diferente 
forma en distintas fuentes. Uso la que aparece en Madres de Plaza de 
Mayo, Nuestros hijos (Buenos Aires, Contrapunto, 1987), 1, p. 11, 
según sugerencia de Hebe de Bonafíni, presidenta de las Madres. 

85. Jean-Pierre Bousquet, Las Locas de la plaza de Mayo (Buenos Ai- 
res, El Cid Editor, 1982); "Historia de las Madres", en Madres de 
Plaza de Mayo, enero de 1985, p. 6; Jo Fisher, Mothers of the 
Disappeared (Boston, South End Press, 1989); Marysa Navarro, 
"The Personal Is Political: Las Madres de Plaza de Mayo", en Susan 

282 



Eckstein (comp.), Power and Popular Protest: Latín American 
Social Movements (Berkeley, University of California Press, 1989), 
pp. 241-258; Marguerite Guzmán Bouvard, Revolutiontzing 
Motherhood: The Mothers of the Plaza de Mayo (Wilmington, 
Del., Scholarly Resources, 1994); Matilde Mellibovsky, Círculo de 
amor sobre la muerte (Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento 
Nacional, 1990). 

86. Citada en Veiga, Las organizaciones de derechos humanos, op. cit., p. 35. 

87. Ulla y Echave, Después de la noche..., op. cit., pp. 82-83. 

88. Arlette Welty-Domon, Sor Alicia: un sol de justicia (Buenos Ai- 
res, Contrapunto, 1987), pp. 27-28. 

89- Uki Goñi, Judas: la verdadera historia de Alfredo Astiz- el infiltra- 
do (Buenos Aires, Sudamericana, 1996). Entre las 12 personas 
había tres Madres: Azucena Villaflor de DeVincenti, María 
Eugenia Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga. Los otros 
nueve eran Alice Domon, Léonie Duquet, Gabriel Eduardo 
Horane, José Julio Fondevilla, Nélida Raquel Bulit, Angela Auad 
de Genovés, Horacio A. Elbert, Patricia Oviedo y Remo Berardo. 

90. Welty-Domon, Sor Alicia..., op. cit., pp. W^-Xll. 

91. Aída de Suárez, citada en Fisher, Mothers of the Disappeared... , 
op. cit., p. 89; Azucena, citada en Mellibovsky, Círculo de amor..., 
op. cit., p. 118. 

92. Guest, Behind the Disappearances..., op. cit., pp. 174-175. 

93. Bousquet, Las Locas..., op. cit., p. 155. 

94. Organización de los Estados Americanos (oea). Comisión ínter- 
americana de Derechos Humanos, Informe sobre la situación de los 
derechos humanos en Argentina (Washington, DC, Organización 
de los Estados Americanos, 1980), p. 7. 

95. Un estudio sobre los entierros de nn en la provincia de Buenos 
Aires durante la década del setenta y principios de la del ochenta 
reveló un importante aumento durante el gobierno de las juntas. 
Además, la edad, el género y el momento y la causa de la muerte 
de estos cuerpos concuerdan estrechamente con las desapariciones 
denunciadas. Véase Clyde Collins Snow y María Julia Bihurriet, 
"An Epidemiology of Homicide: Ningún Nombre Burials in the 
Province of Buenos Aires from 1970 to 1984", en Thomas B. 
Jabine y Richard P. Claude (comps.). Human Rights and Statistics 
(Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 1992), pp. 329-363. 

96. "Lo que la oea no publicó", en Testimonios, 12 de abril de 1984, 
pp. 3-7. 

97. Emilio F. Mignone, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 16 de diciembre de 1994. 

98. Jorge Camarasa, Rubén Felice y Daniel González, El juicio: proce- 

283 



so al horror (Buenos Aires, Sudamericana/Planeta, 1985), pp. 108- 
109. 

99. Guest, Behind the Disappearances... , op. cit., p. 74. 

100. Ragnar Hagelin, Mi hija Dagmar (Buenos Aires, Sudamericana/ 
Planeta, 1984). 

101. Paul Heath Hoeffel y Juan Montalvo (seudónimo del científico 
argentino César Chelala), "Missing or Dead in Argentina", en New 
York Times Magazine, 21 de octubre de 1979, pp. 44-45 y sigs.; 
"Los campos de concentración", en Testimonios, 20 de septiembre 
de 1984, p. 5. Véase también Commission Argentine des Droits de 
l'homme, Argentine: Dossier d'un génocide (París, Flammarion, 
1978). 

102. Amnesty International, Testimony on Secret Detention Camps..., 
op. cit.\ Guest, Behind the Disappearances... , op. cit., p. 69. 

103. Veiga, Las organizaciones de derechos humanos, op. cit., p. 132. 

104. Guest, Behind the Disappearances... , op. cit., p. 239. 

105. OEA, Informe sobre la situación... , op. cit., pp. 136-145. 

106. Bousquet, Las Locas..., op. cit., pp. 177-178. 

107. Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, La Deuda Externa explica- 
da a todos {los que tienen que pagarla). (Buenos Aires, Catálogos, 
1999), p. 48. 

108. Gary W. Wynia, Argentina: lllusions and Realities (Nueva York, 
Holmes and Meier, 1986), pp. 113-114. 

109- Bousquet, Las Locas..., op. cit., pp. 165-164. 

110. Camarasa, Felice y González, El juicio..., op. cit., pp. 50-51. 

111. Veiga, Las organizaciones de derechos humanos, op. cit., p. 46. 

112. Citada en ibid., p. 41. 

113. Wynia, Argentina... , op. cit., pp. 3-29. En ese capítulo se 
transcribe una interesante conversación telefónica entre Galtieri y 
el presidente Reagan en la que éste advierte al general argentino 
sobre los posibles efectos de la guerra en las relaciones entre los 
Estados Unidos y la Argentina. 

114. María Sonderéguer, "Aparición con vida (el movimiento de dere- 
chos humanos en Argentina)", en Elizabeth Jelin (comp.). Los 
nuevos movimientos sociales, vol. 2, Derechos humanos. Obreros. 
Barrios (Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1985), p. 
23. 

115. Ibid., pp. 24-26; Andersen, Dossier Secreto..., op. cit., p. 304. 
Véase también Centro de Estudios Legales y Sociales, Auto- 
amnistía: legalizar la impunidad {hxitnos Aires, Centro de Estudios 
Legales y Sociales, s.f.). 

116. Juan E. Méndez, Truth and Partial Justice in Argentina... op. cit., 

p. 11. 

284 



117. Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Derechos hu- 
manos, democracia y el futuro de la ápdh (Buenos Aires, Asamblea 
Permanente por los Derechos Humanos, 1985), p. 15. 

118. Mignone, Derechos humanos y sociedad... , op. cit., p. 71. Véase 
también Americas Watch, The State Department Misinforms: A 
Study of Accountin^ for the Disappeared in Argentina, An 
Americas Watch Report (Nueva York, Americas Watch, 1983), p. 
4. Allyson Brisk, "The Politics of Measurement: The Contested 
Count of the Disappeared in Argentina", en Human Rights 
Quarterly 16, (1994), pp. 676-692. 

119. Mignone, Derechos humanos y sociedad... , op. cit., p. I6l. Ade- 
más, el CELS publicó en 1986 una lista de 692 nombres de 
represores que actuaban en los campos clandestinos de detención; 
véase Centro de Estudios Legales y Sociales, Terrorismo de estado: 
692 responsables (Buenos Aires, Centro de Estudios Legales y 
Sociales, 1986). 

120. Mignone, Derechos humanos y sociedad... , op. cit., pp. 154-155. 

121. Camarasa, Felice y González, El juicio..., op. cit., p. 67. 

122. Ibid, pp. 94-101. 

123. Ibid, pp. 187-188. 

124. "El sentido ético de la vida es no matar", en El Diario del Juicio, 
11 de junio de 1985. 

125. Citado en Amnesty International, Argentina: The Mi litary Juntas 
and Human Rights... op. cit., p. 46; véase Camarasa, Felice y 
González, El juicio..., op. cit., pp. 11-17. El general Videla y el 
almirante Massera fueron condenados a prisión perpetua. El briga- 
dier Agosti fue sentenciado a cuatro años y seis meses de cárcel, el 
general Viola a 17 años y el almirante Lambruschini a ocho años. 
Todos quedaron perpetuamente inhabilitados para ocupar cargos 
públicos. Los otros cuatro militares — Graffigna, Galtieri, Anaya 
y Lami Dozo — fueron absueltos. 

126. Méndez, Truth and Partial Justice. . . , op. cit., p. 48. 

127. lbid,p.A9. 

128. Bouvard, Revolutionizing Motherhood... , op. cit., pp. 201-202. 

129. Ibid., p. 205. Véase también Amnesty International, Argenti- 
na - The Attack on the Third Infantry Regiment Barracks at La 
Tablada: Investigations into Allegations of Torture, "Disap- 
pearances," and Extrajudicial Executions (Nueva York, Amnesty 
International, 1990). 

130. Méndez, Truth and Partial Justice. .. , op. cit., pp. 65-67. 

131. Ibid, pp. 68-69. 

132. Tribunal Permanente de los Pueblos, La impunidad juzgada: el 
caso argentino (Buenos Aires, Fundación Servicio Paz y Justicia, 
1992), p. 104. 

285 



Capítulo 2. Las Abuelas se organizan 

1. Abuelas de Plaza de Mayo, Niños desaparecidos. Jóvenes locali- 
zados. En la Argentina desde 1976 a 1999. (Buenos Aires, Te- 
mas, 1999) y comunicación personal, marzo 2000. Las Abuelas 
sitúan el nacimiento de su asociación en una reunión informal 
realizada en octubre de 1977, en oportunidad de una manifesta- 
ción durante la visita del secretario de Estado de los Estados 
Unidos, Cyrus Vanee, a la Argentina. Sin embargo, María Isabel 
Chorobik de Mariani cree hoy que su primera reunión fue en 
noviembre, porque ése fue el mes en que Vanee viajó al país. 
Entrevista realizada por la autora, La Plata, 9 de diciembre de 
1994. 

2. Nunca Mas, op.cit., p. 286 [299}. 

3. Citado en Amnesty International, The Missing Children o f Ar- 
gentina: A Report of Current Investigations (Nueva York, 
Amnesty International, 1985), p. 3. 

4. Mignone, Derechos humanos y sociedad. .. , op. cit., pp. 116-117. 
Además, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 16 de 
diciembre de 1994. 

5. Un documento emitido por el Ministerio del Interior durante la 
dictadura daba instrucciones sobre el procedimiento a seguir con 
los hijos de los detenidos y desaparecidos. Fue destruido por el 
ejército poco antes del retorno a la democracia. Véase "Conferen- 
cia de prensa sobre destrucción de documentación, impunidad y 
reivindicación del terrorismo de Estado", en Informaciones, n° 21 
(noviembre 1988-enero 1989), pp. 27-28. 

6. Judith File, Entre el parentesco y la política: familia y dictadura, 
1976-1983 (Buenos Aires, Biblos, 1997). 

7. Hernán Dinamarca y Marisol Santelices, ¿Dónde están?: la histo- 
ria de los 13 niños uruguayos desaparecidos (Montevideo, Edicio- 
nes La República, 1989). 

8. Asociación Pro-Búsqueda de los Niños, "Los niños desaparecidos: 
un reto de la posguerra", trabajo presentado en el xiii Congreso de 
FEDEFAM, San Salvador, 20 a 25 de noviembre de 1995. 

9. María Isabel Chorobik de Mariani, entrevista realizada por la au- 
tora. La Plata, 9 de diciembre de 1994. A menos que se indique lo 
contrario, las siguientes citas corresponden a esta entrevista. 

10. En una de sus primeras reuniones, una Madre recogió un clavo 
oxidado del suelo y se lo puso en la solapa. "Es un símbolo de 
sufrimiento, como los clavos de Cristo", dijo. Posteriormente, otras 
Madres empezaron a usar clavos para reconocerse entre sí. Véase 
Madres de Plaza de Mayo, febrero de 1985, p. 15. 

286 



11. Haydée Vallino de Lemos, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 5 de noviembre de 1993. 

12. Raquel Radío de Marizcurrena, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 25 de noviembre de 1993. A menos que se indique 
lo contrario, las siguientes citas corresponden a esta entrevista. 

13. Delia Giovanola de Califano, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 29 de octubre de 1996. 

14. Julio Nosiglia, Botín de guerra (Buenos Aires, Cooperativa Tierra 
Fértil, 1985), p. 90. Las 12 Abuelas originales eran María Isabel 
Chorobik de Mariani, Beatriz H. C. Aicardi de Neuhaus, Eva 
Márquez de Castillo Barrios, Alicia Zubasnabar de de la Cuadra, 
Vilma Delinda Sesarego de Gutiérrez, Mirta Acuña de Baravalle, 
Haydée Vallino de Lemos, Leontina Puebla de Pérez, Delia 
Giovanola de Califano, Raquel Radío de Marizcurrena, Clara Jura- 
do y María Eugenia Cassinelli de García Irureta Goyena. Más ade- 
lante se les unió Julia de Grandi. 

15. Ibid., p. 91. 

16. Rosa Tarlovsky de Roisinblit, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 17 de noviembre de 1993. A menos que se indique 
lo contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

17. Nosiglia, Botín de guerra, op. c'it., p. 92. 

18. Matilde Herrera y Ernesto Tenembaum, Identidad: despojo y res- 
titución (Buenos Aires, Contrapunto, s.f.), p. 23. 

19- Citado en ihid., p. 24. 

20. Nosiglia, Botín de guerra, op. cit., p. 42. 

21. Ihid., p. 113. 

22. Ihid, pp. 108-109. 

23. Herrera y Tenembaum, Identidad..., op. cit., p. 28. 

24. Estela Barnes de Carlotto, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 16 de diciembre de 1993. 

25. Otilia Lescano de Argañaraz, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 5 de noviembre de 1993- 

26. Emma Spione de Baamonde, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 4 de noviembre de 1993. A menos que se indique lo 
contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

27. Citado en Nosiglia, Botín de guerra, op. cit., p. 105. 

28. Antonia Acuña de Segarra, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 7 de diciembre de 1993. 

29. Citado en Nosiglia, Botín de guerra, op. cit., p. 146. 

30. Ibid, pp. 32, 33. 

31. Mignone, Witness to the Truth..., op. cit., p. 14. 

32. Citado en Herrera y Tenembaum, Identidad..., op. cit., p. 30. 

33. Citado en Nosiglia, Botín de guerra, op. cit., p. 147. 

287 



34. Citado en ibid., p. 103. 

35. Nélida Gómez de Navajas, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 9 de noviembre de 1993. 

36. Abuelas de Plaza de Mayo/Grandmothers of Plaza de Mayo, Missing 
Children Who Disappeared in Argentina hetiveen 1976 and 1983 
(Buenos Aires, Grandmothers of Plaza de Mayo, 1988), p. 3. 

37. Abuelas de Plaza de Mayo, Los niños desaparecidos y la justicia 
(Buenos Aires, Abuelas de Plaza de Mayo, 1988), pp. 151-161. 

38. Ibid, pp. 151-152. 

39- Abuelas, Missing Children..., op. cit., p. 26. 

40. Jaime Wright, correspondencia con la autora, 24 de agosto y 23 de 
septiembre de 1994. clamor no es una sigla; el nombre está toma- 
do de Salmos 88, 2: "presta oído a mi clamor". Sus fundadores 
fueron Jan Rocha, Luiz Eduardo Greenhalgh y Jaime Wright, y 
comenzó sus actividades en 1978. Con el retorno a la democracia 
en el cono sur en 1987, clamor consideró que su misión se había 
cumplido y se disolvió. 

41. Herrera y Tenembaum, Identidad..., op. cit., pp. 41, 43. 

42. Nosiglia, Botín de guerra, op. cit., pp. 140-141. 

43. Abuelas, Niños desaparecidos... , op. cit., p. 92. 

44. Wright, correspondencia con la autora. 

45. Irene Barki, Pour ees yeux-ld. . . La face cachee du drame argentine: 
Les enfants disparus (París, La Découverte, 1988), p. 168. 

46. Magda Van Malder, secretaria general de la ufer, correspondencia 
con la autora, 7 de mayo de 1995. La ufer, con sede en Bruselas, 
Bélgica, es una federación de grupos e individuos que trabajan en 
favor del entendimiento, la cooperación y el intercambio inter- 
culturales e interraciales, en el espíritu de la Declaración Univer- 
sal de los Derechos del Hombre. Uno de sus representantes en 
Ginebra, C. M. Eya Nchama, se convirtió en un resuelto partida- 
rio y amigo de las Abuelas. 

47. Citado en César Chelala, "Grandmothers of the 'Disappeared'", en 
Christian Science Monitor, 6 de octubre de 1986. 

48. Nosiglia, Botín de guerra, op. cit., p. 198. 

49. Citado en Christopher Joyce y Eric Stover, Witnesses from the 
Grave: The Stories Bones Tell (Nueva York, Ballantine Books, 
1992), pp. 226-227. 

50. Víctor B. Penchaszadeh, entrevista realizada por la autora, Nueva 
York, 18 de mayo de 1995. La prueba de paternidad se realiza 
mediante el uso de marcadores genéticos como los antígenos de los 
glóbulos rojos y los antígenos hla de los glóbulos blancos. Los hla 
se emplean como marcadores habituales porque constituyen un 
sistema genético extremadamente variable, lo cual hace muy im- 

288 



probable que dos individuos no relacionados compartan el mismo 
tipo. Se encontrará más información en Richard H. Walker 
(comp.), Inclusión Prohahilities in Parentage Testing (Arlington, 
Va., American Association of Blood Banks, 1983). 
5 1. Eric Stover, entrevista realizada por la autora, Boston, 9 de agosto 
de 1994. A menos que se indique lo contrario, las citas siguientes 
corresponden a esta entrevista. Véase también Rita Arditti, 
"Genetics and Justice: The Grandmothers of Plaza de Mayo Enroll 
Scientists in Their Struggle for Human Rights", en Woman of 
Power, otoño de 1988, pp. 42-44. 

52. Citado en Simson L. Garfinkel, "Genetic Trails Lead to Argentina's 
Missing Children", en Boston Globe, 12 de junio de 1989- 

53. Joyce y Stover, Witnesses from the Grave..., op. cit., p. 221. 

54. Ana María Di Lonardo, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 15 de diciembre de 1993. A menos que se indique lo con- 
trario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

55. Ana María Di Lonardo, Fierre Darlu, Max Baur, Cristian Orrego 
y Mary-Claire King, "Human Genetics and Human Rights - 
Identifying the Families of Kidnapped Children", en American 

Journal of Forensic Medicine and Pathology 5 (1984), pp. 339- 
347. 

56. Barbara Beckwith, "Science for Human Rights - Using Genetic 
Screening and Forensic Science to Find Argentina's Disappeared", 
en Science for the People 19, n° 1 (enero-febrero de 1987), p. 6. 
El examen de abuelidad se inicia con el análisis de sangre de los 
abuelos (o tíos) y el niño en cuestión. Mediante la observación de 
determinados marcadores genéticos, los médicos pueden establecer 
si ciertas combinaciones de ellos son heredados de los abuelos o un 
producto del azar. Cuando se toma en cuenta la distribución de 
marcadores genéticos en la población argentina, es posible deter- 
minar si un niño procede de una familia en particular con una 
certeza de hasta el 99,95 por ciento (esta "probabilidad de inclu- 
sión" nunca llega al cien por ciento). Inicialmente se utilizaba la 
tipificación de histocompatibilidad (de hla). Más tarde se agrega- 
ron otras técnicas: la tipificación de adn y el secuenciamiento de 
ADN mitocondrial. En la actualidad se usa el análisis de adn debi- 
do a su mayor exactitud. En 1988, cuando sólo se utilizaba el sis- 
tema HLA, se produjo una identificación errónea en el caso de una 
niña. Los críticos de las Abuelas se valieron de este hecho para 
atacar el análisis genético y, más en general, la actividad de la 
asociación. 

Se encontrará más información sobre el uso de la genética en la 
identificación de niños secuestrados en Víctor B. Penchaszadeh, 

289 



"Abducción of Children of Political Dissidents in Argentina and 
the Role of Human Genetics in Their Restitución", tn Journal of 
Puhlíc Health Poltcy, n° 13 (1992), pp. 291-305, y "Genetic 
Identification of Children of the Disappeared in Argentina", en 
Journal of the American Medical W ornen s Association 52, n° 1 
(invierno de 1997), pp. 16-27. 

57. "Recibidas por Alfonsín", en Informaciones , n° 8 (abril de 1986), 
pp. 7-8. 

58. Jorge Luis Berra, Banco Nacional de Datos Genéticos: la identifi- 
cación de los niños desaparecidos en la Argentina (Buenos Aires, 
Abuelas de Plaza de Mayo, s.f.). 

59. "La creación del Banco de Datos Genéticos", en Informaciones, n° 
13 (abril-mayo de 1987), pp. 9-10. 

60. "Se restituyó una niña nacida en cautiverio", en Informaciones , n° 
13 (abril-mayo de 1987), p. 14. 

61. Ana María Di Lonardo, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 31 de octubre de 1996. En julio de ese mismo año, el go- 
bierno francés otorgó a la doctora Di Lonardo el título de Chevalier 
de rOrdre Nationale du Mérite. La distinción, creada por el gene- 
ral De GauUe en 1963, reconoce las actividades destacadas de un 
individuo en la ciencia, la política y el servicio público. 

62. "Banco Nacional de Datos Genéticos", en Informaciones , n° 20 
(septiembre-octubre de 1988), p. 18. 

63. "Entrevista con el presidente de la Nación, Dr. Raúl Alfonsín", en 
Informaciones, n° 21 (noviembre de 1988-enero de 1989), pp- 2-3. 

64. "Niegan que se planee eliminar el Banco de Datos Genéticos", en 
Informaciones, n° 27 (febrero-abril de 1990), p. 11. El artículo 
apareció originalmente en La Prensa del 22 de abril de 1990. 

65. "Allanamiento al Banco Nacional de Datos Genéticos", en Infor- 
maciones, n° 31 (marzo-mayo de 1991), p. 18. 

GG. Joyce y Stover, Witnesses from the Grave..., op. cit., pp. 239-256. 
También Mimí Doretti, conversación telefónica con la autora, 16 
de agosto de 1994. 

67. Citado en Eric Stover, "Scientists Aid Search for Argentina's 'Des- 
aparecidos'", en Science, 4 de octubre de 1985, pp. 56-57. 

68. Clyde Snow, conversación telefónica con la autora, 24 de enero de 
1996. A menos que se indique lo contrario, las citas siguientes 
corresponden a esta conversación. 

69- Joyce y Stover, Witnesses from the Grave..., op. cit., pp. 225-226. 

70. Víctor B. Penchaszadeh, "Implicaciones sociales y científicas de 
nuestra lucha", en Estela Barnes de Carlotto, Alicia Lo Giúdice, 
Víctor B. Penchaszadeh y Juan Carlos Volnovich (comps.). Fi- 
liación, identidad, restitución: 13 años de lucha de Abuelas de 



290 



Plaza de Mayo (Buenos Aires, El Bloque Editorial, 1995), pp. 
32-34. 
7 1 . Mauricio Cohén Salama, Tumbas anónimas: informe sobre la iden- 
tificación de restos de víctimas de la represión ilegal (Buenos Ai- 
res, Equipo Argentino de Antropología Forense/Catálogos, 1992). 
En 1990, el eaaf identificó los restos de María Adelia Garín de De 
Angeli, que tenía un embarazo de dos meses en el momento de su 
desaparición en 1977. Como en los casos de Liliana Pereyra y Laura 
Carlotto, se estableció que la habían asesinado luego de dar a luz 
(pp. 271-272). 



Capítulo 3. Del terror a la resistencia 

1. María del Carmen Feijoo y Mónica Gogna, "Women in the 
Transition to Democracy", en Elizabeth Jelin (comp.), Women and 
Social Change in Latin America (Londres, Zed Books, 1990), p. 82. 

2. Citado en Eduardo Varela-Cid y Luis Vicens, La imbecilización de 
la mujer (Buenos Aires, El Cid Editor, 1984), p. 103. 

3. Ibid, pp. 3-4, 10-15. 

4. Alicia Lombardi, Las Madres de Plaza de Mayo: un enfoque fe- 
minista (Buenos Aires, atem, iv Jornadas de Mujeres, 1985); 
Fisher, Mothers of the Disappeared, op. cit.\ Navarro, "The 
Personal Is Political...", ¿/r/^. cit., pp. 241-258; Guzmán Bouvard, 
Revolutionizing Motherhood... , op. cit. 

5. Elena Santander, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 
27 de octubre de 1993. A menos que se indique lo contrario, las 
citas siguientes corresponden a esta entrevista. En este sentido, las 
Abuelas (lo mismo que las Madres) son un ejemplo del marco de 
"conciencia femenina" propuesto por la historiadora Temma 
Kaplan para explicar el activismo político de mujeres que en otros 
aspectos son "tradicionales". Véase Kaplan, "Female Consciousness 
and Collective Action: The Case of Barcelona, 1910-1918", en 
Signs 7 (1982), pp. 545-566. 

6. Nya Quesada, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 22 
de noviembre de 1993. 

7. Citado en Norbert Lechner, "Some People Die of Fear: Fear as a 
Political Problem", en Juan E. Corradi, Patricia Weiss Fagen y 
Manuel Antonio Garretón (comps.), At the Edge: State Terror and 
Resistance in Latin America (Berkeley, University of California 
Press, 1992), p. 26. Véase también Marguerite Feitlowitz, A 
Lexicón of Terror: Argentina and the Legacies of Torture (Nueva 
York, Oxford University Press, 1998). 

291 



8. Elsa Sánchez de Oesterheld, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 10 de noviembre de 1993. 

9. Berta Schubaroff, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 
18 de noviembre de 1993. A menos que se indique lo contrario, las 
citas siguientes corresponden a esta entrevista. Véase también, 
Marcelo Kisilevsky, "Testimonio de una lucha contra el olvido y la 
impunidad: diálogo con Berta Schubaroff, en Nueva Sión, 19 de 
enero de 1990, pp.8-9. 

10. Raquel Radío de Marizcurrena, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 25 de noviembre de 1993. A menos que se indique 
lo contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

11. Haydée Vallino de Lemos, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 5 de noviembre de 1993. 

12. Otilia Lezcano de Argañaraz, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 5 de noviembre de 1993. A menos que se indique lo 
contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

13. Rosa Tarlovsky de Roisinblit, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 17 de noviembre de 1993. A menos que se indique 
lo contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

14. Ignacio Martín-Baró, "Political Violence and War as Causes of 
Psychosocial Trauma in El Salvador", en International Journal of 
Mental Health 18 (1989), pp. 10-11. 

15. Estela Barnes de Carlotto, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 16 de diciembre de 1993. A menos que se indique lo 
contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

16. Cohén Salama, Tumbas anónimas... , op. cit., pp. \69-\lA. 

17. Antonia Acuña de Segarra, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 7 de diciembre de 1993. A menos que se indique lo 
contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

18. Elsa Pavón de Aguilar, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 19 de diciembre de 1993. 

19. Elizabeth Janeway, Powers of the Weak (Nueva York, Alfred A. 
Knopf, 1980), pp. 161-162. 

20. Nélida Gómez de Navajas, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 9 de noviembre de 1993. A menos que se indique lo 
contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

21. Amelia Herrera de Miranda, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 1° de noviembre de 1993. A menos que se indique 
lo contrario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

22. Dorothy Dinnerstein, "What Does Feminism Mean?", en Adrienne 
Harris e Ynestra King (comps.), Rocking the Ship of State: 
Toward a Feminist Peace Politics (Boulder, Coló., Westview Press, 
1989), p. 14. 

292 



23. Sonia Torres, entrevista realizada por la autora, Córdoba, 2 de 
diciembre de 1993. A menos que se indique lo contrario, las citas 
siguientes corresponden a esta entrevista. 

24. María Isabel Chorobik de Mariani, entrevista realizada por la au- 
tora. La Plata, 9 de diciembre de 1994. 

25. Argentina Rojo de Pérez, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 28 de noviembre de 1993. 

26. Delia Giovanola de Califano, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 29 de octubre de 1996. 

27. Alba Lanzillotto, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 
26 de octubre de 1993. A menos que se indique lo contrario, las 
citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

28. Reina Esses de Waisberg, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 25 de octubre de 1996. A menos que se indique lo con- 
trario, las citas siguientes corresponden a esta entrevista. 

29. Judith Lewis Hermán, Trauma and Recovery (Nueva York, Basic 
Books, 1992), p. 192. 

30. "Los niños desaparecidos y la conciencia argentina", en Informacio- 
nes, n° 8 (abril de 1986), p. 2. 

31. Sara Ruddick, Maternal Thinking: Towards a Polittcs of Peace 
(Boston, Beacon Press, 1989), p. 51. 

32. Nancy Saporra Sternbach, Marysa Navarro-Aranguren, Patricia 
Chuchryk y Sonia E. Alvarez, "Feminisms in Latin America: From 
Bogotá to San Bernardo", en Barbara Laslett, Johanna Brenner y 
Yesim Arat (comps.), Rethinking the Political: Gender, 
Resistance, and the State (Chicago, University of Chicago Press, 
1995), pp. 240-281; las citas corresponden a las pp. 242 y 245. 

33. Ihtd. 

34. "viii Encuentro Nacional de Mujeres", en Informaciones, n° 36 
(enero-diciembre de 1993), p. 20. 

35. Lourdes Arizpe, "Foreword: Democracy for a Small Two-Gender 
Planet", en Jelin (comp.), Women and Social Change... , op. cit., 
pp. xiv-xx. 



Capítulo 4. La localización de los niños 

1. Jaime Wright, correspondencia con la autora, 24 de agosto de 
1994. 

2. Duhalde, El estado terrorista argentino, op. cit., p. 190. 

3. Elsa Sánchez de Oesterheld, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 10 de noviembre de 1993. 



293 



4. Estela Barnes de Carlotto, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 16 de diciembre de 1993. 

5. "Porque un niño secuestrado o nacido en cautiverio debe ser resti- 
tuido a su legítima familia", en Informaciones, n° 13 (abril-mayo 
de 1987), p. 26; "Segundo Seminario Nacional sobre 'niños desapa- 
recidos, su restitución'", en Informaciones, n° 18 (marzo-mayo de 
1988), pp. 3-8; Equipo Interdisciplinario de Abuelas de Plaza de 
Mayo, El secuestro-apropiación de niños y su restitución (Buenos 
Aires, Abuelas de Plaza de Mayo, 1989); Laura J. de Conté, en "Iden- 
tidad, filiación, apropiación, adopción y restitución", en Carlotto et 
al. (comps.). Filiación, identidad. . ., op. cit., pp. 91-101. 

Los psicólogos que trabajan con los niños recuperados han compro- 
bado que la perspectiva teórica de la psicoanalista francesa Piera 
Aulangier sobre la relación entre el desarrollo psíquico saludable 
del niño y el mundo interno de los padres —en especial de la ma- 
dre— es útil y pertinente para sus esfuerzos. Alicia Lo Giúdice, en- 
trevista realizada por la autora, Buenos Aires, 14 de diciembre de 
1993. 

6. Reina Esses de Waisberg, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 25 de octubre de 1996. 

7. Tania María Waisberg, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 30 de octubre de 1996. 

8. María Isabel Chorobik de Mariani, entrevista realizada por la au- 
tora. La Plata, 9 de diciembre de 1994. 

9. Citado en Herrera y Tenembaum, Identidad. .. , op. cit., p. 86. 
Véase también César Chelala, "100 Grandmothers, Still Sear- 
ching", en Washington Post, 27 de diciembre de 1985. El escri- 
tor uruguayo Eduardo Galeano escribió dos composiciones breves 
inspiradas en lo ocurrido a Támara: véanse "1983, Buenos Aires: 
las abuelas detectives" y "1983, Lima: Támara vuela dos veces", en 
Memoria del fuego, vol. 3, El siglo del viento (México, Siglo xxi, 
1986), pp. 321-323. 

10. Citado en Herrera y Tenembaum, Identidad..., op. cit., p. 86. 

1 1 . Lidia Castagno de Visentini, "Los verdaderos padres son los padres 
psicológicos", partes 1 y 2, en La Capital (Rosario), 29 y 30 de 
marzo de 1984; "Verdad y ley para los niños recuperados: un diá- 
logo con Fran^oise Dolto", en Psyche, octubre de 1986, pp. 4-6. Se 
encontrará una detallada refutación de estos argumentos en Equi- 
po Interdisciplinario de Abuelas de Plaza de Mayo, "Abuelas opi- 
nan sobre Dolto", en Psyche, diciembre de 1986, pp. 11-12, y 
Marie Pascale Chevance-Bertin, "Mémoire pour l'impensable - le 
cas des enfants de disparus Argentins volés par des militaires ou 
des policiers", presentado en la Université Paris-vii, 1986-1987. 

294 



12. Estela de Carlotto, entrevista citada, Buenos Aires. Véase también, 
Abuelas de Plaza de Mayo, Restitución de niños (Buenos Aires, 
Eudeba, 1997). 

13. Ignacio Martín-Baró, "War and the Psychosocial Trauma of 
Salvadoran Children", en sus Writings for a Liberation Psychology, 
compilados por Adrianne Aron y Shawn Corne (Cambridge, Mass., 
Harvard University Press, 1994), pp. 122-135. 

14. Citado en "Preocupación por un memorándum de circulación in- 
terna en la Corte Suprema de Justicia de la Nación", en Informa- 
ciones, n° 15 (agosto-septiembre de 1987), p. 17. 

15. Juan Carlos Martínez, La Abuela de Hierro (Buenos Aires, Funda- 
ción Servicio Paz y Justicia, 1995). Matilde Artes, "Sacha", Cróni- 
ca de una desaparición: La lucha de una abuela de Plaza de Mayo 
(Madrid, Espasa Calpe, 1997). 

16. "Dificultades en la restitución", en Informaciones, n° 8 (abril de 
1986), pp. 8-10. 

17. "Adoption Dispute in Argentina", en Boston Globe, 4 de enero de 
1989. 

18. "Ximena clama al juez Fégoli", en Informaciones, n° 26 (di- 
ciembre de 1989-enero de 1990), p. 12; "Ximena Vicario", en 
Informaciones, n° 27 (febrero-abril de 1990), pp. 7-10; "Comu- 
nicados: sentencia judicial sobre la adopción de Ximena Vica- 
rio", en Informaciones, n° 32 (junio-noviembre de 1991), pp. 
10-11. 

19. Tatiana Sfiligoy, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 
17 de diciembre de 1993. A menos que se indique lo contrario, las 
siguientes citas corresponden a esta entrevista. 

20. Elena Santander, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 
27 de octubre de 1993. 

21. Elsa Pavón de Aguilar, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 19 de diciembre de 1993. A menos que se indique lo con- 
trario, las siguientes citas corresponden a esta entrevista. 

22. Paula Eva Logares Grinspon, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 20 de diciembre de 1994. 

23. Nya Quesada, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 22 
de noviembre de 1993. 

24. Haydée Vallino de Lemos, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 5 de noviembre de 1993. A menos que se indique lo 
contrario, las siguientes citas corresponden a esta entrevista. 

25. María José Lavalle Lemos, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 22 de diciembre de 1994. A menos que se indi- 
que lo contrario, las siguientes citas corresponden a esta entre- 
vista. 



295 



26. Herrera y Tenembaum, Identidad... , op. cit., pp. 215-230; de 
Conté, en "Identidad, filiación...", art. cit. 

27. Nélida Gómez de Navajas, entrevista realizada por la autora, 
Cambridge, Mass., 30 de octubre de 1989. 

28. Estela de Carlotto, entrevista realizada por la autora, Cambridge, 
Mass., 30 de octubre de 1989- 

29. Ibid. 

30. Herrera y Tenembaum, Identidad..., op. cit., p. 183. 

31. Alicia Lo Giúdice, "La cajita: subjetividad y traumatismo", traba- 
jo presentado en Pensar la niñez: Primer Encuentro Psicoanalítico 
Interdisciplinario, Buenos Aires, noviembre de 1992. 

32. Estela de Carlotto, entrevista realizada por la autora, Cambridge, 
Mass. 

33. Marcelo Bianchedi, entrevista realizada por la autora, Buenos Ai- 
res, 15 de diciembre de 1994. 

34. Arturo Galiñanes, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 
18 de noviembre de 1993. 



Capítulo 5. Mentes cautivas, vidas cautivas 

1. Marc Hillel y Clarissa Henry, Of Puré Blood (Nueva York, 
McGraw-Hill, 1976), p. 157. 

2. Citado en ibid., p. 226. 

3. Citado en "E. Germany Took Infants, Data Say", en Boston Globe, 
14 de mayo de 1991. 

4. Jacob Kaplan, VAffaire Finaly (París, Les Editions du Cerf, 1993). 

5. Peter Read, The Stolen Generations: The Kemoval of Aboriginal 
Children in New South Wales, 1883 to 1969, New South Wales, 
Ministry of Aboriginal Affairs (Sydney, Government Printer, 
1982), pp. 5, 6. 

6. Alan Thornhill, "Australia Rúes Removal of Aboriginal Children", 
en Boston Globe, 21 de mayo de 1997; Commonwealth of Austra- 
lia, Bringing Them Home: Report of the National Inquiry into the 
Separation of Aboriginal and Torres Strait Islander Children from 
Their Families (Sydney, Human Rights and Equal Opportunity 
Commission, 1997). 

7. Jorge Noriega, "American Indian Education in the United 
States: Indoctrination for Subordination to Colonialism", en M. 
Annette Jaimes (comp.), The State of Native America: Genocide, 
Colonization, and Resistance (Boston, South End Press, 1992), p. 
380. 

8. Ibid, p. 381. 



296 



9. United Nations, Convention on the Prevention and Punishment of the 
Crime of Genocide (Nueva York, United Nations, 1991). 

10. Kurt Jonassohn, "What Is Genocide?", en Helen Fein (comp.), 
Genocide Watch (New Haven, Yale University Press, 1992), pp. 
17-26. Véase también Barbara Harff, "Recognizing Genocides and 
Politicides", en ihid., pp. 27-41. 

11. Theo van Boven, Prevention of the Disappearance of Children ( un 
Economic and Social Council, Commission on Human Rights, 
1988), p. 15. 

12. "Texto de la presentación de Abuelas en la o.n.u.", en Informacio- 
nes, n° 17 (diciembre de 1987-febrero de 1988), pp. 10-12. 

13. Comisión de Familiares de Paraguayos Detenidos Desaparecidos en 
la Argentina, Semillas de VidalÑemity Ra (Asunción, Paraguay, 
Comisión de Familiares de Paraguayos Detenidos Desaparecidos en 
la Argentina, s.f.), p. 19. 

14. Citado en "Novedades en el caso Bianco", en Informaciones, n° 15 
(agosto-septiembre de 1987), pp. 12-13. 

15. "Estudiará la oea la situación de los hijos de desaparecidos", en La 
Prensa, 14 de noviembre de 1987; "El pasado que vuelve - 
Extraditaron al ex-mayor Bianco", en Pagina 12, 1 de marzo de 
1997; Marta Gurvich, "The Dirty War's Family Secrets", en In 
These Times, 28 de abril de 1997, pp. 27-30. 

16. Andrea Rodríguez, "Hijos de desaparecidos, otro tema", en Infor- 
maciones, n° 17 (diciembre de 1987-febrero de 1988), pp. 7-8. 
Este artículo se publicó originalmente en Página 12, 11 de marzo 
de 1988. 

17. Van Boven era un vigoroso defensor de los derechos humanos, y el 
gobierno argentino había obstruido la renovación de su contrato 
con la ONU en 1982. Véase Hans Thoolen, introducción a Theo van 
Boven, People Alatter: Views on International Human Rights 
Policy (Amsterdam, Meulenhoff, 1982), p. 8. 

18. Van Boven, Prevention of the Disappearance. .. , op. cit., p. 1. 

19. Ihid., p. 11. 

20. Theo van Boven, correspondencia con la autora, 18 de diciembre 
de 1995. También escribió lo siguiente: 

En ese momento me desilusionó profundamente que las autori- 
dades argentinas y algunos miembros de la subcomisión, a ins- 
tancias de esas mismas autoridades, objetaran ciertos aspectos de 
mi informe. En realidad, el gobierno argentino quería usar ese 
informe como un medio de presionar a Paraguay y esperaba que 
yo presentara una imagen en blanco y negro: Paraguay el malo y 
Argentina la buena. En mi trabajo dejé en claro que Paraguay 
estaba obstruyendo la causa de la justicia, pero también hice cier- 

297 



tas críticas al funcionamiento de los mecanismos oficiales en la 
Argentina, en particular de varios sectores del poder judicial. 
Todavía creo que esa crítica estaba plenamente justificada, pero 
aparentemente las autoridades argentinas no la recibieron con 
beneplácito. 

21. "Entrevista con el Presidente de la Nación, Dr. Raúl Alfonsín", en 
Informaciones, n° 21 (noviembre de 1988-enero de 1989), pp- 2- 
3; "Abuelas en las Naciones Unidas", en Informaciones , n° 22 (fe- 
brero-abril de 1989), pp. 11-12. 

22. Citado en Juan Jorge Fariña y M. Brinton Lykes, "Cuestiones éti- 
cas y epistemológicas ante la experimentación psicológica con ni- 
ños", en Actas del Congreso Nacional de Etica (Buenos Aires, 
Asociación Argentina de Investigaciones Eticas, Universidad de 
Buenos Aires, 1991). 

23. Mariela Salaberry, Mariana: tú y nosotros - Dialogo con María 
Ester Gatti (Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1993), 
pp. 53-102. 

24. Citado en ibid., p. 96. 

25. Nathaniel C. Nash, "Argentines Contend for War Orphans' 
Hearts", en New York Times, 1 1 de mayo de 1993. 

26. María Ester Gatti, conversación telefónica con la autora, 22 de 
diciembre de 1994. 

27. Citado en Salaberry, Mariana..., op. cit., p. 101. 

28. María Ester Gatti, conversación telefónica citada. 

29- Estela Barnes de Carlotto, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 22 de diciembre de 1994. 

30. "De la apropiación a la verdad: la verdadera historia de un largo 
camino hacia la vida", en Informaciones, n° 36 (enero-diciembre de 
1993), pp. 50-52. 

31. Andrea Rodríguez, Nacidos en la sombra: la historia secreta de los 
mellizos Reggiardo Tolosa y el subcomisario Miara (Buenos Aires, 
Sudamericana, 1996), pp. 46, 149. 

32. A. R., "Una violación", en Vagina 12, 2 de junio de 1994. 

33. Rodríguez, Nacidos en la sombra..., op. cit., pp. 106, 121. 

34. Julio Spina y Olga Viglieca, "Retrato de familia con secuestro", en 
El Porteño, junio de 1989. 

35. Rodríguez, Nacidos en la sombra..., op. cit., pp. 141-142, 157-158. 
Las Abuelas, que por entonces creían que los mellizos eran los hijos 
de Adalberto Rossetti y Liliana Ross, una joven estudiante de me- 
dicina desaparecida en 1976, se referían a ellos como "Rossetti Ross". 

36. Ibid, p. 194. 

37. Citado en "Mellizos Reggiardo Tolosa", en Informaciones, n° 29 
(agosto-octubre de 1990), p. 15. 

298 



38. Citado en Jorge Llistosella, "Cómo enloquecer menores", en El 

Porteño, mayo de 1992. 
39- Alejandra Rey, "Los Reggiardo Tolosa ya dejan de ser Miara", en 

Página 12, 19 de mayo de 1993. 

40. "La ciDH reclamó al gobierno por los mellizos Reggiardo Tolosa", 
en Página 12, 21 de agosto de 1993. 

41. Véanse el folleto y el film de la utpba (Unión de Trabajadores de 
Prensa de Buenos Aires), La construcción de la noticia: estudio de 
un caso de manipulación de la información (Buenos Aires, 1994). 

42. Rodríguez, Nacidos en la sombra..., op. cit., p. 248. 

43. "Mellizos Reggiardo-Tolosa: denuncian campaña para justificar el 
secuestro", en El Día. 29 de junio de 1994. "Tolosa renunció a la 
guarda de los mellizos y podrán visitar a Miara", en El Día, 2 de 
junio de 1994. 

AA. Horacio Verbitsky, "El muro de Berlín", en Página 12, 5 de junio 
de 1994. 

45. "Un caso muy difícil", en Página 12, 2 de junio de 1994; "Melli- 
zos Reggiardo Tolosa..." art.cit. 

A6. Estela de Carlotto, entrevista citada, Buenos Aires. 

47. Rodríguez, Nacidos en la sombra..., op. cit., pp. 262-264. 

48. Citado en Abuelas de Plaza de Mayo, Los niños desaparecidos y la 
justicia, op. cit., pp. 106, 105. 

49. Eva Giberti, La adopción (Buenos Aires, Sudamericana, 1987), pp. 
206-208, subrayado en el original. 

50. Ibid, p. 210 

51. "Primer Congreso Argentino de Adopción", en Informaciones, n° 
10 (septiembre de 1986), pp. 4-8. 

52. Van Boven, Prevention of Disappearance. . . , op. cit., p. 14. 

53. Fernando Ulloa, "La verdad se filtra", en Página 12, 5 de junio de 
1994. 

54. Alicia Lo Giúdice, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 
14 de diciembre de 1993. 

55. Adriana Calvo de Laborde, "Carta abierta al Dr. Weschler", en Pá- 
gina 12, 2 de enero de 1992. 

56. Citado en Silvina Climis, "La vida pudo más", en Clarín, 16 de 
abril de 1995. 

57. Citado en "En busca de uno mismo", en Clarín, 2 de abril de 1995. 



299 



Capítulo 6. Una nueva estrategia: el derecho 
a la identidad 

1. "Proyectos - Abuelas de Plaza de Mayo", en Informaciones, n° 28 
(mayo-julio de 1990), p. 30. 

2. "Primer Congreso Argentino de Adopción", en Informaciones, n° 
10 (septiembre de 1986), pp. 4-8; "Jornadas interdisciplinarias 
sobre adopción", en Informaciones, n° 24 (julio-agosto de 1989), 
p. 4. 

3. Conversación telefónica con el Departamento Legal de las Nacio- 
nes Unidas en Nueva York, 29 de abril de 1998. El presidente 
Clinton firmó la convención en 1995, pero sólo podrá incorporar- 
se al derecho norteamericano tras su aprobación por el Senado. 
Véase Cynthia Price Cohén, "United States Signs the Convention 
on the Rights of the Child", en International Journal of Childrens 
Rights 3 (1995), pp. 281-282. 

4. Thomas Hammarberg, "The un Convention on the Rights of the 
Child - and How to Make It Work", en Human Rights Quarterly 
12(1990), pp. 97-105. 

5. United Nations, United Nations Convention on the Rights of the 
Child (Nueva York, United Nations, 1990). 

6. María Teresa Flores, en "Identidad, filiación, apropiación, adopción 
y restitución: área jurídica", en Carlotto et al. (comps.). Filiación, 
identidad. . , , op. cit. , pp . \A^-\AA. 

7. Citado en George A. Stewart, "Interpreting the Child's Right to 
Identity in the un Convention on the Rights of the Child", en 
Family Law Quarterly 26 (1992), p. 223. 

8. Jaime Sergio Cerda, "The Draft Convention on the Rights of the 
Child: New Rights", en Human Rights Quarterly 12 (1990), pp. 
115-119. 

9. United Nations Convention on the Rights of the Child. 

10. Norberto Ignacio Liwski y Horacio David Pacheco, Acerca de las 
reservas argentinas a la Convención Internacional de los Derechos 
del Niño - Ley nacional 23.849 (Buenos Aires, Sección Argentina 
de Defensa del Niño Internacional, 1991). 

11. Stewart, "Interpreting the Child's Right...", art. cit., pp. 225- 
226. 

12. "Encuentros en apoyo del proyecto sobre Derechos del Niño en las 
Naciones Unidas", en Informaciones, n° 20 (septiembre-octubre de 
1988), p. 15. 

13. Estela Barnes de Carlotto, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 22 de diciembre de 1994. El artículo 7 declara: 



300 



1. El niño será inscripto inmediatamente después de su nacimien- 
to y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una 
nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus 
padres y a ser cuidado por ellos. 

2. Los Estados Partes velarán por la aplicación de estos derechos de 
conformidad con su legislación nacional y las obligaciones que 
hayan contraído en virtud de los instrumentos internacionales 
pertinentes en esta esfera, sobre todo cuando el niño resultara 
de otro modo apatrida. 

El artículo 1 1 declara: 

1. Los Estados Partes adoptarán medidas para luchar contra los 
traslados ilícitos de niños al extranjero y la retención ilícita de 
niños en el extranjero. 

2. Para este fin, los Estados Partes promoverán la concertación de 
acuerdos bilaterales o multilaterales o la adhesión a acuerdos 
existentes. 

Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño ( 1 990) 

14. "Al Dr. Carlos Saúl Menem", en Informaciones , n° 30 (noviembre 
de 1990-febrero de 1991), p. 13. 

15. "El obstinado silencio del Presidente", en Informaciones, n° 30 
(noviembre de 1990-enero de 1991), p. 12; "Comisión de Derechos 
Humanos de las Naciones Unidas - 47° sesión", en Informaciones, 
n° 31 (marzo-mayo de 1991), pp. 3-5. 

16. Citado en "Hijos de desaparecidos: traban análisis genético", en 
Clarín, 2 de febrero de 1995. 

17. Alcira E. Ríos, correspondencia con la autora, 5 de agosto de 1996, 
y entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 5 de noviembre 
de 1996. 

18. Alcira E. Ríos, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 27 
de diciembre de 1994. Véase también Alcira E. Ríos, "La pericia 
inmunogenética en los casos de los menores víctimas de desapari- 
ción forzada", trabajo presentado a la Comisión Nacional por el 
Derecho a la Identidad {ca. 1996). 

19. "Alegría de las Abuelas con la Corte", en Clarín, 29 de diciembre 
de 1996. 

20. Se encontrará un análisis detallado de este caso en Carlos Amorín, 
Sara buscando a Simón (Montevideo, Ediciones de Brecha, 1996). 
Además, Carlos Amorín, entrevista telefónica realizada por la au- 
tora, 4 de mayo de 1998. 

21. No existe certeza alguna de que se haya destruido toda la documen- 
tación en papel. En abril de 1997, el ex oficial de la armada Adolfo 
Scilingo afirmó que en 1983 se habían ocultado en un banco suizo 
archivos secretos sobre los desaparecidos, por orden del entonces 

301 



comandante en jefe del arma, almirante Rubén Franco. Véase "Ex- 
Argentine Officer Says 'Dirty War' Files in Swiss Vault", en Boston 
G/ohe, 5 de abril de 1997. 

22. "Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad de las Personas", 
en Informaciones, n° 35 (agosto-diciembre de 1992), pp. 20-22. 

23. Alicia Pierini, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 6 de 
diciembre de 1993. 

24. Lita Abdala (una integrante de la comisión elegida por las Abue- 
las), entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 1° de noviem- 
bre de 1996. 

25. Borrador del informe de febrero 2000 de la Comisión Nacional por 
el Derecho a la Identidad, preparado por Claudia Carlotto. 

26. "Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención 
Internacional sobre los Derechos del Niño", en Informaciones , n° 
36 (enero-diciembre de 1993), p. 36. 

27. La ley argentina contempla dos tipos de adopción: la simple y la 
plena. La "simple" confiere derechos al adoptado como miembro de 
la familia adoptiva pero no extingue los derechos y responsabilida- 
des de su familia de origen. Los adoptados están autorizados a 
agregar el apellido de ésta a sus nombres, y la adopción puede 
revocarse. La adopción "plena" hace que el adoptado ya no sea 
miembro de su familia de origen. Es irrevocable y aquél no puede 
recuperar la filiación con su familia original. Véase Defensa de los 
Niños Internacional, Venta y tráfico de niños en Argentina - Inves- 
tigación (Buenos Aires, Defensa de los Niños Internacional/Secre- 
taría de Desarrollo Humano y Familia, Ministerio de Salud y 
Acción Social de la Nación, 1989), pp. 68-70. 

28. Alcira Ríos, entrevista citada, 27 de diciembre de 1994. 

29. María Isabel Chorobik de Mariani, entrevista realizada por la auto- 
ra. La Plata, 9 de diciembre de 1994. 

30. Maria Josefina Becker, "The Pressure to Abandon", en 
International Childrens Rights Monitor 5 (1988), pp. 12-13. 

31. Norma López Faura, "El derecho a la identidad biológica en la 
adopción", trabajo presentado en el Segundo Simposio 
Interdisciplinario sobre la Adopción en el Cono Sur, Buenos Aires, 
5 de noviembre de 1994. 

32. Graciela Fernández Meijide, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 13 de diciembre de 1994. 

33. Antonia Acuña de Segarra, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 7 de diciembre de 1993. 

34. Véanse, por ejemplo, Defence for Children International, 
Protecting Cbildren's Rights in International Adoptions: Selected 
Documents on the Problem of Trafficking and Sale of Children 

302 



(Ginebra, Defcnce for Children International, 1989); María Elena 
Méndez de Díaz, Nora Miselem Rivera y Jamileth Díaz Guerrero, 
La adopción: el tráfico de menores en Honduras (Tegucigalpa, 
Centro de Estudios de la Mujer, 1992); "Black Market in 
Adoptions Described in Guatemala", en Boston Glohe, 14 de sep- 
tiembre de 1997; "Detienen a una banda que robaba bebés y los 
vendía" y "El tráfico de menores, un gran negocio", en Clarín, 20 
de septiembre de 1997. 

35. Defensa de los Niños Internacional, Venta y trafico..., op. cit., p. ii. 

36. Mariana Carbajal, "Otra denuncia sobre bebés comprados en Co- 
rrientes", en Página 12, 27 de diciembre de 1994. La hermana 
Martha Pelloni es nacionalmente conocida debido a su papel de 
liderazgo en la provincia de Catamarca, donde organizó las marchas 
de silencio para protestar contra el encubrimiento de la violación 
y el asesinato de una joven, María Soledad Morales, en 1990. 

37. "Admiten que en Goya se trafican niños", en Pagina 12, 25 de 
noviembre de 1993. Véase también "Operativo por tráfico de be- 
bés", en Clarín, 1 1 de junio de 2000. 

38. "El paraíso de las adopciones", en Clarín, 12 de diciembre de 1994. 
39- "Denuncian ventas de bebés a Noruega", en La Voz del Interior 

(Córdoba), 30 de noviembre de 1993. 

40. "Indagaron a los narcotraficantes que tenían al niño secuestrado", 
en La Nación, 27 de marzo de 1994. 

41. Carlos Rodríguez, "Exportados sin permiso", en Pagina 12, 10 de 
septiembre de 1996. Véase también Alfredo Silletta, El grito de los 
inocentes: trafico y tienta de niños en la Argentina - Adopciones ile- 
gales, robo y prostitución infantil {hxitnos Aires, Corregidor, 1996). 

42. Elsa Sánchez de Oesterheld, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 10 de noviembre de 1993. 

43. Susana E. Sommer, De la cigüeña a la probeta: los peligros de la 
aventura científica (Buenos Aires, Planeta, 1994), p. 185. 

44. Stewart, "Interpreting the Child's Right...", art. cit., p. 232. 

45. Gustavo A. Bossert, "Problemas jurídicos que se abren a partir de 
los avances científicos en materia de procreación", en Alicia 
Pierini (comp.), El derecho a la identidad: los avances científicos, 
la regulación jurídica y los principios de la Convención sobre los 
Derechos del Niño {ley 23-849) (Buenos Aires, Eudeba, 1993), p. 
93-117. Véase también Rita Arditti y M. Brinton Lykes, 
"Recovering Identity - The Work of the Grandmothers of Plaza 
de Mayo", en Women's Studies International Forum 15 (1992), 
pp. 461-471. 

46. E. Wayne Carp, "The Sealed Adoption Records Controversy in 
Historical Perspective: The Case of the Children's Home Society in 

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Washington, 1895-1988", tn Journal of Sociology and Social Welfare 
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47. Betty Jean Lifton, Lost and Found: The Adoption Experience 
(Nueva York, Harper and Row, 1988), y Journey of the 
Adopted Self: A Quest for Wholeness (Nueva York, Basic 
Books, 1994). 

48. Véase el boletín de informaciones Chain of Life - A Progressive 
Adoption Netvsletter (P. O. Box 8081, Berkeley, ca 94707). 

49- Véase Erik H. Erikson, Childhood and Society^ segunda edición 
(Nueva York, W. W. Norton, 1963). 

50. Citado en Blanche Wiesen Cook, "Eleanor Roosevelt and Human 
Rights: The Battle for Peace and Planetary Decency", en Edward 
P. Crapol (comp.), W ornen and American Foreign Policy: 
Lohhyists, Critics, and Insiders (Wilmington, Del., Scholarly 
Resources, 1992), p. 114. 

51. Steve Fainaru, "El Salvador: Searching for a Stolen Past", serie de 
tres artículos, en Boston Glohe^ 14, 15 y 16 de julio de 1996. La 
historia de Gina Marie aparece en el artículo del 15 de julio, 
'"Imelda (Gina)' Struggles for Identity". 

52. Estela Barnes de Carlotto, prólogo a Pierini (comp.). Derecho a la 
identidad..., op. cit., p. 14. Véase también, Abuelas de Plaza de 
yidijo. Juventud e Identidad. 20 Años de lucha. (Buenos Aires, 
Espacio, 1999). 



Capítulo 7. La política de la memoria 

1. "Ley 24.411", en Informaciones, n° 37 (enero-diciembre de 1994), 
p. 24; Javier Calvo, "Dura interna por los desaparecidos", en Cla- 
rín, 8 de diciembre de 1996; María Adela Antokoletz, entrevista 
realizada por la autora, Buenos Aires, 8 de diciembre de 1994. 
Actualmente hay dos grupos de Madres de Plaza de Mayo. En 
1986, tras la vuelta a la democracia, varias de sus integrantes 
— críticas de algunas de las posiciones de la organización e insatis- 
fechas con la conducción de Hebe de Bonafini, la presidenta — se 
apartaron y constituyeron su propia organización. El nuevo grupo. 
Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, incluye a varias Ma- 
dres que habían sido parte del grupo original, así como a su ex 
vicepresidenta, María Adela Antokoletz. Los dos grupos difieren en 
la cuestión de las exhumaciones y la identificación de los restos de 
los desaparecidos y en la de las reparaciones económicas a sus fami- 
lias. Las Madres conducidas por Hebe de Bonafini se oponen a las 



304 



exhumaciones, ya que creen que desvían la atención de los asesinos, 
y consideran que las reparaciones económicas son un insulto a la 
dignidad humana y a los desaparecidos. La Línea Fundadora, como 
la Asociación de Abuelas, respalda tanto unas como otras. 

2. Verbitsky, The Flight..., op. cit. 

3. Ricardo Kirschbaum, "Un cambio en la doctrina", en Clarín, 27 de 
abril de 1995; '"Examen de conciencia' por la represión ilegal", en 
Clarín, 30 de abril de 1995. 

4. Alma Guillermoprieto, The Heart That Bleeds: Latín America 
Now (Nueva York, Vmtage Books, 1995), pp. 119-150. Véase 
también Bell Gale Chevigny y Paul Chevigny, Pólice Violence in 
Argentina: Torture and Pólice Killings in Buenos Aires, An 
Americas Watch and Centro de Estudios Legales y Sociales Report 
(Nueva York, Americas Watch; Buenos Aires, Centro de Estudios 
Legales y Sociales, 1991)- 

5. Charles Harper, "From Impunity to Reconciliation", en Charles 
Harper (comp.), Impunity: An Ethical Perspective (Ginebra, wcc 
Publications, 1996), pp. viii-xviii. 

6. Diana Kordon et al. , La impunidad: una perspectiva ps icos ocia I y 
clínica (Buenos Aires, Sudamericana, 1995). Véase también Luis 
Pérez Aguirre, "The Consequences of Impunity in Society", en 

Justice, Not Impunity (Ginebra, International Commission of 
Jurists, 1992), pp. 107-120. 

7. Tribunal Permanente de los Pueblos, La impunidad juzgada... 
op. cit. 

8. Ibid, p. 8. 

9. Ibtd, p. 103. 

10. Eduardo Gaicano, Nosotros decimos no. Crónicas (1963-1988) 
(Buenos Aires, Catálogos, 1993, segunda edición) subrayado en el 
original, p. 367. 

11. Yosef Hayim Yerushalmi, Zakhor: Jewish History and Jeivish 
Memory (Nueva York, Schocken Books, 1989), p. 109- 

12. Judith Lewis Hermán, "Crime and Memory", en Bulletin of the 
American Academy of Psychiatry Law 23 (1995), p. 13. 

13. Delia Giovanola de Califano, entrevista realizada por la autora, 
Buenos Aires, 29 de octubre de 1996. 

14. María Alexiu de Ignace, correspondencia con la autora, 22 de sep- 
tiembre de 1996. Para ponerse en contacto con la fedefam, dirigirse 
a Apartado Postal 2444, Carmelitas 1010-A, Caracas, Venezuela. 

15. "Una niña desaparecida en Argentina habla ante la Comisión de 
Derechos Humanos", en Informaciones, n° 36 (enero-diciembre de 
1993), p. 6. 



305 



16. Mariana Eva Pérez y Yamila Grandi, Algún día... (Buenos Aires, 
Abuelas de Plaza de Mayo, 1990). 

17. Mariana Eva Pérez, entrevista realizada por la autora, Buenos Ai- 
res, 28 de noviembre de 1993. A menos que se indique lo contra- 
rio, las siguientes citas corresponden a esta entrevista. 

18. Argentina Rojo de Pérez, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 28 de noviembre de 1993. 

19. "Pocos alumnos en un torneo", en Clarín, 22 de octubre de 1995. 

20. Osvaldo Bayer, "El patio de los estudiantes vivos", en Fagina 12, 
4 de noviembre de 1995. 

2 1 . Martín Granovsky, "Los chicos del Buenos Aires (que ya no están)", 
en Página 12, 23 de octubre de 1996. Sobre las Madres de Plaza de 
Mayo, Línea Fundadora, véase la nota 1 del presente capítulo. 

22. Miguel Hernán Santucho, entrevista realizada por la autora, Bue- 
nos Aires, 31 de octubre de 1996. Véanse también Sergio 
Ciancaglini y Martín Granovsky, Nada más que la verdad: el jui- 
cio a las juntas (Buenos Aires, Planeta, 1995), pp. 338-339, y Juan 
Gelman y Mará La Madrid, Ni el flaco perdón de Dios: hijos de 
desaparecidos (Buenos Aires, Planeta, 1997). 

23. Citado en "Habrá otros mil jueves", en Página 12, 28 de junio de 
1996. 

24. "Día de la Vergüenza con los hijos marchando y los adultos en 
casa", en Página 12, 30 de octubre de 1996. 

25. "Víctimas de amenazas, los hijos le reclamaron al ministro 
Corach", en Página 12, 21 de mayo de 1996. 

26. "Acerca de la memoria - nunca lo olvides", en Informaciones, n° 36 
(enero-diciembre de 1993), p. 22. 



Epílogo 2000 

1. "Autor mediato es el que, dominando el hecho y poseyendo las 
demás características especiales de la autoría, se sirve de otra per- 
sona (instrumento) para la ejecución de la acción típica. [...} El 
rasgo fundamental de la autoría mediata reside en que el autor no 
realiza personalmente la acción ejecutiva, sino mediante otro; y lo 
que caracteriza el dominio del hecho es la subordinación de la 
voluntad del instrumento a la del autor mediato." Cfr. Enrique 
Bacigalupo, Derecho Penal, Parte General, pp. 325 y ss. Citado en 
Centro de Estudios Legales y Sociales, Informe 1998 del Centro de 
Estudios Legales y Sociales, Buenos Aires, Eudeba, 1999, p- 98. 

2. Gerardo Young, "Detienen a Videla en un caso por robo de bebés". 



306 



en Clarín, 10 de junio de 1998. Silvana Boschi, "Robo de bebés, 
delito permanente", en Clarín, 11 de septiembre de 1999. 

3. Alcira Ríos, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 29 de 
febrero de 2000. 

4. Lila Pastoriza, "Una maternidad para el robo de bebés en la esma", 
en Vagina 12, 20 de noviembre de 1998. 

5. Lila Pastoriza, "Ahora ampliaremos la imputación a Videla, 
Galtieri y Bignone", en Pagina 12, 23 de julio de 1998. 

6. Ramón Torres Molina, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 10 de febrero de 2000. 

7. Silvana Boschi, "Balza dijo que hubo un accionar sistemático para 
el robo de bebés", en Clarín, 24 de marzo de 2000. 

8. "Bagnasco dirá que no", en Pagina 12, 5 de mayo de 2000. 

9. Daniel Gutman, "Un duro reclamo de la jueza Servini a la Arma- 
da", en Clarín, 17 de mayo de 2000. 

10. "Un revólver en la sien del juez", en Página 12, 18 de mayo de 
2000. 

11. Bernardo Beiderman, "Saber es necesidad de todos", en Clarín, 29 
de mayo de 2000. 

12. Laura Conté, entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, 19 de 
febrero de 2000. 

13. Daniel Gutman, "La dura construcción del ayer", en Clarín, 23 de 
mayo de 2000. 

14. Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, Informe febrero 
2000, Buenos Aires. 

15. Alicia Lo Giúdice, entrevista realizada por la autora, 27 de marzo 
de 2000. 

16. Daniel Gutman, "Tras las biografías perdidas", en Clarín, 29 de 
junio de 1999- 

17. María Lavalle Lemos, entrevista realizada por la autora, Buenos 
Aires, 17 de marzo de 2000. La hermana de María, María José, 
nació en cautiverio y fue restituida a su familia cuando tenía diez 
años. Véase el capítulo 4. 

18. "Ley de Punto final: el no de Abuelas", en Informaciones n° 11, 
enero de 1987, pp. 3-4. 



Apéndice 2. Declaración de principios 

1. Dieciséis Abuelas firmaron la declaración. 

2. Extraída de los archivos de las Abuelas. 



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Boletines de informaciones 

Chain of Life - A Progressive Adoption Newsletter. P. O. Box 

8081, Berkeley, ca 94707. 
Informaciones. Boletín de las Abuelas de Plaza de Mayo. 

Buenos Aires, 1986-1994. 
Testimonios. Boletín de los Familiares de Desaparecidos y 

Detenidos por Razones Políticas. 



Entrevistas 

Abuelas de Plaza de Mayo 

Aguilar, Elsa Pavón de, Buenos Aires, 19 de diciembre de 1993. 
Argañaraz, Otilia Lescano de, Buenos Aires, 5 de noviembre 

de 1993. 
Baamonde, Emma Spione de, Buenos Aires, 4 de noviembre 

de 1993. 
Califano, Delia Giovanola de, Buenos Aires, 29 de octubre de 

1996. 
Carlotto, Estela Barnes de, Cambridge, Mass., 30 de octubre 

de 1989; Buenos Aires, 16 de diciembre de 1993 y 22 de 

diciembre de 1994. 
Lanzillotto, Alba, Buenos Aires, 26 de octubre de 1993. 
Lemos, Haydée Vallino de, Buenos Aires, 5 de noviembre de 

1993. 
Mariani, María Isabel Chorobik de. La Plata, 9 de diciembre 

de 1994. 
Marizcurrena, Raquel Radío de, Buenos Aires, 25 de noviem- 
bre de 1993. 
Miranda, Amelia Herrera de, Buenos Aires, 1° de noviembre 

de 1993. 
Navajas, Nélida Gómez de, Cambridge, Mass., 30 de octubre 

de 1989; Buenos Aires, 9 de noviembre de 1993. 
Oesterheld, Elsa Sánchez de, Buenos Aires, 10 de noviembre 

de 1993. 
Pérez, Argentina Rojo de, Buenos Aires, 28 de noviembre de 

1993. 



32.4 



Quesada, Nya, Buenos Aires, 22 de noviembre de 1993. 

Roisinblit, Rosa Tarlovsky de, Buenos Aires, 17 de noviem- 
bre de 1993. 

Santander, Elena, Buenos Aires, 27 de octubre de 1993. 

Schubaroff, Berta, Buenos Aires, 18 de noviembre de 1993. 

Segarra, Antonia Acuña de, Buenos Aires, 7 de diciembre de 
1993. 

Torres, Sonia, Córdoba, 2 de diciembre de 1993. 

Waisberg, Reina Esses de, Buenos Aires, 25 de octubre de 
1996. 



Menores recuperados 

Lavalle Lemos, María José, Buenos Aires, 22 de diciembre de 

1994. 
Logares Grinspon, Paula Eva, Buenos Aires, 20 de diciembre 

de 1994. 
Sfiligoy, Tatiana, Buenos Aires, 17 de diciembre de 1993. 



Otros 

Abdala, Lita, Buenos Aires, 1° de noviembre de 1996. 
Amorín, Carlos, entrevista telefónica, 4 de mayo de 1998. 
Antokoletz, María Adela, Buenos Aires, 8 de diciembre de 1994. 
Bianchedi, Marcelo, Buenos Aires, 15 de diciembre de 1994. 
Careaga, Ana María, Buenos Aires, 26 de diciembre de 1994. 
Conté, Laura, Buenos Aires, 19 de febrero de 2000. 
Di Lonardo, Ana María, Buenos Aires, 15 de diciembre de 

1993 y 31 de octubre de 1996. 
Doretti, Mimí, entrevista telefónica, 16 de agosto de 1994. 
Fernández Meijide, Graciela, Buenos Aires, 13 de diciembre 

de 1994. 
Galiñanes, Arturo, Buenos Aires, 18 de noviembre de 1993. 
Gatti, María Ester, entrevista telefónica, 22 de diciembre de 

1994. 
Laborde, Adriana Calvo de, Buenos Aires, 27 de diciembre de 

1994. 



325 



Lavalle Lemos, María, Buenos Aires, 17 de marzo de 2000. 
Lo Giúdice, Alicia, Buenos Aires, 14 de diciembre de 1993 y 

27 de marzo de 2000. 
Mignone, Emilio F., Buenos Aires, 16 de diciembre de 1994. 
Penchaszadeh, Víctor B., Nueva York, 18 de mayo de 1995. 
Pérez, Mariana Eva, Buenos Aires, 28 de noviembre de 1993. 
Pierini, Alicia, Buenos Aires, 6 de diciembre de 1993. 
Ríos, Alcira E., Buenos Aires, 27 de diciembre de 1994, 5 de 

noviembre de 1996 y 29 de febrero de 2000. 
Santucho, Miguel Hernán, Buenos Aires, 31 de octubre de 

1996. 
Snow, Clyde, entrevista telefónica, 24 de enero de 1996. 
Stover, Eric, Boston, 9 de agosto de 1994. 
Torres Molina, Ramón, Buenos Aires, 10 de febrero de 2000. 
Waisberg, Tania María, Buenos Aires, 30 de octubre de 1996. 



326 



Lista de ilustraciones 



Abuelas en actividad 
María Isabel Chorobik de Mariani 
Elsa Pavón de Aguilar 
Otilia Lescano de Argañaraz 
Emma Spione de Baamonde 
Delia Giovanola de Califano 
Estela Barnes de Carlotto 
Raquel Radío de Marizcurrena 
Amelia Herrera de Miranda 
Nélida Gómez de Navajas 
Elsa Sánchez de Oesterheld 
Argentina Rojo de Pérez con Mariana Pérez 
Rosa Tarlovsky de Roisinblit 
Antonia Acuña de Segarra 
Reina Esses de Waisberg 
Alba Lanzillotto 
Nya Quesada 
Elena Santander 
María Victoria Moyano 
Berta Schubaroff 
Sonia Torres 
Tatiana Sfiligoy 
Tania Waisberg 

"Buscamos dos generaciones", afiche 

"Niños desaparecidos - Busquémoslos", afiche premiado de 
Jorge Proz 



327 



"Embarazada", afiche 

"Restitución es regreso a la vida - Mi abuela me sigue buscan- 
do... díganle dónde estoy", afiche 

Manifestación: "¿Dónde están los centenares de bebés nacidos 
en cautiverio?" 

Manifestación: "Niños desaparecidos" 

Manifestación: un policía enfrenta a las Abuelas 

Cartelera en la oficina de las Abuelas: "Niños localizados" 

Pañuelo de las Abuelas 



328 



índice analítico y de nombres 



AAA. Wéase Alianza Antico- 
munista Argentina 

AAAS. Véase American Asso- 
ciation for the Advance- 
ment of Science 

abogados, desapariciones de, 

39 

Acíndar, 36 

adopción: anulación de la, 
220, 221; apropiación dis- 
tinguida de la, 205, 206; 
internacional, 212, 213, 
225, 226; legislación que 
rige la, 222-226 

adopción internacional, 212, 
213, 225, 226 

Agencia de Noticias Clandes- 
tinas (ancla), 56 

Agosti, brigadier Orlando 
Ramón, 29, 285 n 125 

Aguilar, Elsa Pavón de, 103, 
121, 171-176, 255 

Aguinis, Marcos, 54 

Albamonte, Alberto, 203 

Alberte, Bernardo, 30 

Alemania nazi, 30 



Alemania Oriental: apropia- 
ción de niños en, 188 
Alfonsín, Raúl, 31, 51, 66- 
69,70-73, 101, 103, 105, 
166, 194, 195, 197, 201, 
217, 231 
Alianza Anticomunista Ar- 
gentina (aaa), 33, 100 
Alien, Fred, 101 
Allende, Salvador, 33 
Alonso, María Natalia, 248 
Alvarez, Sonia E., 137 
Amadeo, Mario, 75, 85-86 
American Association for the 
Advancement of Science 
(AAAS), 101, 102, 106 
americanos nativos, 190 
Amnistía Internacional, 22, 
49, 62,99, 277 n 5,279 n 
36, 285 n 125 
análisis genético, 100-106, 
109-111, 166, 192-194, 
198, 200-202; obligato- 
rio, 217, 218; y el derecho 
a la identidad, 220, 221, 
222, 223, 226, 227, 228 



329 



Anaya, almirante Jorge, 277 
n 5, 285 n 125 

Angelelli, Enrique Ángel, 
51-52, 266, 221 n 58 

antisemitismo, 52-54, 83 

Antokoletz, María Adela, 58 

antropología forense, 106- 
108 

APDH. Véase Asamblea Per- 
manente por los Derechos 
Humanos 

apropiación de niños: adop- 
ción distinguida de la, 
205-206; daño psicológico 
causado por la, 205-209 

Aramburu, cardenal Juan Car- 
los, 50, 90 

Aramburu, Pedro Eugenio, 
32 

Arellanos, Miguel, 177 

Arellanos, Nicolás, 177-178 

Argañaraz, María de las Mer- 
cedes, 256 

Argañaraz, Otilia Lescano de, 
88, 118, 135, 140, 256 

Argentine Information Service 
Center (aisc), 21-22, 100 

Arns, Evaristo, 94, 95 

arqueología, 106 

Artes, Carla Rutila, 165-166 

Artes, Graciela, 165 

Artigas, María Asunción, 170, 
268 

Arze, Támara, 163-164 

Asamblea Permanente por los 
Derechos Humanos (apdh), 
60, 67, 83, 226 



asesinatos, 33, 86, 120; de 
abogados, 38-39 

Asociación de Ex Detenidos 
Desaparecidos, 209 

Asociación Pro-Búsqueda de 
los Niños, 229 

Astiz, teniente de navio Alfredo, 
59, 62, 283 n 89 

Aulagnier, Piera, 294 n 5 

Auschwitz, 26 

Australia: apropiación de ni- 
ños aborígenes en, 189- 
190 

Autoamnistía, ley de, 43 

Automotores Orletti, 196 

Azcona, Ana María del Car- 
men Pérez de, 280 n 50 

Baamonde, Emma Spione de, 
88, 256-257 

Baamonde, Martín, 257 

Bagnasco, Adolfo, 243, 245, 

246, 247 

Bai Quesada, Adriana Mirta, 
177, 183 

Ballesteros, Jorge, 202-203 

Balza, teniente general Mar- 
tín Antonio, 232, 246 

Banco Nacional de Datos Ge- 
néticos, 25, 103, 104, 
131, 169, 201, 210, 211, 
219, 227, 229, 237, 250, 
252, 257, 290, 311 

Baravalle, Mirta Acuña de, 
90-91, 287 n 14 

Barreiro, mayor Ernesto, 70- 
71 



330 



Becker, Maria Josefina, 222- Cadena Informativa, 56-57 

223 Caiati, María Cristina, 33, 

Beiderman, Bernardo, 248 277, 278, 316 

Beláustegui Herrera, Valeria, Califano, Delia Giovanola de, 

25-26 128, 236-237, 257, 287 n 

Belluscio, Augusto César, 165 14 

Berardo, Remo, 283 n 89 Cambridge (Massachusetts) 

Bianco, María Eugenia Ponce Hospital, Programa de Víc- 

de, 283 n 89 timas de la Violencia, 131- 

Bianco, mayor Norberto Atilio, 132 

47, 192-193, 201, 220, 243 Campeonato Mundial de fút- 

Bignone, general Reynaldo bol, 60, 120-121 

Benito, GG, 219, 277 n 5 Campo de Mayo, centro de 

Blaustein, David, 250 detención, 46-47, 192 

Bolivia, 110; refugiados poli- campos de concentración, 1, 

ticos de, 36 44; nazis, 26, 41. Mease 

Bonafini, Hebe de, 67, 304 n 1 también centros clandesti- 

Bonamín, Victorio, 50 nos de detención 

Borges, Jorge Luis, 30, 63-64 Camps, general Ramón Juan, 

Brasil, 96-110; exiliados ar- 34-35, 50, 75-77, 195, 

gentinos en, 94; refugia- 219 

dos políticos de, 36 cantidad de desaparecidos, 67 

Britos, Laura Malena Jotar. carapintadas, 71-72 

Véase ]otdiT Britos, Laura Careaga, Ana María, 45-46, 

Malena 200 

Britos, Tatiana Ruarte. Véase Careaga, Esther Ballestrino 

Ruarte Britos, Tatiana de, 283 n 89 

Brundtland, Gro Harlem, 63 Carlotto, Estela Barnes de, 

Buenos Aires Herald, The, 56 86-87, 94, 96, 110, 120, 

Bulit, Nélida Raquel, 283 n 127, l6l, 169-170, 184, 

89 198-199, 204, 216, 229- 

Bussi, general Antonio Do- 230, 246, 258 

mingo, 51, 242 Carlotto, Laura, 86, 94-95, 

120-121, 258 

Cabezas, José Luis, 234 Cárter, Jimmy, 62 

Cabezas, Thelma Dorothy Castillo Barrios, Eva Márquez 

Jara de, 114 de, 287 n 14 



331 



Castro, Liliana Sofía Barrios 
de, 280 n 50 

Cavallo, Domingo, 234 

CEA. Véase Conferencia Episcopal 
Argentina 

CELS. Véase Centro de Estu- 
dios Legales y Sociales 

Centro de Estudios Legales y 
Sociales, 38, 60, 67 

centros clandestinos de deten- 
ción, 40-42, 44, 45, 47- 
48; "instalaciones" para 
las mujeres embarazadas 
en los, 46-47; sacerdotes 
en los, 49-50 

CGT Brasil, 64-65 

Chamorro, capitán de navio 
Rubén Jacinto, 47 

Chile, 110; gobierno de Allen- 
de en, 33; niños desapa- 
recidos descubiertos en, 
95-96, 196; golpe militar 
en, 8; refugiados políticos 
de, 36 

Chuchryk, Patricia, 137 

ciDH. Véase Comisión Interame- 
ricana de Derechos Humanos 

ciencia forense, 101-102, 
106-112 

CLAMOR. Véase Comité para la 
Defensa de los Derechos 
Humanos en el Cono Sur 

Clarín^ 63, 196 

Clinton, Bill, 300 n 3 

colaboracionistas, 41-42 

Colegio Nacional de Buenos 
Aires, 241 



Colombia, 110 

Comisión de Familiares de 
Desaparecidos y Deteni- 
dos por Razones Políticas, 
57, 60 

Comisión Interamericana de 
Derechos Humanos (cidh), 
60 

Comisión Nacional por el 
Derecho a la Identidad, 
210, 219 

Comisión Nacional sobre la 
Desaparición de Personas 
(CONADEP), 54, 96, 101- 
102, 177, 257 

Comité de Familiares de las 
Víctimas de la Represión 
(en Israel), 54, 67-68 

Comité Homosexual Argenti- 
no (cha), 131 

Comité por la Defensa de los 
Derechos Humanos en el 
Cono Sur (clamor), 95- 
97, 159, 196, 288 n 40 

comunismo, 36, 57; judíos 
acusados de, 53-54 

CONADEP. Véase Comisión 
Nacional sobre la Desapa- 
rición de Personas 

Concilio Vaticano ii, 51 

Confederación General del 
Trabajo, 64-65 

Conferencia Episcopal Argen- 
tina (CEA), 49-50, GG, 89, 
90, 91 

Congreso Argentino de Adop- 
ción, 212 



332 



Congreso argentino. Véase 

Parlamento argentino 
Congreso Judío Mundial, 189 
Consejo Mundial de Iglesias, 93 
Consejo Supremo de las Fuer- 
zas Armadas, 68, 247 
Consufa. Véase Consejo Su- 
premo de las Fuerzas Armadas 
conspiración de silencio, 26, 

58, 231 
Conté, Laura, 248 
Convención Panamericana de 
Derechos Humanos, 193 
Convención para la Preven- 
ción y Sanción del Delito 
de Genocidio, 190-191 
Copa del Mundo de fútbol, 

60, 120-121 
Corach, Carlos, 235, 242 
Cordobazo, 32 
Cordovero, Daisy, 26 
Cordovero, Matilde, 26 
corrupción, 234-235 
Corte Suprema, Argentina, 64, 

85, 165, 167, 218, 235 
Cortinas, Nora de, 65 
Craig, Gina Marie, 229-230 

Dausset, Jean, 105 

De Angeli, María Adelia Garín 

de, 291 n 71 
de la Cuadra, Alicia Zubas- 

nabar de, 78-79, 85, 87, 

88, 92, 287 n 14 
Declaración Universal de los 

Derechos del Hombre, 

66-67, 288 n 46 
Defence of Children Interna- 



tional. Véase Defensa de 
los Niños Internacional 
Defensa de los Niños Interna- 
cional, 225-226 
"derecho de opción", 31 
Derechos Humanos, Comi- 
sión de, 103 
Derechos Humanos, Oficina 

de, 219 
Derian, Patricia, 62-63 
desaparecidos con vida, 76 
Desarrollo y Paz, 87 
desindustrialización, 37 
Despouy, Leandro, 193 
Di Lonardo, Ana María, 102, 

105, 289 n 54 
Dinnerstein, Dorothy, 125 
Doctrina de la Seguridad Con- 
tinental, 36 
Doctrina de la Seguridad Na- 
cional (dsn), 34-37 
"doctrina de West Point", 34 
"Documento final de la Junta 
Militar sobre la guerra con- 
tra la subversión y el terro- 
rismo", 66 
Domon, Alice, 58-59, 61, 

283 n 89 
"dos demonios", teoría de los, 

68 
Duquet, Leónie, 58-59, 61, 

283 n 89 
Duran Sáenz, mayor Pedro, 44 
Durante, Nora B., 200 

EAAF. Véase Equipo Argentino 
de Antropología Forense 



333 



Editorial Milicia, 53 

Eichmann, Adolf, 53, 281 n 
69 

ejecuciones masivas, 43-44 

Ejército Revolucionario del 
Pueblo (erp), 32,68, 256, 
262, 266 

Ejércitos Latinoamericanos, 
Undécima Conferencia de 
los, 29 

El Día, 99 

El Olimpo (centro de deten- 
ción), 45 

El Periodista de Buenos Ai- 
res, 68 

El Salvador, 35, 110; asesi- 
natos en, 119; desapari- 
ciones de niños en, 76, 
228-229 

El Vesubio (centro de deten- 
ción), 44 

Elbert, Horacio A., 283 n 89 

Encuentro Nacional de Muje- 
res, 140, 256 

Equipo Argentino de Antro- 
pología Forense (eaaf), 
111, 120 

Erikson, Erik, 228 

ERP. Véase Ejército Revolu- 
cionario del Pueblo 

escuadrones de la muerte, 33, 
37-38 

Escuela de Mecánica de la Ar- 
mada (esma), centro de de- 
tención, 44, 47, 51, 55-57, 
59, 61, 107, 114, 238- 
239, 240, 244 



ESMA. Véase Escuela de Mecá- 
nica de la Armada 

España, 86, 244 

esperanza, 127; de "ojos abier- 
tos", 125; metodología de 
la, 97 

estado de sitio, 30, 33 

Estados Unidos, 110, 213; 
adopción y cuestiones de 
identidad en, 227-228; apro- 
piación de niños americanos 
nativos en, 189-190; De- 
partamento de Defensa 
de, 34; hegemonía econó- 
mica de, en América Latina, 
35; programas de contrain- 
surgencia de, 34; y la 
investigación de las viola- 
ciones de derechos huma- 
nos, 60-62 

Etiopía, 110 

Evelyn Karina, 248 

Fabricaciones Militares, 64 
Familiares de Detenidos y 
Desaparecidos por Razo- 
nes Políticas, 57, 60 
Falcone, María Claudia, 44 
FEDEFAM. Véase Federación 
Latinoamericana de Aso- 
ciaciones de Familiares de 
Detenidos Desaparecidos 
Federación Latinoamericana 
de Asociaciones de Fa- 
miliares de Detenidos 
Desaparecidos (fedefam), 
237-265 



334 



feminismos latinoamericanos, 

137-139 
Fernández, Roque, 234 
Fernández Meijide, Graciela, 

67, 224 
Ferraro, Ariel, 266 
Filipinas, 110 
Finaly, familia, 188 
Firmenich, Mario, 72 
Fondevilla, José Julio, 283 n 

89 

Fondo Monetario Internacio- 
nal, 37 

Fossati, Inés Ortega de, 48 

Francia, 61, 244; apropiación 
de niños judíos en, 188; 
deportación de judíos de, 
por los nazis, 26; método 
represivo de, en Indochina 
y Argelia, 35 

Franco, almirante Rubén, 17, 
302 n 21 

Franco, Francisco, 38, 189, 
301 n 21 

Frattasi, Generosa, 48 

Freiler, Eduardo, 245 

Frondizi, Arturo, 33 

Frondizi, Silvio, 33 

Frontalini, Daniel, 33, 277, 
278, 316 

Frydenlund, Knut, 63 

Fundación France Liberté, 105 

Fundación Nacional para el Bien- 
estar del Menor Abandonado, 
de Brasil (funabem), 222 

Furci, Miguel Ángel, 196- 
197 



Galeano, Eduardo, 118, 235 
Galletti, doctor, 83 
Galtieri, general Leopoldo, 

64, 65, 244, 285 n 125, 

278 n 14, 284 n 113,290 

n 59 
García, Garlitos, 226 
García, Miriam Lewin de, 54 
García Candeloro, Martha, 44 
García Irureta Goyena, María 

Eugenia Casinelli de, 287 

n 14 
Gardel, Carlos, 24 
Gatti, María Emilia Islas, 197 
Gatti, María Ester, 195-198 
Gatti, Mauricio, 218 
Gatti Casal, Adriana, 280 n 

50 
Gelblung, Chiche, 203 
Gelman, Juan, 269 
Gelman, Marcelo Ariel, 269 
Gelman, Nora Eva, 269 
genocidio, definición del, por 

las Naciones Unidas, 189- 

191 
Genovés, Angela Auad de, 

283 n 89 
Gestapo, 188 
Gibertí, Eva, 206-207 
Gil Lavedra, Ricardo, 247 
Giscard d'Estaing, Valéry, 61 
González, Adriana, 196-198 
Graffigna, brigadier Omar, 

285 n 125 
Gran Bretaña: guerra con. 
Véase guerra de las Mal- 
vinas 



335 



Grandi, Julia de, 88-89, 287 

n 14 
Grandi, Yamila, 238 
Grasselli, Emilio T., 90, 199 
Green, Enrique Horacio, 52 
Greenhalgh, Luiz Eduardo, 

287 n 14 
grupos de tareas, 39, 44, 57, 

59 
Guallane, María Carolina, 250 
Guatemala, 35, 110; desapa- 
riciones en, 37 
guerra de las Malvinas, 31, 

64, 65-66, 277 n 5 
guerra de Vietnam, 242 
"guerra sucia", 22, 35-36; in- 
munidad para los críme- 
nes cometidos durante la, 
71; metodología de la re- 
presión en la, 36-44 
guerrillas, 31-33, 37; en el 
exilio, 64-65; salvadoreña, 
76. Véanse también Ejér- 
cito Revolucionario del 
Pueblo; Montoneros 
Guest, lain, 37 
Gutiérrez, Vilma Delinda 
Sesarego de, 287 n 14 

babeas corpus, recurso de, 39, 

56, 57, 120 
Hadad, Daniel, 203 
Hagelin, Dagmar, 62 
Hermán, Judith Lewis, 131 
Hermanos, 252 
Hernández Hobbas, Andrea 

Vivian, 249 



Herrera, Matilde, 266 

Hesayne, Miguel, 281 n 58 

HIJOS (Hijos por la Identidad y 
la Justicia, contra el Olvi- 
do y el Silencio), 241-242 

"historia oficial", 119-121, 
122, 231 

historia oficial, La (película), 
203 

Hitler, Adolf, 37 

Honduras, 35, 110; entre- 
namiento de Contras en, 
65 

Horane, Gabriel Eduardo, 
283 n 89 

Hospital Durand, 102; Servi- 
cio de Inmunología, 104 

identidad: derecho a la, 210- 
212, 220-224, 227-229, 
250-251,301 n 18, 302 n 
22, 302 n 25, 302 n 31, 
303 n 45, 304 n 52, 307 n 
14, 311-312, 318, 320 
pérdida de la, 221; prue- 
ba legal de la, 165; recu- 
peración de la, 242 

Identidad de Origen, 227 

Iglesia Católica, 49-52, 60, 
89-92, 140, 189,232,262 

Ignace, María Alexiu de, 237 

impunidad, cultura de la, 
232-235 

indultos presidenciales, 72- 
73, 140, 216-217, 231- 
232, 241 

Inquisición, 52-53 



336 



ínter- American Defense Colle- 
ge, 34, 57 

Interior, Ministerio del (Ar- 
gentina), 40-41, 82-83, 
286 n 5 

Interpol, 200-201, 244 

Italia, 86, 244 

ITT, 36 

Janeway, Elizabeth, 122 
Jotar Britos, Laura Malena, 

98, 167-170 
Juan Pablo ii, papa, 50, 92 
judíos, 45, 60, 83, 126, 200, 
235; persecución nazi de 
los, 26, 188; y el terroris- 
mo de Estado, 52-54 
juicio a las juntas, 66-70 
Julien Grisonas, Anatole, 95-97 
Julien Grisonas, Victoria, 95-97 
Junta de Bienestar de los Aborí- 
genes, 189 
Junta de Defensa Interame- 

ricana,39 
Jurado, Clara, 287 n 14 

Kaplan, Temma, 291 n 5 
King, Mary-Claire, 101 
Klarsfeld, Serge, 20 
Krueger, Thomas, 188 
Kurdistán iraquí, 110 

La Cacha, centro de deten- 
ción, 200 

La Opinión, 36, 56 

La Perla, centro de detención, 
270 



ha Prensa, 85 

Laborde, Adriana Calvo de, 

48, 209 
Laborde, Teresa, 209 
Laghi, Pío, 51, 90, 281 n 63 
Lambruschini, almirante Ar- 
mando, 277 n 5, 285 n 125 
Lami Dozo, general Basilio, 

277 n 5, 285 n 125 
Lanuscou, familia, 108 
Lanusse, Alejandro, 32 
Lanzillotto, Alba, 128-129, 

266-267 
Lanzillotto, Ana María, 266 
Lanzillotto, María Cristina, 

266 
Lavalle, Gustavo, 179 
Lavalle Lemos, María José, 

179-182, 259 
Lavalle Lemos, María, 179- 

180 
Lavallén, Rubén, 173, 175 
Lemos, Haydée Vallino de, 

79-80, 118, 179-181, 

259, 287 n 14 
Lemos, Mario Alberto, 259 
Lemos, Mónica María, 179, 

259 

Levingston, general Roberto 
M., 32 

ley de autoamnistía. Véase 
autoamnistía, ley de 

ley de obediencia debida. 
Véase obediencia debida, 
ley de 

ley de punto final. Véase pun- 
to final, ley de 



337 



leyes de amnistía, 70-72, 
140, 231, 241 

Lifton, Betty Jean, 227 

Liga Argentina contra el Cán- 
cer, 256 

Liga Argentina por los Dere- 
chos del Hombre, 57, 60 

Lo Giúdice, Alicia, 209, 250, 
251 

Logares Grinspon, Paula Eva, 
102, 111, 161, 171-176 

Longobardi, Marcelo, 203 

López Rega, José, 33 

Luz y Fuerza, sindicato de, 32 

Madres de Plaza de Mayo, 58- 
60, 62, 64-67, 79-82, 89, 
94, 114, 182, 231-232, 
242, 291 n 5, 304 n 1 

Madres de Plaza de Mayo, Lí- 
nea Fundadora, 241, 304 
n 1 

Marcha de la Resistencia, 182 

"Marcha por la vida", 66 

Mar del Plata, Base de Buzos 
Tácticos, 247 

Mariani, Clara Anahí, 260 

Mariani, Daniel, 260 

Mariani, María Isabel Choro- 
bikdeC'Chicha"), 22,74- 
79,83,84, 87-90,94, 97, 
100, 103, 110-111, 127- 
128, 162-164, 222, 259- 
260, 287 n 14 

Marizcurrena, Andrés, 260 

Marizcurrena, Liliana Beatriz, 
260 



Marizcurrena, Raquel Radío 
de, 80-81, 118, 121, 129- 
130, 134-135, 260-261, 
287 n 14 

Marquevich, Roberto, 243, 

244, 247 

Marsteller, Burston, 62 

Martín-Baró, Ignacio, 119, 
164 

Martínez de González, María 
Luisa, 48 

Martínez de Ho/., José Al- 
fredo, 30, 36-37, 114 

marxismo, 35 

Massera, almirante Emilio 
Eduardo, 29, 49, 61, 64, 
244,245,281 n 63, 285 n 
125 

McNamara, Robert S., 34 

Medellín, conferencia de, 5 1 

medios: control gubernamen- 
tal de los, 55-56; dirigidos 
a las mujeres, 113-116; y 
los mellizos Reggiardo 
Tolosa, 199, 202-203 

memoria colectiva, 27, 70, 

236-243 
memoria: colectiva, política 

de la, 235-238 
Mena, Domingo, 266 
Méndez Lompodio, Sara, 218 
Mendoza, Carlos María, 265 
Menem, Carlos Saúl, 17, 72- 

73, 216, 219, 231, 233, 

301 
Menéndez, general Luciano 

Benjamín, 35, 64 



338 



Mengele, Joseph, 52, 107 
Menotti, César Luis, 63 
Metz, Graciela Alicia Romero 

de, 49 
México, 110 
Meyer, Marshall, 83 
Miara, Alicia Beatriz Castillo 

de, 200-205 
Miara, Samuel, 200-205, 221 
miedo, cultura del, 116-119 
Mignone, Emilio, 38, 61, 67, 

75, 90, 101, 281 n 63 
Mignone, Isabel, 101 
Miranda, Amelia Herrera de, 
108,124,128,135,139,261 
Miranda, Juan, 135, 261 
Missetich, Antonio, 22 
Mitterand, Danielle, 105 
Móndale, Walter, 60 
Montes, monseñor, 90 
Montesano, Stella Maris, 257 
Montoneros, 32, 56, 59, 64, 
68,72,86,258,260,263, 
264 
Morales, María Soledad, 234, 

303 n 36 
Moreno Ocampo, Luis, 69 
Movimiento Internacional 
por la Unión Fraternal en- 
tre las Razas y los Pueblos 
(ufer), 96, 228 n 46 
Movimiento Todos por la Pa- 
tria (mtp), 71-72 
movimientos de mujeres, 138 
Moyano, Alfredo, 170 
Moyano, María Victoria, 170- 
171, 268 



Moyano, Pablito, 129, 261 
mujeres embarazadas: examen 
de los restos de, 107; se- 
cuestro de, 78-83, 86, 88, 
94-95, 121, 162, 170, 179, 
195, 199-200, 210, 220- 
221, 244; tortura de, 44-49 

Nacht und Nebel Erlass (de- 
creto de la noche y la nie- 
bla), 37 

Naciones Unidas, 100, 187, 
237; Centro de Derechos 
Humanos, 61, 193; Comi- 
sión de Derechos Huma- 
nos, 96, 167, 193, 194, 
237, 258; Comité sobre 
los Derechos del Niño, 
215; Consejo Económico y 
Social, 96, 193; Conven- 
ción sobre la Prevención 
y Sanción del Delito de 
Genocidio, 190-191; Con- 
vención sobre los Derechos 
del Niño, 202, 212-214, 
219, 221, 228, 229, 300, 
310 n 13 

Nattero, Héctor Armando, 220 

Navajas, Nélida Gómez de, 
22, 93, 124, 131, 183- 
184, 262 

Navarro-Aranguren, Marysa, 
137 

nazis, 26, 30, 36, 37, 41, 44, 
107, 110-111; en la Ar- 
gentina, 52, 219; secuestro 
de niños por los, 187-189 



339 



Nchama, C. M. Eya, 288 n 46 de Derechos Humanos, 

Neuhaus, Beatriz H. C. 202 

Aircardi de, 287 n 14 Organización Internacional 
Neustadt, Bernardo, 203 del Trabajo, 55 

Nevares, Jaime de, 281 n 58 Orozco, Daniel, 270 

Neíf York Times Magazine, Orrego, Cristian, 101 

The, 62 Oviedo, Patricia, 283 n 89 
Nicaragua, 35, 65 

Nixon, Richard M., 34 Pablo VI, papa, 91-92, 94 

NN, Ningún Nombre, también Paladino, general Otto, 196 

Noche y Niebla {Nacht und Pan American Airways, 36 

Nehel) 47, 84, 85, 160, ParaTi, 114 

168; tumbas de, 43, 108 Paraguay, 47; segunda des- 
Nosiglia, Eduardo, 21 aparición de niños lleva- 

Novak, Jorge, 281 n 58 dos al, 191-194 

Nunca mas (libro), 67-68 Parlamento argentino, 70, 
Nuremberg, juicio de, 188 71, 104, 214, 225 

Parodi, Ricardo, 247 

obediencia debida, ley de, 71- Partido Revolucionario de los 

73 Trabajadores (prt), 32 

ODESSA, 281 n 68 Partnoy, Alicia, 49 

O'Donnell, Guillermo, 116 Pastora Aranda, Mónica, 266 

OEA. Véase Organización de Pegenaute, Lidia, 78 

los Estados Americanos Pelloni, Martha, 226, 303 n 
Oesterheld, Elsa Sánchez de, 36 

116-117, 138, 159-160, Penchaszadeh, Víctor B., 100- 

227, 262-263 101, 103, 110-111 

Oesterheld, Héctor Germán, Penino, Hugo, 249 

262 Penino Viñas, Javier Gonzalo, 

Ogando, Jorge Osear, 257 244, 249 

Onganía, teniente general Pereyra, Jorgelina de (Coque), 

Juan Carlos, 31-34, 58 107, 109 

Operación Cóndor, 192 Pereyra, Liliana, 107, 291 n 
Organización de los Estados 71 

Americanos (oea), 60, 61, Pérez, Argentina Rojo de, 

83, 93, 177, 193, 237; 128, 239, 263-264 

Comisión Internacional Pérez, José Manuel, 264 



340 



Pérez, Leontina Puebla de, 

287 n 14 
Pérez, Mariana Eva, 238-239, 

252, 263 
Pérez Esquivel, Adolfo, 62- 

63,67 
Perlanda López, Felipe, 50 
Perón, Eva (Evita), 31, 260, 270 
Perón,Isabel, 29, 30, 33, 113 
Perón, Juan Domingo, 31, 32 
peronismo, 31, 32 
Perú, 110 

Picchi, monseñor, 85 
Pierini, Alicia, 219 
Pinochet, Augusto, 30, 38 
"Plan Andinia", 53 
Plaza, Antonio José, 50 
poder, fuentes de, 124-130 
políticas económicas, 36-37, 

63-64 
Polonia: secuestro de niños 

de, por parte de los nazis, 

187-188 
Pons, Delia, 84 
Pons, Miguel, 200-201 
Pozo de Bánfield, centro de 

detención, 46, 48 
Prats, general Carlos, 33 
Premio Nobel de la Paz, 62- 

63 
Primatesta, cardenal Raúl, 90 
Primer Congreso Argentino 

de Adopción, 205 
Proceso de Reorganización 

Nacional, Estatuto del, 

30, 55 
Proceso, El, 30, 226 



Programa de Asistencia Mili- 
tar, 34 

PRT. Véase Partido Revolucio- 
nario de los Trabajadores 

"Puente de la Memoria", 241 

punto final, ley de, 70-71, 73 

Quesada, Menchu, 178, 267 
Quesada, Nya, 116, 127, 134, 
177-178, 267-268 

Ramos Padilla, Juan M., 182, 
205 

raptos. Véase secuestros 

Reagan, Ronald, 37 

Reggiardo, Antonia Oldani 
de, 199, 200 

Reggiardo, Juan Enrique, 199 

Reggiardo Tolosa, mellizos, 
195, 199-205, 209, 220- 
221, 238, 298 n 35 

Relaciones Exteriores, Minis- 
terio de (Argentina), 213 

restitución, proceso de, 160- 
165; ataques de los me- 
dios contra el, 203-204; 
beneficios psicológicos de, 
208; ejemplos de, 167- 
182; obstáculos al, 165- 
167; y el aprendizaje de la 
verdad, 182-186 

Rico, coronel Aldo, 71 

Ríos, Alcira E., 218, 220- 
221, 244 

Riquelo, Simón Antonio, 218 

Ri veros, general Santiago Omar, 
39, 246 



341 



Riveros, Rosa Mery, 163, 164 
Rocha, Jan, 287 n 14 
Rockefeller, David, 36 
Rockefeller, Nelson, 34 
Rodulfo, Ricardo, 201-202 
Roisinblit, Patricia Julia, 

263, 264 
Roisinblit, Rosa Tarlovsky de, 

82, 87, 98, 118-119, 264 
Roosevelt, Eleanor, 228-229 
Ross, Liliana, 298 n 35 
Rossetti, Adalberto, 298 n 35 
Roualdes, coronel Roberto, 29 
Ruarte Britos, Tatiana, 98, 

167-170, 184, 250 
Rubinstein, Pablo, 102 
Ruddick, Sara, 137 
Ruffo, Eduardo Alfredo, 166 
Ruiz, Marcelo, 250 
Ruiz, María de las Victorias, 

250 
Ruiz Guiñazú, Magdalena, 69 

Salud Pública, Departamento 
de, 103 

Salud y Acción Social, Minis- 
terio de (Argentina), 105 

Sánchez de Bustamante, ge- 
neral Tomás, 38-39 

Santander, Elena, 115, 117, 
130-131, 138, 170-171 

Santilli, Hilda Inés Olivier 
de, 280 n 50 

Santucho, Cristina, 262 

Santucho, Julio César, 262 

Santucho, Mario, 262 

Santucho, Miguel, 241, 252 

Scaccheri, Laura, 237 



Schubaroff, Berta, 117, 121- 
122, 123-124, 126, 133, 
139-140, 211, 269 

Scilingo, Adolfo Francisco, 
232, 301 n 21 

Secretaría de Informaciones 
del Estado (side), 39, 166, 
196 

secuestros: campaña de los 
medios para legitimar los, 
204; confesiones de los au- 
tores, 231-232; de adoles- 
centes, 44, 115-116; de 
monjas, 58-59, 244; de 
mujeres {véase también 
mujeres embarazadas, se- 
cuestro de), Ai-AA\ de ni- 
ños, 60, 70, 73, 74-78, 
107, 161-162, 165-168, 
171-173, 177, 179, 195- 
196, 207, 220-221; meto- 
dología de los, 39-41 

Segarra, Alicia Estela, 265 

Segarra, Antonia Acuña de, 
89, 120-121, 124-125, 
130, 135-136, 225, 265 

Segarra, Jorge, 265 

Segarra, Laura Beatriz, 265 

segunda desaparición, 191- 
195 

Segunda Guerra Mundial, 52, 
187, 219 

Seineldín, coronel Mohamed 
Alí, 71, 195 

Semana Trágica, 52 

Seminario Internacional sobre 
Filiación, Identidad y Resti- 
tución, 110 



342 



SERPAj. Véase Servicio Paz y 

Justicia 
Servicio Paz y Justicia (serpaj), 

60, 62 
Servini de Cubría, María, 

243, 244, 247, 249 
Sfiligoy, Carlos, 168-169 
Sfiligoy, Inés, 168-169 
Sfiligoy, Tatiana. Véase Ruarte 

Britos, Tatiana 
Shumway, Nicolás, 277 n 3 
Siciliano, Susana, 166-167, 

185 
SIDE. Véase Secretaría de In- 
formaciones del Estado 
silencio, conspiración de, 26, 

58, 231-232 
Simposio Interdisciplinario 

sobre la Adopción en el 

Cono Sur, 223 
sindicatos, 31-33, 64-65; repre- 
sión de los, 36-37, 55-56 
sionismo, 36, 53, 264 
Sirota, Graciela Narcisa, 281 

n 69 
Snow, Clyde, 107-108, 111 
Somalia, 213 
Sommer, Susana, 227 
Sternbach, Nancy Saporra, 

137 
Stewart, George A., 215 
Stover, Ene, 101, 102, 109- 

110 
Strassera, Julio César, 69, 70, 

204 
Stroessner, general Alfredo, 

192, 201 
Suárez, Aída de, 59 



"subversivos", 21, 34, 35; el 
clero visto como, 51-52; 
familiares de los 42, hijos 
de, 17, 21, 246 

Suecia, 62 

Swift-Armour, 234 

Tavares, Carlos, 167, 201 
tecnologías reproductivas, 

227 
Teruggi, Diana, 260 
Thatcher, Margaret, 65 
Timerman, Jacobo, 36, 42, 

64 
Tolosa, Eduardo, 202, 203 
Tolosa, María Rosa, 199, 200 
Torres, Pablo, 265 
Torres, Silvina Mónica, 113, 270 
Torres, Sonia, 113, 126, 133- 

134, 269-270 
Torres Molina, Ramón, 245 
Tórtolo, Adolfo Servando. 
Véase Tórtolo, monseñor 
Tórtolo, monseñor, 199 
Tortrino, María Carmen, 217 
Tortrino Castro, Emiliano 

Carlos, 217, 220 
tortura, 40-43; confesiones de 
autores de, 231-232; de fa- 
milias, 42-43; de judíos, 
53-54; de mujeres, 43-49; 
la jerarquía católica y la, 5 1 
tráfico de niños, 219-220, 

225-227, 229-280 
"traslados", 42-43, 46-47 
Tratado de Montevideo, 193 
Tratado Interamericano de 
Asistencia Recíproca, 34 



343 



trauma psicosocial, 164-165, 
185-186 

Tribunal Permanente de los 
Pueblos, 233 

Triple A. Véase Alianza Anti- 
comunista Argentina 

Tróccoli, Antonio, 51 

U. S. Steel, 36 

Ubaldini, Saúl, 64-65 

UFER. Véase Movimiento In- 
ternacional por la Unión 
Fraternal entre las Razas y 
los Pueblos 

Ulloa, Fernando, 208 

Unión de Mujeres Argenti- 
nas, 138 

Uruguay, 95-96; desapa- 
riciones de niños en, 
75-76, 195,196, 218; 
refugiados políticos de, 
36, 195-196 

Valenzi, Silvia Isabella, 47-48 

Van Boven, Theo, 61, 194, 207- 
208, 297 n 17, 297 n 20 

Vanee, Cyrus, 53 

Vaquero, general José Anto- 
nio, 75 

Vargas Carreno, Edmundo, 94 

Vázquez, Policarpo, 247 

Venezuela, 110 

Verbitsky, Horacio, 203-204 

Vicario, Ximena, 166-167, 
184-185, 211, 220 

Videla, teniente general Jorge 
Rafael, 29, 30, 33, 49-50, 



56,58,59,60,64,67,73, 
114, 167, 201, 243, 244, 
245, 277 n 5, 285 n 125 

Vildoza, Jorge, 244 

Villaflor de DeVincenti, Azu- 
cena, 58, 59-60, 81, 134- 
135, 277 n 5, 283 n 89 

Viñas, Cecilia, 244, 249 

Viola, teniente general Ro- 
berto, 36, 64, 114, 277 n 
5, 278 n 14, 285 n 125 

violación, 44, 45, 71; sobrevi- 
vientes de, 132 

violaciones de los derechos hu- 
manos, 21, 71, 111; amnis- 
tía para las, véase leyes de 
amnistía; en Paraguay, 192, 
193; indultos para las, véase 
indultos presidenciales; in- 
vestigaciones internacionales 
sobre las, 60-63; juicio a los 
integrantes de las juntas por 
las, 69-70; patrón de las, 39- 
40; recolección de evidencia 
sobre, 37; y la "cultura del 
miedo", 116-117 

violencia sexual, 43-44 

Waisberg, Reina Esses de, 25, 
26,130,140,162,265-266 
Waisberg, Ricardo, 25, 266 
Waisberg, Tania, 26, 162- 

163, 266 
Walsh, Rodolfo, 56-57 
Wernich, Christian von, 50 
Weschler, Ricardo, 201-202 
Wherli, Nilda Susana, 192 



344 



Wiesenthal, Simón, 281 n 68 Yugoslavia, 110 
Wright, Jaime, 94, 287 n 14 

Zaffaroni, Jorge, 196 
Yerushalmi, Yosef Hayim, Zaffaroni, Mariana, 195-196 
231, 235-236 Zaffaroni, Marta, 195-196 



345 



Rita Arditti nació en la Argentina en 1934. Doctora en 
Ciencias Biológicas por la Universidad de Roma, se de- 
sempeña como profesora en el Programa de Estudios 
Disciplinarios de Posgrado del Union Institute en Cambridge, 
Estados Unidos, país donde reside. En el año 1986 se vincu- 
ló por primera vez con las Abuelas de Plaza de Mayo, al co- 
laborar con ellas durante una gira de miembros de la asociación 
auspiciada por Amnistía Internacional. Al traducir los relatos 
de las Abuelas para las audiencias angloparlantes, empezó a 
comprender la naturaleza múltiple de su trabajo y las comple- 
jidades y urgencias de su tarea, además de vincularla con 
sus propios trabajos sobre tecnologías reproductivas e iden- 
tidad. Conmovida e intrigada por la riqueza de las historias 
personales de las Abuelas, quiso aprender más sobre ellas. 
Así comenzó la exhaustiva y prolongada investigación que 
dio origen a este libro, publicado originalmente por la Univer- 
sidad de California en los Estados Unidos. 



Rita Arditti 




DE POR VIDA 



hisMíéíM-tímíiíWS&Ssiyj •' 



"...De por v'ida nos recuerda cómo los ciudadano 

comunes y corrientes pueden levantarse contra 

la injusticia y triunfar..." 

Eme Stover, director del Centro de Derechos Humanos de ia Universidad de Caiifomia